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Las mejores películas y series de Lily Collins ordenadas de peor a mejor

Las mejores películas y series de Lily Collins ordenadas de peor a mejor

Alejandra Bekerman

Alejandra Bekerman

Editor de JustWatch

Confirmado: Lily Collins va a interpretar a Audrey Hepburn en una nueva película sobre el rodaje de Breakfast at Tiffany's. Este anuncio funciona como recordatorio de algo interesante y es que Collins ya no es solo la chica de las comedias románticas del streaming. Está entrando en una etapa distinta de su carrera, mucho más ambiciosa.

Para muchos, Collins es simplemente la protagonista de Emily en París, con outfits de pasarela y romances parisinos. Pero su filmografía tiene bastantes más capas que eso, hay dramas, biopics, fantasía, época e incluso thrillers oscuros.

Ahora que está a punto de asumir uno de los papeles más simbólicos del cine clásico, parece el momento perfecto para repasar sus mejores películas y series, ordenadas de peor a mejor, y ver cómo ha ido ampliando su rango mucho más allá del cliché del streaming.

La herencia (2020)

Arrancamos por la que, siendo honesta, menos huella ha dejado. En La herencia, interpreta a la hija de un magnate que, tras la muerte de su padre, descubre que el legado familiar incluye algo bastante más oscuro que el dinero heredado. Es un thriller de esos que transcurren casi enteros dentro de una casa elegante.

Ella es protagonista y se nota que intenta darle profundidad al conflicto moral del personaje, pero la película nunca termina de despegar. Pero si te gustan las historias familiares con giros y tensión, puede gustarte. No es un desastre, pero dentro de su filmografía es la menos trascendente, y por eso abre la lista.

Los imprevistos del amor (2014)

Si creciste con comedias románticas estilo One Day o esas historias de "persona correcta, momento equivocado”, seguramente Los imprevistos del amor  te resulte familiar. Aquí Lily Collins hace dupla con Sam Claflin, en una trama que sigue a dos amigos que pasan años cerca pero sin terminar de coincidir.

Es una película romántica, un poco melodramática y diseñada para hacerte suspirar y frustrarte en partes iguales. Por lo que funciona muy bien para fans del romance clásico. Pero, en comparación a otros de sus proyectos y viéndola en perspectiva, no es la más arriesgada ni la más memorable. Por eso se queda en este puesto.

Blancanieves: Mirror Mirror (2012)

Cómo olvidar la época, a principios de los 2010, en la que Hollywood decidió oscurecer (o reinventar) todos los cuentos clásicos. Ese mismo año tuvimos dos Blancanieves distintas, y esta fue la versión más kitsch.  En Blancanieves Mirror Mirror Lily Collins interpreta a la princesa y comparte pantalla con Julia Roberts, que se roba varias escenas como la reina. 

No marcó un antes y un después en su carrera, pero sí consolidó esa imagen de protagonista juvenil que definió sus primeros años en la industria. Una película divertida de ver si disfrutas los cuentos de hadas live-action.

Tolkien (2019)

No muchos recuerdan que Lily Collins fue Edith Bratt en Tolkien.  Aquí comparte protagonismo con Nicholas Hoult en un biopic que explora la vida del autor antes de escribir El Señor de los Anillos. Aunque ella no es el centro absoluto de la historia, sí logra ser el corazón emocional. Su personaje representa el amor, el arte y la estabilidad frente al caos de la guerra. 

Si no la has visto es importante que sepas que la película no tiene nada que ver con el tono de fantasía de la trilogía original, esta historia es más romántica y contemplativa que épica.

El último magnate (2017)

¿Sabías que Emily en París no es su primera serie de TV? En 2017 fue parte de El último magnate, una adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald, sobre la industria cinematográfica de los años 30. Collins interpreta a Cecelia Brady, hija de un poderoso productor y comparte pantalla con Matt Bomer. Si bien no es la protagonista absoluta, su presencia tiene peso real en la trama y se integra muy bien en ese juego de poder y ambición que plantea el show.

La serie visualmente es muy atractiva, tiene un vestuario impecable y ambición literaria, pero no logró encontrar una audiencia sólida y fue cancelada pronto. Aun así, es uno de esos proyectos que demuestran que ya estaba buscando proyectos más sofisticados mucho antes de convertirse en fenómeno pop.

Un sueño posible (2009)

Un sueño posible fue uno de los primeros grandes éxitos en los que apareció Lily Collins. La película, que hasta se llevó un Oscar, cuenta la historia real de Michael Oher, y Collins interpreta a la hija adolescente de la familia que lo acoge.

En esta película tiene un papel pequeño, y aunque no es una película que defina su rango como actriz, sí es una que marcó el inicio de su visibilidad en Hollywood. Si te gustan los dramas inspiradores, aquí encontrarás uno muy bueno que mezcla deporte, familia y superación personal.

Hasta los huesos (2017)

Este fue uno de los primeros momentos en los que la audiencia cambió su percepción sobre Lily Collins. Hasta los huesos es un drama producido por Netflix donde interpreta a una chica que lucha contra un trastorno alimentario. 

En su momento la película generó debate por su representación del tema, pero lo que es innegable es el compromiso de Collins con el papel. Sorprendió verla como protagonista en un rol vulnerable y mucho más arriesgado que lo que había hecho hasta entonces. Vale la pena verla porque marcó un punto de inflexión en su carrera.

Les Misérables (2018)

Cuando piensas en Les Misérables, probablemente te venga a la cabeza el musical. Pero esta miniserie de la BBC va por otro camino, siendo mucho más fiel a la novela de Victor Hugo. Es realmente una lastima que solo haya durado una temporada, incluso el reparto estaba muy bien con Dominic West y David Oyelowo, en una producción de época bastante cuidada.

Ella interpreta a Fantine, un personaje trágico que le exige transmitir intensidad emocional. Y lo logra muy bien. No es el papel más mediático de su carrera, pero sí uno que confirma que puede moverse con naturalidad en el drama clásico.

Emily en París (2020)

Si hoy el nombre de Lily Collins suena en todo el mundo, es en gran parte gracias a Emily en París. La serie creada por Darren Star se convirtió rápidamente en ese placer culposo que muchos critican… pero igual devoran. Y en el proceso, transformó a Collins en sinónimo de estilo disruptivo, escapismo y fantasía parisina todo en uno.

Aquí es protagonista absoluta, y eso se nota. La serie puede ser ligera, exagerada y a veces hasta caricaturesca, pero ella la sostiene con carisma, timing cómico y una energía muy suya que mantiene todo en pie. No por nada ya tiene varias temporadas confirmadas: más allá del ruido, el público sigue volviendo.

Extremadamente cruel, malvado y perverso (2019)

El primer puesto se lo lleva la película donde más claramente rompe con la imagen que muchos tenían de ella. Extremadamente cruel, malvado y perverso es un drama basado en hechos reales, donde interpreta a Liz Kloepfer, la pareja de Ted Bundy (Zac Efron).

Su papel tiene mucho peso porque la historia no está enfocada desde el asesino, sino desde alguien que lo amó y tuvo que enfrentarse a la verdad. Su personaje está lleno de negación y miedo, y vamos viendo una progresiva toma de conciencia. 

No es una película perfecta, pero sí el momento en el que queda claro que su rango va mucho más allá del contenido apto para Instagram. Y en mi opinión, es donde mejor demuestra todo lo que puede hacer como actriz.

Ranking de las mejores películas de Mamoru Hosoda, ordenadas

Ranking de las mejores películas de Mamoru Hosoda, ordenadas

Mariona Borrull

Mariona Borrull

Editor de JustWatch

Desde su debut en el anime televisivo a finales de los años noventa, Mamoru Hosoda se ha consolidado como uno de los creadores más estimulantes del panorama japonés; con el permiso, claro, de Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, 2001) y Makoto Shinkai (Your Name, 2016). El corazón del cine de Hosoda mezcla siempre lo cotidiano con lo fantástico, inspirado a menudo en cuentos que actualiza desde una sensibilidad moderna y una clara voluntad de crecimiento personal.

Por ello, nos sorprende tanto que en Scarlet (2025) escriba una fábula sobre la venganza sin paliativos en un mundo cien por cien mágico: no hay aquí atisbo de lección ni metáfora sobre la vida real, sino que todo es extremo, desgarrador y doloroso en la película que hoy estrena en cines españoles. Para ver qué tan excepcional resulta en su filmografía, os propongo repasar todas las películas de Mamoru Hosoa, ordenándolas de peor a mejor. ¡Vamos allá!

9. Digimon: La película (2000)

Si Digimon: La película (2000), el debut de Mamoru Hosoda, ocupa el último puesto de la guía es por su naturaleza fragmentaria: en realidad, se trata de una recopilación de varios cortometrajes unidos con fines comerciales, fruto de la colaboración entre Toei Animation y Fox. Aunque Hosoda editó el material para darle coherencia, las transiciones siguen resultando confusas y le falta bastante chicha como para considerarla incluso al mismo nivel que el resto de sus largometrajes, o que la inmediatamente anterior Pokémon: La película (1998).

Nostalgia a parte, el mayor hallazgo de la película es Diaboromon: un malvado Digimon que se alimenta de los datos que circulan por las redes digitales de telecomunicaciones. Un villano muy parecido al de Summer Wars (2009), y muy en la línea de todo el cine de Hosoda.

8. One Piece: El barón Omatsuri y la Isla Secreta (2005)

Resulta curioso observar los más de 25 años de trayectoria de One Piece (1999) y descubrir que uno de sus momentos más inventivos proviene de una película no canónica. Esta no solo es la obra más extraña dentro de la filmografía de Mamoru Hosoda, sino también la propuesta más insólita jamás creada por la franquicia. Muy superior a Digimon: La película, One Piece: El barón Omatsuri y la Isla Secreta (2005) presenta a los hombres del Sombrero de Paja en una isla misteriosa que, lejos del espíritu aventurero habitual, adentra el anime al terror psicológico.

Estrenada cuando la serie aún era joven, Hosoda propuso una ruptura audaz con el tono dicharachero habitual del relato, con una estética áspera, más cruel, tensa e inquietante, incluso bajo la luz del sol, ofreciendo una versión radical y sorprendente del universo de Luffy.

7. Belle (2021)

En Belle (2021), una relactura de La bella y la bestia (1991), Suzu se convierte en Belle cuando navega por el vasto mundo virtual de “U” (allí, aparece una misteriosa criatura con forma de dragón, que como toda Bestia está lejos de ser un monstruo). A pesar de su final, algo simplista, la película es un delicado retrato sobre la sanación, la comunidad y la búsqueda de la voz propia.

Además, la animación es deslumbrante, y la integración entre realidad y virtualidad lleva a que las imágenes crezcan como nunca. Con apoyo del estudio Cartoon Saloon, creadores de Wolfwalkers: Espíritu de lobo (2020), el universo visual que el japonés logra invocar resulta imponente como un retablo barroco (en la era digital).

6. La chica que saltaba a través del tiempo (2006)

La chica que saltaba a través del tiempo (2006) ejemplifica la capacidad de Mamoru Hosoda para contar una historia sencilla dentro de un marco fantástico: y es que aunque gira en torno a un bucle complejo de viajes en el tiempo, esta sigue siendo la historia de una adolescente que no tiene las cosas muy claras.

De hecho, la protagonista arranca disfrutando de su don (de saltar en el tiempo) sin grandes riesgos iniciales. Sin embargo, bajo esa apariencia ligera que sobrevuela tantas películas de Hosoda (como Los niños lobo, por ejemplo), se esconde una reflexión profunda sobre la adolescencia, el paso del tiempo y la forma en que, con el tiempo, interpretamos nuestros recuerdos. Íntimo y vibrante suelen emplearse como clichés, pero no aquí.

5. Summer Wars (2009)

Kenji, un prodigio de las matemáticas, acompaña a su compañera Natsuki a una reunión familiar fingiendo ser su novio, y en Summer Wars (2009) eso es carne de comedia romántica. En la campiña, conoce a una extensa y caótica familia, unida por la tradición y el afecto. Paralelamente, una amenaza surge en el sistema virtual que conecta al mundo (una especie de Meta de nombre OZ). El mago Hosoda hace lo suyo: la película equilibra humor, emoción y thriller tecnológico con un montaje brillante.

Súmale a Digimon el encanto de Mis vecinos los Yamada (1999), porque el gran qué viene en cómo el film presta especial atención a los paisajes: la luz matinal, el calor del verano y el atardecer contrastan con la frialdad digital. Este diálogo entre naturaleza y virtualidad refuerza el mensaje central: lo verdaderamente valioso son los lazos humanos. Summer Wars es una celebración de la familia, la cooperación y la resistencia frente al caos moderno. La heredera perfecta, mucho mejor que Belle, entre la belleza de lo cotidiano y la fascinación por el futuro.

4. El niño y la bestia (2015)

Entre El niño y la bestia (2015) primero nace una relación interesada: Ren, el niño, busca escapar de su soledad y Kumatetsu, la bestia, necesita un discípulo para ganar prestigio. Sin embargo, con el tiempo, ese acuerdo se transforma en un vínculo emocional profundo, similar al de un padre y un hijo. Como en Karate Kid, el momento de la verdad (1984), pero con un extra de mundo de fantasía.

El truco que lo liga todo es el talento de Hosoda para equilibrar acción, humor y sensibilidad. Eso es, que las escenas de combate parezcan espectaculares, llenas de energía y detalle, mientras que los momentos íntimos explorarán el miedo al abandono, la inseguridad y la necesidad de pertenencia. Adrenalina y metáfora, en una fábula estructuralmente más ducha e interesante que Scarlet, o Mirai, mi hermana pequeña.

3. Scarlet (2025)

Pero si Scarlet (2025) supera a El niño y la bestia es sólo por la ambición de la película. Una reinterpretación animada del Hamlet de Shakespeare, ahora ambientada en un universo fantástico: Scarlet busca vengar la muerte de su padre, asesinado por su tío para usurpar el trono y a su esposa, pero sólo podrá satisfacer su objetivo una vez muerta, en el más allá.

La película destaca desde el principio por su atmósfera onírica y sus paisajes desolados, dignísimos del imaginario de Hidetaka Miyazaki en Dark Souls. Hosoda introduce además elementos de manipulación temporal que alteran la estructura original de la tragedia, intentando modernizarla… Aunque sí, la moraleja acaba siendo uno de sus puntos débiles. Como en Belle, o todas las grandes metáforas del japonés.

2. Mirai, mi hermana pequeña (2018)

Menos es más. Como en Scarlet, cuando Hosoda tiende a explicar en exceso las dinámicas tras sus mundos fantásticos, nos encanta descubrir su lado más hogareño. En Mirai, mi hermana pequeña (2018), por ejemplo, Hosoda sigue a Kun, un niño de cuatro años que se siente desplazado tras el nacimiento de su hermana pequeña. Incapaz de gestionar sus celos y frustraciones, comienza a vivir una serie de experiencias mágicas: conoce versiones humanas de su perro, viaja al pasado para encontrarse con su madre niña y al futuro para conocer a su hermana adulta.

Así, de hallazgo en hallazgo y lejos de la parabólica aventura de Toy Story (1995), Kun acaba madurando a través de pequeñas revelaciones, como por arte de magia. Hosoda reflexiona de esta forma sobre cómo las relaciones familiares y el desarrollo emocional no son logros puntuales, sino procesos que duran toda la vida. Y consigue, ahora sí, una perlita preciosa.

1. Los niños lobo (2012)

Considerada la obra cumbre de Hosoda, Los niños lobo (2012) reúne todos los elementos que definen su filmografía: una fantasía sutil, el drama centrado en los personajes y una profunda sensibilidad de la obra resultante. La película narra la vida de Hana, una joven que debe criar sola a sus dos hijos, mitad humanos y mitad lobos, tras la muerte de su pareja.

Bajo una escritura contemplativa y paciente, Hana afronta las dificultades económicas, sociales y emocionales de una madre soltera, mientras intenta proteger a sus hijos y permitirles descubrir quiénes quieren ser. La versión cuqui de Un monstruo viene a verme (2016), esta es la película que os hará llamar a vuestras madres.

Los 10 capítulos de Peaky Blinders que debes ver antes de 'El hombre inmortal'

Los 10 capítulos de Peaky Blinders que debes ver antes de 'El hombre inmortal'

Juan José Mateo

Juan José Mateo

Editor de JustWatch

Peaky Blinders regresa con El hombre inmortal, la película que cierra (¿de forma definitiva?) el universo de los Shelby después de seis temporadas que han dejado una de las marcas más reconocibles de la televisión británica de las últimas dos décadas. 

Cillian Murphy vuelve a encarnar a Tommy Shelby en lo que parece ser el último capítulo de una historia que empezó en los barrios industriales de Birmingham y que ha terminado por convertirse en algo mucho más grande que cualquier serie de gangsters tiene derecho a ser. 

El problema, si es que puede llamarse problema, es que Peaky Blinders tiene setenta y cuatro episodios y no todo el mundo tiene tiempo para volver a verlos todos antes de la película. Por eso elegimos los diez capítulos, no más, que concentran lo esencial de la serie y que te preparan para entender, o al menos intuir, lo que El hombre inmortal va a contar. 

Episodio 1 - Temporada 1

Hay pilotos de serie que funcionan como promesa y pilotos que funcionan como declaración de intenciones. El primer episodio de Peaky Blinders es de los segundos. En menos de cincuenta minutos, Steven Knight establece todo lo que la serie va a ser durante seis años: el tono, la geografía moral de sus personajes, la música como elemento dramático y no decorativo, y, sobre todo, a Tommy Shelby como una de las figuras más complejas que la televisión británica ha producido en lo que va de siglo. 

La presentación de Tommy no es espectacular en el sentido convencional del término, y eso es lo que la hace memorable. Hay en ese primer episodio una frialdad calculada que lo diferencia de manera radical de otros pilotos del mismo género. 

Si lo comparamos, por ejemplo, con el arranque de Boardwalk Empire, que apostaba por la grandilocuencia y el golpe de efecto visual como forma de presentar a Nucky Thompson: Peaky Blinders confía, desde el principio, en que su personaje no necesita ese tipo de andamiaje para sostenerse. 

Antes de ver El hombre inmortal, este episodio es imprescindible porque recuerda quién era Tommy Shelby antes de que el peso de todo lo que vino después lo convirtiera en otra cosa.

Episodio 5 - Temporada 1

El quinto episodio de la primera temporada es el momento en que Peaky Blinders deja de ser una promesa interesante y se convierte en una serie que sabe con exactitud lo que está haciendo. 

La relación entre Tommy y Grace alcanza aquí una tensión que la serie tardará temporadas en resolver, y la presencia del Inspector Campbell como antagonista empieza a definirse con una precisión que hace que el conflicto central deje de ser solo criminal para volverse político y personal al mismo tiempo. 

Lo que este episodio demuestra es que Peaky Blinders entiende que los mejores antagonistas no son los que amenazan la vida del protagonista sino los que amenazan su identidad. 

En ese sentido, la comparación más productiva es con The Americans, otra serie donde el antagonismo real no es entre personajes sino entre versiones incompatibles de lo que significa vivir de una determinada manera. 

Ver este episodio antes de El hombre inmortal importa porque establece el tipo de guerra que Tommy lleva décadas librando: una que nunca ha sido del todo exterior.

Episodio 6 - Temporada 2

El final de la segunda temporada es, probablemente, el primer momento en que Peaky Blinders alcanza una grandeza que pocas series de su generación han sabido igualar. Todo lo que la temporada ha estado construyendo con paciencia, a veces con una lentitud que algunos espectadores no supieron leer como virtud, converge aquí en una resolución que es, al mismo tiempo, un triunfo y una derrota. 

Tommy consigue lo que quería y pierde algo que no sabía que importaba tanto, y esa estructura, la del éxito que cuesta más de lo que debería, va a repetirse en casi todos los finales de temporada que vendrán después. 

La comparación más iluminadora es con el final de la segunda temporada de The Wire, que también trata sobre el precio que paga la gente que gana: en ambos casos, la victoria tiene un sabor que se parece demasiado a la derrota como para celebrarse con tranquilidad. 

Este episodio es esencial antes de El hombre inmortal porque define el patrón de Tommy Shelby mejor que cualquier otro: el hombre que siempre consigue el objetivo y nunca consigue lo que buscaba de verdad.

Episodio 2 - Temporada 3

La tercera temporada es la más ambiciosa de Peaky Blinders y también la más desigual, pero su segundo episodio es una de las mejores horas de televisión que la serie ha producido. 

La expansión del universo Shelby hacia la aristocracia y el espionaje internacional podría haber diluido lo que hacía interesante a la serie en sus primeras entregas, y en cambio lo que hace este episodio es demostrar que Tommy funciona igual de bien en un salón de la alta sociedad que en las calles de Small Heath, porque el personaje no ha cambiado: lo que ha cambiado es el escenario y eso, en manos de Knight, resulta más fértil de lo que cabría esperar. 

Lo que este capítulo anticipa con más claridad es la soledad estructural de Tommy: el hombre que ha ascendido tan alto que ya no pertenece a ningún lugar. Esa misma sensación de desplazamiento aparece en Succession, en la figura de Kendall Roy, aunque por razones opuestas: donde Kendall nunca ha pertenecido a nada porque siempre ha tenido demasiado, Tommy no pertenece a nada porque ha construido demasiado desde demasiado poco.

Episodio 2 - Temporada 4

La cuarta temporada introduce a la familia Changretta como antagonistas y lo hace con una eficacia que, en retrospectiva, el resto de la temporada no siempre sabe mantener. Sin embargo, el segundo episodio es el que mejor concentra lo que Peaky Blinders hace con la violencia cuando está en su mejor momento: no la muestra como espectáculo sino como consecuencia, y esa diferencia cambia por completo la experiencia de verla. 

Hay en este capítulo una secuencia que resume con precisión el tipo de amenaza que la serie sabe construir mejor: la que no llega con ruido sino en silencio, la que se instala en la cotidianidad antes de hacerse visible. 

La comparación inevitable es con Gomorra, la serie italiana que ha convertido la representación de la violencia organizada en algo cercano a un lenguaje propio: ambas entienden que el miedo funciona mejor cuando se administra con parsimonia. 

Este episodio importa antes de El hombre inmortal porque recuerda que la familia Shelby no es solo una familia de gángsters, sino una familia que vive de forma permanente al borde de su propia extinción.

Episodio 6 - Temporada 4

El final de la cuarta temporada tiene el pulso de un thriller clásico y la ambición emocional de un drama familiar, y la combinación funciona mejor de lo que su premisa sugiere. 

La resolución del conflicto con los Changretta es lo de menos: lo que importa es lo que el episodio hace con Michael Gray y con la pregunta que la serie lleva temporadas dejando en el aire sobre si los Shelby son una familia o solo un negocio al que la sangre le da el nombre. 

La actuación de Finn Cole en este episodio es la mejor de toda su participación en la serie, y eso incluye temporadas posteriores donde el personaje tiene más material con el que trabajar. 

La comparación más pertinente es con los momentos de Los Soprano en que la lógica familiar y la lógica criminal entran en colisión directa: en ambos casos, la serie elige no resolver la contradicción sino dejarla abierta, lo cual es siempre la decisión más honesta. Ver este episodio antes de El hombre inmortal es necesario para entender la fractura interna de los Shelby que la película va a heredar.

Episodio 6 - Temporada 5

El final de la quinta temporada es el episodio más oscuro que Peaky Blinders ha producido y puede que también el más valiente. El plan de Tommy fracasa. No de forma parcial, no con matices que permitan interpretar el resultado como una derrota honrosa: fracasa de manera absoluta y en el momento en que más importaba. 

Y la última imagen de la temporada, Tommy Shelby solo en un campo con una pistola apuntando a la cabeza, es la más honesta que la serie se ha permitido sobre el estado interior de su protagonista en toda su historia. Que la serie fuera capaz de terminar una temporada de esa manera, sin red y sin concesiones, dice mucho sobre la confianza que Knight tenía en su audiencia y en su propio relato. 

La comparación más iluminadora es con el final de la tercera temporada de Mr. Robot, otra serie que confió en llevar a su protagonista al punto de ruptura absoluta sin garantizar el regreso: en ambos casos, la apuesta es la misma, y en ambos casos el efecto es el de una serie que ha decidido tomarse en serio el coste humano de lo que está contando. Este episodio es imprescindible antes de El hombre inmortal porque define el estado emocional desde el que Tommy va a partir.

Episodio 1 - Temporada 6

La sexta y última temporada de Peaky Blinders empieza con un episodio que tiene la textura de un comienzo de ciclo y el peso de un ajuste de cuentas. El salto temporal y la introducción del contexto de la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo no son recursos decorativos: son la manera en que la serie reconoce que Tommy Shelby ya no puede existir en el mundo que construyó porque ese mundo ha dejado de ser posible. 

La actuación de Cillian Murphy en este primer episodio tiene una calidad diferente a todo lo anterior, una especie de agotamiento sereno que resulta más inquietante que cualquier explosión de violencia que la serie haya producido. 

La comparación más adecuada es con el arranque de la sexta temporada de The Americans, que también comenzaba con la sensación de que sus protagonistas llevaban demasiado tiempo haciendo algo insostenible: en ambos casos, el primer episodio de la temporada final no funciona como apertura sino como diagnóstico. Ver este capítulo antes de El hombre inmortal es ver el punto de partida inmediato de lo que la película va a continuar.

Episodio 3 - Temporada 6

El tercer episodio de la última temporada es el que mejor trabaja la relación entre Tommy y su propia mortalidad, que es el tema real sobre el que Peaky Blinders lleva construyendo desde mucho antes de que la serie lo hiciera explícito. 

La enfermedad de Tommy no es un recurso dramático añadido en la recta final: es la materialización de algo que el personaje lleva cargando desde el primer episodio, la sensación de que su forma de vivir tiene un coste que en algún momento se va a cobrar. 

Este episodio lo muestra con una claridad que no necesita subrayados ni momentos de revelación convencionales, lo cual es exactamente el tipo de escritura que Peaky Blinders ha practicado en sus mejores momentos. 

La comparación más lógica es con Better Call Saul y su manera de mostrar el deterioro progresivo de un personaje que sabe que está perdiendo y que sigue adelante de todas formas: en ambos casos, la tragedia no está en el final sino en la consciencia que el personaje tiene de que ese final es inevitable. 

Este episodio es fundamental antes de El hombre inmortal porque establece los términos en los que Tommy va a enfrentarse a lo que viene.

Episodio 6 - Temporada 6

El episodio final de Peaky Blinders es, al mismo tiempo, un cierre y una apertura, lo cual es la única manera honesta en que una serie como esta podía terminar. Tommy Shelby no muere, aunque la serie durante un buen rato hace creer que sí, y esa decisión ha generado más debate del que merecía. 

Lo que el episodio consigue, más allá de la resolución argumental, es dejar a su protagonista en un estado de suspensión que no es ni victoria ni derrota: es el lugar desde el que El hombre inmortal va a tener que partir. 

Hay en la última imagen de la serie una ambigüedad que Peaky Blinders ha ganado el derecho a permitirse después de seis temporadas de coherencia interna. La comparación más exacta, curiosamente, no es con ningún otro final de serie de crimen organizado sino con el final de Fleabag, otra producción británica que tuvo el valor de terminar en un punto de apertura en lugar de cierre, apostando por la vida que continúa sobre la resolución que satisface. 

Ver este episodio antes de El hombre inmortal no es opcional: es el único punto de partida posible para entender la película que viene.

‘Traitors’ y otros 6 reality shows con las mejores traiciones

‘Traitors’ y otros 6 reality shows con las mejores traiciones

Juan José Mateo

Juan José Mateo

Editor de JustWatch

Si hay una constante en la televisión de los últimos años es que el público se ha cansado de los realities de convivencia tradicionales. Ya no basta con encerrar a un grupo de personas en una casa y esperar a que surjan los conflictos. El espectador de hoy exige algo más: estrategia, engaño, revelaciones, y la satisfacción perversa de ver cómo alguien miente a la cara con una naturalidad que oscila entre lo admirable y lo perturbador. 

Los siete programas que repasamos aquí han entendido eso mejor que nadie. Algunos lo hacen con elegancia, otros con brutalidad, pero todos tienen en común que han convertido la traición en espectáculo de primer orden. 

Traitors España (2024)

Traitors España es la adaptación española de un formato neerlandés que antes de llegar aquí ya había demostrado su potencial en versiones británica, estadounidense y australiana, todas con un éxito considerable. 

La premisa es tan sencilla como retorcida: un grupo de concursantes convive en un castillo mientras un puñado de ellos, los Traidores, intentan eliminar en secreto al resto sin ser descubiertos. Cada noche los Leales debaten en torno a una mesa y votan para desterrar a quien crean que es un Traidor, acertando o fallando con consecuencias que afectan al bote final. 

Lo que hace a la versión española interesante no es solo el formato en sí, que funciona como un reloj, sino la selección de participantes: una mezcla de caras conocidas de la televisión y el deporte que traen consigo sus propias leyendas y enemistades. 

Comparada con la versión estadounidense, presentada por Alan Cumming, la española opta por un tono más contenido que, paradójicamente, hace que las traiciones resulten más incómodas de ver. Si Gran Hermano fue el reality que definió una época, Traitors España apunta a ser el que defina la siguiente.

Confianza: El juego de la codicia (2022)

Confianza: El juego de la codicia llegó a Netflix con una propuesta que sobre el papel sonaba casi demasiado esquemática: un grupo de desconocidos compite por un premio mientras navegan una red de alianzas y traiciones con reglas que penalizan la honestidad y recompensan la manipulación. 

Lo que la serie tiene a su favor es que la realidad humana, como suele ocurrir, termina siendo más complicada y más interesante que cualquier estructura de juego que alguien haya podido diseñar en una sala de reuniones. 

Los concursantes hacen cosas que no deberían hacer según su propio interés, sienten culpa donde no la esperaban y desarrollan lealtades que el formato no contemplaba. El resultado es un documento fascinante sobre cómo funciona la confianza bajo presión. 

Compararla con El método Kominsky sería un disparate temático, pero hay algo en su manera de diseccionar las relaciones humanas a través de una situación artificial que recuerda al mejor drama de personajes. 

¿Quién es el topo? (2022)

¿Quién es el topo? recupera un formato que llevaba décadas dormido —el original estadounidense se emitió en la CBS a principios de los 2000 con un éxito notable— y demuestra que algunas ideas son tan buenas que el tiempo no las desgasta, solo las mejora. 

La premisa es la de siempre: uno de los concursantes es el topo, un infiltrado que trabaja de forma activa para sabotear las misiones del grupo y reducir el bote final, mientras el resto intenta descubrir quién es antes de ser eliminado. Lo que hace especial a esta versión de Netflix es la elegancia de su producción y la calidad de los concursantes, que en general son mejores observadores y peores mentirosos de lo que ellos mismos creen, lo cual resulta mucho más entretenido. 

Si Supervivientes es el padre fundador de los realities de estrategia, ¿Quién es el topo? es el primo cerebral que leyó demasiado sobre psicología cognitiva. Para quienes disfrutaron del videojuego Among Us como fenómeno cultural, este programa es la versión televisiva que estaban esperando sin saberlo.

La llave del paraíso (2022)

La llave del paraíso es, de los siete programas de esta lista, el que más se parece en apariencia a un reality de citas convencional, lo que convierte su giro estratégico en algo muy efectivo. 

Los concursantes llegan creyendo que están en un programa romántico y descubren de manera progresiva que las reglas del juego son bastante más complicadas y bastante menos sentimentales de lo que les habían hecho creer. Netflix tiene una habilidad particular para producir realities que juegan con las expectativas del género, y La llave del paraíso es uno de los mejores ejemplos de esa tendencia. 

Comparada con Love Island, que opera dentro de los límites del formato romántico sin cuestionarlos nunca, la propuesta aquí resulta más interesante porque no respeta las convenciones del subgénero que simula habitar. No todos los giros funcionan igual de bien, y hay momentos en que la construcción del drama parece más artificial de lo que debería, pero el conjunto tiene suficiente energía para justificar el visionado.

House of Villains (2023)

House of Villains es el reality que solo podía existir en este momento concreto de la cultura popular, cuando la figura del villano televisivo ha alcanzado un estatus casi mitológico. 

La premisa consiste en reunir a los villanos más memorables de la historia de los realities americanos bajo un mismo techo y dejar que la dinámica haga el resto. El resultado es tan caótico, tan irresponsable y tan adictivo como suena. 

Lo que distingue al programa de un simple ejercicio de nostalgia es que estos concursantes saben a la perfección que son villanos, han construido identidades públicas sobre esa base y han llegado aquí dispuestos a serlo con una conciencia que los originales no tenían. 

Eso añade una capa de meta-comentario involuntario que hace el visionado más rico de lo que parece. Comparado con Gran Hermano Vip, que también apuesta por caras conocidas pero desde una lógica más convencional, House of Villains tiene una energía más desvergonzada y más autoconsciente. 

Claim to Fame (2022)

Claim to Fame tiene una de las premisas más ingeniosas de los últimos años en televisión: un grupo de concursantes convive sin saber que todos ellos son familiares de celebrities de primer nivel, y el objetivo es descubrir quién es pariente de quién antes de ser eliminado. 

Presentado por los hermanos Jonas, el programa funciona como un juego de detectives en el que las pistas son fragmentos de identidad y los errores se pagan con la expulsión. Lo que lo hace muy disfrutable es que los concursantes están atrapados en una paradoja permanente: para ganar necesitan ocultar su vínculo con la fama, pero esa fama es lo que los define fuera del programa. 

Es un comentario involuntario pero muy efectivo sobre cómo funciona la identidad en la era de la cultura de la celebridad. Comparado con The Masked Singer, que también juega con la ocultación de identidades conocidas, Claim to Fame resulta más interesante porque el material humano es más imprevisible y la tensión estratégica más sostenida a lo largo de los episodios.

The Circle (2020)

The Circle es probablemente el reality más inteligente sobre la era digital que se ha producido hasta la fecha, y eso no es poca cosa teniendo en cuenta que se presenta a sí mismo como entretenimiento ligero. 

Los concursantes viven en apartamentos separados y solo se comunican a través de una red social ficticia, lo que significa que pueden construir la identidad que quieran, incluyendo la opción de catfishing completo. 

El programa funciona como un experimento sobre cómo nos construimos en las redes, qué proyectamos, qué ocultamos y hasta qué punto la versión digital de una persona puede independizarse de la real. La versión americana es la más conocida, pero las versiones británica, brasileña y francesa tienen momentos que la superan en intensidad emocional. 

Comparada con Gran Hermano, cuya premisa de vigilancia total tiene resonancias similares, The Circle resulta más contemporánea porque el medio a través del que opera —la red social— es el espacio donde más tiempo pasamos construyendo y consumiendo identidades hoy.

  • ‘The Seven Deadly Sins’: Todas las películas y series, en orden

    ‘The Seven Deadly Sins’: Todas las películas y series, en orden

    Lalo Ortega

    Editor de JustWatch

    Basado en el manga homónimo de Nakaba Suzuki, The Seven Deadly Sins (Nanatsu no Taizai) es uno de los animes shōnen más populares de la última década. Con intensos combates influenciados por clásicos como Dragon Ball de Akira Toriyama, este anime de fantasía medieval narra la historia de un grupo de caballeros exiliados, acusados de traición, que deben luchar por recuperar un reino usurpado.

    A partir de la serie de anime original se han desprendido varias películas y spin-offs, lo que puede ser confuso si te vas a aproximar a este título por primera vez. No te preocupes: en esta guía, te diremos cómo ver todo The Seven Deadly Sins en el orden correcto.

    1. The Seven Deadly Sins - Temporada 1: Los Siete Pecados Capitales (2014)

    Para ver The Seven Deadly Sins en orden debes comenzar por la primera temporada de la serie de anime.

    Los primeros 24 episodios nos introducen a Meliodas, la princesa Elizabeth Liones, y la búsqueda por reunir a los caballeros titulares, acusados falsamente de traición y exiliados. Ahora, ellos son la única esperanza para recuperar el reino de Liones, usurpado por los Caballeros Sagrados, quienes fueron manipulados por un demonio para hacerlo.

    En este bloque, también harás bien en ver las primeras dos OVAS: “Ban, el bandido” y

    “El Tiempo en que los Héroes se divierten”.

    2. The Seven Deadly Sins: Indicios de la Guerra Santa (2016)

    Después tenemos este especial televisivo de cuatro episodios, con una historia original de Nakaba Suzuki que sirve como puente para el siguiente arco del anime, y aunque no está en el manga original, sí es canónico para la trama.

    Los episodios narran un breve periodo de paz después de la victoria de los Siete Pecados Capitales, pero se trata de una paz pasajera. Aquí conocerás algunos elementos que brindan mayor contexto para el siguiente arco y, aunque no es estrictamente esencial verlo, recomendamos no dejarlo pasar. Además, ofrece uno de los mejores combates de todo el anime.

    Ten en cuenta que, en los catálogos de algunas plataformas, es probable que estos episodios vengan listados como “temporada 2”, pero esto es un error.

    3. The Seven Deadly Sins - Temporada 2: Resurrección de los Diez Mandamientos (2018)

    La temporada 2 de The Seven Deadly Sins sigue al grupo titular que, después de derrotar a los Caballeros Sagrados, debe enfrentarse a una amenaza todavía mayor: los Diez Mandamientos, poderosos guerreros a las órdenes directas del Rey Demonio… y a los que el protagonista, Meliodas, alguna vez perteneció.

    Al enterarse de que Meliodas sigue con vida, deciden ir tras él para cobrar venganza, dejando un rastro de destrucción tras de sí.

    Después de este bloque, también debes ver la OVA 3: “Descanso de los héroes”.

    Paréntesis: The Seven Deadly Sins: Prisioneros del cielo (2018)

    Aunque ya es cada vez más común que las sagas de anime produzcan películas canónicas para su narrativa general—como ha sucedido con Guardianes de la noche: Kimetsu no Yaiba—, en otros casos son más comunes las entregas que funcionan más como caramelo visual sin relevancia para el canon—como ha sucedido con Naruto—, o cuyo posicionamiento en la continuidad es ambiguo en el mejor de los casos, o contradictorio en el peor.

    El caso de The Seven Deadly Sins pertenece a este último rubro, pues su primera película, Prisioneros del cielo, no es canónica para los eventos de la serie. Dados los poderes de los personajes y acontecimientos mencionados, tendría que ir entre las temporadas dos y tres si hubiera que ponerla en algún sitio. Sin embargo, no es esencial que la veas para entender lo que viene, así que incluso puedes saltarla.

    4. The Seven Deadly Sins - Temporada 3: La ira de los dioses (2019)

    El tercer arco del anime, “La ira de los dioses”, sigue a los Siete Pecados Capitales intentando volverse más fuertes para, finalmente, conseguir desterrar a los Diez Mandamientos de la Tierra. Mientras tanto, Meliodas lucha por mantener su lado demoníaco a raya, para no ser dominado por él.

    En esta temporada, notarás un cambio en la calidad de la animación, pues la adaptación animada cambió de estudio de producción. Y sí hay un declive notorio, pero la narrativa sigue siendo igual de cautivadora y emocionante.

    5. The Seven Deadly Sins - Temporada 4: El juicio del dragón (2021)

    La temporada 4 del anime narra los eventos del cuarto arco, “El juicio del dragón”, que marca el clímax de la narrativa principal de The Seven Deadly Sins. Aquí presenciamos el encuentro final entre los caballeros titulares y el Rey Demonio en persona, con revelaciones cuyas implicaciones se extienden a lo largo de milenios.

    Naturalmente, en este arco son presentadas algunas de las mejores peleas de todo el anime. Dado que aquí tenemos la conclusión de la adaptación del manga, puedes parar con este arco si lo deseas. Sin embargo, hay todavía más por ver.

    6. The Seven Deadly Sins: La maldición de la luz (2021)

    Contrario a la primera película de la saga, The Seven Deadly Sins: La maldición de la luz sí es canónica para la narrativa, pues expande los acontecimientos contados en la última temporada del anime con una historia oficialmente escrita por Nakaba Suzuki, creador de la saga.

    Esta historia funciona como una suerte de epílogo expandido, aconteciendo a medio camino del episodio final de la serie. Y también hace de puente con la serie secuela.

    7. The Seven Deadly Sins: El rencor de Edimburgo - Partes 1 (2022) y 2 (2023)

    También con una historia original de Nakaba Suzuki, el siguiente paso en la saga ya sigue a una nueva generación de personajes, cuyo elenco es liderado por Tristan, príncipe de Liones e hijo tanto de Meliodas como de Elizabeth. Por lo tanto, posee poderes tanto del Clan de la Diosa como del Clan del Demonio, un equilibrio con el que tiene dificultades pero que deberá aprender a controlar para salvar a su madre y al reino.

    La historia de The Seven Deadly Sins: El rencor de Edimburgo está dividida en dos películas, y narra una historia completamente original que no está en el manga, y que rescata a viejos aliados pero también introduce nuevos, como puente para la serie secuela. La animación también es diferente, optando por un 3D que, sin embargo, retiene la esencia del anime original.

    8. The Seven Deadly Sins: Los cuatro jinetes del Apocalipsis (2023-2024)

    Aunque lleva el título de su predecesora para su adaptación animada, Los cuatro jinetes del Apocalipsis es, en realidad, su propia historia en el manga, aunque sí tiene nexos con la serie anterior (Tristan, el hijo de Meliodas y Elizabeth, juega un rol importante).

    Situada 16 años después del final de The Seven Deadly Sins, la trama sigue a un nuevo protagonista, Percival, quien descubre que su propósito es formar parte de un grupo de cuatro guerreros que destruirán el mundo, por lo que emprende un viaje para desafiar ese destino. Hasta el momento se han estrenado dos temporadas y el manga aún está publicándose, por lo que se espera que la adaptación del anime continúe eventualmente.

  • Películas y series de televisión de Neve Campbell: ¿Dónde más puedes ver a la icónica Scream Queen?

    Películas y series de televisión de Neve Campbell: ¿Dónde más puedes ver a la icónica Scream Queen?

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Scream 7 (2026) se ha estrenado, lo que significa que tenemos el quinto regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott, ya que no apareció en Scream 6 (2023) por diferencias de salario. Aunque a muchos le siga emocionando verla en el papel, reducir su carrera a ser esa reina del grito sería injusto para una actriz que lleva tres décadas currando en dramas de prestigio, thrillers eróticos, musicales bizarros y series de televisión con bastante huella cultural.

    De bailarina frustrada a la final girl favorita del slasher moderno, Campbell ha construido una filmografía interesante, de la que podemos localizar nueve de sus trabajos que merecen la pena y encontrarlos en plataformas de streaming españolas, ordenados de peor a mejor para redescubrir a la actriz más allá de Sydney.

    9. The Company (2003)

    Robert Altman dirigió este drama sobre el mundo del ballet con Campbell como productora y protagonista, interpretando a una bailarina de la compañía Joffrey de Chicago que lucha por convertirse en primera figura. Prácticamente es un documental ficcionado sobre las rutinas, lesiones, ensayos y política interna de una compañía de danza que Altman usa para encajar su estilo y narrativa coral, aunque no sea de sus obras más recordadas.

    Sin embargo, The Company (2003) es bonita—las coreografías son espectaculares—pero dramáticamente un tanto inerte. Campbell, que viene del ballet antes que de la interpretación, baila estupendamente y sus escenas con James Franco, que aparece como su novio chef parecen de otra película. Una película que explica por qué triunfó con Jóvenes y brujas (1996), y estos proyectos no han acabado de calar entre sus fans, cómo habría molado verla en Cisne negro (2010) aunando sus dos talentos, la danza y el horror.

    8. Cinco en familia (1994-2000)

    La serie que la puso en el mapa le tuvo seis temporadas interpretando a Julia Salinger, la hermana mayor de cinco hermanos que quedan huérfanos tras un accidente y deben aprender a funcionar como familia sin padres. Un buen drama adolescente de los noventa con Campbell como el ancla dramática, navegando entre historias de alcoholismo, violencia doméstica, cáncer o depresión.

    Cinco en familia (1994-2000) ha envejecido mejor de lo esperado, evitando el tono cursi que hundió otras series de la época y tiene ese “Je ne sais quoi” que la convirtió en la actriz juvenil más adictiva, que no tiene mucho que ver con la de  House of Cards (2013-2018), además es una sorpresa en la onda de dramas familiares estilo Es mi vida (1994-1995) o Felicity (1998-2002).

    7. Pánico (2000)

    Un thriller psicológico donde Campbell interpreta a una joven que descubre que su padre (Donald Sutherland) es asesino a sueldo para la mafia. Cuando conoce a un psicólogo que trata a su padre (William H. Macy), descubre el horror de lo que realmente hace su padre. Una película pequeña, indie, que no funcionó en taquilla pero tiene su pequeño culto, ya que posee un tono casi mumblecore inusual.

    Pánico (2000) es más contenida que Juegos salvajes (1998), donde Campbell abraza el exceso del thriller erótico, aquí juega con un registro dramático serio que principalmente hace brillar a Sutherland, magnífico como sicario existencialmente cansado. Los fans de thrillers familiares disfuncionales como Historia de un crimen (2005), la encontrarán interesante, aunque es principalmente para fans de la actriz que quieran ver su transformación, preparando el terreno para papeles más adultos como el de The Company.

    6. El abogado del Lincoln (2022-presente)

    La serie de Netflix basada en las novelas de Michael Connelly tiene a Campbell como Lisa Trammell en la segunda temporada, una empresaria acusada de asesinato que contrata al protagonista para defenderla. Un personaje moralmente ambiguo donde nunca sabes si es víctima o manipuladora, con el que la actriz saca su lado más alejado de la virtud de Prescott.

    En El abogado del Lincoln (2022-presente) le sienta bien ser una invitada de lujo, sin ser foco dramático como en Cinco en familia, pero es otro escalón en su evolución como actriz, una extensión de El inocente (2011) con Matthew McConaughey para dictos al género legal con giros, aunque la serie mejora la película.

    5. House of Cards (2013-2018)

    Probablemente, el gran drama político de la era del streaming. Aunque todos lo recuerdan por el trabajo de Kevin Spacey, como un gran manipulador que labra su camino a la presidencia, Campbell aparece en la última temporada como LeAnn Harvey, jefa de campaña que se mueve en las aguas turbias de Washington con la misma falta de escrúpulos que los Underwood.

    House of Cards no es su mejor trabajo—llega tarde a una serie cuya calidad ya había decaído—pero demuestra que puede sostener escenas con actores gigantes sin que la coman. Muy diferente al tono de El abogado del Lincoln, aunque sí tiene a personajes que navegan sistemas corruptos, el tercer vértice del triángulo de las series políticas, junto a El ala oeste de la Casa Blanca (1999-2006) en el lado idealista, y Veep (2012-2019) en el lado cómico.

    4. Juegos salvajes (1998)

    Una denuncia de violación en un instituto de Florida se complica cuando las dos chicas implicadas (Campbell y Denise Richards) empiezan a dar versiones contradictorias de los hechos. John McNaughton dirigió este thriller erótico con Matt Dillon y Kevin Bacon como policías intentando descifrar quién miente, una montaña rusa de giros, dobles cruces y una escena de piscina que se volvió icónica por razones obvias.

    Juegos salvajes es un poco trash y resulta ciertamente problemática, pero es genial ver a Campbell pasándolo bien escupiendo contra su imagen de chica buena labrada hasta Scream (1996). Aquí los giros duraban hasta los créditos finales, puede que el canto del cisne de los blockbusters calentorros noventeros surgidos tras el impacto de Instinto básico (1992) pero su sentido del humor la pone por delante de muchos de ellos.

    3. Reefer Madness: The Movie Musical (2005)

    La parodia de la película propagandística anti-marihuana de 1936 de Broadway se convirtió en una película musical para weirdos en la que Campbell es Miss Poppy, una maestra de escuela que se convierte en adicta a los porros y acaba en un fumadero ilegal haciendo striptease. Una divertidísima sátira del pánico moral  americano con números desquiciados que incluyen canciones sobre cómo la marihuana te convierte en asesino psicópata.

    Reefer Madness: The Movie Musical (2005) es rareza absoluta en su filmografía, demostrando que puede cantar, bailar y hacer comedia camp sin despeinarse. Muy diferente al drama Pánico, abrazando el ridículo junto a Alan Cumming en el mismo espíritu de Rocky Horror Picture Show (1975), aunque menos transgresora, ya que no deja de ser una producción para televisión.

    2. Jóvenes y brujas (1996)

    Un clásico de culto de los 90 sobre cuatro marginadas de instituto que descubren poderes reales de brujería. Campbell estaba un poco eclipsada por la interpretación de Fairuza Balk, pero es clave en el aquelarre de esta fantasía adolescente de colegialas corrompidas por sus capacidades y el resentimiento, la Chicas malas (2004) para góticas.

    Jóvenes y brujas puede verse como una hermana espiritual de Scream. Ambas se estrenaron en el mismo año, el “campbellazo” porque la actriz estuvo en dos hits de taquilla que definen el estado de consciencia de un adolescente en los noventa. Aunque esta opte por por la vía sobrenatural en vez de un asesino, hace un triunvirato perfecto con Reefer Madness, como pieza de cine alternativo que ofrecía todo lo que las series Embrujadas (1998-2006) o Sabrina, cosas de brujas (1996-2003) no se atrevían a plantear.

    1. Scream (1996)

    La reinvención meta del slasher para de Wes Craven y Kevin Williamson que creó a un icono juvenil posmoderno: Sidney Prescott, la eterna superviviente del asesino enmascarado que mató a su madre. La primera entrega sigue siendo la mejor un laberinto de referencias al cine de terror que se sacó de la manga a Ghostface y convirtió a Campbell en la Scream Queen definitiva de su generación.

    A pesar de que ha demostrado ser una buena actriz, mucho nos tememos que Scream es la cumbre temprana de su carrera, el papel que la define. Sidney inspiró a una generación por no ser una víctima, alternar vulnerabilidad y fuerza que de alguna manera fue traicionada en las secuelas. En Scream 2, Scream 3, Scream 4*, Scream 5 y ahora Scream 7 se redefine su personaje a través del trauma a través de décadas, a pesar de ello, comparado con el resto de su trabajo sigue siendo superior. Campbell es Sidney Prescott igual que Jaime Lee Curtis es Laurie Strode, un legado que ha hecho mantenerse con vida a la saga 30 años.

  • 'Expediente X: el Reboot', de Ryan Coogler, fracasará si le falta una cosa

    'Expediente X: el Reboot', de Ryan Coogler, fracasará si le falta una cosa

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Hulu acaba de dar luz verde al piloto del reboot de Expediente X (1993-2018) con Ryan Coogler escribiendo y dirigiendo, y Danielle Deadwyler confirmada como una de las dos agentes del FBI protagonistas. El otro agente aún no tiene rostro, pero ya tenemos la premisa oficial: "Dos agentes del FBI altamente condecorados pero muy diferentes forman un vínculo improbable cuando son asignados a una división cerrada durante años dedicada a casos que involucran fenómenos inexplicables".

    Suena familiar, ¿no?, básicamente estamos ante Scully y Mulder 2.0, dos agentes con creencias opuestas investigando lo paranormal. Exploramos por qué el éxito del reboot dependerá enteramente de un ingrediente que no se puede fingir ni inventar, si Coogler no consigue ese elemento mágico, no importa lo trabajado de los monstruos de la semana ni que gane el Óscar por Los pecadores (2025), no funcionará.

    Expediente X funcionó tan bien gracias a Scully y Mulder

    Seamos sinceros, Expediente X no se convirtió en fenómeno cultural solo por los ovnis. Chris Carter creó una mitología conspirativa fascinante, sí, pero lo que realmente enganchó al público durante nueve temporadas, películas y revivals fueron Scully y Mulder. La escéptica forense médica asignada para desacreditar al creyente obsesionado con extraterrestres. Sobre el papel, suena a trama procedimental del montón, en la práctica, fue magia televisiva porque David Duchovny y Gillian Anderson tenían una química inexplicable que hacía imposible no invertir emocionalmente en su relación.

    La serie funcionaba en múltiples niveles: como desfile de “monstruos de la semana” con efectos prácticos brillantes, como thriller conspirativo sobre el gobierno ocultando contacto alienígena, y como drama romántico de tensión sexual sin resolver. Pero todo eso colapsaba sin la dinámica central. Scully y Mulder se respetaban a pesar de estar en constante desacuerdo en casi todo. Él veía conexiones paranormales en todas partes, ella buscaba explicaciones científicas racionales, pero ninguno despreciaba las creencias del otro.

    Mulder nunca ridiculizó el escepticismo de Scully, y ella nunca lo trató como un loco incluso cuando sus teorías bordeaban lo absurdo. Una tensión dialéctica que se fue convirtiendo en intimidad emocional, confianza mutua por encima de las evidencias. El famoso "I want to believe" de Mulder encajaba porque Scully también quería creerle a él, respetaba su integridad. Los sentimientos románticos de temporadas posteriores no parecían forzados porque pasaron años construyendo esa base. Es difícil separar a la pareja del ADN de la serie.

    El reboot de Expediente X debe tener en cuenta la química

    Capturar ese tipo de química otra vez es tener un golpe de suerte imposible. Es un elemento que no se puede crear desde una página en blanco, pese a los buenos guiones. Tiene que existir entre los actores , y punto. Y ese debería ser el criterio número uno para casting del segundo agente: ¿Funciona con Danielle Deadwyler? la chispa debe estar ahí. Coogler declaró a Last Podcast on the Left que quiere hacer episodios "realmente jodidamente aterradores" y algo "para los verdaderos fans de Expediente X y quizá encontrar algunos nuevos". Está muy bien, pero para que nos enamoremos de su serie tenemos que estarlo de los dos investigadores.

    La actriz elegida tiene mucho potencial. Deadwyler demostró en Till (2022) que puede cargar películas enteras sobre sus hombros con actuaciones devastadoras y emotivas. Su trabajo en  La lección de piano (2024) de Netflix mostraba rango y profundidad, y su película de terror infravalorada del año pasado, La mujer de las sombras (2025), dirigida por Jaume Collet-Serra para Blumhouse, la estableció como actriz capaz de navegar género con la misma intensidad que el drama de prestigio.

    Ahora queda ver cómo encaja el compañero. Si eligen a alguien sin una relación natural entre ellos que nos capte en el piloto, todo el proyecto colapsa. No hay pocos reboots o secuelas que han fracasado porque intentaron replicar dinámicas icónicas sin entender que no se pueden copiar. Cosas como Hombres de negro: MIB Internacional (2019) se la pegaron por esa razón. Incluso la etapa revival muestra que episodios como Mulder y Scully Meet the Were-Monster (2016) son mejores por los actores originales, cuando la serie intentó introducir nuevos agentes en temporadas posteriores (John Doggett de Robert Patrick y Monica Reyes de Annabeth Gish), nunca lograron ganarse al público. No era culpa suya, pero hay algo intangible que hace que la combinación Duchovny y Anderson haga reacción.

    ¿Es un error que el reboot siga tan de cerca la dinámica de Scully y Mulder?

    Y esta es la gran pregunta que parece que nadie quiere hacerse: ¿es necesaria ver la misma dinámica escéptico/creyente de nuevo? La sinopsis oficial literalmente dice "dos agentes muy diferentes" asignados a casos inexplicables, calcando la premisa original. Las decisiones creativas que den sentido a un reboot pasa por huir hacia adelante o tratar de dar lo que los fans nostálgicos buscan. La relación romántica, la confianza mutua, los enfrentamientos… seguir la misma dinámica emocional puede ser un error.

    Podría pasar que ambos crean en lo paranormal, pero desde ángulos opuestos, o que sean escépticos pero uno vea conspiración gubernamental donde el otro ve incompetencia burocrática. Hay casos interesantes como The Paper (2025-), que se desliga de The Office (2005-2013) pero mantiene su esencia, lo que podría ser una buena receta para tratar de no volver a imitar la fórmula original. Es imposible que no sean comparados con Scully y Mulder, buscar un sucedáneo sería un error, la única ruta viable es crear algo distintivo con el espíritu de Expediente X.

    La Showrunner Jennifer Yale tiene experiencia en ciencia ficción conceptual, con series como The Copenhagen Test (2025), así que hay esperanza de que entienda ese factor, además, Chris Carter está produciendo, lo que puede dar cierta continuidad tonal con la serie madre y permitirse tomar riesgos muy necesarios. De momento necesitan encontrar al actor perfecto para acompañar a Deadwyler y que su presencia juntos tenga swing, sino ya pueden montar la mayor de las conspiraciones con todo el presupuesto de efectos especiales que Hulu pueda invertir, que se quedará en una especie de flor de un día como Clarice (2021) —a que tú tampoco te acordabas de que existió—, porque en el fondo, Expediente X nunca fue sobre alienígenas o criaturas, sino sobre sobre dos personas que se necesitaban mutuamente para mantener la cordura mientras investigaban lo imposible. Como Coogler se olvide de eso, no va a tener ni una oportunidad.

  • Las 10 secuelas de películas icónicas que nos morimos por ver

    Las 10 secuelas de películas icónicas que nos morimos por ver

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Hay secuelas que nadie pidió…y aún así, en cuanto se anuncian, sentimos esa emoción, ese cosquilleo en el estómago, imposible de ignorar. Quizá es la nostalgia, quizá son personajes que sentimos como viejos amigos, o quizá la promesa de volver a mundos que nos hicieron reír, llorar y disfrutar como nunca. Lo cierto es que 2026 y 2027 vienen cargados de regresos de películas que amamos. 

    No sabíamos cuánto necesitábamos estas secuelas hasta que se anunciaron. Y ya estamos esperando al estreno con un bol de palomitas en la mano. Si quieres saber de qué películas estamos hablando, es hora de adentrarte en nuestra lista de las 10 secuelas que nos morimos por ver.

    Noche de bodas (2026)

    Seamos sinceras, nadie estaba pidiendo una secuela y, aun así, en cuanto oímos hablar de Noche de bodas 2 (2026) algo dentro de nosotras gritó “¡sí!”. La original fue perfecta porque Grace no era solo una chica que quería sobrevivir. Ella era sinónimo de fuerza, de resiliencia, envuelta en un vestido blanco lleno de humor negro, un poco al estilo de Miranda en El diablo viste de Prada (2006) y ese tipo de personaje no se olvidan. 

    Lo que más me gusta es la promesa de que la secuela va a potenciar eso sin perder la sátira afilada sobre la riqueza y el poder que hizo la primera tan buena. Cuando una película entiende tan bien qué es lo que quiere mostrar, la calidad no baja porque los creadores saben exactamente por qué conectó con el público. Además, ¿quién no quiere más frases deliciosamente desquiciadas y esa mezcla perfecta de terror y comedia negra otra vez ahora mismo? ¡La necesitamos! Y si esto te gusta, tienes que ver Tú eres el siguiente (2013).

    El diablo viste de Prada 2 (2026)

    Hay algo reconfortante en volver a un mundo donde la ambición viste alta costura, y El diablo viste de Prada 2 (2026) se siente como ponerte al día con compañeras a las que secretamente admiras. Ya lo dijo Miranda Priestly: “todas desearían ser nosotras”. Y es verdad, para qué negarlo. Y precisamente por eso Miranda es icónica, porque dice exactamente lo que todos pensamos y nadie se atreve a decir, parecido a lo que hace Grace en Noche de bodas 2 (2026). Y lo hace con una mirada de hielo. 

    De hecho, sus miradas tienen significados muy específicos. Cuando los personajes están tan bien escritos, la calidad se mantiene porque la historia crece con ellos. Yo ya estoy lista para ver más pullas brillantes, moda espectacular y ese recordatorio de que nunca es tarde para reinventarse. Si te gusta esta, Ellas mandan (2019) encajará muy bien contigo.

    Toy Story 5 (2026)

    Toy Story 5 (2026) es el mejor ejemplo de una saga que se niega a perder su esencia, al estilo de Scream 7 (2026), porque siempre ha entendido que crecer es hermoso y agridulce a la vez. Woody, Buzz y compañía se sienten como viejos amigos cuyos viajes reflejan los nuestros, por eso cada película nos aprieta un poco el corazón. Nos da ganas de reír y llorar porque estas historias nos recuerdan que el amor evoluciona, pero nunca desaparece.

    Estamos emocionados por reencontrarnos con nuestros amigos una vez más, en un nuevo capítulo de sus vidas…y de las nuestras. Y si quieres más historias así, La LEGO película (2014) seguro que te encantará.

    Scream 7 (2026)

    Scream 7 (2026) es, al igual que Toy Story 5 (2026), una historia que siempre ha seguido fiel a sus propias reglas. Los personajes se sienten como supervivientes con los que hemos crecido, y cada entrega respeta el legado de las anteriores mientras lleva el misterio a un lugar nuevo. La calidad se mantiene película tras película porque no es sólo una historia de terror, si no también de crítica social, lo que mantiene el humor tan afilado como un cuchillo. 

    Estamos listas para más suspense, giros inesperados y sangre, mucha sangre. Y si estas historias te molan, tienes que ver Feliz día de tu muerte (2017).

    Minions & Monstruos (2026)

    ¡No podemos esperar por Minions & Monstruos (2026)! Los Minions son icónicos y siempre lo serán. Siendo sinceras, no entendemos demasiado de lo que hablan pero no nos hace falta, ¿bichos amarillos riéndose de todo y dispuestos a cualquier aventura? ¡Nos encantan! Une eso a algunos monstruos y ya tenemos nuestra película favorita del año. 

    Los Minions forman una familia extraña, tanto como la de Shrek 5 (2027) y, sinceramente, son un cuadro, pero son nuestro cuadro. Y no lo cambiaríamos por nada. Y si no puedes esperar por esta película, es hora de que le eches un vistazo a Hotel Transilvania (2012).

    Shrek 5 (2027)

    Shrek 5 (2027) se siente como volver a casa, a una historia que nos enseñó que está bien ser imperfecta, ruidosa y completamente tú misma, parecido a lo que sucede con Los Minions en Minions & Monstruos (2026). Es una película en apariencia para niños pero, demonios, ¡no importa la edad que tengamos, la amamos igual! Su mensaje de aceptarte a ti mismo, de encontrar a esa persona que no quiera cambiarte, si no que te ame como eres, de valorar la amistad por encima de todo…son lecciones que como adultos entendemos mejor que nadie. Y la parodia a los cuentos clásicos de Disney? 

    Si es que es imposible no amar esta saga. No veo la hora de volver al pantano con todos. Si quieres ver una historia parecida, hazte un favor y revísate Encantada: la historia de Giselle (2007).

    Focker In-Law (2026)

    Focker In-Law (2026) es el tipo de secuela que estamos esperando. Ver a estas dos familias juntas es como revivir la cena navideña más divertida imaginable. Los personajes se sienten tan reales…todos hemos estado inseguros sobre si encajaríamos en el entorno de otra persona, o hemos querido impresionar a nuestra familia política para caerles bien…y para sobrevivir a momentos incómodos con algo de dignidad. 

    La calidad se ha mantenido película tras película porque, al contrario de lo que sucede con Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha (2026), la dinámica familiar es la clave, al igual que la química entre todo el cast. No esperamos menos de esta nueva peli. Si historias así te gustan, prueba con Crazy, Stupid, Love (2011).

    Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha (2026)

    Los juegos del hambre: Amanecer en la cosecha (2026) es esa película que llevamos esperando años. Y su crítica social es más necesaria que nunca. Queremos saber cómo los personajes que tanto amamos llegaron a ser cómo son, un poco lo que nos pasa con Focker In-Law (2026). Necesitamos saber cómo sobrevivieron, las decisiones difíciles a las que se enfrentaron…y cómo consiguieron vivir con ello después. 

    Tenemos ganas de más acción en la arena, sí, pero, sobre todo, tenemos ganas de ver cuál es el precio que los jugadores están dispuestos a pagar por supervivencia…y por poder. Y que vuelvan Katniss y Peeta es el beso del chef, no nos vamos a engañar. Si esta clase de historias te van, Divergente (2014) te va a gustar un montón. 

    Spider-Man: Beyond the Spider-Verse (2027)

    Nos morimos de ganas de ver Spider-Man: Beyond the Spider-Verse (2027) porque esta saga redefinió cómo puede verse y sentirse una historia de superhéroes. Que sea de dibujos no la hace para niños, no exactamente. Los viajes de los personajes, los obstáculos a los que se enfrentan y cómo crecen debido a ellos es una lección para los adultos. 

    La historia de Miles Morales trata sobre encontrar tu identidad y la responsabilidad que debes cargar contigo cuando decides saltar al vacío antes de sentirte del todo listo, como pasa en Prácticamente Magia 2 (2026), y eso es algo con lo que todos nos podemos identificar. Si amas este tipo de historias, Los increíbles (2004) te va a gustar mucho.

    Prácticamente magia 2 (2026)

    Prácticamente Magia 2 (2026) es una de nuestras películas más esperadas porque amamos las historias sobre hermanas y familia elegida. Y no nos avergonzamos de ello. Además, ¿quién no soñó con tener poderes mágicos? Nos facilitarían la vida, eso seguro. La película original supo hacer que estos personajes nos importaran, que fueran de nuestra familia, como sucede con Spider-Man: Beyond the Spider-Verse (2027), y también nos hizo suspirar de amor y reír a carcajadas. 

    No esperamos menos de esta secuela. Estamos listos para velas, magia, margaritas de medianoche y para recordar que el amor siempre encuentra el camino. Si quieres ver otra película de este estilo, prueba a echarle un vistazo a Las brujas de Eastwick (1987).

  • Dónde has visto antes al reparto de Euphoria

    Dónde has visto antes al reparto de Euphoria

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Euphoria, más que una serie, es una incubadora de talento. Desde su estreno, hemos visto cómo sus jóvenes actores han ido saltando a proyectos cinematográficos cada vez más ambiciosos, así que Sam Levinson le debe una cerveza o dos a sus directores de casting. Algunos venían con trayectoria previa, otros eran prácticamente desconocidos, pero todos han encontrado en el cine el terreno perfecto para expandir su registro.

    Para ir preparándonos para la llegada de la temporada 3 en 2016, hemos elegido las películas más importantes de cada miembro del reparto para descubrir qué más han hecho entre sus fiestas descontroladas y crisis existenciales adolescentes y saber cómo verlas en las plataformas de streaming disponibles en España.

    1. Zendaya (Rue Bennett) - Spider-Man: Homecoming (2017)

    Zendaya es Rue, la narradora adicta cuya lucha contra las drogas vertebra toda Euphoria, pero antes ya había conquistado el Universo Cinematográfico de Marvel como MJ en Spider-Man: Homecoming. Su versión de la —futura— pareja de Peter Parker era refrescante y sarcástica, poco convencional, alejándose del arquetipo de "chica en apuros" para convertirse en alguien con una mordaz personalidad propia.

    Muy diferente del tono crudo de Euphoria, pero igualmente acertada en su retrato juvenil, Zendaya mostró aquí (y en sus secuelas Spider-Man: Lejos de casa y Spider-Man: No Way Home) una química natural con Tom Holland que a nadie le sorprendió que acabara saltando al otro lado de la pantalla. Si te gustó su trabajo dramático en la serie, corre hacia Dune, donde Denis Villeneuve la dirige en un papel más místico y contenido.

    2. Sydney Sweeney (Cassie Howard) - Immaculate (2024)

    Para muchos, Sydney siempre será Cassie, la chica insegura obsesionada con la validación masculina, pero al salir de la serie demostró muchos registros diferentes, el más extremo fue en Immaculate, donde hizo de monja en un convento italiano con secretos perturbadores que sufre un embarazo sobrenatural.

    Producida por la propia Sweeney, la película juega con el body horror y la paranoia religiosa de forma muy similar a La primera profecía, pero con más sangre y un final que consagró a la actriz como scream queen moderna. Si Storm Reid se metía a novicia en La monja II, aquí Sweeney se metía en una actuación física pura, muy alejada de las fiestas y el drama adolescente de Euphoria.

    3. Maude Apatow (Lexi Howard) - Nación Salvaje (2018)

    Maude interpreta a Lexi, la hermana observadora de Cassie que termina canalizando su frustración en una obra de teatro, pero antes ya había demostrado su talento en Nación Salvaje, un thriller satírico sobre cuatro amigas adolescentes que se convierten en blanco de una cacería de brujas orquestada en su pueblo ultraconservador tras filtrarse información comprometida.

    Dirigida por el mismo Sam Levinson de Euphoria, ya planteaba algunos sobre la cultura de la cancelación, el “slut-shaming” y la hipocresía americana, quizá de forma más violenta, pero con el mismo pulso feminista furioso. Es como la catarsis del episodio de la obra de teatro de Lexi en Euphoria, pero multiplicada por diez, en la línea de la rabia controlada de películas como Promising Young Woman.

    4. Alexa Demie (Maddy Perez) - En los 90 (2018)

    Alexa encarna a Maddy, la chica segura de sí misma atrapada en una relación tóxica con Nate, pero en En los 90 aparece muy poquito. El debut como director de Jonah Hill es una carta de amor súpernostálgica al mundo skate de los noventa, llena de autenticidad en crudo, rodada en 16mm para replicar la estética de video casero con la que se grababa de aquella.

    Su papel es pequeño, pero la película una alternativa al cine juvenil contemporáneo menos descarnado que Euphoria, pero igualmente capaz de hacer un retrato generacional sin artificio, quizá más cercana en espíritu a Lady Bird que al maximalismo de Levinson.

    5. Algee Smith (Chris McKay) - Judas y el mesías negro (2021)

    Algee Smith, que interpreta a McKay, el novio deportista de Cassie con masculinidad frágil, despuntó en Judas y el mesías negro, donde hizo de Jake Winters, miembro de los Panteras Negras durante el turbulento Chicago de finales de los sesenta, dibujando un secundario lleno de rabia contenida que no desmerece el trabajo de Daniel Kaluuya y LaKeith Stanfield.

    La película de Shaka King sobre la traición de Fred Hampton es puro cine político incendiario, lleno de intensidad dramática y haciendo buen programa triple de cine comprometido, con actuaciones potentes y un contexto histórico relevante hoy, con Selma o Malcolm X.

    6. Hunter Schafer (Jules Vaughn) - Cuckoo (2024)

    Hunter Schafer, que da vida a Jules, la chica trans que se convierte en el ancla emocional de Rue, tuvo su primer papel cinematográfico como protagonista en Cuckoo, un “thriller de terror alpino” dirigido por Tilman Singer en el que encarna a una adolescente estadounidense que se muda a un resort alemán donde ocurren cosas muy raras.

    Gritos nocturnos, mujeres misteriosas y una atmósfera de extrañeza en un entorno de folk horror europeo, totalmente diferente al realismo sucio de Euphoria pero en el que Hunter demuestra que puede llevar una película sobre sus hombros. Como Angus Cloud en Freaky Tales, Schafer decidió meterse en el fantástico algo underground y de culto, que sigue la línea del terror atmosférico poco convencional de Men.

    7. Angus Cloud (Fezco) - Freaky Tales (2024)

    Angus interpretaba a Fezco, el camello con corazón de oro, una de las presencias más queridas de Euphoria, y Freaky Tales fue su última película antes de su trágica muerte en 2023. Esta antología de historias interconectadas ambientada en el Oakland de los ochenta solo le tiene en algunas escenas, pero pudo compartir plano con Pedro Pascal y es un título que está sumando seguidores cada día.

    Un homenaje al punk, hip-hop y la cultura callejera de la bahía con cierto espíritu combativo a lo Straight Outta Compton pero más experimental, que sigue la senda de Austin Abrams en Weapons, donde hace de un colgado que bien podría haber interpretado el mismo Cloud de esta.

    8. Barbie Ferreira (Kat Hernandez) - Unpregnant (2020)

    Barbie se metía en la piel de Kat, que se empoderaba sexualmente a través de las webcams, y en Unpregnant hace de la mejor amiga de una adolescente que debe viajar de Missouri a Nuevo México para abortar sin permiso paterno. Es una road movie feminista con alma y química entre Ferreira y Richardson.

    Menos oscura que Euphoria pero igual de válida al afrontar la lucha de las chicas jóvenes por su autonomía corporal. Comparable en tono a Superempollonas, pero tampoco tan desternillante como la similar en planteamiento Plan B, es una historia de sororidad que, sin llegar a la anarquía de Nación Salvaje, confirma el compromiso del reparto con la sensibilidad de la serie en estos temas.

    9. Storm Reid (Gia Bennett) - La monja II (2023)

    Storm interpreta a Gia, la hermana pequeña de Rue que sufre las consecuencias de una adicción en la familia, y en La monja II se adentró en el terror sobrenatural del universo de los Warren, acompañando a Taissa Farmiga a investigar asesinatos vinculados al demonio Valak en la Francia de 1956.

    Ya vimos a Sydney Sweeney en otro terror de convento en Immaculate, pero Storm confirma la tendencia del reparto al cine gótico mainstream, junto a Jacob Elordi y su Frankenstein, aunque esta todavía sigue la senda de las Insidious y Expediente Warren.

    10. Jacob Elordi (Nate Jacobs) - Frankenstein (2025)

    Jacob interpreta a Nate, el quarterback psicópata cuya violencia tóxica tiene a todos los personajes de Euphoria en guardia, pero en Frankenstein de Guillermo del Toro transmite todo el dolor y dulzura de la criatura en la adaptación más ambiciosa de Mary Shelley en décadas. Bajo el maquillaje protésico, el actor convierte al monstruo en un recipiente de humanidad desgarradora bajo la batuta de un Del Toro en modo turbogótico y operístico.

    Un ser vulnerable, trágico, y desesperado por conexión que resulta radicalmente diferente a Nate, una víctima de la obsesión científica tratado con la misma compasión de La forma del agua, posiblemente el miembro de la serie más aventurero a la hora de escoger sus papeles.

    11. Austin Abrams (Ethan Lewis) - Weapons (2025)

    Austin interpreta a Ethan, el mejor amigo de Kat en Euphoria, un chico sensible que no puede ser más distinto a su yonqui de Weapons, la película de Zach Cregger que le ha lanzado al éxito en la gran pantalla junto a Julia Garner y Josh Brolin.

    Una de las sensaciones del terror de gran estudio de 2025 que, como Cuckoo sabe subvertir expectativas, y que pavimenta el camino de Abrams en el género, tras haber despuntado también en Historias de miedo para contar en la oscuridad y volver a repetir este año con Creggers en la nueva Resident Evil.

  • Las mejores películas del Festival de Berlín 2026

    Las mejores películas del Festival de Berlín 2026

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    A parte de polémicas, esta Berlinale ha tenido una cantidad más que generosa de películas y series que han dado –y mucho– de qué hablar. Si queréis estar al día de las novedades cinéfilas para cuando se estrenen en carteleras españolas, os interesa leer hasta el final. ¿De qué películas se ha hablado, para bien y para mal, en este 76 Festival de Berlín?

    Por ejemplo, At The Sea (2026), por la que Amy Adams apunta a ser nominada por octava vez al Oscar (de momento, no ha recibido ninguna… Ved nuestro ranking de las actrices que inexplicablemente nunca han ganado un Oscar). Tras Fragmentos de una mujer (2020), Kornél Mundruczó escribe una satisfactoria versión de Yo, adicto (2024) sobre una mujer que regresa de una clínica de rehabilitación sólo para encontrar que todos sus problemas siguen ahí.

    O Rosebush Pruning (2026), con Jamie Bell, Elle Fanning, Pamela Anderson y Elena Anaya, ellas dos la pareja lesbiana del año. Añade a los pijos con filias de Saltburn (2023) un extra de surrealismo, pero no de calidad. Tampoco me convenció Buena suerte, Diviértete, No mueras (2026), una sátira con poca gracia del fantástico Gore Verbinski (Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra, 2003) tras diez años sin lograr producir ninguna película… Aunque esta aventura con Sam Rockwell sobre los absurdos del brainrot dará mucho de qué hablar.

    Sí me gustaron mucho los dos primeros capítulos de Ravalear (2026), la serie de Pol Rodríguez tras codirigir Segundo premio (2024) y junto al equipo de productores y guionistas de El cuerpo en llamas (2023). Se trata de un tenso thriller sin pistolas (o un wéstern urbano) sobre la lucha de una familia de Barcelona que trata de impedir que un fondo buitre convierta su restaurante centenario en una tienda de carcasas. No entra en la lista por tratarse de una serie.

    Vamos con otras cinco recomendaciones.

    The Weight (2026)

    La película de Padraic McKinley podría haberse estrenado en los años setenta y hoy la veneraríamos tanto como Carga maldita (1977). Protagonizada por un entregadísimo Ethan Hawke y con un Russell Crowe sacando punta a su deliciosidad de villano tras Núremberg (2025), The Weight (2026) es la película que debes ver si te gustó Z, la ciudad perdida (2017) y no temes al cubrimiento de corazón.

    Hawke atraviesa ríos, golpea hasta abrirse los nudillos y se las empesca en plan MacGyver para transportar, por entre el bosque y sin armas, una cantidad masiva de oro en plena Gran Depresión. Los Juegos del Hambre (2014), pero de veras.

    El Momento (2026)

    Llegaba con malas críticas de Sundance, pero me ha encantado el falso documental de Charli XCX, que la artista coescribe con el director y colega Aidan Zamiri (responsable del videoclip de 360) y que naturalmente, está basado en hechos y “personajas” muy reales.

    En El Momento, una ahijada Gen-Z de Esto es Spinal Tap (1984), Charli se ríe de la mercantilización del fenómeno brat mofándose de todas las moscas que se acercaron a un producto tremendamente rentable, desde las amigas algo falsas (Rachel Sennott, Kylie Jenner) a un cineasta sin escrúpulos (Alexander Skarsgård). Una vez reunidas, la artista imagina qué es lo peor que podría suceder si el monstruo de brat hubiera durado unos meses más (¿se hundiría la borsa? ¿se convertiría ella en una Katy Perry?) y lo hace estallar todo en pedazos.

    Rose (2026)

    Rose (2026) es una joya de cine lento, discreto y desarticulado como su dispositivo en blanco y negro… Hasta que todo se tuerce. Digamos, mezcla la ternura de First Cow (2020) con el rigor de La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer (1928), y obtienes esta tragedia afectuosa sobre una campesina del siglo XVI que vestía pantalones para ser más libre.

    Asimismo, se trata de una reflexión sobre siglos de obsesión social con lo que llevamos entre las piernas. Y el Oso de Plata que Sandra Hüller (Anatomía de una caída, 2023) ganó por el papel es radicalmente merecido.

    Hanarokushou ga Akeru Hi ni: A New Dawn (2026)

    La Berlinale siempre ha tenido buen ojo para la animación japonesa. ¿Recordáis el Oso de Oro en 2001 a El viaje de Chihiro o el sostén de la épica de Makoto Shinkai con El tiempo contigo (2019)?

    De entre el equipo de artistas tras Your Name (2016), de hecho, sale el debutante Yoshitoshi Shinomiya, un artista visual que con A New Dawn (2026) ha creado una joya bellísima e hiperexpresiva que, por fin, no intenta imitar a Hayao Miyazaki. En argumento, es un Pompoko (1994) moderno: tres adolescentes quieren frenar un desahucio con un gran castillo de fuegos artificiales hecho por ellos mismos. ¿Una idea genial o una locura? Toca descubrirlo en 73 minutos agridulces, pero que pasan volando.

    Sometimes, I Imagine Them All at a Party (2026)

    Cerramos con una película pequeña, pero incómoda como una piedra en el zapato. La directora de Sometimes, I Imagine Them All at a Party (2026) sufrió un intento de feminicidio durante la universidad, un acto de violencia que nadie detuvo a tiempo. En este documental diarístico, como Lo de Évole (2020) pero sin egos, se enfrenta cara a cara a todos los que no hicieron nada.

    ¿Qué sintieron y qué les llevó a no denunciar lo que todo el mundo veía a venir? El resultado es un exorcismo tan duro como conmovedor, uno que entiende perfectamente qué supone ser el centro de un relato durísimo sin estar “de por medio”.

  • ‘Reincarnated as the Hero's Rib’ y el ranking de los isekai con premisas más locas

    ‘Reincarnated as the Hero's Rib’ y el ranking de los isekai con premisas más locas

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    El género isekai se ha ganado su (excepcional) fama por lo absurdas y creativas que pueden llegar a ser sus premisas, a pesar de que siempre suceda lo mismo –y lo sabes–. En esta rama de la animación japonesa, puedes renacer convertido en un cerdo, una araña, una espada parlante o incluso en una máquina expendedora.

    Si te apetece algo nuevo pero ya has agotado los títulos principales de nuestra guía de series de anime clásicas, busca entre estas historias de comedia y aventuras, o aventura y comedia (el orden aquí no altera el producto).

    Porque lo que empieza como una idea ridícula muchas veces termina siendo una experiencia entretenida y, por lo menos, sorprendente. Aquí te ordeno unas cuantas de realmente rarunas para que les eches un ojo.

    Kumo Desu ga, Nani ka? (2021)

    Kumo Desu ga, Nani ka? (2021) se titula en inglés So I’m A Spider, So What?, es decir, Soy una araña, ¿y qué?. Nada: la reconversión arácnida parece preferible a la muerte cruel que sufre toda la clase de la protagonista de este anime. Aunque, vaya, todos los estudiantes se han reencarnado como nobles o personajes importantes. Todos… Menos una chica, que renace como una araña débil.

    Pero no sufran, que esto es un isekai. En So I'm a Spider, So What?, puedes pasar de arañita insignificante a bicho más o menos digno. Esta serie deja claro que no todo es renacer como príncipe, o como el héroe overpowered de Cautious Hero: a veces toca empezar desde cero… Literalmente como un monstruo de nivel 1.

    Butareba -The Story of a Man Turned into a Pig- (2023)

    Qué es peor, ¿tener que comerse un hígado de cerdo crudo, que te echen de tu trabajo como científico o despertarte convertido en un cerdito en un mundo isekai? Por suerte, el protagonista de Butareba -The Story of a Man Turned into a Pig- (2023) conoce rápido a Jess, una criada telépata que puede comunicarse con él en el universo paralelo y que, a pesar de él ser un baboso de manual (al que le gustaría Uma Musume), lo ayuda a recuperar su forma humana.

    Después de esto, despertar reencarnada en una araña monísima no parece tan malo… Aunque insisto: si preferís un anime menos dado a la mirada masculina-japonesa, yo me quedaría con So I’m A Spider, So What?.

    Tensei Shitara Ken Deshita (2022)

    Tensei Shitara Ken Deshita (2022) o Reincarnated as a Sword (Renacido como una espada) cumple exactamente con su promesa. En Reincarnated as a Sword, un hombre muere y renace en un mundo de fantasía… El único “pero” es que lo hace como una espada con conciencia propia, un arma que apenas recuerda su vida anterior, pero que sí sabe que antes era humano.

    La espada puede moverse con telequinesis y se fortalece derrotando monstruos y absorbiendo habilidades. Pronto conoce a una chica joven y atractiva, y juntos se van de aventuras. Que reencarnarse como objeto ya es bastante raro, pero contar la historia desde el punto de vista de una espada le da un enfoque bastante fresco al género. Y esperad a Reborn As A Vending Machine, I Now Wander The Dungeon.

    Uma Musume: Pretty Derby (2018)

    Las protagonistas de esta serie son las Uma Musume, jóvenes con grandes aptitudes para correr que buscan convertirse en idols y competir a nivel nacional. Hasta aquí todo bien, excepto que sí, no hablamos de humanas sino de yeguas con torso de estudiante de instituto.

    Sí, Uma Musume: Pretty Derby (2018) te pondrá la piel de gallina si tienes algo de aversión al Japón más baboso. Y quizás os sonará demasiado familiar a quienes hayáis visto Centaur no Nayami (2017), con la protagonista centauro, o la anterior Girls und Panzer (2012), con chicas y tanques, o… Bueno, mejor no os preguntéis cómo las conozco. Lo único a saber es que esto es: estudiantes + carreras de caballos + isekai = un absurdo profundo.

    Shinchou Yuusha: Kono Yuusha ga Ore Tueee Kuse ni Shinchou Sugiru (2019)

    Seguro que conoces Shinchou Yuusha: Kono Yuusha ga Ore Tueee Kuse ni Shinchou Sugiru (2019), en inglés Cautious Hero: The Hero Is Overpowered but Overly Cautious y en español Héroe cauteloso: El héroe es muy poderoso pero demasiado prudente. Bastante autoexplicativo, ¿verdad?

    Este anime aborda a un héroe invocado para derrotar a un típico rey demonio. Posee una gran fuerza, como todo protagonista isekai… Pero tiene un gran defecto: es exageradamente precavido. No lucha contra nadie sin entrenar primero, aunque sea un slime de nivel bajísimo. Compra suministros como si fuera el fin del mundo y se prepara para cualquier cosa. Me recuerda a mí, en mis tiempos mozos. Y el resultado es hilarante.

    Mi tío es de otro mundo (2022)

    Muchas listas sitúan Mi tío es de otro mundo (2022) como el mejor isekai raruno allí afuera, pero para mí el número dos ya le basta. Pasa lo siguiente: el tío del protagonista pasa 17 años en coma. Cuando despierta, empieza a hablar en un idioma raro y dice que estuvo en un mundo mágico. Al principio, su sobrino no le cree… Hasta que ve cómo hace levitar un vaso con magia. Entonces decide llevárselo a vivir con él, y juntos montan un canal de YouTube para enseñar sus poderes.

    A diferencia de otros isekai, Mi tío es de otro mundo se centra en el “después”, en volver al mundo real como si nada hubiera pasado. Son muchos años de espera, con problemas familiares y facturas médicas, pero nadie esperaba que terminaran así.

    Jidou Hanbaiki ni Umarekawatta Ore wa Meikyuu wo Samayou (2023)

    Jidou Hanbaiki ni Umarekawatta Ore wa Meikyuu wo Samayou (2023), otramente llamado Reborn As A Vending Machine, I Now Wander The Dungeon o Renacido como una máquina expendedora, ahora deambulo por la mazmorra. Este isekai trata sobre como un tipo obsesionado con las máquinas expendedoras despierta y descubre que… ¡se ha convertido en una! Sí, cada uno puede apasionarse por lo que quiera.

    Ahora él será una máquina moderna en un mundo de fantasía, que no puede moverse ni hablar, y necesita monedas para seguir funcionando. Aunque hay otros isekai donde alguien reencarna en un objeto, al menos una espada tiene sentido para pelear… ¿Pero una máquina expendedora? Eso ya es rizar el rizo. Aun así, es divertido ver cómo nuestro querido Boxxo se adapta vendiendo justo lo que hace falta en cada situación.

  • Las muertes más devastadoras en la historia de Juego de Tronos, ordenadas de menor a mayor impacto

    Las muertes más devastadoras en la historia de Juego de Tronos, ordenadas de menor a mayor impacto

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    De todos es sabido que George R.R. Martin no tiene piedad con sus personajes, y este año lo vamos a recordar por partida doble. Con El caballero de los Siete Reinos (2026) logrando récords con HBO Max en enero y el tráiler de la temporada 3 de La casa del dragón (2022-) confirmando su estreno para junio, volvemos a los territorios de Poniente donde nadie está a salvo.

    La nueva precuela ya ha demostrado que el universo Juego de Tronos no perdona ni en su versión de comedia, mientras la guerra de la Danza de Dragones promete recrudecerse con más brutalidad que nunca. Es el momento perfecto para repasar las muertes más terribles de toda la franquicia—desde niños inocentes hasta héroes impolutos—, momentos que nos dejaron temblando frente a la pantalla y cambiaron el curso de los acontecimientos, y cómo recuperarlos en streaming.

    SPOILERS EN TODO EL TEXTO

    9. Baelor Targaryen - El Caballero de los Siete Reinos T1

    El episodio cinco de El caballero de los Siete Reinos nos ha dejado uno de esos momentos que te dejan respirando raro. Baelor "Rompelanzas" Targaryen, heredero al Trono de Hierro y Mano del Rey, decide defender a Ser Duncan el Alto en el Juicio de Siete contra su propia familia. Durante la batalla, su hermano Maekar le mete un golpe de maza en la cabeza, pero Baelor se mantiene en pie hasta el final del combate.

    El momento bestial es cuando le quitan el casco y descubren que el golpe le reventó el cráneo y sólo el yelmo lo mantenía unido. Aparte de lo gore, es devastadora porque Baelor era de los pocos Targaryen que parecía tener la cabeza en su sitio—jé—, un futuro rey que podría traer la estabilidad a Poniente. Martin ha confirmado que su muerte cambia toda la historia de Westeros ya que Egg llegará al poder, sembrando las semillas del desastre.

    8. Laena Velaryon - La Casa del Dragón T1

    La hermana de Laenor y esposa de Daemon conoció un destino aciago en el episodio seis de La casa del dragón (2022-2025). Laena enfrenta complicaciones durante su tercer parto, su bebé queda atrapado, condenándolos a ambos, pero ella siempre tuvo claro que quería "una muerte de jinete de dragón". Así que, cuando comprende que va a morir, sale ensangrentada de la fortaleza, arrastrándose hasta Vhagar, el dragón más grande que queda.

    Frente a él, pronuncia su última orden: "Dracarys", aunque la criatura duda y niega, finalmente, cede y quema viva a su vínculo mientras Daemon observa impotente. Nanna Blondell interpreta esos momentos finales con una dignidad desgarradora, eligiendo la dureza de su propia muerte en lugar de padecer en un lecho.

    7. Shireen Baratheon - Juego de Tronos T5

    Shireen era una chica dulce, inteligente, con una relación entrañable con Davos a quien enseñó a leer. Había sobrevivido a la psoriagrís de bebé, así que vivía con las cicatrices pero con su bondad intacta. En el noveno episodio de la temporada cinco, Melisandre convence a Stannis de sacrificar a su hija al Señor de la Luz para ganar la batalla, y este acepta sin cuestionarse mucho la lógica, así que atan a Shireen a una pira y la queman viva.

    Sus gritos son insoportables gracias a la interpretación de Kerry Ingram, que pone la piel de gallina. Mientras, Stannis se mantiene estoico, visiblemente destrozado. Selyse, que apoyaba el sacrificio, se derrumba intentando detenerlo. Lo que hace esta muerte una de las más desoladoras de la serie es que fue en vano: la mitad del ejército le abandona, Selyse se suicida al día siguiente, y pierde la batalla. La niña muere para nada.

    6. Príncipe Jaehaerys Targaryen - La Casa del Dragón T2

    "Sangre y queso". Con este título, los fans esperaban con terror el primer episodio de la segunda temporada de La casa del Dragón con razón. Daemon, sediento de venganza por Lucerys, contrata a dos asesinos para infiltrarse en la Fortaleza Roja y matar a Aemond. No le encuentran, pero descubren a Helaena con sus dos hijos, los gemelos de seis años. La obligan a elegir cuál morirá en un momento de tensión asfixiante, y finalmente señala a uno.

    Los asesinos cubren la boca del niño y lo decapitan frente a ella. La serie no muestra el acto directamente, solo el rostro de horror de Phia Saban y eso lo hace peor. En el libro es más sádico: obligan a Helaena a elegir a su hijo menor, pero matan al mayor mientras le susurran que su madre lo quería muerto. En ambos casos caldea el conflicto muchos grados.

    5. Oberyn Martell - Juego de Tronos T4

    La Víbora Roja llegó a Desembarco del Rey con un objetivo: vengar a su hermana Elia, masacrada por La Montaña. En el octavo episodio de la temporada cuatro, Oberyn se ofrece como campeón de Tyrion contra Gregor Clegane y la pelea es espectacular. Oberyn baila alrededor de La Montaña clavándole la lanza envenenada, con Pedro Pascal interpretando cada movimiento con arrogancia calculada.

    "Yo soy Oberyn Martell y voy a oír tu confesión antes de que mueras". Con La Montaña en el suelo, agonizando, la victoria parece asegurada. Pero, obsesionado con la confesión, se acerca sin rematarlo, error fatal: Clegane lo agarra, lo tumba, le mete los pulgares en los ojos y le revienta el cráneo con las manos. "Así maté a tu hermana". Retuerce el estómago por lo bárbaro, pero también porque ya había ganado, ya que el veneno acabaría matando a Clegane de todas formas.

    4. Príncipe Lucerys Velaryon - La Casa del Dragón T1

    El segundo hijo de Rhaenyra, enviado como mensajero a Bastión de Tormentas en el décimo episodio de la primera temporada, era un crío de 14 años. Montando a Arrax, su pequeño dragón, es enviado a una misión diplomática sin violencia. Cuando se marcha, Aemond aparece montando a Vhagar, la bestia más grande que queda. Empieza como intimidación, un juego cruel.

    Le persigue entre las nubes, burlándose. Luke intenta huir, pero Arrax, aterrorizado, escupe fuego sin que Luke lo ordene, lo que desencadena el desastre. Vhagar contraataca por instinto, y lo siguiente que vemos son fragmentos de Arrax cayendo. No hay cuerpo de Lucerys, solo su ropa flotando en el mar. La actuación de Emma D'Arcy como Rhaenyra rompe el corazón al recibir la noticia, pero lo que veremos tendrá consecuencias fatales, es la primera pieza que cae en el dominó de la Danza de Dragones.

    3. Hodor - Juego de Tronos T6

    Durante cinco temporadas fue el gigante amable que solo decía "Hodor" y cuidaba de Bran con devoción absoluta. Kristian Nairn lo interpretó con una ternura que resulta imposible de no querer, pero lo que hace que su muerte encoja el corazón es que en el quinto episodio de la temporada seis, descubrimos que "Hodor" no era solo un nombre. Bran, haciendo una visión del pasado, conecta accidentalmente las mentes del Wylis adolescente (en el pasado) y del Hodor adulto (en el presente).

    Los Caminantes Blancos atacan mientras Meera grita "Hold the door!" (sujeta la puerta) mientras huyen, y Hodor obedece, bloqueando la entrada con su cuerpo mientras los muertos intentan romperla. En el pasado, el joven Wylis colapsa repitiendo ese "Hold the door" hasta que se deforma en "Hodor". Bran de alguna manera lo condenó a una vida esperando su propia muerte, ya que en el presente, los Caminantes le atraviesan, aunque sigue sosteniendo hasta el final, porque en el fondo estaba programado para sacrificarse.

    2. Robb, Catelyn y Talisa Stark - Juego de Tronos T3

    ¿Quién no ha oído hablar de La Boda Roja? En el episodio nueve de la temporada tres, Robb Stark, el Rey del Norte, acude con su madre Catelyn y su esposa embarazada Talisa a la boda de su tío en Los Gemelos. Hay un acuerdo de Paz garantizada bajo leyes de hospitalidad, así que empieza la fiesta con música y risas, pero Catelyn nota algo raro, los músicos llevan cota de malla.

    Demasiado tarde. Las puertas se cierran mientras suena "Las lluvias de Castamere", Walder Frey asiente y los Frey y los Bolton masacran a todos. Le clavan flechas a Talisa en el vientre, Robb gatea hacia ella, y Catelyn toma a la esposa de Walder como rehén y amenaza con degollarla. Frey se encoge de hombros y dice "buscaré otra", así que Roose Bolton le clava un puñal en el corazón a Robb mientras le manda recuerdos de los Lannister, y a Catelyn le cortan el cuello. Afuera, asesinan al lobo huargo y cosen la cabeza del lobo al cuerpo de Robb. Pocas cosas más crueles e inesperadas en la historia de la televisión.

    1. Ned Stark - Juego de Tronos T1

    Ned Stark era el protagonista, el héroe moral, aunque debimos sospechar que le interpretara Sean Bean, el actor que siempre muere. Tras nueve episodios investigando el incesto de los Lannister, insistiendo en hacer lo correcto, la narrativa tradicional nos dice que las cosas debían ir bien, pero cuando está prisionero, acusado de traición, Cersei le ofrece un trato: “confiesa públicamente, jura lealtad a Joffrey, y vivirás exiliado en el Muro. Tus hijas estarán a salvo”.

    Varys le convence de que es su única opción, así que Ned confiesa frente a la multitud en el Gran Septo, pero entonces, Joffrey le sentencia a muerte para pánico hasta de Cersei —porque no era el plan—, y con sus hijas gritando es decapitado sin miramientos. El fin de Ned Stark es la muerte fundacional de la franquicia, el momento donde comprendimos que en esta serie nadie está a salvo, un momento que también impregnó otras muchas ficciones de la siguiente década, como The Walking Dead (2010-2022).

  • La mejor película de ‘Cumbres borrascosas’ en realidad podría ser japonesa

    La mejor película de ‘Cumbres borrascosas’ en realidad podría ser japonesa

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    El estreno de Cumbres borrascosas (2026) de Emerald Fennell sigue dando que hablar. Entre las discusiones ha resurgido el eterno debate sobre cuál es la mejor adaptación de la novela de Emily Brontë. Las críticas sobre la última están divididas, y ha sido acusada de embellecer y de romantizar lo que en realidad es tóxico, lo que ha llevado a muchos cinéfilos a recuperar Cumbres borrascosas (Arashi ga oka, 1988), la adaptación japonesa dirigida por Yoshishige Yoshida.

    No es la más conocida ni la más accesible, pero para muchos críticos es la mejor sin rodeos. Exploramos por qué una película ambientada en el Japón feudal parece capturar mejor el espíritu gótico de Brontë que cualquier adaptación británica y aprovechamos la ocasión para ir indicando cómo ver distintas iteraciones de esta historia maldita en streaming.

    Una adaptación japonesa que entiende lo gótico mejor que las británicas

    Seamos claros. Afirmar que una película ambientada en el Japón medieval del siglo XVI captura mejor la esencia de una novela victoriana sobre Yorkshire es una boutade. Pero no es tan descabellado cuando ves cómo Yoshishige Yoshida trasplanta la historia a las laderas de un volcán activo, donde dos clanes samurái, los Yamabe (los Earnshaw) y los Linton del Oeste, adoran a un dios serpiente y se disputan el control de un templo sagrado en la montaña. Heathcliff se convierte en Onimaru (que significa "diabólico"), un forastero de la ciudad bastante bravo, y Catherine es ahora Kinu, prisionera de convenciones sociales aún más restrictivas que las victorianas.

    Una transposición radical, pero que funciona mejor que intentos más fieles. Yoshida estudió obsesivamente a Georges Bataille, el filósofo francés obsesionado con la inmoralidad transgresora de Brontë, para diseccionar su habilidad para trazar líneas entre amor, destrucción y la futilidad de la existencia. Si versiones como Cumbres borrascosas (1939) de William Wyler suavizaban a Heathcliff, convirtiéndolo en héroe romántico incomprendido, Yoshida abraza sin filtros el hecho de que Onimaru es genuinamente monstruoso. Por ejemplo, aquí desentierra el cadáver de Kinu, y mantiene el esqueleto podrido en su "habitación prohibida". Cuando Kinu declara que ella es Onimaru, no expresa devoción sino verdadera posesión.

    El paisaje volcánico diseñado por Yoshirô Muraki—el legendario diseñador de producción de Ran (1985) y Kagemusha (1985)—es ultraterrenal, un páramo de ceniza y nubes que hace que los páramos de Yorkshire parezcan acogedores. Bilge Ebiri de Vulture describe la película como "algo más cercano a una película de terror sobrenatural", y tiene razón, su tono es de condena eterna, cerano a los kaidan eiga de los 60, a los que parece regresar en puesta en escena y uso de la banda sonora. Paradójicamente, esa atmósfera encaja mejor con la esencia de los textos de Brontë que cualquier adaptación con un vestuario de época impecable.

    Fidelidad emocional por encima de literal

    Arashi ga oka no es tampoco la típica adaptación fiel página a página, que para esos están las miniseries de la BBC como Wuthering Heights (2009). Yoshida comprime bastante, eliminando, por ejemplo, el triángulo amoroso de la segunda generación, porque “Isabella” se suicida antes de dar a luz al hijo de “Heathcliff”. Hay también batallas de espadas con chorros de sangre al estilo del cine chambara que ni se imaginan en el libro, pero se atreve con algo que la mayoría de adaptaciones pierden, el absoluto desagrado que debería producir la presencia de Heathcliff. Como escribe el crítico Raphael Georg Klopper en Letterboxd, "esta es la versión que más refleja plenamente la sensación precisa de incomodidad creada por la presencia de Heathcliff, vista como una plaga viviente que devora el lugar y hace la vida de esas almas un tormento viviente de miedo, ansiedad y paranoia".

    Todo se construye hacia un duelo épico en la ladera de la montaña que no ofrece sensaciones de salvación. Onimaru no solo aterroriza a la hija de Kinu—que podría ser suya—, sino que hasta intenta violarla. No es un antihéroe atractivo, es un bastardo consumiéndose en un duelo obsesivo sobre el cadáver de un amor que le manipuló, pero que es todo para su miserable existencia. La última imagen no es una bucólica visión del más allá, es la de una figura distante arrastrando un ataúd por una ladera de montaña cubierta de ceniza.

    Danielle Burgos de Collider argumenta que "al transponer fuertemente la película a su país, Yoshida captura la intensidad gótica, elemental y sombría de la novela mejor que las típicas piezas de época". Todo y todos están malditos. La obsesión por Kinu, interpretada por Yūko Tanaka, con su cuerpo en descomposición es puro sustrato a lo Edgar Allan Poe. El lado glamouroso del romanticismo que otras adaptaciones añaden para hacer la historia más digerible es sustituido por instintos necrófilos y tragedia griega disfrazada de drama jidaigeki, una reinterpretación radical que respeta más el espíritu que otras traslaciones de la página al fotograma.

    Las críticas que avalan que Arashi ga oka podría ser la versión definitiva

    Aunque sea una versión a priori poco conocida, la opinión de que es la mejor película del lote es compartida por un consenso crítico bastante unánime. Audrey Fox de Yahoo Entertainment declara que  “abraza todos los aspectos más oscuros del texto original de Brontë y nunca teme tomar las cosas en una dirección perturbadora. Heathcliff está representado prácticamente como un demonio, y al crear una versión no convencional que se inclina hacia elementos tradicionales japoneses, posiblemente se acerca más al espíritu de la novela".

    David Jenkins del BFI compara la película directamente con las celebradas reinterpretaciones literarias de Kurosawa: "El rendering idiosincrásico de Yoshida de la novela de Brontë está cortado por el mismo paño delirante que las elogiadas reconfiguraciones literarias de Kurosawa Trono de sangre (1957)—Macbeth— y Ran". Soheil Rezayazdi de Oscilloscope señala que "Yoshida fue el primer cineasta en abordar la totalidad de Cumbres borrascosas en un largometraje". La película se presentó en competición en Cannes 1988, y según una rara entrevista de 1991, Yoshida quería tanto desafiar el romanticismo de la película de Wyler como rendir tributo a la adaptación de Luis Buñuel de 1954, Abismos de pasión. El escritor cinematográfico John Collick explica que el director usó la novela de Brontë como lienzo para ideas más amplias sobre la religión sintoísta de Japón y su lugar geopolítico.

    En Letterboxd, Arashi ga oka tiene una calificación de 3.7, la más alta de todas las adaptaciones, y Sonika Kamble de FandomWire resume: "La obra de Emily Brontë no es un romance en el sentido convencional porque es violenta, cruel, obsesiva y sofocante. La interpretación de Hollywood de 2026 continúa la tradición de confundir su mensaje central, sorprendentemente, la adaptación más apropiada viene de Japón. La película no busca precisión palabra a palabra, pero entiende bien a los personajes y retrata un nivel encomiable de honestidad emocional. Heathcliff no es suavizado ni romantizado, es vengativo y destructivo, y el largometraje permanece fiel a la violencia y tragedia de la novela".

  • Dónde has visto antes al reparto de ‘Orgullo y Prejuicio’ de Netflix

    Dónde has visto antes al reparto de ‘Orgullo y Prejuicio’ de Netflix

    Alejandra Bekerman

    Alejandra Bekerman

    Editor de JustWatch

    En 2026 llega a Netflix una serie de 6 episodios de Orgullo y Prejuicio, y como con cada anuncio de una nueva adaptación, los fans de Jane Austen reaccionan con una mezcla de ilusión y cautela. Después de lo que pasó con Persuasión en Netflix, es normal mirar este nuevo proyecto con expectativas pero también con cierto nerviosismo.

    Aun así, Pride & Prejudice siempre merece otra oportunidad. Y parte de la emoción está en empezar a ponerles cara a esos personajes que ya conocemos y adoramos (o a veces adoramos odiar) desde hace años. Antes de juzgar vestidos, acentos o química en pantalla, toca ver quiénes serán los encargados de reinterpretarlos. Y sí, probablemente, ya hayas visto a varios de estos actores en otras películas o series muy populares.

    Emma Corrin como Elizabeth Bennet

    Elizabeth Bennet es uno de esos personajes que sentimos que ya conocemos. Por eso siempre genera curiosidad (y algo de escepticismo) ver quién se anima a interpretarla. En esta versión de Orgullo y Prejuicio, la elegida es Emma Corrin, a quien muchos descubrimos como Diana en The Crown(2016). También tuvo su paso por el universo cinematográfico de Marvel con Deadpool & Wolverine (2024), por Black Mirror (2011) y por el oscuro universo de Nosferatu (2024), así que rango no le falta.

    Jack Lowden como Mr. Darcy

    El señor Darcy probablemente sea el papel que carga con más presión por parte de los fans. Antes de que muchos se opongan a la elección de Jack Lowden, vale recordar que aporta algo interesante a esta adaptación: no es el típico galán evidente. Muchos lo recordarán por Slow Horses (2022), donde demuestra que sabe trabajar con ese estilo reservado y silencioso, cualidades bastante “darcyanas”. Puede que lo hayas visto también en Benediction (2021). No es el casting más obvio, pero puede sorprender.

    Olivia Colman como Mrs. Bennet

    Este es uno de los anuncios que más me ilusionan, ya que Olivia Colman es básicamente garantía de calidad. Ganó el Oscar por The Favourite (2018), Los Rose y nos hizo amar a la reina en The Crown. Pero lo mejor de Colman es su rango, puede ser exagerada y profundamente humana al mismo tiempo. Mrs. Bennet suele caer en la caricatura nerviosa, pero con ella estoy segura de que habrá más capas. 

    Rufus Sewell como Mr. Bennet

    En la adaptación cinematográfica de 2005 de Pride and Prejudice, el padre de familia Mr. Bennet fue interpretado nada menos que por Donald Sutherland,  y en la nueva serie es Rufus Sewell quien toma el relevo. El actor británico viene de participar en  el show The Diplomat y en la película Scoop, consolidando una carrera marcada por dramas políticos y thrillers contemporáneos. Sewell sabe manejar el cinismo sin perder calidez, algo clave para que Mr. Bennet no se convierta solo en el padre pasivo que mira desde lejos.

    Freya Mavor como Jane Bennet

    Jane Bennet que en el pasado fue interpretada por Rosamund Pike, en la nueva serie será Freya Mavor quien se pondrá en la piel de la hermana más amable. Muchos ubicarán a la actriz escocesa por Industry (2020), donde demostró que puede moverse en entornos tensos sin perder vulnerabilidad. También participó en el thriller francés The Lady in the Car with Glasses and a Gun (2015) demostrando que puede moverse entre el drama contemporáneo y el cine europeo.

    Rhea Norwood como Lydia Bennet

    Si viste Heartstopper (2022), probablemente ya ubicas a Rhea Norwood. Lydia en la historia es sinónimo de caos e impulsividad juvenil, lo que puede encajar muy bien con Norwood que ya ha demostrado sabe interpretar personajes con intensidad emocional real. Además de la TV, la actriz pasó por el teatro con Cabaret, lo que le suma presencia escénica. Lydia necesita energía e imprudencia en partes iguales. Si Norwood lleva esa frescura que mostró en Heartstopper, puede convertirse en uno de los personajes más queridos.

    Fiona Shaw como Lady Catherine de Bourgh

    Y si hablamos de presencia imponente, Fiona Shaw es perfecta (y otra de mis favoritas de esta lista).  Muchos la recuerdan como Petunia Dursley en Harry Potter and the Deathly Hallows (2010) o por su trabajo en Killing Eve (2018) y Andor (2022). En la serie interpretará a Lady Catherine, un personaje que necesita autoridad, inteligencia y una gran capacidad para incomodar. Shaw tiene esa capacidad y más. Solo imaginar sus escenas con Elizabeth ya promete tensión de la buena.

    Louis Partridge como Mr. Wickham

    Louis Partridge como Mr. Wickham es otra de las elecciones más polémicas para este reparto por su apariencia juvenil. El actor se hizo conocido por Enola Holmes, donde ya jugaba con el estilo encantador y algo sospechoso. Más recientemente ha participado en Disclaimer (2024) y House of Guinness (2025), consolidándose como rostro joven del drama británico. Puede que sea una de las elecciones más cuestionables pero también más estratégicas para conectar con la audiencia más joven.

    Daryl McCormack como Mr. Bingley

    Muchos afirman que Daryl McCormack viene en ascenso, apareciendo cada vez más en la pequeña y gran pantalla. Luego de participar en Good Luck to You, Leo Grande (2022), se sumó a la última entrega de la saga Puñales por la espalda: De entre los muertos. Con su reciente popularidad no me extraña que lo hayan elegido para interpretar a Mr. Bingley.

    Bingley necesita ser ese toque optimista y genuinamente querible. McCormack tiene un carisma tranquilo que puede hacerlo funcionar sin caer en lo ingenuo. 

  • 7 películas que son odiadas o adoradas (incluida ‘Cumbres borrascosas’)

    7 películas que son odiadas o adoradas (incluida ‘Cumbres borrascosas’)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Con el estreno de Cumbres borrascosas (2016) hemos vuelto al territorio de un cine que no admite medias tintas: O te encanta o lo destrozas. La historia está llena de títulos que provocan reacciones viscerales en ambos extremos del espectro, unos que han sido defendidos como revolucionarios por algunos mientras otros las consideran desastres absolutos.

    No son cintas “malas o buenas”, sino que generan debates encendidos, dividen salas de cine y crean bandos irreconciliables en internet. Desde revoluciones técnicas hasta experimentos narrativos arriesgados, pasando por decisiones creativas controvertidas que rompieron franquicias enteras, elegimos siete de las películas más polarizantes de las últimas décadas, ordenadas cronológicamente e indicando cómo verlas en streaming.

    7. El proyecto de la bruja de Blair (1999)

    Tres estudiantes se pierden en un bosque mientras investigan una leyenda local. Nada más. Y nada menos. Daniel Myrick y Eduardo Sánchez inventaron el found footage moderno—o al menos lo popularizaron hasta convertirlo en una plaga—con un presupuesto de 60.000 dólares y un par de cámaras. El proyecto de la bruja de Blair (1999) recaudó casi 250 millones en taquilla, pero la mitad de la gente salió convencida de que le habían estafado.

    Los que la aman argumentan que revolucionó el terror con su realismo crudo y su campaña de marketing viral que hizo creer a muchos que era real. Los que la odian creen que no pasa nada en 80 minutos y que terminas con náuseas del movimiento del objetivo sin pasar miedo. Guste o no, lo cierto es que es la madre del subgénero que luego parió a Paranormal Activity (2007). Comparte con Madre! (2017) la capacidad de hacer que la gente crea que le están tomando el pelo, aunque no pueden ser más diferentes.

    6. Anticristo (2009)

    Es casi seguro que cualquier película de Lars von Trier va a provocar división máxima. En esta ocasión, llevó a Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg a una cabaña en medio del bosque para hacer terapia de pareja después de perder a su hijo. Lo que sigue incluye sexo explícito, mutilación genital, un zorro que habla diciendo "el caos reina", y más simbolismo del que cabe en celuloide de 35mm. Anticristo (2009) fue abucheada en Cannes y adorada por cinéfilos que la consideran obra maestra del terror psicológico.

    La hermana perturbadora de Dogville (2003), Von Trier la rodó saliendo de una depresión severa, y se nota en cada fotograma lleno de pesimismo sobre la naturaleza humana. La película recibió acusaciones de misoginia que el director nunca negó del todo, sus defensores argumentan que es una alegoría brutal sobre el duelo y la culpa, mientras que sus detractores que es explotación pretenciosa disfrazada de arte. Como Cazafantasmas (2016), se convirtió en campo de batalla cultural fuera de la pantalla, aunque esta tiene buena culpa de todo el “terror elevado” que vendría años más tarde.

    5. Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia (2016)

    Zack Snyder juntó a los dos superhéroes más icónicos del cómic en una película de dos horas y media donde básicamente se miran enfadados hasta que aparece un monstruo de CGI. Ben Affleck como Batman frente a Henry Cavill como Superman se enfrentaban a Jesse Eisenberg como el peor Lex Luthor posible—en eso no hay mucha división—; lo cierto es que Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia (2016) dividió al fandom de DC como pocas lo han conseguido.

    Los defensores tienen un as en la manga: la versión de tres horas como hito del cine de superhéroes adulto y oscuro que Marvel nunca se atrevería a hacer. Los detractores ven un desastre de montaje, un guión sin sentido y el desperdicio de una premisa que debería haber sido infalible. El “Martha” se convirtió en meme instantáneo y símbolo de la deriva de Snyder. Comparte con Star Wars: Los últimos Jedi (2017) el dudoso honor de romper franquicias legendarias y crear bandos irreconciliables de fans a lo largo del tiempo. En el lado opuesto, la película de superhéroes que unió a todos los fans de Marvel, Los Vengadores (2012), es lo contrario en casi todo.

    4. Cazafantasmas (2016)

    Reiniciar la franquicia de Los cazafantasmas (1984) con reparto femenino no parecía mala idea, y menos con nombres como Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones, reinas del SNL del momento, lo mismo que los protagonistas originales en su día. Pero internet explotó antes de que se viera un fotograma y Cazafantasmas  se convirtió en una guerra cultural sin nada que ver con la película en sí: misoginia, nostalgia tóxica, reboots innecesarios… un cóctel vergonzoso.

    La película en sí está bien, pero eso no importaba, era imposible hablar de ella sin entrar en debates sobre representación, feminismo y reboots. Los que la defienden hablan de comedia sólida saboteada por hombres enfadados, incluso la ponen a nivel de la original. Los que la odian dicen que usa el género como escudo para esconder que es mediocre. Como Batman v. Superman su destino implica capas de controversia extracinematográfica, que aquí se apaciguó gracias a la nostalgia sin polémica de Cazafantasmas: Más allá (2021).

    3. Star Wars: Los últimos Jedi (2017)

    La saga más grande del cine se enfrentó a una idea diferente a la que sus fans tenían en la cabeza: Luke Skywalker como un ermitaño amargado, Rey no es nadie especial, Snoke muere a mitad de película y Leia flora por el aire como una sacerdotisa sideral. Star Wars: Los últimos Jedi copó internet ya hace casi una década, pero la división en el fandom todavía no se ha curado. Los defensores la ven como la Star Wars más arriesgada desde El Imperio contraataca (1980), dispuesta a cuestionar los mitos sagrados de la franquicia.

    Los detractores creen que Ryan Johnson no entendió nada de lo que hace especial a Star Wars. Lo cierto es que es una película fresca, pero también tiene subtramas inútiles como la del casino, y el personaje de Kelly Marie Tran tampoco está muy conseguido, aunque que tuviera que borrar sus redes sociales por acoso es vergonzoso. Como Cazafantasmas, hay un factor tóxico y misógino que impide la reflexión sosegada, pero lo cierto es que dilapidó el capital de ilusión que sí consiguió El despertar de la fuerza (2015).

    2. Madre! (2017)

    ¿Una alegoría bíblica sobre la creación disfrazada de thriller psicológico en una casa que va cambiando según entran nuevos personajes?.¿O una parábola ecológica, como metáfora sobre la fama?  Darren Aronofsky convenció a Jennifer Lawrence para torturar a su personaje durante dos horas mientras la cámara no se separa de su cara. Madre! recibió la peor nota posible de CinemaScore y simultáneamente apareció en listas de lo mejor del año. Es una película que divide en tiempo real.

    Hasta la mitad es un home invasion incómodo, luego se vuelve apocalipsis bíblico con canibalismo de bebés y violencia absurda. Una pesadilla febril que no da tregua ni explicaciones, que fascina o enfurece. Los que la aman hablan de una experiencia visceral única, y los que la odian la ven como una pretenciosa metáfora abonada al “misery porn” que tanto gusta al director. Comparte con Anticristo el placer por la provocación y el simbolismo, pero lo cierto es que su Cisne negro (2010) resultó también arriesgada y terrorífica sin que su crueldad pareciera gratuita.

    1. Cumbres borrascosas (2026)

    Emerald Fennell adapta la novela de Emily Brontë con una impronta visual alucinante y erotizada hasta el extremo, con Margot Robbie como una Catherine mirando hacia Barbie (2023) y un gran química con Jacob Elordi como Heathcliff. Para unos es la versión más tóxica y risible jamás filmada, para otros resulta tan fascinante y sublime como Drácula de Bram Stoker (1992).

    Tras Una joven prometedora (2020) y Saltburn (2023), la directora demuestra que no le interesa la sutileza, así que usa exceso visual, la sexualidad explícita y decisiones estilísticas que provocan, desde la fotografía hasta una banda sonora anacrónica que mezcla clásica con electrónica. Los defensores hablan de reinvención necesaria del romance gótico, los detractores mantienen que malinterpreta completamente el material de partida, convirtiendo tragedia literaria en espectáculo superficial. Aún no ha llegado a plataformas pero ya es la película más polarizante del año, continuando la tradición de títulos como Los últimos Jedi que dividen antes de estrenarse. Para quien busque Brontë más tradicional, Cumbres borrascosas (2011) de Andrea Arnold es menos loca, pero no menos intensa.

  •  Las 10 preguntas que la temporada final de Outlander debe responder sí o sí

    Las 10 preguntas que la temporada final de Outlander debe responder sí o sí

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Outlander (2014-2026) próximamente llegará a su fin. Estemos listos o no—spoiler: no lo estamos—es una realidad. No queda mucho para decirle adiós a Jamie, Claire y el resto de la familia Fraser. Y sí, ya estamos cogiendo los clínex, un paquete bien grande, porque los vamos a necesitar. Pero, además de la tristeza, sentimos una especie de anticipación por esta octava y última temporada del show. La serie ha dejado algunos cabos sueltos por el camino y simplemente hay preguntas que no se pueden quedar sin respuesta. 

    La temporada 8 es el momento perfecto para obtener esas respuestas que llevamos años esperando. Respuestas fundamentales para entender el verdadero significado del viaje de los Fraser. Si tienes curiosidad por saber cuáles son, es el momento perfecto para adentrarte en nuestra lista de las 10 preguntas que la temporada final de Outlander debe responder sí o sí.

    El destino de Faith

    Antes de la temporada 7, no había ninguna duda: Faith Fraser murió en Francia. Al fin y al cabo, Claire sostuvo su pequeño cuerpo durante horas tras sobrevivir gracias al Maestro Raymond. Ella comprobó que Faith no respiraba, que estaba muerta. Pero el final de la séptima temporada cambió por completo lo que creíamos saber. Descubrimos que Faith sobrevivió y no sólo eso, si no que tuvo dos hijas. Pero ¿cómo? Pues puede que el Maestro Raymond tenga la respuesta. 

    En el sueño de Claire, él se disculpa con ella por haberle causado tanto daño, diciéndole que pronto entenderá a qué se refiere. Así que todo parece indicar que él la salvó — o la intercambió — ocultándola durante décadas. Pero esto no es todo. Si Faith sobrevivió, ¿qué sucedió después? ¿El Maestro Raymond la cuidó o la dejó al cuidado de otra familia? Y, sobre todo, ¿qué sucedió para que sus hijas acabaran en un burdel, viéndose obligadas a ejercer la prostitución para sobrevivir? Hay demasiadas preguntas respecto a esto y la temporada 8 tiene que dar respuesta a todas. 

    El plan del Maestro Raymond

    Tras averiguar que Faith está viva— y todo lo que eso implica—, la temporada 8 del show también tiene que dar respuesta a otra pregunta, ¿por qué? Como hemos comentado, el Maestro Raymond se disculpó con Claire en su sueño por lo que había hecho. Está claro que se siente culpable por haber engañado a Claire y haberle arrebatado a su hija. Él siempre apreció a Claire sinceramente. Pero entonces, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué le haría tanto daño de forma deliberada? 

    En los libros, se revela que el Maestro Raymond es un viajero del tiempo prehistórico, por lo que es probable que la serie profundice en ese tema. Parece ser una especie de guía para viajeros del tiempo como Claire. Pero no sabemos hacia dónde los guía exactamente. ¿Hacia su destino? ¿Hacia conseguir evitar una catástrofe? ¿O simplemente asegurar que ciertos eventos ocurran? Salvar a Faith es solo una pieza más del plan del Maestro Raymond pero la temporada 8 deberá revelarnos cuál es su objetivo final.

    El fantasma de Jamie

    La pregunta sobre el fantasma de Jamie ha estado presente en el show desde el piloto. En ese episodio, Frank vio a un espíritu mirando hacia la ventana de Claire mientras ella se estaba peinando. Cuando él fue a acercarse, el fantasma se da la vuelta y un poco más tarde, descubrimos que ese fantasma era Jamie, pero nunca supimos cómo o por qué su espíritu estaba contemplando a Claire en el siglo XX. La respuesta podría redefinir toda la historia. Su fantasma puede indicar que él morirá antes que Claire—aunque sea por poco tiempo—, dejando a Jamie esperando para reunirse con ella en el más allá. 

    O tal vez indica que, termine como termine su historia, su amor estaba predestinado, con una conexión con las piedras que los vincula con sus padres, lo que demuestra que su historia de amor siempre estuvo destinada a suceder. Esto establecería que toda la serie es un bucle cerrado, con Jamie esperando hasta que el espíritu de Claire se reúna con él. La autora de los libros, Diana Gabaldon, ya confirmó que incluirá una explicación sobre este fantasma en su nuevo libro, el último de la saga, pero no se publicará hasta después del final de Outlander (2014-2026). Por lo tanto, la serie tendrá que adelantarnos esa respuesta.

    La verdadera historia de Jerry MacKenzie

    Durante la temporada 7, Roger viajó en el tiempo y aterrizó en 1739. Allí se encontró con Jerry MacKenzie, su padre. Roger pensaba que Jerry había muerto al estrellarse su avión en la Segunda Guerra Mundial, pero tras su encuentro, él averiguó que en realidad él viajó a través de las piedras hasta el siglo XVIII. Roger ayudó a su padre a volver a su época, pero nunca supo si tuvo éxito o no. Sin embargo, la historia en los libros es algo diferente. Gracias a las novelas sabemos que Jerry consiguió atravesar las piedras y llegó a su destino. Allí, él encontró a Roger y a su madre escondidos en un túnel durante un bombardeo. 

    Intentó ayudarlos, pero el túnel se derrumbó. La madre de Roger lanzó al pequeño a los brazos de su padre y él consiguió atraparlo, pero se hirió mortalmente en la cabeza. Debido a que no tenía sus placas de identificación, su cuerpo jamás fue identificado y Roger nunca supo que fue su padre quien le salvó la vida. Así, en la temporada 7, Roger reconoció que quizá nunca supiera qué fue de su padre. Ahora, la temporada 8 tiene una oportunidad de oro para explicar qué sucedió realmente con Jerry. Roger merece saberlo. 

    La reconciliación de Jamie con Lord John y William

    La relación entre Jamie y Lord John Grey siempre ha sido una de las más complejas y bonitas de la serie… hasta que todo se rompió en la temporada 7. John se acostó con Claire mientras ambos creían que Jamie estaba muerto. Y él no puede perdonar eso tan fácilmente. Sí, Jamie le dio un buen puñetazo y su enfrentamiento terminó con John siendo capturado por sus enemigos, pero no fue suficiente. Los celos y la ira aún arden dentro de Jamie, como un latido, esperando, al acecho. Por muchas razones. La primera es que Jamie es un hombre celoso, y no soporta pensar que John tocó a Claire, que la hizo suya. 

    Pero también entra en juego el abuso que Jamie sufrió a manos de Jack Randall el Negro. Cuando en la temporada 7, Lord John le dijo que él y Claire se habían imaginado que estaban compartiendo ese momento íntimo con el propio Jamie, Jamie vio todo rojo por un momento. Al final de temporada, Jamie apenas toleraba a Lord John, principalmente por lo que él hizo por William. Pero eso no se acerca en absoluto a la amistad sincera e inquebrantable que mantuvieron durante años. Y eso nos rompe el corazón. La temporada 8 del show tiene que mostrar si hay posibilidad de reconciliación entre ellos o, por el contrario, todo está roto para siempre—ya tenemos los dedos cruzados para que no sea así.

    Además, la temporada 8 también tendrá que dar respuesta a si Jamie y William podrán conocerse—y quererse—como padre e hijo. Ahora mismo, tras descubrir la verdad, William se siente un fraude y ya no está seguro de quién es, ya que toda su vida era una mentira. A la vez, se siente traicionado por las personas que más amaba. ¿William podrá perdonar a Lord John y a Jamie por esconderle la verdad? ¿Aceptará a Jamie como padre y su lugar en la familia Fraser? En la temporada 7, William le pidió ayuda con Jane, en parte porque no tuvo más remedio y en parte porque sabía que Jamie lo ayudaría, habrá que averiguar si eso significó algo más que desesperación.

    El significado de las profecías

    Las profecías son algo habitual en Outlander (2014-2026), pero hay algunas más importantes que otras. Y, sobre todo, algunas que pueden cambiar el curso de la historia. Entre ellas, está la profecía que Geillis Duncan se tomó tan en serio. Según ella, el verdadero rey de Escocia sería revelado tras la muerte de un bebé de 200 años. Cuando Geillis conoció a Brianna y supo quién era, tuvo claro que ella era el bebé del que hablaba la profecía. Así que estaba decidida a matar a Brianna. Sin embargo, Claire se lo impidió, matando a Geillis antes de que pudiera hacerle daño a su hija. Y nunca supimos más sobre esta profecía o su significado. La temporada 8 debería darnos respuesta a esta incógnita.

    Pero esta no es la única profecía a la que la temporada 8 debe prestarle atención. En la temporada 4, Adawehi, la curandera Cherokee que se convirtió en una buena amiga de Claire, vaticinó que ella alcanzaría todo su poder cuando tuviera el pelo totalmente blanco. La temporada 8 debe aclarar a qué se refería. ¿Podrá hacer lo mismo que el Maestro Raymond y curar a la gente de forma mística a través de sus manos? Al fin y al cabo, el Maestro Raymond también hizo alusión a los poderes de Claire en la temporada 2 y en los libros, en más de una ocasión, Claire se dejó guiar por el instinto, sintiendo que algo más allá de su habilidad la estaba guiando.

    Los nomeolvides de Craigh na Dun

    Vamos de misterio en misterio. En el episodio piloto, Claire volvió a Craigh na Dun a recoger los nomeolvides que vio a los pies de las piedras para poder estudiar sus propiedades curativas. Fue entonces cuando escuchó y viajó a través de las piedras por primera vez. Sin embargo, los nomeolvides no son originarias de Escocia, por eso a Claire le extrañó tanto ver esas flores justo ahí y quiso volver a echar otro vistazo. De no haber estado esas flores allí, Claire nunca habría viajado a través de las piedras y conocido a Jamie. Pero, ¿cómo llegaron esas flores allí? ¿El Maestro Raymond, Jemmy o Mandy las plantaron para que Claire las encontrara? Esperemos que la temporada 8 nos dé una respuesta.

    El alcance de los poderes de Jemmy y Mandy

    El show ha hecho bastante hincapié en la conexión mística que une a Jemmy y Mandy. Como viajeros, tienen ciertas habilidades intrínsecas, como reconocer cuándo una piedra es adecuada para el viaje a través de las piedras. Pero ellos son hijos de dos viajeros, lo que parece indicar que los hace especiales, más poderosos que el resto de viajeros. 

    Fue la conexión psíquica que mantienen los dos hermanos lo que ayudó a Brianna a averiguar dónde estaba Jemmy cuando Cameron lo secuestró y lo que hace que uno pueda sentir al otro hasta el punto de saber exactamente dónde se encuentra o si está bien. Además, pueden conectarse con las piedras de una forma distinta a como lo hacen Brianna y Roger. Tal vez la temporada 8 sea el momento ideal para revelar el alcance de los poderes místicos de Jemmy y Mandy, cómo pueden manejarlos y lo que significa para su futuro. 

    Percy Beauchamp y el origen de Fergus

    La temporada 7 de Outlander (2014-2026) nos presentó a Percy Wainwright, alias Percy Beauchamp. Él se presentó como un espía francés que tiene un pasado bastante complicado con Lord John. Sin embargo, lo más interesante es que no paró de buscar a Fergus, intentando contactar con él de todas las maneras posibles para hablarle de sus padres. Al parecer, Percy tiene información bastante interesante sobre el origen de Fergus y una posible herencia. 

    Fergus no le hizo caso a ninguna de las cartas que recibió de Percy pero esto nos dejó bastante intrigados. ¿Quiénes eran los padres biológicos de Fergus? ¿Y qué tiene que ver Percy con ellos? Además, no podemos olvidar que Percy tiene el mismo apellido que Claire. Es cierto que lo obtuvo por matrimonio pero, ¿estarán de algún modo Percy y Fergus relacionados con Claire? La temporada 8 del show nos debe dar algunas respuestas respecto a esto.

    El final de Jamie y Claire y la familia Fraser

    Jamie y Claire han sobrevivido a guerras, separaciones, pérdidas y al tiempo mismo, así que ya es hora de que tengan un final feliz. Pero ¿lo tendrán? Al final de la temporada 7, los dos se dirigían de vuelta al Cerro para reconstruir su hogar y quedarse definitivamente, después de que Jamie renunciara a su puesto en el ejército continental, pero en esta serie nada es tan fácil. A pesar del empeño de Jamie, aún le quedan algunas batallas por librar pero ¿saldrán Jamie y Claire con vida de lo que viene? Según el libro de Frank, no parece que eso sea así. 

    En su libro, él indica que Jamie muere luchando por la independencia pero si algo nos enseñó este show es que en la historia nada es lo que parece. Al fin y al cabo, Jamie debería de haber muerto en Culloden o él y Claire deberían haberlo hecho en el incendio que arrasó su casa. Pero no lo hicieron. Así que la temporada 8 deberá responder si Jamie y Claire lograrán vivir felices para siempre rodeados de su familia, tendrán otro final diferente o si solo nos estamos agarrando a una esperanza vana. Pero, hasta entonces, si te preguntas qué final puede que tengan las aventuras de la familia Fraser, aquí recopilamos unos cuantos.

  • Cómo ver todas las películas ganadoras de los premios BAFTA 2026

    Cómo ver todas las películas ganadoras de los premios BAFTA 2026

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    Los premios del cine británico o BAFTA suelen recibirse como una antesala de los Oscar. En definitiva, suceden a medio camino de la ceremonia de marzo y tienen en sus categorías principales (angloparlantes) muchas de las películas que Hollywood aplaudirá en la gala de la Academia.

    Sin embargo, al contrario de unos Globos de Oro tremendamente previsibles, este año los brittons han decidido votar con cabeza en algunas categorías. Por ejemplo: es sonoro el vacío de la película de Josh Safdie, Marty Supreme (2025), nominado en hasta once ocasiones. No lo creeréis, pero Robert Aramayo ganó a Timothée Chalamet, quien está movilizando todo su capital económico y social para ganar, sí o sí, la estatuilla en la Academia. Por lo demás, las ganadoras de la velada han sido bastante familiares.

    Una batalla tras otra (2025)

    Gran noche para la Warner, productora de Una batalla tras otra (2025), que ha materializado cuatro de sus nueve nominaciones: mejor director, mejor actor de reparto (Sean Penn), mejor guion adaptado, mejor fotografía y mejor montaje. Merecidos todos, porque vale oro esta distopía optimista de acción sobre los Estados Perdidos de América.

    Su recorrido hasta los BAFTA resulta de traca. Hace meses, en mi guía a Las aspirantes a los Oscars 2026, según Venecia y Toronto, no me creía cómo Paul Thomas Anderson podría posicionarse en la carrera y mírame ahora. Después de arrasar en los Globos de Oro, ya no parece tener competidora hacia el Oscar.

    Los pecadores (2025)

    Ryan Coogler, que rescató la taquilla estadounidense gracias a Los pecadores (2025) y que con esta versión de Abierto hasta el amanecer (1996) ha merecido todo el aplauso de la crítica, merecía todas las nominaciones con las que llegó –hasta trece máscaras británicas–, y nada de la suerte con la que terminó la noche.

    Sólo los tres galardones (a mejor guion original, mejor banda sonora original y mejor actriz de reparto para la británico-nigeriana Wunmi Mosaku), para el tenso entramado de romances, peleas y traiciones que en el granero de Coogler se arma a lo largo de una larga madrugada. Pero no olvidamos que el mayor premio para un cineasta pasa por la taquilla, y en esto, Los pecadores supera de lejos a sus principales competidoras.

    Frankenstein (2025)

    Los académicos británicos también han premiado con tres máscaras al Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro, que se ha impuesto en los apartados de mejor diseño de vestuario, mejor diseño de producción y mejor maquillaje y peluquería. Es una gran alegría para una película en efecto muy bien hecha y que lleva toda la temporada encadenando decepciones.

    Lo cual nos apena, porque se trata de un proyecto personalísimo del cineasta mexicano (nacido hace más de veinte años) y no, no es una película de terror convencional. Igual que La cumbre escarlata o El callejón de las almas perdidas (2021), puede dejar fríos a quienes ya conozcáis el Frankenstein literario o el que adaptó Kenneth Branagh en Frankenstein de Mary Shelley (1994), pero el espectáculo audiovisual bien merece una entrada.

    Incontrolable (I Swear) (2025)

    Sorprendente ha sido el desempeño del filme británico Incontrolable (I Swear) (2025), que ha sido reconocido con los premios al mejor casting y al mejor actor para Robert Aramayo (quien, por cierto, individualmente ha acabado la velada con dos máscaras doradas en su palmarés, al repetir hazaña en la categoría de estrella revelación).

    Esta dramedia entrañable sobre cómo un joven de 15 años con síndrome de Tourette navega contra todo pronóstico a través de una adolescencia, digamos, complicada. Si Rain man (1988) se os ha quedado anticuada, os recomiendo ver la película con el (sí, muy talentoso) Aramayo… Cuyo triunfo nos recuerda, por cierto, que el cine británico también sí ganar al brillo de Hollywood en su propia gala de premios.

    Hamnet (2025)

    La épica inflama-lacrimales de Chloé Zhao llevaba once nominaciones, todas en las categorías principales, y finalmente se fue con mejor película británica y mejor actriz para una Jessie Buckley directa a los anales del cine. No, sorprendentemente el british Paul Mescal como el señor William Shakespeare, no tuvo premio durante la noche.

    Sólo un dato sobre Hamnet (2025): para el relato basado en una novela de Maggie O’Farrell, se ha vendido como el trasfondo conmovedor para la creación de la obra magna de Shakespeare, Hamlet. En realidad, tanto emocionó al público de Toronto que se erigió como la mejor valorada en las encuestas en un termómetro fantástico para los Oscars que, sin embargo, no está llegando con el suficiente empuje para competir, de verdad, contra Una batalla tras otra de PTA.

    Valor Sentimental (2025)

    En la categoría de Película de Habla No Inglesa, la gran ganadora de la noche fue Valor sentimental (2025), que tras ser híper aplaudida en los Globos de Oro no sorprendía con sus ocho nominaciones… Recordemos, competía un cineasta noruego, con una película de personajes, lejos de su país. Finalmente, el premio internacional ha sido más que suficiente para asegurarle un final de carrera reñido de cara a los Oscars.

    La película es una ahijada del mejor cine de Ingmar Bergman, con Joachim Trier asegurándose de que La peor persona del mundo (2021) no fue todo lo que en materia de drama podía exprimir, y que los padres en Hollywood no vienen sólo representados por Leonardo DiCaprio feo y con capucha en Una batalla tras otra.

    Mr. Nobody Against Putin (2025)

    Este documental lo descubrimos entre las mejores películas de Sundance de la temporada pasada, por lo que su inclusión como mejor documental, casi doce meses después y con la competencia reñida de La vecina perfecta (2025) o 2000 metros hasta Andriivka (2025), vuelven la victoria aún más épica.

    En fin, Pavel Talankin, un entrañable profesor de primaria en Karabash, una ciudad minera conocida casi exclusivamente por sus alarmantes niveles de contaminación tóxica,  reconoce desde el comienzo de este extraordinario documental que no es precisamente la persona ideal para plantar cara a un régimen opresivo. Pero, ¡qué menos que intentarlo! Mr. Nobody Against Putin (2025) aúna corazón y justicia.

    Zootrópolis 2 (2025)

    La jirafa cantarina a la que interpreta Shakira en Zootrópolis 2 (2025) convenció al cuerpo de votantes británico de que, de alguna forma, la preciosidad independiente de Little Amélie (2025) merecía menos el premio a mejor película de animación que esta secuela de estudio.

    La conoceréis, porque ha sido un triunfo rotundo en la taquilla: continúa las aventuras de la conejo Judy Hopps y el zorro Nick Wilde, obligados a asistir a un programa de “parejas en crisis” y envueltos en un nuevo misterio, que es tan familiar y olvidable como el de la película anterior. Yo recomiendo, si os apetece el combo de animales y comedia, volver a Madagascar (2005).

    La sombra de mi padre (2025)

    Cine académico, pero de verdad. La sombra de mi padre (2025) es un relato semi autobiográfico transcurre en un solo día en Lagos, durante la crisis electoral de 1993. Damos de la mano a un padre (un fantástico Ṣọpẹ́ Dìrísù), que trata de atravesar la inmensa ciudad mientras la inestabilidad política amenaza su regreso a casa. Vamos, genial para los nervios, pero también para la construcción de un cuento sobre un hombre que, como el patriarca de Valor sentimental, lo ha hecho muy mal pero pretende arreglarlo.

    La versión nigeriana de Érase una vez en América (1984), lo tenía crudo pero acabó distinguiendo el pulso narrativo del cineasta Akinola Davies Jr. y del guionista Wale Davies en la categoría de mejor debut por un director, guionista o productor británico.

  • 10 obras maestras del cine que deberías tachar de tu lista de pendientes en 2026

    10 obras maestras del cine que deberías tachar de tu lista de pendientes en 2026

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Todos tenemos esa lista mental de películas que "algún día veremos". Clásicos que conocemos de referencias, memes y conversaciones ajenas, pero que nunca terminamos de sentarnos a disfrutar. 

    El 2026 es el año perfecto para saldar esas deudas cinéfilas: con tantas plataformas de streaming ofreciendo catálogos cada vez más completos, ya no hay excusas para seguir aplazando estas obras maestras que han definido el lenguaje cinematográfico. Esta lista rescata 10 películas esenciales que merecen tu tiempo y atención. 

    Ciudadano Kane (1941)

    Orson Welles tenía apenas 25 años cuando escribió, dirigió, produjo y protagonizó esta obra maestra absoluta que cambió para siempre la forma de hacer cine. La película cuenta la vida de Charles Foster Kane, magnate de la prensa inspirado en William Randolph Hearst, a través de una investigación periodística que intenta descifrar el significado de su última palabra: "Rosebud". 

    Lo revolucionario no está solo en la narrativa fragmentada que salta entre diferentes épocas y perspectivas, sino en la audacia técnica que Welles y su director de fotografía Gregg Toland desplegaron en cada escuadra.

    Las innovaciones formales de Ciudadano Kane siguen siendo impresionantes: la profundidad de campo que mantiene nítidos todos los planos de la imagen de forma simultánea, los techos visibles que aportan claustrofobia a los interiores opulentos, el uso dramático de luces y sombras que convierte cada escena en una pintura expresionista. 

    Welles construye un retrato devastador sobre la soledad del poder y la imposibilidad de comprar el amor o recuperar la inocencia perdida. La actuación del propio Welles, que interpreta a Kane desde los 25 hasta los 70 años con un maquillaje revolucionario para la época, es un despliegue de carisma y melancolía que sostiene las más de dos horas de metraje.

    Comparada con El crepúsculo de los dioses, otra meditación sobre Hollywood y la fama, Ciudadano Kane es menos cínica y más interesada en la psicología del protagonista. No tiene el romanticismo trágico de Lo que el viento se llevó, pero su ambición formal es muy superior. 

    Frente a Casablanca, que se estrenó un año después y se convirtió en un éxito popular inmediato, esta película es más experimental y menos interesada en complacer al público masivo. El resultado es algo único: un film que funciona tanto como entretenimiento narrativo complejo cuanto como ejercicio de innovación cinematográfica pura.

    ¡Qué bello es vivir! (1946)

    Frank Capra creó sin saberlo el clásico navideño por excelencia, aunque la película fracasó de forma estrepitosa en su estreno original y casi arruinó al director. La historia de George Bailey, un hombre común que contempla el suicidio en Nochebuena antes de que un ángel le muestre cómo habría sido el mundo sin su existencia, suena a sentimentalismo barato en papel. 

    En manos de Capra y con la interpretación magistral de James Stewart, se transforma en una de las exploraciones más honestas sobre la frustración, los sueños truncados y el valor de la vida ordinaria jamás filmadas.

    Lo que hace especial a ¡Qué bello es vivir! es su disposición a sumergirse en la desesperación real antes de ofrecer consuelo. Capra no endulza la angustia de George: este es un hombre que ha sacrificado todas sus ambiciones por responsabilidad familiar y comunitaria, que ha visto a sus amigos triunfar mientras él permanece atrapado en un pueblo pequeño, que enfrenta la ruina financiera y la posibilidad de prisión por errores que no son suyos. 

    La secuencia donde George recorre Bedford Falls transformado en Pottersville, un pueblo corrupto y miserable sin su influencia positiva, es puro terror existencial que anticipa películas como ¡Olvídate de mí! décadas antes de que se filmaran.

    Comparada con Milagro en la calle 34, otro clásico navideño de la época, esta película es mucho más oscura y compleja a nivel emocional. No tiene el cinismo sofisticado de El apartamento, pero comparte su interés en explorar la decencia humana aplastada por sistemas económicos crueles. 

    Cantando bajo la lluvia (1952)

    Gene Kelly y Stanley Donen dirigieron el musical más alegre, inteligente y brillante a nivel técnico jamás producido en Hollywood. La película narra la transición del cine mudo al sonoro a finales de los años veinte, usando ese contexto histórico como excusa para desplegar números musicales espectaculares que celebran el cine mismo como arte.

    Kelly interpreta a Don Lockwood, estrella del cine mudo cuya carrera peligra con la llegada del sonido, mientras Debbie Reynolds es Kathy Selden, la joven actriz con talento real que se convierte en su interés romántico y salvación profesional.

    Lo extraordinario de Cantando bajo la lluvia es que funciona a la perfección en múltiples niveles: como comedia romántica encantadora, como sátira sobre la industria cinematográfica, como showcase de talento coreográfico incomparable. La secuencia titular, donde Kelly baila bajo la lluvia torrencial expresando su enamoramiento a través del movimiento puro, es uno de los momentos más icónicos en la historia del musical cinematográfico. 

    Pero igual de impresionante es "Make 'Em Laugh", el número físico demoledor de Donald O'Connor que casi lo hospitaliza durante el rodaje, o "Broadway Melody", una fantasía surrealista de 13 minutos que no tiene nada que ver con la trama principal pero que justifica su existencia por puro virtuosismo.

    Comparada con Un americano en París, que ganó el Oscar a Mejor Película un año antes, Cantando bajo la lluvia es más ligera y menos pretenciosa en lo artístico, pero también más consistente y entretenida. No tiene la ambición formal de West Side Story, que revolucionaría el género una década después, pero su alegría es más genuina y menos interesada en el drama social. 

    Frente a La La Land, que intentó revivir el musical clásico en 2016, esta película es muy superior en coreografía, energía y espontaneidad. El resultado es algo eterno: un musical que celebra el cine con un amor tan contagioso que es imposible no sonreír.

    La ventana indiscreta (1954)

    Alfred Hitchcock convirtió un departamento pequeño y una pierna rota en el escenario de uno de los thrillers más tensos y perfectos de su carrera. James Stewart interpreta a L.B. Jefferies, fotógrafo profesional confinado en silla de ruedas que comienza a espiar a sus vecinos por puro aburrimiento, hasta que presencia lo que podría ser un asesinato. 

    La película es un experimento narrativo audaz: casi todo el metraje transcurre dentro del departamento de Jefferies, con la cámara adoptando su punto de vista voyeurista mientras observa las vidas fragmentadas que se desarrollan en las ventanas del edificio opuesto.

    Lo brillante de La ventana indiscreta es cómo Hitchcock utiliza las limitaciones espaciales para crear tensión creciente. Jefferies es un sustituto del espectador de cine: alguien que observa vidas ajenas desde la oscuridad, construyendo narrativas a partir de fragmentos visuales, incapaz de intervenir de manera directa en la acción. 

    Grace Kelly está luminosa como Lisa Fremont, la novia glamorosa que Jefferies considera "demasiado perfecta" para su estilo de vida aventurero, y su transformación de espectadora pasiva a investigadora activa constituye el corazón emocional del film. La secuencia final, donde el asesino interpretado por Raymond Burr confronta a Jefferies en su propio departamento, es puro terror hitchcockiano en su máxima expresión.

    Comparada con Vértigo, considerada por muchos la obra maestra absoluta de Hitchcock, La ventana indiscreta es más accesible y menos oscura a nivel psicológico, aunque igual de compleja a nivel formal. 

    No tiene la paranoia política de Encadenados, pero comparte su interés en explorar relaciones románticas tóxicas. Frente a Disturbia, el remake moderno protagonizado por Shia LaBeouf, la original es infinitamente superior en su capacidad de construir tensión sin recursos tecnológicos contemporáneos. El resultado es algo magistral: un thriller que funciona como entretenimiento puro mientras deconstruye el acto mismo de mirar cine.

    Doce hombres sin piedad (1957)

    Sidney Lumet debutó en el cine con esta obra maestra claustrofóbica que transcurre casi de manera entera en una sala de deliberación donde doce jurados deben decidir si un adolescente acusado de parricidio es culpable o inocente. 

    La película comienza con once votos de culpabilidad y uno de inocencia, y durante los siguientes 96 minutos observamos cómo el Jurado 8, interpretado por Henry Fonda con una rectitud moral inquebrantable, desmorona de manera sistemática las certezas de sus compañeros. 

    Lo revolucionario de Doce hombres sin piedad es que convierte el debate racional y la argumentación lógica en espectáculo cinematográfico emocionante.

    Lumet y su director de fotografía Boris Kaufman utilizan el espacio confinado de la sala como laboratorio psicológico. A medida que avanza la deliberación, los encuadres se vuelven más cerrados, las lentes más largas, la temperatura más sofocante, transformando la habitación en una cámara de presión emocional. 

    Cada jurado representa un tipo social específico: el inmigrante agradecido que confía de forma ciega en el sistema, el hombre de negocios impaciente que valora su tiempo más que una vida humana, el anciano empático que reconoce sus propios fracasos en el acusado. Las actuaciones son extraordinarias en su conjunto, creando una sinfonía de perspectivas que reflejan los prejuicios, miedos y esperanzas de la sociedad estadounidense de los cincuenta.

    Comparada con Testigo de cargo, el thriller judicial de Billy Wilder del mismo año, esta película es menos interesada en los giros de trama y más en el proceso deliberativo mismo. No tiene la espectacularidad de Matar a un ruiseñor, pero su minimalismo es más poderoso que cualquier discurso grandilocuente en una corte. 

    Frente a Veredicto final, otro clásico judicial protagonizado por Paul Newman, Doce hombres sin piedad es más optimista sobre la capacidad humana de vencer los prejuicios mediante la razón. 

    El padrino (1972)

    Francis Ford Coppola transformó una novela pulp sobre la mafia italiana en la epopeya cinematográfica definitiva sobre poder, familia y el sueño americano corrompido. Marlon Brando interpreta a Vito Corleone, patriarca de una de las cinco familias del crimen organizado neoyorquino, en una actuación tan icónica que es imposible separar al personaje del actor. Pero la verdadera revelación es Al Pacino como Michael Corleone, el hijo veterano de guerra que al principio rechaza el negocio familiar solo para transformarse de forma gradual en un monstruo más frío y despiadado que su padre. 

    La película es una tragedia shakesperiana disfrazada de thriller criminal, donde cada decisión arrastra consecuencias devastadoras y la lealtad familiar se convierte en prisión espiritual.

    Lo que distingue a El padrino de otras películas sobre el crimen organizado es su tratamiento serio de sus personajes. Coppola y su co-guionista Mario Puzo nunca romantizan de forma excesiva el estilo de vida mafioso, pero tampoco reducen a los Corleone a caricaturas unidimensionales. 

    Son hombres complejos que operan bajo un código moral retorcido pero coherente, capaces de mostrar ternura familiar genuina y crueldad impersonal calculada al mismo tiempo. La cinematografía de Gordon Willis utiliza sombras profundas que convierten cada escena en un cuadro renacentista, mientras Nino Rota compuso una banda sonora que equilibra nostalgia italiana con amenaza latente. La secuencia del bautizo, que intercala la ceremonia religiosa donde Michael es padrino con los asesinatos simultáneos de todos sus enemigos, es un montaje cinematográfico en su expresión más brutal y elegante.

    Comparada con Uno de los nuestros, otra obra maestra sobre la mafia de Martin Scorsese, El padrino es más épica y menos visceral, privilegiando la estrategia sobre la espontaneidad violenta. No tiene el pesimismo absoluto de Scarface, pero comparte su exploración del precio psicológico del poder. 

    Frente a Los Soprano, la serie que deconstruye el género décadas después, la película de Coppola es más romántica sobre la familia criminal pese a su violencia explícita. El resultado es algo monumental: tres horas de cine perfecto que funcionan como entretenimiento gangsteril y como parábola sobre el capitalismo estadounidense.

    La lista de Schindler (1993)

    Steven Spielberg se enfrentó al Holocausto con una seriedad formal que nadie esperaba del director de E.T. y En busca del arca perdida. Filmada en blanco y negro con una estética documental despojada, la película cuenta la historia real de Oskar Schindler, empresario alemán y miembro del partido nazi que salvó a más de mil judíos polacos empleándolos en su fábrica durante la Segunda Guerra Mundial. 

    Liam Neeson interpreta a Schindler como un oportunista encantador que comienza buscando mano de obra barata y termina arriesgando su fortuna y su vida en un acto de resistencia moral extraordinario. Ralph Fiennes está aterrador como Amon Göth, comandante nazi cuya crueldad caprichosa representa el mal más escalofriante: el banal, el cotidiano, el que ni siquiera necesita justificación ideológica.

    Lo devastador de La lista de Schindler es su negativa a ofrecer consuelo fácil. Spielberg no convierte el Holocausto en telón de fondo para una historia inspiradora de heroísmo; más bien, utiliza la narrativa de Schindler para mostrar la maquinaria industrial de exterminio en su horror sistemático. 

    La secuencia de liquidación del gueto de Cracovia es posiblemente el momento más brutal que Spielberg ha filmado: la cámara observa con frialdad documental mientras los nazis masacran a familias enteras con eficiencia mecánica. La única nota de color en toda la película es el abrigo rojo de una niña pequeña, un recurso visual que Spielberg usa para personalizar el genocidio, convirtiendo estadísticas incomprensibles en tragedia individual devastadora.

    Comparada con El pianista, otra obra maestra sobre el Holocausto dirigida por Roman Polanski, La lista de Schindler es más épica y menos íntima, privilegiando el alcance histórico sobre la experiencia individual de supervivencia. 

    No tiene la contención formal de El hijo de Saúl, que utiliza el formato de pantalla reducido para la claustrofobia extrema, pero su ambición narrativa es superior. Frente a La vida es bella, que también aborda el Holocausto a través del cine comercial, la película de Spielberg es mucho más más seria y menos interesada en el sentimentalismo protector.

    Cadena perpetua (1994)

    Frank Darabont adaptó el relato de Stephen King sobre esperanza y amistad en prisión con una sensibilidad humanista que convirtió un fracaso de taquilla en la película mejor valorada de IMDb durante décadas. Tim Robbins interpreta a Andy Dufresne, banquero condenado injustamente por el asesinato de su esposa y su amante, quien mantiene su dignidad y humanidad durante casi veinte años en la brutal prisión de Shawshank. Morgan Freeman es Ellis "Red" Redding, el prisionero veterano que trafica contrabando y narra la historia con una voz que equilibra cinismo y asombro ante la persistencia de Andy. 

    La película es una meditación sobre la institucionalización, la corrupción del poder y la capacidad humana de mantener la esperanza incluso en las circunstancias más desesperadas.

    Lo extraordinario de Cadena perpetua es que rechaza el sentimentalismo barato pese a su mensaje optimista. Darabont no endulza la violencia de la vida carcelaria: Andy es violado de forma repetida por una pandilla de prisioneros, los guardias son sádicos corruptos, el sistema está diseñado para quebrar el espíritu humano. Pero dentro de ese horror, Andy encuentra maneras pequeñas de resistir: compartiendo cerveza con sus compañeros después de un trabajo de techado, creando una biblioteca para los prisioneros, poniendo ópera italiana en los altavoces del patio. La secuencia de escape, revelada en retrospectiva, es uno de los momentos más satisfactorios en la historia del cine porque se ha ganado meticulosamente cada segundo de triunfo.

    Comparada con Papillon, otra epopeya carcelaria sobre escape imposible, Cadena perpetua es menos interesada en la aventura física y más en la supervivencia espiritual. No tiene la violencia extrema de Un profeta, obra maestra francesa sobre prisiones, pero su humanismo es más accesible. 

    Frente a La milla verde, la otra adaptación de Stephen King dirigida por Darabont, esta película es más contenida en lo emocional y menos interesada en el elemento fantástico. El resultado es algo perfecto: un film que funciona como entretenimiento carcelario tradicional mientras explora temas de redención, amistad y la indestructibilidad del espíritu humano.

    Pulp Fiction (1994)

    Quentin Tarantino explotó el cine narrativo convencional con esta estructura fragmentada que cuenta tres historias criminales entrelazadas en el Los Ángeles contemporáneo. John Travolta y Samuel L. Jackson interpretan a Vincent Vega y Jules Winnfield, sicarios filosóficos que discuten sobre hamburguesas europeas antes de ejecutar a alguien. Bruce Willis es Butch Coolidge, boxeador que traiciona a un jefe mafioso. Uma Thurman es Mia Wallace, esposa del jefe criminal que casi muere por sobredosis durante una cita con Vincent. 

    Lo revolucionario de Pulp Fiction no es solo su narrativa no lineal, que comienza con una escena que cronológicamente ocurre al final, sino su tono es único: violencia extrema yuxtapuesta con diálogos mundanos sobre cultura pop, momentos de terror genuino interrumpidos por comedia absurda.

    Lo que hace especial a Pulp Fiction es cómo Tarantino convierte referencias y diálogos aparentemente triviales en una caracterización profunda. Cuando Jules y Vincent debaten sobre los nombres de hamburguesas en Europa o la moralidad de los masajes de pies, no están perdiendo tiempo narrativo sino revelando sus personalidades, sus códigos morales retorcidos, su humanidad contradictoria. 

    La película está llena de secuencias antológicas: la cita entre Vincent y Mia en el restaurante temático años cincuenta, que culmina en un concurso de baile y una sobredosis de heroína; la escena de violación en el sótano del prestamista, que gira de horror a comedia negra cuando Butch regresa a rescatar a su enemigo; la conversación final entre Jules y Pumpkin en la cafetería, donde Jules experimenta una epifanía religiosa en tiempo real.

    Comparada con Reservoir Dogs, el debut de Tarantino dos años antes, Pulp Fiction es más ambiciosa en lo estructural y menos claustrofóbica. No tiene la melancolía existencial de Jackie Brown, su siguiente película, pero es más energética y juguetona. 

    Frente a Sospechosos habituales, otra película de crimen con estructura narrativa compleja del mismo año, la de Tarantino es más despreocupada por la coherencia de trama y más interesada en el placer puro del diálogo brillante. 

    El indomable Will Hunting (1997)

    Gus Van Sant dirigió el guión escrito por Matt Damon y Ben Affleck sobre un genio matemático que trabaja como conserje en el MIT y se autosabotea por traumas de infancia y miedo al rechazo. Damon interpreta a Will Hunting con una vulnerabilidad feroz que equilibra arrogancia intelectual y dolor emocional profundo. Robin Williams ganó su único Oscar como Sean Maguire, terapeuta que también arrastra sus propios demonios y que es el único capaz de penetrar las defensas psicológicas de Will. 

    La película es fundamentalmente sobre masculinidad emocional: cómo los hombres esconden su dolor detrás de cinismo, violencia o humor, y cómo la verdadera valentía está en permitirse ser vulnerable y amar sin garantías.

    Lo extraordinario de El indomable Will Hunting es que funciona tanto como romance, thriller psicológico y drama de clase social al mismo tiempo. La relación entre Will y Skylar (Minnie Driver), estudiante de Harvard de familia adinerada, explora las barreras invisibles que la clase social impone sobre el amor. 

    La amistad entre Will y Chuckie (Ben Affleck), su mejor amigo trabajador de construcción, es posiblemente el vínculo más puro de la película: el momento donde Chuckie le dice a Will que desperdiciar su genio sería un insulto a quienes no tienen sus oportunidades es devastador en su honestidad brutal. Las sesiones de terapia entre Will y Sean construyen gradualmente una confianza que culmina en el monólogo "No es tu culpa", repetido hasta quebrar las defensas de Will en una catarsis devastadora.

    No tiene el cinismo de El club de los cinco, pero comparte su interés en explorar cómo los adolescentes y jóvenes adultos construyen identidad. Frente a Una mente maravillosa, otra película sobre genio matemático, esta es menos interesada en la enfermedad mental como espectáculo y más en el trauma emocional como barrera para la conexión humana.

  • La franquicia de terror más longeva no es la que crees

    La franquicia de terror más longeva no es la que crees

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Con el estreno de Scream 7 a la vuelta de la esquina, mucha gente asume que estamos ante una de las franquicias de terror más longevas del cine. Siete películas parecen muchas, ¿no? Pues ni siquiera está entre las 10 primeras. De hecho, algunas sagas de terror han sobrevivido décadas con secuelas, reboots, remakes y spin-offs que han creado universos enteros.

    Vamos a hacer un recuento de las franquicias que han convertido el terror en una maratón infinita. Spoiler: la ganadora es una saga de la que probablemente nunca has oído hablar, con 16 películas directas a vídeo que hacen que Jason Voorhees parezca un aspirante.

    Las franquicias medianas: de siete a nueve películas

    Empecemos por las que tienen entre siete y nueve entregas, un número respetable pero que ni siquiera araña el top 10. Paranormal Activity (2007) logró concretar hasta siete películas, exprimiendo completamente el formato found footage hasta casi acabar con él en la gran pantalla, y es que las cámaras de seguridad y vídeos casero son una buena fuente de sustos efectivos, pero, sobre todo, barata. La saga de Leprechaun (1993) también alcanzó ocho entregas, llevando al duende asesino irlandés desde el gueto hasta el espacio exterior, en una progresión cada vez más absurda y genial (si entras en su juego).

    Con Muñeco diabólico (1988) hay truco, porque tiene ocho películas y una serie de televisión que alcanzó las tres temporadas, por lo que debería subir de escalón. Lo que está claro es que Chucky es un icono cultural que ha sobrevivido reboots, secuelas meta y hasta una versión de comedia romántica con su novia Tiffany. Con Expediente Warren (2013)  también hay truco, porque no todas son las aventuras de los Warren, sino un universo interconectado de 9 películas, aunque serían 10 si contamos La maldición de la Llorona (2018)*, que supuestamente no es canon. Con ella o sin ella, es la franquicia de terror más taquillera de todos los tiempos.

    Técnicamente, Alien, el octavo pasajero (1979) tiene nueve películas si cuentas Prometheus (2012), Alien: Covenant (2017) y los crossovers con Depredator (1987), aunque muchos puristas prefieren olvidar que existen, también deberíamos incluir su serie de televisión. Más cerca de la tierra, La matanza de Texas (1974) también alcanzó nueve entregas entre secuelas, precuelas y reboots, con Leatherface masacrando adolescentes en diferentes décadas y con diferentes niveles de gore. En este club selecto de asesinos entra Pesadilla en Elm Street (1984), que también llegó a nueve películas, con Freddy Krueger aterrorizando dentro de los sueños y convirtiéndose en el asesino con más carisma del slasher sobrenatural ochentero. Y ojo a Terror en Amityville (1979), la casa embrujada más famosa del cine, que generó nueve películas oficiales, pero luego docenas de producciones “no autorizadas” gracias a que el nombre cayó en dominio público.

    El top 10: cuando el terror se convierte en maratón infinito

    Aquí es donde la cosa se pone seria. Empezamos con Saw (2004), que llegó a las 10 películas con Saw X en 2023, demostrando que el público tiene apetito infinito por sus trampas elaboradas y giros retorcidos, con Jigsaw siendo el villano más filosófico del terror moderno. La franquicia es un fenómeno que convirtió la tortura en una máquina de hacer dinero durante casi dos décadas, con cada entrega intentando superar la anterior en creatividad sádica.

    Los chicos del maiz (1984) es la saga más prolífica basada en un trabajo de Stephen King. Es sorprendente que un relato dé para hacer hasta 11 películas de calidad variable (y cuestionable), con niños asesinando adultos en pueblos rurales una y otra vez. Hellraiser (1987) también llegó a 11 entregas, con Pinhead y sus cenobitas explorando el sadomasoquismo como puerta al infierno en películas que van desde la obra maestra de Clive Barker hasta basura directa a vídeo indescriptible. Ambas franquicias demuestran que el terror de bajo presupuesto puede sobrevivir décadas si el concepto engancha, por la razón que sea.

    Viernes 13 (1980) ha llegado hasta ahora a 12 películas, llevando a Jason Voorhees del Campamento Crystal Lake a Manhattan, enfrentándolo con Freddy Krueger y llegando hasta el espacio exterior. La máscara de hockey se ha convertido en símbolo indeleble del slasher, y Jason en su asesino pop, aunque técnicamente su madre fue la villana protagonista en su propia película. La saga se ha convertido en una institución  por su persistencia y habilidad para reinventarse cada década sin perder su esencia: adolescentes tontos muriendo de formas creativas.

    El podio: Halloween, The Ring y las momias imparables

    Halloween (1978) de John Carpenter es la madre del cotarro, por lo que no es sorprendente que haya generado hasta 13 películas. La idea de Michael Myers persiguiendo a Laurie Strode no ha sido la única, pero sí se ha perpetuado a través de múltiples líneas temporales que han convertido el canon en un laberinto. La franquicia incluye la rareza de Halloween III: el día de la bruja, que, aunque no tiene nada que ver con Michael Myers, es bastante mejor que la mitad de las secuelas. Jamie Lee Curtis ha vuelto varias veces, ha muerto y ha regresado con vida en la trilogía de David Gordon Green que cerró—¿para siempre?—su historia en 2022.

    En el caso de The Ring (2002) es complicado hacer recuento, porque la saga japonesa El círculo (1998) tiene múltiples entregas, spin-offs, precuelas y la versión americana también una par de secuelas. Si contamos todo el universo Ringu/Ring entre Japón y Estados Unidos, hablamos de unas 14 películas sobre cintas de vídeo malditas y niñas fantasma de pelo negro saliendo de televisores. La demostración de que el J-horror podía exportarse y volverse viral como el VHS embrujado, aunque poco se habla de la saga La maldición (2002) y sus 10 entregas.

    La momia (1932) ha ido generando a lo largo del tiempo unas 15 películas si contamos desde la original con Boris Karloff hasta los reboots modernos con Brendan Fraser y Tom Cruise, pasando por todos los crossovers de monstruos Universal Pictures, sobreviendo casi un siglo gracias a su capacidad de reinventarse constantemente, desde el terror gótico hasta la aventura estilo Indiana Jones. Por otro lado, y aunque sea más bien un café para cafeteros del nicho, El amo de las marionetas (1989) también alcanzó las 15 entregas con sus marionetas asesinas controladas por André Toulon, siendo la marca más longeva de Full Moon Features, aunque la calidad es claramente muy voluble.

    La campeona inesperada: Witchcraft y sus 16 películas directas a vídeo

    Hay que coger con pinzas todo  lo que vino a partir de La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, de las que se pueden contar 15 películas contando la saga original—y única canon, con seis títulos del director—más los difícilmente traceables remakes y secuelas no autorizadas que siguen surgiendo desde que el título cayó en dominio público. Si nos pusiéramos serios podría ser la ganadora, ya que toda la saga El regreso de los muertos vivientes (1985) sería una secuela “oficial” puesto que parte de la división de derechos con el guionista de la original, John A. Russo.

    Por tanto, de momento vamos a darle a Witchcraft (Mirror of Darkness) (1988) el premio gordo a la franquicia de terror más longeva con 16 películas directas a vídeo. Un hito teniendo en cuenta que pocos han oído hablar de ella. En la original vemos la historia de un hombre constantemente seducido por brujas malvadas enviadas por Satanás. Por algún motivo, esto encontró su nicho en el mercado de vídeo doméstico de los 90, pese a que cada entrega es peor que la anterior. Actuaciones atroces, efectos especiales de pegamento y purpurina, y más escenas de sexo softcore que terror real, lo que quizá explica su resiliencia con presupuestos minúsculos.

  • Películas y variantes de 'La novia de Frankenstein' que hay que ver antes de '¡La novia!'

    Películas y variantes de 'La novia de Frankenstein' que hay que ver antes de '¡La novia!'

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    El 6 de marzo llega a cines ¡La novia!, la nueva adaptación del mito de Mary Shelley dirigida por Maggie Gyllenhaal que por fin centra toda una película en un personaje icónico. Desde su primera aparición fugaz en La novia de Frankenstein (1935) el cine y la televisión no han dejado de volver a ella, reinterpretándola, subvirtiéndola, reimaginándola en todo tipo de contextos.

    Hace tiempo que se esperaba una película centrada exclusivamente en la novia, y ahora que finalmente llega, repasamos nueve adaptaciones imprescindibles que exploran el mito desde ángulos muy distintos, desde el gótico a la ciencia ficción feminista, pasando por el terror gore. Señalamos si están disponibles en plataformas de streaming, ordenadas cronológicamente para entender cómo ha evolucionado el personaje a lo largo de casi un siglo.

    9. La novia de Frankenstein (1935)

    James Whale dirigió la que sigue siendo la gran secuela del cine de terror clásico. El doctor Frankenstein crea una compañera para su criatura, pero ella lo rechaza en una de las escenas más dolorosas del género. Apenas cinco minutos en pantalla, pero cinco en los que Elsa Lanchester definió el mito con una imagen—peinado eléctrico, mirada de rechazo—que se quedó grabada para siempre en el imaginario colectivo.

    La novia de Frankenstein funciona como origen visual del monstruo, con un automatismo muy influenciado por Metrópolis (1927) de Fritz Lang y la robot María, el laboratorio de Whale tiene algo del lecho gótico-futurista donde se crea a la autómata. Ernest Thesiger como el doctor Praetorius también es un excelente molde del mad doctor malvado, clave para la versión de Víctor de la Hammer que vimos en Frankenstein creó a la mujer (1967).

    8. Frankenstein creó a la mujer (1967)

    Terence Fisher y Peter Cushing crearon su propia versión dentro del universo Hammer con una variación temática que juega con la transmigración de almas. El barón transfiere el alma de un joven ejecutado injustamente al cuerpo de su novia, que se había suicidado por el dolor. Ella resucita, pero con la sed de venganza de él dentro, un giro más metafísico que físico, de posesión espiritual.

    Susan Denberg interpreta a Christina con una dualidad perturbadora, inocente y asesina, víctima y verdugo. Frankenstein creó a la mujer comparte tono clásico con La hija de Frankenstein (1958), otra rareza de la era de los mad doctors con una chica convertida en monstruo, pero se deja llevar por el gótico de aspiraciones filosóficas sobre identidad y venganza desde el más allá. Para fans de las variaciones Hammer más serias y contenidas, muy alejada del gore loco de La novia de Re-animator (1990).

    7. La prometida (1985)

    Sting hace de doctor Frankenstein en esta versión ochentera que divide el relato: por un lado tenemos a Eva—una Jennifer Beals post-Flashdance (1982)—, siendo educada como dama victoriana por su creador, por otro, vemos al monstruo original escapando con un enano de circo. Franc Roddam intenta hacer una especie de Pigmalión (1938) con cadáveres reanimados, y a veces funciona, a veces no.

    Lo mejor es Clancy Brown, que le da al monstruo una humanidad desgarradora que anticipa su futuro como uno de los grandes secundarios de Hollywood. La prometida (1985) comparte espíritu con Frankenstein: Su verdadera historia (1973), otra adaptación poco conocida de la miniserie británica de Jack Smight que también ponía a la novia integrándose en el ambiente victoriano. Ambas fracasaron comercialmente pero tienen culto devoto. Para quien busque un toque neoromántico propio de los videoclips de la época, que también dejó huella en Frankenstein de Mary Shelley (1994).

    6. Frankenputa - vicios diabólicos (1990)

    Frank Henenlotter—el mismo terrorista detrás Basket Case ¿Dónde te escondes, hermano? (1982)—se descojona del mito con esta comedia gore sobre un tipo que crea a su novia perfecta ensamblando partes de prostitutas asesinadas. Explotación de serie Z más afilada de lo que parece, con litros de sangre falsa, y el mal gusto más adorable del cine independiente neoyorquino.

    Frankenputa - vicios diabolicos* (1990) parece la inspiración de Pobres criaturas (2023), cambiando el Bronx por una Lisboa steampunk con diseño de producción obsesivo, aunque a su vez Henenlooter parece estar parodiando La mujer explosiva (1985), que jugaba con ideas similares de crear “la mujer 10” pero codificado para adolescentes con el toque John Hughes. Culto absoluto para fans del cine basura que la Troma nunca se atrevió a hacer.

    5. La novia de Re-animator (1990)

    Stuart Gordon vuelve al Frankenstein del universo Lovecraft, Re-Animator *(1985), con una secuela que va directa al concepto: el doctor West y su colega deciden crear una mujer desde cero, ensamblando partes, pasando del experimento científico a una pesadilla body horror cuando la criatura cobra vida y no es exactamente lo que esperaban.

    La novia de Re-animator comparte el tono sórdido y la decadencia de la carne de Carne para Frankenstein (1973), la joya trash de Paul Morrissey y Andy Warhol que hacía del gore un ballet sucio, pero dobla la apuesta con las creaciones del genio de los efectos especiales prácticos Screaming Mad George, una delicia grotesca de partes que se mueven solas y cuerpos a medio montar. En cierta forma una hermana espiritual de Frankenputa, si ese año coincidió algún programa doble en el cine, salir de él te dejaba la cabeza tururú.

    4. Frankenstein de Mary Shelley (1994)

    Al contrario de la fantasía creada sobre un folio en blanco de Frankenstein creó a la mujer, Kenneth Branagh dirigió y protagonizó la adaptación más fiel al texto original de Shelley, donde finalmente vemos la creación de la novia—más o menos—como la novelista la escribió. Robert De Niro hace del monstruo un ser trágico lejos de Karloff, pero es Helena Bonham Carter la estrella.

    Aquí hace de una fusión de la novia y Elizabeth, asesinada y resucitada para luego morir en una secuencia en llamas que parece imposible de haberse rodado físicamente. El laboratorio de Branagh es una orgía de cables, fluidos y electricidad que convierte en ópera gótica maximalista. Frankenstein de Mary Shelley compite directamente con el Frankenstein (1993) televisivo de David Wickes con Randy Quaid, otra versión de los noventa que nadie recuerda pero que también intentaba ser fiel al libro, aunque sin novia.

    3. La novia de Chucky (1998)

    Tras tres secuelas de su saga predilecta, Don Mancini decidió que Chucky necesitaba pareja y creó a Tiffany, la muñeca asesina punk con cicatrices y actitud. Jennifer Tilly le pone voz y presencia en flashbacks humanos antes de ser transferida al cuerpo de muñeca convirtiéndose en La novia de Chucky (1998), el momento en el que la franquicia abrazó completamente lo camp y el humor negro, convirtiéndose en comedia de terror autoconsciente.

    Un movimiento de transformación de una secuela alejada de Frankenstein similar al de La novia de Re-animator, jugándosela con el protagonismo al nuevo personaje. Pero la química entre los dos muñecos psicópatas funciona mejor de lo que debería en un slasher desatado que lleva la onda Scream (1996) del terror meta tatuada, aunque Mancini entendió muy bien el original de Whale, convirtió a Tiffany en favorita queer instantánea.

    2. Penny Dreadful (2014-2016)

    Una serie coral donde todos los monstruos clásicos—Drácula, Dorian Gray, Hombre Lobo, Frankenstein—conviven en el Londres victoriano. La criatura de Frankenstein es un protagonista recurrente, y en la segunda temporada conoce a Lily, que se convierte en una versión de la novia nada sumisa, sino una vengadora feminista que lidera un ejército de prostitutas contra el patriarcado victoriano ¿será Frankenputa el título más influyente de la lista tras la original?

    Penny Dreadful (2014-2016) reinventa el mito desde la perspectiva de género y clase y, aunque Eva Green como Vanessa Ives es el corazón de la serie, la historia de Lily es la más subversiva. Comparte estructura coral de monstruos con Comando Monster (2024-presente), la serie animada de James Gunn donde también conviven varias criaturas clásicas, y la novia es la protagonista.

    1. Pobres criaturas (2023)

    Yorgos Lanthimos adaptó la novela de Alasdair Gray creando la reinterpretación del mito de Frankenstein más provocadora en mucho tiempo, aunque su desarrollo parta claramente de la introducción del mito de Pigmalión llevado a cabo en La novia. Emma Stone es una mujer suicida resucitada con el cerebro de su bebé nonato por un mad doctor con cara de Willem Dafoe.

    Su despertar sexual y político es una odisea picaresca por la Europa del siglo XIX que funciona como una ácida sátira del patriarcado victoriano. Pobres criaturas es de las pocas aproximaciones al mito que ha ganado Óscars y Globos de Oro y comparte conflicto moral sobre ciencia y sexo con Splice (2007), el thriller de Vincenzo Natali sobre crear vida en laboratorio, aunque aquella pasaba por el body horror más tradicional.

  • ¿Quieres destrozarte el corazón? Aquí 7 películas que, de tan duras, sólo podrás ver una vez en la vida

    ¿Quieres destrozarte el corazón? Aquí 7 películas que, de tan duras, sólo podrás ver una vez en la vida

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    Lo peor que puede pasarte con una película es sentir indiferencia absoluta o, en segundo lugar, entretenerte de una forma tan superficial que no llegues a recordar nunca algo que viste y, en teoría, sentiste. En cambio, hay muchísimas películas que se quedan contigo.

    Suelen ser obras que desafían, apostándolo todo a un número muy concreto y no necesariamente agradable. Por ejemplo, muches de mis colegas me comentan qué tanto les ha removido Si pudiera, te daría una patada (2025), una película obstinada en ponerte los nervios de punta a base de acumular estrés, estrés y más estrés. Esta es una buena película que recomendar, aunque siempre con el asterisco de que si funciona, es porque te destroza anímicamente.

    Por ello, hoy recomiendo siete películas que se la juegan para que las recuerdes, golpéandote duro como un puñetazo… Pero de los que, cuando sanan, te fortalecen. No las he ordenado por “nivel de devastación”, porque eso es relativamente subjetivo, pero sí he procurado dejar para el final las que más sorprenden con su giro dramático. Como la vida misma, vamos.

    La tumba de las luciérnagas (1988)

    No resulta gratuito que hoy sea casi un cliché catalogar La tumba de las luciérnagas (1988) como la película más dura de la historia. Incluso si tienes el corazón impermeabilizado ante los horrores de la guerra, esta crónica sobre la supervivencia de dos niños durante los coletazos finales de la Segunda Guerra Mundial en Japón te lo hará pasar fatal. Mucho peor que, por ejemplo, Cartas desde Iwo Jima (2006).

    Un Ladrón de bicicletas (1948) sin moraleja final y que, de hecho, comienza con la plena certeza de que ninguno de sus dos niños protagonistas sobrevive, tanto el autor del relato original, Akiyuki Nosaka, como el director Isao Takahata, vivieron en sus carnes el paupérrimo día a día del Japón de posguerra. Por ello, llevaron al máximo el dolor (real) sobre las espaldas de esta pareja de hermanos. Duele, y con razón.

    Gritos y susurros (1972)

    En esta obra maestra de letargo extraño, casi erotizado y siempre bajo el implacable tic-tac del reloj por aguja (sin morfina), no hay espacio para las conversaciones que nos ayudan a racionalizar los episodios más duros de nuestra vida. Aquí sólo hay tres hermanas que se reúnen para acompañar a la cuarta, la más joven y dulce, enferma terminal.

    Pero en Gritos y susurros (1972) lo de acompañar no necesariamente resulta en algo positivo. Lo sabréis quienes conozcáis la obra del director de Secretos de un matrimonio (1973) o Saraband (2003), Ingmar Bergman, que no tuvo compasión alguna en retratar cómo las “cinco horas con Mario” de estas tres hermanas chejovianas van más de ellas y de sus neuras que de la pobre chica, acostada y agonizante. Hay poco en la vida tan desgarrador como darte cuenta de que, a veces, la muerte sí es preferible.

    Hilachas (1985)

    Cuenta una historia apócrifa que, después de que Ronald Reagan viera el drama apocalíptico televisivo El día después (1983), quedó tan aterrorizado por su representación de la destrucción nuclear que decidió suavizar su postura frente a la Unión Soviética. Solo cabe preguntarse qué habría pasado si hubiera visto Hilachas (1985), un thriller que aborda el terror de la guerra nuclear con diez veces la brutalidad.

    Primero, porque antes de la tragedia, vemos la cotidianidad obrera en Sheffield, que no interrumpe el progresivo alarmismo de las noticias… Hasta que, una mañana infernal y a mitad del metraje, cae la bomba. Lo que sigue es un viaje desesperanzado y nihilista por el páramo calcinado que queda atrás, uno desgraciadamente parecido al de La tumba de las luciérnagas. Te lo aseguro: esto te recordará que, si llega lo peor, quizá el mejor lugar para estar sea justo en el centro de la explosión.

    Dogville (2003)

    Como Hilachas pero existencial y más nihilista todavía, si Dogville (2003) fuera un documental, seríamos nosotres mismes quienes lanzáramos el petardo. Seguramente hayáis oído de su premisa: la película está rodada casi por completo en un plató vacío, con dibujos de tiza que delimitan un pueblo ficticio de Dogville. Llega una forastera, Nicole Kidman, a quienes el pueblo acepta acoger porque quieren demostrarse que son buenas personas.

    El problema es que no lo son, en absoluto. Lo que pasa a continuación (no) te sorprenderá y sí, va de fatal en peor. Ninguna novedad bajo techo del Lars von Trier de siempre, el mismo que Bailar en la oscuridad (2000). Brillante y horrible a partes iguales.

    Million Dollar Baby (2004)

    El gran truco de Million Dollar Baby (2004) es convencerte en su primera mitad de que estás viendo un drama deportivo bastante convencional, al estilo de Rocky (1976) o Toro salvaje (1980), sobre el ascenso de una luchadora humilde, interpretada magistralmente por Hilary Swank. Seguimos sus inicios prometedores, bajo la tutela del entrenador Frankie Dunn (Clint Eastwood siendo un padrazo más que entrañable).

    Luego, digamos, la vida intercede. Un sólo golpe lo cambia todo y, a partir de ahí, la trama se vuelve simplemente devastadora. Es una película brillante, muy empática, una de las mejores de Eastwood… Pero no conozco a nadie que haya vuelto a verla.

    Manchester frente al mar (2016)

    Por lo menos, Manchester frente al mar (2016) va de cara. Esto es un DRAMA capital, y sólo la interpretación de Casey Affleck podrá retenernos cuando miremos de cara a las razones tras el divorcio entre el personaje de Affleck y el de Michelle Williams. Él regresa al pueblo del que huyó años, para revivir en todo su esplendor una herida que creía cerrada. 

    Aunque lo peor no es el letargo que pesa sobre cada intervención, de forma parecida a la de reyes del Quality Drama como Cadena perpetua (1994). El puñetazo definitivo llega en el flashback que explica qué tan nimio fue el desliz que originó la avalancha. El camino al desenlace es muy árido, si bien por suerte la relación de él con Lucas Hedges tiene algo de redentorio.

    La carretera (2009)

    Al igual que la segunda mitad de Hilachas, esta adaptación de la novela clásica de Cormac McCarthy también se jacta de llevar la miseria al extremo a través de un paisaje posapocalíptico, eso es, un hombre y a su hijo mientras luchan por sobrevivir entre caníbales, en un mundo donde sólo se respira el hollín.

    Ojo, nada que ver con Mad Max: Furia en la carretera (2015). Visualmente, La carretera (2009) es puro blanco y negro, el reino definitivo del horror. A partir de ahí, pueden darte o esperanza o ansiedad, las intentonas de Viggo Mortensen y el jovencísimo Kodi Smit-McPhee en su empeño por resistir. Pero, una vez más, la moraleja es clara: si el mundo quedara reducido a cenizas, lo mejor sería un final rápido. Si te quedas a verlo y a sufrirlo… Te deseo suerte.

  • Las 10 muertes de personajes en series más impactantes de la última década

    Las 10 muertes de personajes en series más impactantes de la última década

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Hay muertes en televisión que se olvidan al día siguiente. Y hay otras que cambian para siempre la forma en que ves una serie, que te hacen replantear qué estabas viendo en realidad y qué pensabas que iba a pasar. 

    Esta guía reúne diez ejemplos de esas últimas: momentos en los que el guión decidió romper el contrato implícito con el espectador y cobrar un precio que nadie esperaba pagar. Aviso de spoilers: si no has visto alguna de las series que aparecen a continuación, esta lista revelará detalles fundamentales de su trama. 

    Glenn Rhee — The Walking Dead 

    Pocas muertes en la historia reciente de la televisión han sido tan premeditadas, tan demoradas y tan ejecutadas de forma brutal como la de Glenn Rhee en el séptimo estreno de temporada de The Walking Dead. 

    El showrunner Scott Gimple llevó al espectador durante meses al borde del precipicio —con el infame cliffhanger del final de la sexta temporada— antes de resolver la incógnita con una secuencia de violencia explícita que hoy sigue siendo difícil de ver. Steven Yeun había construido a Glenn como el corazón moral de un elenco que lo necesitaba de manera desesperada: el hombre que conservaba la humanidad cuando todos los demás la iban perdiendo por capas. 

    Matarlo con un bate de béisbol envuelto en alambre de espino, ante su mujer embarazada, no fue solo un shock narrativo; fue una declaración de intenciones sobre el tipo de mundo que The Walking Dead quería habitar. 

    En comparación con la muerte de Herschel en la cuarta temporada, que también fue brutal pero llegó rodeada de dignidad y despedida, la de Glenn tiene algo más sucio, más desesperado, más diseñado para hacer daño. The Boys ha intentado superarla en términos de impacto visceral, pero la de Glenn sigue siendo el estándar del sacrificio sin redención inmediata en el drama de género americano.

    Derek Shepherd — Anatomía de Grey 

    La muerte de Derek Shepherd en la undécima temporada de Anatomía de Grey fue, ante todo, un accidente de guión que se convirtió en terremoto cultural. Patrick Dempsey salió de la serie en circunstancias que en aquel momento generaron especulaciones interminables, y Shonda Rhimes respondió escribiendo una salida que no concedía al personaje ni el tiempo ni la dignidad que una década de protagonismo parecía merecer. 

    Derek muere en un hospital de segunda, víctima de una atención médica negligente, solo, lejos de Meredith, después de que un accidente de tráfico que habría podido sobrevivir lo dejara en manos de un equipo incapaz de leer bien un TAC. La crueldad de la muerte no está en la violencia sino en la banalidad: el hombre más brillante de su generación médica muere por un error procedimental estúpido. 

    Rhimes construyó la despedida con una voz en off de Meredith que intenta convertir la tragedia en algo poético, pero la sensación de chapuza narrativa persiste. 

    Comparada con la muerte de Mark Sloan dos temporadas antes, que fue también devastadora pero tenía la coherencia emocional que la de Derek no alcanzó, la salida de Shepherd sigue siendo un ejemplo de cómo una producción puede maltratar a su personaje central cuando las circunstancias creativas se complican. 

    Joel Miller — The Last of Us 

    La muerte de Joel Miller al inicio de la segunda temporada de The Last of Us es el ejemplo más reciente y más polémico de esta lista, y probablemente el que ha generado más conversación sobre los límites del respeto al espectador en la era del streaming. 

    Pedro Pascal había construido en la primera temporada una de las actuaciones más completas y devastadoras a nivel emocional de la televisión reciente: Joel no era un héroe sino un hombre roto al que el apocalipsis había despojado de todo lo que le importaba, y cuyo vínculo con Ellie era a la vez su salvación y su condena. 

    Matarlo en el segundo episodio de la segunda temporada —a manos de Abby, ante Ellie, en una escena de violencia explícita que el showrunner Craig Mazin y Neil Druckmann tomaron directamente del videojuego— fue una apuesta narrativa que divide aguas. 

    Quienes conocían el videojuego The Last of Us Part II sabían que era inevitable; quienes llegaban sin ese contexto lo vivieron como una traición. 

    Si la comparamos con la muerte de Eddard Stark en Juego de Tronos, que también rompió la promesa implícita de que el protagonista no podía morir, la de Joel tiene más peso emocional acumulado porque la relación con Ellie ha tenido más espacio para desarrollarse. Que funcione como catalizador narrativo o como error de cálculo depende de lo que la serie haga con lo que sigue.

    Howard Hamlin — Better Call Saul 

    La muerte de Howard Hamlin en el penúltimo episodio de la sexta temporada de Better Call Saul es probablemente la más perturbadora de esta lista, no por su espectacularidad sino por su arbitrariedad absoluta. 

    Patrick Fabian había construido a Howard como uno de los personajes más matizados de la serie: un hombre que empezaba como obstáculo cómodo y terminaba siendo una víctima de una sofisticación moral que resulta insoportable. Lalo Salamanca lo mata de un disparo en la cabeza, sin previo aviso, en medio de una escena que hasta ese momento podría haber pertenecido a cualquier drama de bufete. 

    Howard no muere porque haya hecho algo malo. Muere porque estaba en el lugar equivocado, porque Jimmy y Kim lo habían humillado públicamente por sus propios intereses, y porque el mundo de Better Call Saul no distingue entre culpables e inocentes cuando el caos necesita una víctima. 

    Vince Gilligan y Peter Gould construyeron con esa muerte una de las reflexiones más incómodas sobre la responsabilidad moral en la televisión reciente. Comparada con la muerte de Mike Ehrmantraut en Breaking Bad, que tenía una inevitabilidad casi griega, la de Howard tiene algo peor: la gratuidad de lo que no merecías. 

    John Shelby — Peaky Blinders 

    La muerte de John Shelby al inicio de la quinta temporada de Peaky Blinders cerró una de las presencias más carismáticas del drama criminal británico de la última década. Joe Cole había construido a John como el hermano más impulsivo y menos calculador de los Shelby: el que actuaba antes de pensar, el que ponía el cuerpo donde los demás ponían la estrategia. 

    Su muerte a manos de los italianos —rápida, sin heroísmo, casi sorpresiva— fue la confirmación de que Peaky Blinders nunca había prometido que sus personajes fueran invulnerables, por mucho que la mitología familiar quisiera sugerirlo. 

    El impacto de la escena viene precisamente de su falta de grandilocuencia: John no muere en un duelo ni en una trampa elaborada, sino en el cruce de una venganza que no había podido anticipar. 

    En comparación con la muerte de Alfie Solomons —que tenía la dimensión casi teatral de una despedida entre iguales— la de John es más honesta sobre lo que significa estar en el lado equivocado de una guerra de familias. Lo que la serie hizo peor, en todo caso, fue no dedicarle el duelo que el personaje merecía: la quinta temporada avanzó con una prisa que no honró del todo el peso de la pérdida.

    Oberyn Martell — Juego de Tronos 

    Pocas muertes en la historia de la televisión han sido tan insoportables de ver en cuanto a lo físico como la de Oberyn Martell en el cuarto episodio de la cuarta temporada de Juego de Tronos. 

    Pedro Pascal —sí, de nuevo Pascal, con una capacidad para hacerse querer en pantalla antes de que te lo quiten que ya empieza a ser una constante de su carrera— construyó a Oberyn en apenas media temporada como uno de los personajes más magnéticos que la serie había producido: un guerrero elegante, bisexual, vengativo y brillante que llegaba a Desembarco del Rey para cobrar una deuda de sangre de veinte años. Y lo hizo. Y luego la Montaña le aplastó la cabeza con las manos. 

    La muerte de Oberyn es el summum de lo que Juego de Tronos supo hacer en sus mejores años: crear el personaje perfecto, darte el tiempo justo para enamorarte de él, y luego demostrarte que el mundo que la serie construye no tiene piedad con los que merecen sobrevivir. 

    En comparación con la Boda Roja, que era un genocidio narrativo en toda regla, la muerte de Oberyn tiene algo más quirúrgico: el dolor concentrado en un solo hombre, en un solo momento, en una sola imagen que no puedes borrar de la memoria.

    Tom Yates — House of Cards

    La muerte de Tom Yates en la quinta temporada de House of Cards es un caso peculiar en esta lista: un personaje que en ningún momento fue protagonista pero cuya desaparición define con precisión el estado moral de Claire Underwood en el tramo final de la serie.

    Paul Sparks construyó a Tom como el único hombre en el entorno de los Underwood que parecía existir al margen de la transacción política: escritor, amante de Claire, observador privilegiado de un poder que nunca lo tentó lo suficiente como para corromperse del todo. 

    Claire lo envenena durante el sexo, en una escena de frialdad calculada que es quizás el momento más perturbador de las últimas temporadas de la serie. Lo que hace inquietante la muerte de Tom no es la brutalidad —House of Cards había producido escenas más violentas— sino la normalidad con que Claire la comete y con que la serie la presenta. 

    Si la comparamos con la muerte de Peter Russo en la primera temporada, que también fue un asesinato cometido por Frank con una frialdad similar, la de Tom tiene más resonancia emocional porque el vínculo era más genuino. En un drama político que a menudo prefería el cinismo a la complejidad, Tom Yates fue durante tres temporadas el único personaje que recordaba que había algo más allá del poder. Claire lo mató exactamente por eso.

    Logan Roy — Succession (2023)

    La muerte de Logan Roy en el tercer episodio de la cuarta y última temporada de Succession es, sin ninguna duda, el acontecimiento televisivo más comentado de 2023 y uno de los más impactantes de la década. 

    Brian Cox había construido a Logan durante cuatro temporadas como una fuerza de la naturaleza: un patriarca tiránico, brillante y herido que usaba el miedo como moneda de intercambio emocional con todos los que lo rodeaban, incluidos sus propios hijos. 

    La decisión de Jesse Armstrong de matarlo fuera de cámara, en un avión, mientras sus tres hijos lo escuchan morir por teléfono en el otro extremo del mundo, es uno de los gestos narrativos más audaces de la televisión reciente. Logan no tiene una última gran escena. No hay despedida. No hay redención de última hora. Solo la voz de su asistente diciéndole a Kendall que su padre ha muerto, y el silencio de tres personas que no saben si lo que sienten es dolor o alivio. 

    Comparada con la muerte de Tony Soprano —que también subvirtió las expectativas de una escena final con un corte abrupto a negro—, la de Logan tiene más crueldad porque los personajes que se quedan tienen que seguir existiendo sin él. Succession construyó una de las reflexiones más lúcidas sobre el poder, el dinero y el afecto que ha dado la televisión en años. La muerte de Logan es su argumento definitivo.

    Lawrence Kutner — House

    La muerte de Lawrence Kutner en la quinta temporada de House merece estar en esta lista no tanto por su impacto emocional inmediato —que lo tuvo— sino por lo que significó narrativa y estructuralmente para una serie que llevaba años explorando los límites de la razón médica. 

    Kal Penn dejó la serie para incorporarse a la administración Obama, y los guionistas decidieron no escribir una salida heroica ni dramática: Kutner se suicida sin aviso, sin señales previas, sin una explicación que la serie se molesta en ofrecer. En una serie construida sobre la idea de que todo problema tiene una solución si aplicas suficiente inteligencia, la muerte de Kutner fue la demostración de que hay cosas que el pensamiento diagnóstico no puede anticipar ni reparar. 

    Hugh Laurie construyó la reacción de House con una perturbación que era distinta a su habitual cinismo: no era dolor en el sentido convencional, sino la incomprensión radical de alguien que no entiende un problema que no puede resolver. 

    Comparada con la muerte de Henry Blake en MASH, otro final brusco e inesperado de un personaje querido, la de Kutner tiene una carga psicológica más pesada porque ocurre en una serie que siempre prometió que la razón era suficiente. La quinta temporada de House nunca se recuperó del todo del agujero que dejó.

    Victoria Neuman — The Boys 

    La muerte de Victoria Neuman al final de la cuarta temporada de The Boys cierra uno de los arcos de personaje más satisfactorios y mejor ejecutados de la serie: el de una política corrupta y con poderes sobrenaturales que había pasado temporadas enteras como uno de los enigmas más fascinantes del drama de superhéroes contemporáneo. 

    Claudia Doumit construyó a Neuman como un personaje que nunca terminaba de revelarse por completo: ¿villana que finge ser aliada, o aliada que no puede evitar ser villana? La respuesta llegó demasiado tarde para Hughie, y la muerte de Victoria —ejecutada por Homelander con la eficiencia clínica que lo caracteriza— fue a la vez la resolución de una ambigüedad y la apertura de un vacío de poder que la serie aprovechó para su recta final. 

    Lo que distingue la muerte de Neuman de otros finales de arco en The Boys es la acumulación: la serie había invertido cuatro temporadas en hacernos dudar de ella, y esa inversión paga con una escena que funciona como traición y como lógica inevitable al mismo tiempo. 

    Comparada con la muerte de Madeline Stillwell al final de la primera temporada, que también fue una ejecución de Homelander con una frialdad similar, la de Neuman tiene más peso porque el vínculo con el espectador era más complejo. The Boys ha convertido la muerte de sus personajes en un arte menor que pocas series de superhéroes se han molestado en practicar con tanta honestidad.

  • La película placer culpable de Gore Verbinski tiene todo el sentido, aunque no la adivinarías nunca

    La película placer culpable de Gore Verbinski tiene todo el sentido, aunque no la adivinarías nunca

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    La última película de Gore Verbinski, el satírico apocalipsis por la IA de Buena suerte, Diviértete, No mueras (2026), arranca con un tipo harapiento, harapiento, armado con un impermeable pobremente cableado, entra a un diner cualquiera y dice que viene del futuro… Y, a pesar de las pintas, el eternauta al que interpreta Sam Rockwell consigue convencer a un grupo de personas, entre las que se cuentan Haley Lu Richardson y Michael Peña, para que lo acompañen a salvar al mundo.

    Con la misma energía y capacidad de convencimiento, en la pasada edición del Festival de Berlín nos confesaba Gore Verbinski su mayor placer culpable, aquella película que tiene en la mesita de dormir y a la que no deja de volver, una y otra vez.

    Para empezar, si no eres un cinéfilo rematado, te estarás preguntando quién es Gore Verbinski. Es natural: al contrario que Óliver Laxe, aunque tenga unos resultados mucho más brillantes en taquilla, el cineasta no se ha labrado una presencia pública lo bastante pop para que te suene. Sí conoces, de sobras, sus películas.

    No adivinarías nunca la película de referencia de Gore Verbinski, y no pasa nada

    Gore Verbinski es un cineasta de intereses amplísimos y, por ello, es aún más arduo localizar cuáles son sus películas favoritas. Dirigió Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003) el arranque de la franquicia descomunal con Johnny Depp, y sus dos siguientes entregas (es decir, hasta que la saga empezó a tener una calidad dudosa). También se encuentra detrás del remake revienta-taquillas sobre el fenómeno del J-Horror de The Ring (La señal) (2002), mucho más conocida en España que la original de Hideo Nakata y sorprendentemente igual de buena.

    Oh, también ganó un Oscar a Mejor Película de Animación con Rango (2011), sí, el wéstern con un camaleón de protagonista. Si la viste en su momento, comprobarás que no ha envejecido ni un día; es gustosísima. De hecho, el regreso de Verbinski al cine iba a ser animado, con el musical satírico Cattywumpus, sobre un gato viajero espacial… Pero Netflix canceló el proyecto.

    En fin, el estadounidense tiene en su filmografía películas con Brad Pitt y Julia Roberts (The Mexican de 2001), y con Nicolas Cage y Michael Caine (El hombre del tiempo, de 2005). Estas dos películas a solas son motivo suficiente para echarlo en falta…

    Por qué tiene todo el sentido que este sea el placer culpable de Gore Verbinski

    “Es una película independiente un poco rudimentaria”, se excusa conmigo antes del bombazo, “pero el espíritu…”. Habla de Repo Man (El recuperador) (1984), una película de Alex Cox protagonizada por Emilio Estévez y Harry Dean Stanton que, o no conozcas, o no habrás podido ver, aunque la tienes disponible en Prime Video y Apple TV+.

    Para Verbinski, Repo Man ha servido de faro espiritual, como una biblia en tiempos oscuros. Porque el cineasta llevaba una década (que se dice pronto) sin estrenar nada. Y no por haberse tomado un tiempo sabático. Los estudios empezaron a desconfiar de él, desde el doble fracaso de El llanero solitario (2011) y de La cura siniestra (2016), que patinaron en taquilla de lo más lindo aunque sentaban las bases del cine que luego sí se comería el pastel.

    Estos años, sus ideas han sido muy originales (¿hola, Cattywumpus?) o se han acabado transformando y pasando de manos a otros formatos y realizadores: por ejemplo, un spin-off de los X-Men y otro de George R.R. Martin. “Hoy en día es jodido sacar adelante material original”, nos explicaba, “los estudios quieren secuelas y las plataformas están esclavizadas por sus algoritmos”.

    De hecho, Buena suerte, Diviértete, No mueras llevaba nueve años en el cajón de los guiones sin desarrollar, y sólo pudo estrenarse porque Sam Rockwell (amigo cercano del director) se sumó al proyecto. Sin él, Gore Verbinski seguiría tan perdido en el vacío como su gato cósmico. “Esta película se canceló varias veces”, reconoce, amargo.

    Finalmente, venderían la idea a Briarcliff, empresa conocida por comprar películas problemáticas, como la boicoteada The Apprentice (La historia de Trump) (2024) a Magazine Dreams (2025), con Jonathan Majors. “Yo sé que tienen recursos limitados, pero ya me parece bien”, explica. Su referente menos conocido también se construyó con el bolsillo apretado y a base de “noes”.

    Por qué Gore Verbinski tiene a ‘Repo Man’ como su película más querida

    “Cuando la veas, estarás de acuerdo conmigo y pensarás: ‘Sí, parece que nadie pidió permiso para hacerla’”, bromea. “Además, tampoco parece que supieran cómo hacerla, pero la rodaron de todas formas, lo cual me parece una fantástica manera de actuar”.

    Este es el tipo de película que desconcierta a Hollywood, porque pasa de toda fórmula y regla. Cox tuvo un temprano éxito con Repo Man, a base de épica del desvarío, y con Sid y Nancy (1986), que es puro punk.

    Sin embargo, estos últimos treinta años, se ha convertido de un niño prodigio financiado por estudios a un director indie, y finalmente a un cineasta que trabaja en lo que él llama “microcine”: películas realizadas con muy poco dinero, rodadas digitalmente y distribuidas por pequeñas compañías aventureras. Sólo queda decir que sus cineastas de referencia fueron Samuel Fuller y Monte Hellman, grandísimos inconformistas. ¿Puede pasar algo parecido con el talento tras Piratas del Caribe?

    Para Verbinski, la película tiene menos que ver con los paralelismos entre sus dos carreras y más con una actitud que le gusta abanderar: “Repo Man no es una película tan importante... Y definitivamente, no la estudiaría por los efectos visuales ni por los personajes”, se ríe. Justo eso es un placer culpable, querido.

    No obstante, ojo a lo que Robert Ebers publicó sobre el film en su momento: “Durante tres días vi más películas implacablemente malas que en cualquier otro período comparable que recuerde. La mayoría de esas malas películas estaban construidas de forma tan cínica a partir de ideas prefabricadas y “ingredientes” comerciales que verlas resultaba una tortura”. En cambio, “Repo Man aparece desde la nada, no tiene grandes estrellas, no costó mucho dinero, y se arriesga, se atreve a ser poco convencional, divierte y funciona. Aquí hay una lección”.

    Verbinski, además, cree que es hilarante. “Bueno, hay una gran escena con un plato de camarones, ya lo verás. Es una de mis favoritas en toda la historia del cine”. Pero concluye: “Para mí, es el espíritu de esa película el que trato de evocar [con mi trabajo], la sensación de que nadie te tiene que dar permiso para hacer algo en lo que crees”.

  • Lo mejor de Ricky Gervais: por dónde empezar (y qué no perderse)

    Lo mejor de Ricky Gervais: por dónde empezar (y qué no perderse)

    Alejandra Bekerman

    Alejandra Bekerman

    Editor de JustWatch

    El estreno reciente de Mortality, premiado además con el Globo de Oro, volvió a poner a Ricky Gervais en circulación, como suele pasar: entre aplausos, fastidio y discusiones eternas en redes. Porque si algo define su carrera es eso, la capacidad de dividir opiniones sin pedir disculpas. 

    A mí siempre me interesó mirarlo con un poco más de distancia y, sobre todo, con más matices. Separar al provocador del escenario del narrador que construye ficciones incómodas, tristes y sorprendentemente humanas. Esta guía nace de mis ganas de ordenar, con cariño crítico, lo que considero lo mejor de su filmografía y de proponer un recorrido pensado para quien no sabe nada de él o solo conoce sus especiales de Stand Up.  

    Aquí vamos entonces con una entrada gradual a su humor, su sensibilidad y sus obsesiones, que va de la comedia más accesible a la incomodidad emocional y termina, como corresponde, con risas.

    Extras (2005)

    Aunque, cronológicamente hablando, The Office es anterior y más influyente, siempre me pareció que Extras funciona mejor como primer acercamiento al estilo de Ricky Gervais. Es una entrada más gradual al “cringe” que atraviesa toda su obra, a esos personajes que no saben leer la sala y siguen hablando cuando ya deberían haberse callado. Acá, al igual que en gran parte de su carrera, crea de la mano de Stephen Merchant, su socio creativo. 

    La historia sigue a Andy Millman, un actor eternamente relegado a papeles secundarios, rodeado de cameos brillantes (desde Kate Winslet y Patrick Stewart hasta Daniel Radcliffe) todos desde una posición que apunta a ridiculizar su propio estatus. Si tuviese que resumir Extras en pocas palabras es una gran comedia sobre querer ser visto y no lograrlo nunca del todo.

    The office (2001)

    Confieso que tuve mi época obsesiva en la que cualquier conversación arrancaba con un “¿ya viste The Office?”. Con el tiempo entendí algo: no todo el mundo sabe, o quiere, navegar las aguas de la incomodidad que propone esta serie. Y está bien. The Office es una de esas ficciones que piden un pequeño acto de paciencia. 

    Aunque la primera temporada puede sentirse cuesta arriba, sobre todo si uno no está acostumbrado a este tipo de humor, hay oro del otro lado. Entre torpezas, silencios incómodos y miradas cómplices, aparece la diversión y la risa contagiosa. David Brent (interpretado por Gervais), es ese jefe que cree ser carismático, gracioso y querido, cuando en realidad incomoda a todo el mundo, incluido el espectador. Si has visto solo la versión The Office con Steve Carrell, no puedes perderte su versión original. 

    Life's too short (2011)

    Esta es una de esas series de Gervais que pasaron un poco por debajo del radar, y tal vez por eso se disfrutan más. No tuvo la llegada masiva de The Office ni el boca en boca de Extras, pero en mi opinión es de las cosas más divertidas que hizo. Life’s too short fue creada junto a Stephen Merchant, volviendo a ese tipo de humor basado en personajes que no terminan de entender su lugar en el mundo, aunque aquí lo hace desde un tono más liviano y claramente autoconsciente. 

    Aquí Gervais es solo un personaje secundario, el protagonista es Warwick Davis quien se interpreta a sí mismo (con una inesperada pero admirable capacidad para la comedia), rodeado de cameos populares y situaciones cada vez más absurdas. Hay incomodidad, claro, pero también mucho juego, ritmo y chistes constantes. Una serie que recomiendo ver al menos una vez.

    The invention of lying (2009)

    Después de tantas series llegamos a The Invention of Lying. Este es el momento en el que Gervais da el salto definitivo al cine y lo hace con una premisa que, al menos para mí, sigue siendo una de las más originales de su carrera. La película imagina un mundo donde nadie puede mentir y sigue a un hombre común que, casi sin querer, descubre que puede hacerlo. Desde ahí, todo cae bajo los efectos de la mentira como experimento: el trabajo, el amor, la religión, las normas sociales. Cada escena parece pensada para exprimir esa idea hasta las últimas consecuencias. 

    Gervais actúa junto a Jennifer Garner, una dupla bastante inesperada pero la combinación da buenos resultados, con un tono que se acerca más a una comedia romántica extraña que a sus series. Tiene algo del humor conceptual de Groundhog Day o Eternal Sunshine, pero pasado por su mirada irónica. Ideal para quienes disfrutan las comedias de ideas claras y chistes que nacen de una sola gran pregunta.

    Life on the road (2016)

    Life on the Road es bastante particular, incluso una rareza dentro de la filmografía de Gervais, porque aunque funciona como continuación de The Office no hace falta haber visto la serie para disfrutarla como pieza independiente. 

    Aquí seguimos a David Brent varios años después del final de la serie, convencido de que todavía puede cumplir su sueño de ser una estrella de rock. Todo suena a mala idea, y lo es, pero la película se apoya más en la ilusión que en la crueldad. Eso es lo que más me gusta: sí, hay vergüenza ajena, porque sin eso no sería Gervais, pero también hay algo genuinamente esperanzador. 

    La considero perfecta para levantar el ánimo, reírse de alguien que insiste aunque nadie se lo pida y como recordatorio de que nunca es tarde para intentar hacer un sueño realidad, incluso cuando el mundo ya pasó de largo. La banda sonora merece un párrafo aparte, de esas que dan ganas de seguir escuchando cuando ya aparecieron los créditos.

    Afterlife (2019)

    After Life es el momento en el que Gervais se anima a ir más lejos emocionalmente. Acá el humor sigue presente, pero lo hace con sutileza. La serie se mete de lleno en el duelo, la pérdida y esa sensación de vacío que aparece cuando alguien se queda sin su persona. Puede sentirse como un golpe sin anestesia, pero también es profundamente humana. 

    Si estás buscando algo para soltar unas lágrimas, esta es una muy buena opción, aunque por suerte no se queda solo en el trago amargo. Entre tanto dolor, aparecen pequeños gestos de cariño, vínculos inesperados y una idea sencilla pero poderosa: seguir viviendo, aunque no sepas muy bien para qué. Si te gustan las series como Six Feet Under, donde el dolor convive con pequeños gestos cotidianos, After Life te encantará. 

    Derek (2013)

    Derek es, probablemente, mi serie favorita de toda su filmografía. Y no porque sea la más graciosa, sino porque es la que más se anima a mostrarse vulnerable. Es una serie durísima por momentos, pero también profundamente tierna y bella. Gervais interpreta a Derek, un hombre con dificultades cognitivas que trabaja en un geriátrico, rodeado de personajes igual de adorables. 

    Acá demuestra algo que a veces se le discute injustamente: que no solo es un gran escritor, sino también un actor capaz de una sensibilidad enorme. Su actuación es ingenua, sincera, tierna y muy lejos del cinismo habitual. Derek habla del abandono, de la vejez, de la dignidad y del cuidado del otro, sin ironía ni escudos. No es una serie fácil, pero sí una que deja huella y que confirma que, cuando quiere, Gervais puede ser devastadoramente humano.

    Supernature (2022)

    Creo que SuperNature es una buena manera de cerrar este recorrido. Podría haber elegido otro título, pero me parece imposible entender del todo a Ricky Gervais sin pasar por sus stand-ups. Hay chistes que funcionan mejor que otros, pero te guste o no, este costado es parte central de su estilo y de su identidad como autor. 

    SuperNature es un especial de comedia que habla sin rodeos sobre religión, muerte, corrección política, activismo y ese límite siempre incómodo entre lo que se puede decir y lo que no. Funciona bien como cierre de este maratón porque, después de haber atravesado sus ficciones más incómodas y emocionales, volver a la risa directa nos trae algo de alivio. 

    Si te quedas con ganas de más Ricky Gervais,  siempre puedes ver sus otros especiales Armageddon o Humanity.

  • 7 futuras películas de ciencia ficción que podrían marcar la próxima década

    7 futuras películas de ciencia ficción que podrían marcar la próxima década

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    La ciencia ficción vuelve a ser uno de los grandes laboratorios del cine. En los próximos años llegarán a las salas proyectos que no solo aspiran a expandir universos ya conocidos, sino también a redefinir qué tipo de espectáculo, reflexión y ambición puede ofrecer el género en la gran pantalla. 

    Para no perder el rastro de los grandes títulos que vienen, en esta guía repasamos 7 próximas películas de ciencia ficción, ordenadas por su fecha de estreno estimada, analizando qué se sabe hasta ahora, por qué generan expectativas reales y cómo se relacionan con otras obras del género fuera de esta lista.

    Armor Wars (2027)

    Armor Wars representa un punto de inflexión dentro del Universo Cinematográfico de Marvel. Concebida de manera inicial como serie para luego ser convertida en largometraje, la película se centra en el legado tecnológico de Tony Stark y las consecuencias de que su armamento caiga en manos equivocadas. Sin Iron Man, pero con su sombra omnipresente, el proyecto apunta a una obra de ciencia ficción más política y militar.

    Comparada con otras entregas recientes como Ant-Man y la Avispa: Quantumanía, Armor Wars parece menos interesada en el multiverso y más en los dilemas éticos del poder tecnológico, acercándose por momentos al tono de Capitán América: El soldado de invierno. 

    Si Marvel quiere recuperar parte de su credibilidad perdida, esta película tiene la oportunidad de ofrecer una ciencia ficción más sobria y adulta dentro de su maquinaria industrial.

    The Legend of Zelda (2027)

    La adaptación cinematográfica de The Legend of Zelda supone uno de los mayores desafíos recientes del cine basado en videojuegos. A diferencia de propuestas autoconscientes como Super Mario Bros. La película, este proyecto apunta a un tono más épico y serio, cercano a la fantasía y la ciencia ficción clásica.

    El riesgo está en evitar comparaciones inevitables con El Señor de los Anillos o incluso con Dune. Si encuentra su propio lenguaje visual y narrativo, The Legend of Zelda podría abrir una nueva vía para adaptaciones de videojuegos que no dependan solo de la nostalgia, sino de una construcción de mundo sólida y cinematográfica.

    Star Wars: Starfighter (2027)

    Con Star Wars: Starfighter, la saga galáctica busca explorar un terreno menos transitado dentro de su propio universo: el combate aéreo como eje narrativo. Aunque los detalles argumentales son escasos, el proyecto se presenta como una película independiente, desligada de la saga Skywalker, lo que supone una oportunidad creativa real.

    Frente a la nostalgia constante de títulos como El despertar de la Fuerza, esta propuesta podría conectar más con el espíritu de películas bélicas como Dunkerque, trasladado al espacio. Si se atreve a apostar por una narrativa más física y menos mitológica, Star Wars: Starfighter podría renovar el interés por la franquicia desde la acción pura, algo que el cine de ciencia ficción contemporáneo ha explorado poco en grandes sagas.

    Avatar 4 (2029)

    Aunque Avatar 4 aún queda lejos, su mera existencia confirma la ambición desmedida de James Cameron por construir una de las sagas más extensas y coherentes del cine moderno. Tras El sentido del agua, la franquicia dejó claro que su futuro pasa por expandir Pandora no solo en términos visuales, sino también temáticos.

    Comparada con la ciencia ficción más introspectiva de La llegada, la saga Avatar juega en otra liga: la del espectáculo sensorial absoluto. Sin embargo, Cameron ha demostrado que bajo esa superficie hay un discurso constante sobre colonialismo, ecología y tecnología. Avatar 4 tendrá el reto de no repetirse y de justificar su escala narrativa frente a un público cada vez más exigente con las grandes franquicias.

    Cita con Rama (fecha de estreno por confirmar)

    La adaptación de la novela Cita con Rama es uno de los sueños acariciados durante mucho tiempo por la ciencia ficción literaria, y el hecho de que Denis Villeneuve esté vinculado al proyecto lo convierte en una de las propuestas más estimulantes de esta lista. Basada en la novela de Arthur C. Clarke, la historia apuesta por una ciencia ficción de exploración pura, sin villanos ni conflictos tradicionales.

    A diferencia de relatos más emocionales como Interstellar, aquí el asombro nace del misterio y de la observación científica. Si Villeneuve mantiene el tono contemplativo de La llegada o Blade Runner 2049, Cita con Rama podría convertirse en un raro ejemplo de ciencia ficción adulta, paciente y muy respetuosa con su material original.

    Matrix 5 (fecha de estreno por confirmar)

    Después de la recepción dividida de Matrix Resurrections, anunciar Matrix 5 implica asumir un riesgo creativo considerable. La saga que definió la ciencia ficción de finales de los 90 se enfrenta ahora al reto de justificar su continuidad en un contexto donde muchas de sus ideas ya han sido asimiladas por la cultura popular.

    Comparada con la radicalidad conceptual de la primera Matrix, cualquier nueva entrega parece condenada a vivir a la sombra de su legado. Sin embargo, si opta por una mirada más crítica y contemporánea sobre la tecnología y la identidad, podría recuperar parte de su relevancia, algo que otras franquicias icónicas, como Terminator, no han conseguido.

    One Second After (fecha de estreno por confirmar)

    Basada en la novela de William R. Forstchen, One Second After se adentra en una ciencia ficción de corte apocalíptico, centrada en las consecuencias de un colapso tecnológico total. Más que efectos espectaculares, la historia pone el foco en la fragilidad de la civilización moderna y en la supervivencia cotidiana.

    En ese sentido, se acerca más a La carretera que a producciones catastrofistas como 2012. Si la adaptación respeta el tono sobrio y devastador del libro, podría convertirse en una de las propuestas más incómodas y realistas del género, recordando que la ciencia ficción no siempre mira al futuro con optimismo, sino también como advertencia.

  • Una teoría sobre ‘Scream 7’ sospecha que este personaje favorito de los fans podría ser el próximo Ghostface

    Una teoría sobre ‘Scream 7’ sospecha que este personaje favorito de los fans podría ser el próximo Ghostface

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Con Scream 7 a punto de llegar a los cines el 27 de febrero, las teorías en foros sobre la identidad de Ghostface han alcanzado niveles de frenesí. Hay bastantes especulaciones de todo tipo, muchas sobre Stu Macher, y hasta cultos asesinos, pero hay una que ha dividido los aficionados por su atrevimiento: ¿podría ser Chad Meeks-Martin, el adorable personaje de Mason Gooding, el próximo asesino enmascarado?

    Una idea que suena bastante descabellada, sí, hasta que empiezas a conectar puntos y entrar en la madriguera de conejo. Igual es más plausible de lo que parece. Repasamos algunas de las evidencias que aportan los estudiosos de la saga y alguna otra teoría mientras comentamos también dónde ver toda la saga de Scream (1996) en streaming.

    Chad Meeks-Martin tiene el historial necesario para convertirse en Ghostface

    Si hay algo que la franquicia Scream nos ha enseñado es que los asesinos nunca surgen de la nada. Siempre hay motivos, traumas, o una conexión personal con Sidney Prescott o con la mitología de Ghostface. Lo que nos lleva a evaluar si Chad cumple todos esos requisitos. A lo largo de Scream (2022) y Scream VI (2023), Chad ha sobrevivido dos oleadas de asesinatos brutales, siendo apuñalado múltiples veces en ambas ocasiones y dado por muerto

    ¿Y si ese nivel de trauma físico y psicológico no desaparece de la noche a la mañana? Chad ha visto morir a amigos, ha sido traicionado por personas en las que confiaba (su compañero de cuarto Ethan resultó ser uno de los asesinos), y ha experimentado dolor extremo por dos veces en apenas dos años. La teoría sugiere que todo ese sufrimiento podría haberle empujado al límite, especialmente considerando que nada de esto le habría pasado si Sidney Prescott nunca hubiera existido. Es una lógica retorcida pero que dentro del universo de Scream no es poco común: culpar a Sidney por ser el catalizador de décadas de asesinatos en serie.

    La ausencia de Tara Carpenter (Jenna Ortega) sugiere que su relación terminó mal añadiendo otro nivel de dolor que podría haberle roto. Si Chad ha llegado a la conclusión de que Sidney es la raíz de todos sus problemas, vengarse de ella podría tener lógica, pero lo que hace esto encajar es que Chad es sobrino de Randy Meeks, el geek cinéfilo asesinado en Scream 2 (1997). Además de añadir otro elemento de venganza familiar, Randy conocía todas las reglas del terror. ¿Qué pasaría si Chad decidiera usar ese conocimiento heredado no para sobrevivir, sino para crear el juego perfecto? Su hermana Mindy ha demostrado tener la misma obsesión por las reglas del género, pero Chad siempre ha sido más atlético, más físico. Perfecto para el trabajo sucio de Ghostface.

    Los fans están preocupados por el destino de Chad

    La comunidad de Scream en redes sociales está dividida entre dos posiibilidades igualmente pesimistas sobre el futuro de Chad. El primero cree que será asesinado, posiblemente junto con su hermana Mindy, para "compensar" la pérdida de Sam y Tara como protagonistas. Chad y Mindy fueron parte del cuadrado original junto con las hermanas Carpenter, así que ahora ya no tienen el “escudo narrativo” que los protegía. En Scream y Scream VI, Chad sobrevivió porque era demasiado importante para Tara, pero ahora que la historia vuelve a centrarse en Sidney, Gale y una nueva generación, ¿qué propósito narrativo tiene?

    El segundo grupo cree en la teoría del asesino. Chad ha perdido demasiado, ha sufrido demasiado, y su personalidad heroica podría ser la fachada perfecta. Nadie sospecharía del chico bueno, y es exactamente el tipo de giro que la franquicia adora, ¿o acaso Scream no nos enseñó que los novios encantadores pueden ser psicópatas? Si Chad es el asesino, probablemente le oculta el secreto a Mindy, la única familia que le queda, sería el giro emocional más brutal de la franquicia, y con Williamson al mando no hay que descartar locura y riesgo.

    Existe una tercera opción menos dramática en la que Chad simplemente sobrevive por tercera vez, lo que le convertiría en el nuevo Dewey Riley, y Chad ya es un superviviente dentro del universo, aunque en Scream 4 (2011) las reglas cambiaron y nadie estaba a salvo y en la quinta acabaron matando a Dewey contra todo pronóstico. El problema es que sobrevivir de nuevo sería el resultado menos interesante para el personaje, que quedaría atrapado en un limbo narrativo, y es por eso que la mayoría de la gente da por hecho que, de una forma u otra, Chad no saldrá bien parado de Scream 7, que al final forma parte de una franquicia slasher que necesita reinventarse constantemente. Sacrificar a Chad (literal o figuradamente) sería la forma perfecta de probar que hay una vuelta las raíces.

    Otras teorías sobre Ghostface que vale la pena considerar

    La teoría de Chad es fascinante, pero está lejos de ser la única en circulación. El regreso de Stu Macher es probablemente la más popular. Matthew Lillard aparece en los pósters y el tráiler muestra la casa de Stu siendo quemada, lo que ha llevado a muchos a creer que Stu no solo sobrevivió aquel televisor en la cabeza en Scream, sino que ahora está furioso porque su casa se convirtió en un Airbnb. La frase "quemarlo todo" que aparece en el marketing encajaría perfectamente con un Stu envejecido y amargado que quiere destruir el legado que creó.

    Sin embargo, Stu como villano principal parece demasiado obvio, por lo que muchos especulan que funcionaría más como consultor, una especie de Hannibal Lecter ayudando a Sidney desde el psiquiátrico Fallbrook que aparece fugazmente en el tráiler.Otra teoría intrigante involucra a la hermana de Stu. Vince Schneider en Scream (2022) reveló que Stu tenía una hermana que nunca habíamos conocido. Los fans especulan que esta hermana, o algún familiar cercano de Stu, podría estar buscando venganza por su muerte o encarcelamiento.

    Es una teoría que encajaría con el ADN de Scream, donde los lazos familiares siempre importan. La "trama del superviviente original" también tiene peso: el tráiler hace referencia a "donde crecimos", sugiriendo que el asesino es alguien del pasado de Sidney en Woodsboro, posiblemente relacionado con Scream. Luego están las teorías más salvajes. Algunos creen que Gale Weathers podría ser una asesina sorpresa, aunque esto parece extremadamente improbable dado el arco de Courteney Cox a lo largo de décadas. Kirby Reed también ha sido señalada como posible villana, pero no tiene sentido tras la anterior película.

    Y como siempre en Scream, existe la posibilidad de múltiples asesinos o incluso una secta de Ghostfaces, especialmente considerando que Scream VI ya jugó con la idea de toda una familia de asesinos. Isabel May, que interpreta a Tatum (la hija de Sidney), ha generado teorías por su nombre, un homenaje a la mejor amiga de Sidney asesinada en Scream (1996), lo que algunos ven como presagio oscuro. Hasta el 27 de febrero, la teoría de Chad como Ghostface seguirá siendo una de las más inquietantes, precisamente porque tiene sentido dentro de la mitología de la franquicia y porque sería el tipo de giro devastador que Scream necesita para demostrar que todavía puede sorprendernos después de casi 30 años.

  • Bryce Dallas Howard: sus mejores películas y series en orden

    Bryce Dallas Howard: sus mejores películas y series en orden

    Alejandra Bekerman

    Alejandra Bekerman

    Editor de JustWatch

    Hablar de Bryce Dallas Howard implica, en algún punto, enfrentarse a la etiqueta de nepo baby. Hija de Ron Howard, su carrera parecía destinada a leerse a través de ese filtro. Sin embargo, con el paso del tiempo, ella ha hecho algo mucho más interesante que esquivar esa conversación: la ha desactivado con buen trabajo. 

    Esto no solo lo ha logrado como actriz, moviéndose entre el blockbuster y el drama con completa naturalidad, sino también siguiendo los pasos de su padre como directora, donde ha encontrado poco a poco una voz propia. Su trabajo detrás de la cámara en The Mandalorian fue clave para cambiar la percepción sobre ella, siendo el ojo detrás algunos de los episodios más celebrados de la serie. 

    Ahora, con su regreso al universo Star Wars dirigiendo dos episodios de la segunda temporada de Ahsoka, se presenta la oportunidad de repasar su filmografía para entender cómo ha construido un camino que ya no depende de su apellido (al menos no del todo). Aquí van ordenadas de peor a mejor las películas y series de Bryce Dallas Howard.

    The Twilight Saga: Eclipse (2010)

    Cuando Bryce se sumó a Eclipse lo hizo en una posición complicada: asumió el papel de Victoria después de que otra actriz ya hubiera dejado huella en el personaje. La película continúa el drama romántico sobrenatural de la saga, con vampiros, hombres lobo y un conflicto transversal que va creciendo película a película. 

    Howard interpreta a la villana principal, una mujer movida por la venganza, pero el guión apenas le da espacio para desarrollarse. Se entiende igual que en su carrera, esta fue una decisión estratégica de visibilidad más que artística.  La recomiendo especialmente a los que ya vieron la primera entrega de Crepúsculo, o si eres fan de la fantasía oscura y no te importa la falta de contexto de su precuela.

    Argylle (2024)

    Elly Conway (la protagonista de esta historia) es la versión más ingenua y verborrágica de Bryce, y tan solo por eso merece un lugar en la lista. Argylle llegó en un momento curioso de su carrera, cuando Howard ya no necesitaba demostrar nada, pero decidió liderar una superproducción arriesgada para Apple TV+. La película sigue a una escritora cuyas novelas de espías empiezan a mezclarse con una conspiración real. 

    Mi primera impresión de Argylle es que buscaba ser la versión moderna de La joya del Nilo, pero entre el tono exagerado, colorido y caótico, la película nunca terminó de encontrar su identidad. De todas formas, la actuación de Bryce siempre es agradable de ver y no deja de ser un film entretenido (sobre todo para los que disfrutan del blockbuster excesivo). 

    Jurassic World (2015)

    Jurassic World de 2015 marcó el ingreso de Bryce a una trilogía que marcó una etapa larga y exigente en su carrera. Ella es Claire Dearing, una ejecutiva del parque temático que acaba enfrentándose al caos de los dinosaurios sueltos (como era de esperarse). Si vemos su arco es un poco extraño, ya que pasa de ejecutiva fría a heroína de acción cambiando bastante según la película. Más allá de las críticas, este fue este papel el que en su carrera, le dio estatus de estrella de franquicia global, y aunque comparada con Jurassic Park, nunca alcanzan la misma magia, ella consigue no desaparecer dentro del ruido. Si quieres ver a Dallas haciendo dupla con Chris Pratt y un montón de dinosaurios CGI, no te la pierdas.

    Pete's Dragon (2016)

    En 2016 Bryce participó en Pete’s Dragon, una remake que cuenta la historia de un niño huérfano y su amistad con un dragón invisible. Ella se sumó para interpretar a Grace Meacham, una guardabosques empática que conecta con el niño desde la cercanía y la escucha. Para cuando hizo esta película, Howard ya alternaba grandes franquicias con proyectos más pequeños. Y aunque no sabemos bien que fue que la motivó a participar en este proyecto, sí demostró algo importante: también funciona muy bien en títulos con un tono más íntimo y familiar. Es una película ideal para quienes buscan cine amable y esperanzador, sin una cuota de cinismo.

    50/50 (2011)

    Esta es una película que pasó un poco debajo del radar, y de hecho creo que pocas personas recuerdan que Howard participó en ella. 50/50 narra cómo un joven afronta un diagnóstico de cáncer mientras su entorno reacciona con algo de torpeza y bastante temor. Ella interpreta a su pareja, un personaje egoísta y contradictorio, esto le permitió demostrar que no teme interpretar personajes incómodos. En mi opinión esta es una historia ideal para quienes disfrutan de comedias dramáticas honestas, estilo Funny People. Comparada con dramas románticos más convencionales como (500) days of summer, 50/50 es más cruda y directa, y su actuación encaja perfectamente en ese tono.

    Rocketman (2019)

    En Rocketman, Howard se sumó a la biopic para interpretar a Sheila Eileen, la madre de Elton John. Desde el comienzo es claro que su personaje frío, distante y profundamente dañino encaja perfectamente en este musical estilizado, excesivo y emocional. Comparada con otros biopics más convencionales, Rocketman se atreve más, y su actuación contribuye a esa incomodidad emocional. Si te ha gustado Bohemian Rhapsody no te la pierdas. Temas que adoramos, una historia emotiva y buenas actuaciones. ¿Qué más se puede pedir?

    Spider-Man 3 (2007): As Gwen Stacy.

    Antes de que los universos compartidos dominaran el cine, Howard participó en Spider-Man 3 como la icónica Gwen Stacy. La película sigue a Peter Parker enfrentándose a varios villanos y a su propio ego. Lo distinto aquí es el registro de una Gwen mucho más reservada, clásica y algo ingenua. Si es verdad que comparada con versiones posteriores del personaje, la suya es menos compleja, pero muy acorde al tono de Sam Raimi. Vista ahora, es una etapa de transición muy clara en su carrera, cuando aún estaba explorando cómo moverse entre cine de autor y grandes estudios, posterior al éxito de The Village. Un film es ideal para fans del cine de superhéroes previo al MCU.

    Black Mirror (2016)

    Desde su estreno en 2016, Black Mirror atrajo a diversos actores con sus historias de ciencia ficción social y sátira contemporánea. Y así llegó Howard, en un momento de redefinición profesional. Ella participa del episodio Nosedive, el cual presenta un mundo donde el valor social se mide con puntuaciones. Ella interpreta a una mujer atrapada en esa obsesión, y su descenso emocional está brillantemente actuado. Comparado con otros episodios de la serie, sigue siendo uno de los más comentados, en gran parte gracias a su actuación. Si quieres ver el potencial de Bryce en su máximo esplendor dramático, no te pierdas este episodio. 

    The Help (2011): As the antagonist Hilly Holbrook.

    Una gran película y un gran papel. En The Help, Howard asumió el rol de antagonista y lo ha dado todo. En esta película que aborda el racismo estructural en el sur de Estados Unidos, ella interpreta a Hilly Holbrook, una mujer cruel. ¿Buscas un drama clásico con personajes fuertes? The Help lo tiene todo, una gran historia, un elenco estelar y una Bryce Dallas Howard dispuesta a demostrar que tiene la capacidad de ser memorable sin ser simpática.  

    Comparada con otras villanas del cine reciente, Hilly resulta mucho más perturbadora precisamente por su soltura y una aparente normalidad más tóxica que el veneno. Siempre me ha parecido una de sus interpretaciones más interesantes, porque no busca agradar a nadie.

    The Village (2004): As Ivy Elizabeth Walker.

    Llegamos a mi favorita de la lista y el que considero es (hasta el momento) su mejor papel. Howard se dio a conocer al gran público con The Village y no es por simple casualidad.  La película de M. Night Shyamalan es una fábula inquietante sobre el miedo y el control, ambientada en una comunidad aislada. Ella interpreta a Ivy, un personaje no vidente tan frágil como valiente (lo que sostiene gran parte de la emoción del relato). 

    Si te agrada el thriller atrapante y el cine de Shyamalan en su mejor etapa, este film es indispensable.  En su carrera, sigue siendo su trabajo más completo como actriz. Comparada con el resto de su filmografía, aquí se ve la base de todo lo que vendría después y de todo el potencial que aún nos queda por descubrir.

  • Dónde ver las películas y series de Power Rangers en orden

    Dónde ver las películas y series de Power Rangers en orden

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    La franquicia de Power Rangers no se reduce solo a una serie infantil de los años 90, sino que es una máquina del tiempo que combina nostalgia, gran dosis de acción, villanos ridículos y tramas llenas de colores y guiños humorísticos. 

    Desde su inicio en el año 1993, la franquicia ha lanzado decenas de series, temporadas y películas. Para hacerte más fácil verlas todas en orden cronológico, en Justwatch hemos creado esta guía para saber cómo ver el universo completo de los Power Rangers. 

    ¿En qué orden debo ver las películas y series de la saga de Power Rangers?

    Antes de profundizar en las 10 producciones más destacadas de toda la franquicia, te detallamos el orden en el que deberías visionarlas si quieres ver la historia de forma cronológica.

    1. Power Rangers Samurai (2011)

    2. Power Rangers Dino Charge (2015) - (Línea temporal alternativa)

    3. Power Rangers Mystic Force (2006)

    4. Power Rangers Ninja Storm (2003)

    5. Power Rangers furia animal (2008)

    6. Power Rangers (1993)

    7. Power Rangers: La película (1995) - (Fuera de la historia principal)

    8. Power Rangers Zeo (1996)

    9. Power Rangers Turbo (1997)

    10. Turbo: A Power Rangers Movie (1997) - (Conecta directamente con la serie Turbo)

    11. Power Rangers in Space (1998)

    12. Power Rangers Lost Galaxy (1999)

    13. Power Rangers Lightspeed Rescue (2000)

    14. Power Rangers Time Force (2001)

    15. Power Rangers Wild Force (2002)

    16. Power Rangers SPD (2005)

    17. Power Rangers operación sobrecarga (2007)

    18. Power Rangers RPM (2009) - (Futuro postapocalíptico alternativo)

    19. Power Rangers Beast Morphers (2019)

    20. Power Rangers: Furia dino (2021)

    21. Power Rangers (2017) - (Universo separado, reboot)

    A continuación te detallamos los títulos más destacados de la saga de Power Rangers

    Power Rangers (1993)

    No podía comenzar la lista con otro título que no fuera Power Rangers, la serie original de la franquicia. 

    Se trata del título que dio origen a toda la saga. Cinco adolescentes con valentía, actitud, trajes de colores y dinosaurios robóticos le hacían frente a enemigos como Rita Repulsa y Lord Zedd. 

    Fue todo un fenómeno global en su época y un icono pop de los años 90. Llegó a lanzar tres temporadas con 156 episodios en total.

    Vista hoy, Power Rangers comparte ADN con otras series juveniles de acción de los 90 como VR Troopers o Masked Rider, aunque ninguna logró el impacto cultural ni la longevidad de los Rangers. 

    A diferencia de Las Tortugas Ninja, que apostaba más por el humor autoconsciente, Power Rangers se tomaba en serio su mitología de forma sorprendente, creando una continuidad que atrapaba a los espectadores capítulo tras capítulo. Su estructura episódica recuerda también a Sailor Moon, en especial en el uso de transformaciones y combates ritualizados, pero con una estética mucho más occidental y televisiva. Es, en definitiva, el molde sobre el que se construirían (para bien y para mal) todas las iteraciones posteriores del género tokusatsu adaptado al público internacional.

    Power Rangers: La película (1995)

    Con Power Rangers: La película, la historia tuvo su primera aparición en la gran pantalla. Visualmente fue más ambiciosa que la serie original, y presentó nuevos trajes y efectos especiales en el desarrollo del film. 

    En la película, los Power Rangers deben viajar lejos del planeta para salvar a Zordon, su líder. Sin embargo, todos pierden sus poderes, por lo que recurrirán a la ayuda de la guerrera Dulcea, quién los inicia en el arte del Ninjetti.

    Este salto al cine puede compararse con lo que ocurrió años después con Mighty Morphin Power Rangers: The Movie frente a producciones como Street Fighter o Mortal Kombat, adaptaciones que también intentaban capitalizar fenómenos juveniles. 

    A diferencia de esas, Power Rangers: La película mantiene un tono más familiar y colorido, sin renunciar a la épica. Su estética exagerada la emparenta con el Flash Gordon de los 80, mientras que su narrativa recuerda al cine de aventuras juveniles tipo The Goonies, aunque con menos ironía. 

    No es una película imprescindible a nivel cinematográfico, pero sí una pieza clave para entender cómo la franquicia empezó a pensar en grande… incluso antes de estar preparada para ello.

    Power Rangers Zeo (1996)

    Llegamos a Power Rangers Zeo, donde se produce la primera transformación real del equipo de superhéroes, en relación a la versión original. 

    Nuevos poderes, nuevos trajes y, cómo no, también un nuevo villano: el imperio Machine. Al contrario que la serie original y la película, en Power Rangers Zeo se ve una historia más coherente. 

    Este título introdujo el elemento de que los Power Rangers pueden evolucionar, lo que aportó un nuevo registro a la saga..

    Zeo funciona como lo que hoy llamaríamos una “temporada puente”, similar a lo que Dragon Ball Z supuso respecto a Dragon Ball. La serie abandona parte del caos inicial para apostar por una progresión más clara, algo que otras producciones juveniles de la época (como X-Men: La serie animada) ya estaban explorando. 

    Frente a entregas posteriores más experimentales, Zeo es continuista, pero sólida. No alcanza la ambición emocional de Power Rangers in Space, ni la ruptura tonal de RPM, pero sienta las bases narrativas que permitirían a la franquicia sobrevivir más allá del simple cambio de trajes.

    Power Rangers in Space (1998)

    Considerada por muchos de los fans como la mejor serie de la franquicia, el desarrollo de  Power Rangers in Space se enfocó en cerrar varias tramas de títulos anteriores y apostó por un enfoque más maduro de la historia. 

    Cuando ves sus 43 episodios, puedes esperar una gran dosis de ciencia ficción real y uno de los finales más impactantes, crudos y épicos de todas las producciones de la saga.

    El tono de In Space recuerda más a series como Babylon 5 o incluso Star Trek: Espacio profundo Nueve que a la televisión infantil convencional. Aquí los conflictos tienen consecuencias y los villanos dejan de ser caricaturas desechables. 

    En comparación con Power Rangers Turbo, esta temporada se siente como un “golpe sobre la mesa” creativo. Es la prueba definitiva de que la franquicia podía crecer con su audiencia, algo que otras sagas juveniles como Digimon Tamers también supieron hacer. Su final sigue siendo uno de los más celebrados de toda la televisión noventera.

    Power Rangers Lost Galaxy (1999)

    La importancia de Power Rangers Lost Galaxy radica en que supone un punto de inflexión en la franquicia: es la primera vez que se presenta a un nuevo equipo y una trama independiente. 

    La serie es una aventura espacial con un tono más serio y con algunos momentos que sorprendieron a toda la comunidad fan (muerte inesperada incluida).

    Si In Space cerraba una era, Lost Galaxy se arriesgó a empezar otra desde cero, algo comparable a lo que Doctor Who ha hecho en varias regeneraciones clave. Frente a temporadas más ligadas a la Tierra, esta apuesta espacial la acerca a Farscape, aunque sin su nivel de complejidad psicológica. 

    Su decisión de introducir eventos irreversibles marcó un precedente dentro de la saga, demostrando que no todo tenía por qué resetearse al final del episodio. Es una de las entregas más valientes, aunque no siempre la más consistente.

    Power Rangers Time Force (2001)

    En Power Rangers Time Force encontramos uno de los arcos narrativos más sólidos de la saga. 

    A lo largo de sus 40 capítulos viajamos al futuro (concretamente al año 3000), donde conocemos a Rangers con dilemas morales más complejos y una historia que combina acción con ciencia ficción bien hilada.

    La trama pondrá a los Rangers detrás del criminal Ransik, quien tras haber sido capturado y enjuiciado, es liberado por su hija.

    Time Force se puede comparar sin complejos con series de viajes temporales como A través del tiempo o incluso Dark (salvando las distancias de tono). Aquí el conflicto no es solo físico, sino ético: justicia, venganza y destino se cruzan de forma constante. 

    Frente a temporadas más simples como Wild Force, esta destaca por su guión y su villano, uno de los mejor escritos de toda la franquicia. Es una temporada ideal para espectadores adultos que buscan algo más que nostalgia.

    Power Rangers RPM (2009)

    Aquí asistimos a un futuro postapocalíptico alternativo, siendo Power Rangers RPM la serie más distinta y adulta de todos los títulos de la franquicia. 

    Una premisa que se combina con mucho humor negro y un desarrollo de personajes más profundo, fuera de lo visto anteriormente en la saga. Es una serie ideal para demostrar que una historia de Power Rangers puede ser mucho más que unos cuantos gritos y explosiones.

    RPM es a Power Rangers lo que Logan fue a X-Men: una reinterpretación oscura y autoconsciente. Su tono recuerda a Mad Max o Terminator Salvation, pero sin perder del todo el ADN de la franquicia. 

    En comparación con temporadas infantiles como Samurai, esta se siente casi revolucionaria. Es, paradójicamente, una de las mejores puertas de entrada para adultos que nunca fueron fans de los Rangers… y una de las más infravaloradas.

    Power Rangers (2017) 

    La última producción que queremos destacar de la saga es el reboot Power Rangers, una versión moderna que buscaba llevar la saga a un público más joven. 

    Esta versión es más oscura y más realista, aunque continúa exhibiendo el mismo espíritu de la serie original. Aunque dividió a los fans (sobre todo a los más nostálgicos), su propuesta fue innovadora y dejó ganas de más. 

    Aunque no está confirmado, es muy posible que se realicen secuelas con este elenco.

    Este reboot sigue la estela de reinterpretaciones como Chronicle o The Amazing Spider-Man, apostando por un enfoque más emocional y menos caricaturesco. A diferencia de Transformers, aquí los personajes importan tanto como la acción. Su principal problema fue intentar condensar demasiada mitología en una sola película, algo que Marvel aprendió a evitar con el tiempo. Aun así, es una de las versiones más interesantes del universo Power Rangers, especialmente para quienes buscan una lectura más madura del material original.

  • 8 películas que ganaron los premios Razzie y que recomendamos en serio

    8 películas que ganaron los premios Razzie y que recomendamos en serio

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Los premios Razzie llevan décadas coronando "lo peor del cine", pero cualquiera que lleve tiempo siguiéndolos sabe que sus listas suelen reflejar más la animadversión mediática del momento que películas estrictamente malas. El tiempo se ha encargado de reivindicar muchos títulos que en su día fueron masacrados y hoy son clásicos de culto: espectáculos grotescos, westerns postapocalípticos o comedias absurdas demasiado adelantadas a su tiempo.

    Con motivo de la próxima ceremonia de los Razzie, rescatamos ocho películas ganadoras de estos anti-Oscar que merecen una segunda oportunidad—o una primera, para quien no las haya visto todavía— y cómo encontrarlas en plataformas de streaming españolas, ordenadas de peor a mejor.

    8. Cats (2019)

    Tom Hooper adaptó el musical de Andrew Lloyd Webber con un CGI que convirtió a Judi Dench, Ian McKellen, Idris Elba y Taylor Swift en híbridos felino-humanos para vivir en tus pesadillas. Un espectáculo horripilante pero adictivo donde ver a Dench abierta de piernas, a Elba semidesnudo, o a McKellen lamiendo leche de un plato mientras hace miau es demasiado bueno para ser verdad.

    A veces da miedo, a veces repugna—ese baile de cucarachas con rostros humanos es puro body horror—pero Cats (2019) funciona como una oda involuntaria al mal gusto que podría haber firmado John Waters. Seguro que le encanta el número del contenedor de basura o el moco de Jennifer Hudson cantando. Grotesca y pegadiza, como Howard... un nuevo héroe (1986), es un despropósito que quieres volver a ver una y otra vez, y en eso consiste el cine, ¿no? Al menos si sabes disfrutar de obras de arte como The Room (2003).

    7. Mensajero del futuro (1997)

    Kevin Costner dirigió, produjo y protagonizó este western postapocalíptico de tres horas donde un vagabundo se convierte accidentalmente en símbolo de esperanza al hacerse pasar por cartero de un gobierno que ya no existe. Maltratada en su momento por su duración y mesianismo, Mensajero del futuro (1997) tiene una dirección sólida y una esencia de postapocalipsis que luego adoptaron series como The Walking Dead (2010-2022).

    Como El gran Halcón (1991), es un caso especial por tener a una gran estrella pegándosela a lo grande, pero lo cierto es que Costner rueda muy bien y la película siempre es entretenida, con batallas a caballo que tienen el mismo espíritu que Waterworld (1995)—su otro fracaso épico reivindicado—aunque aquí cambia el océano por desiertos estadounidenses. Will Patton hace un villano memorable y la fotografía captura esos paisajes desolados con una belleza melancólica de la que no todas las películas de ciencia ficción pueden presumir.

    6. Howard... un nuevo héroe (1986)

    La primera gran película de Marvel en el cine no es la que crees. George Lucas produjo esta rareza sobre un pato antropomórfico de otro planeta que cae en la Tierra y se enamora de Lea Thompson. El tono atolondrado no desentona con Las aventuras de Ford Fairlane (1990) y sus ideas locas—incluyendo momentos sexuales con un pato que escandalizaron en 1986—son impactantes, pero la trama lovecraftiana hay que recuperarla: Jeffrey Jones poseído por una entidad cósmica es inquietante y esos monstruos primigenios finales en stop-motion son una delicia.

    Howard... un nuevo héroe fue dirigida por el matrimonio Willard Huyck y Gloria Katz, responsables de la joya de culto Messiah of Evil (1973), y se nota en el trasfondo de horror cósmico. Tim Robbins, en uno de sus primeros papeles, aporta energía juvenil a una película que tan absurda que se vuelve entrañable y comparte espíritu con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988), aunque es más chunga y menos pulida, pero cada año que pasa se confirma como una de las rarezas ochenteras más difíciles de categorizar.

    5. El gran Halcón (1991)

    En pleno éxito de Bruce Willis como estrella de acción, este coescribió e hizo de un ladrón de arte que canta con Danny Aiello mientras roban, en una comedia absurda incomprendida por su humor surrealista único. Hay escenas que parecen de la factoría Looney Tunes con actores de carne y hueso y la química con Aiello es entrañable. Además Richard E. Grant hace un villano camp que parece sacado de un cómic de los sesenta.

    El gran Halcón quería ser En busca del arca perdida (1981) pero en clave de parodia, y el público no estaba listo. Michael Lehmann la dirige con energía frenética, planos imposibles con grúa y un montaje chalado que recuerda al mejor Sam Raimi. Debería ser película de culto al nivel de Demolition Man (1993)*, otra comedia de acción noventera que, como Showgirls (1995) funciona hoy mejor que en su estreno.

    4. Showgirls (1995)

    Paul Verhoeven provocando como nunca. Joe Eszterhas escribiendo diálogos inolvidables por las razones equivocadas. Elizabeth Berkley dándolo todo en una interpretación que oscila entre lo sensual y lo ridículo. Showgirls es puro cine camp, adorado por la comunidad queer, con proyecciones especiales donde el público grita cada línea de diálogo como si fuera Rocky Horror Picture Show (1975), algo que seguramente pronto le va a ocurrir a Cats.

    La escena de sexo en la piscina con Berkley con un ataque epiléptico, Kyle MacLachlan más perdido que en un bosque de Twin Peaks, y Gina Gershon sirviendo en cada escena… todo es excesivo, vulgar, hipnótico. El documental You Don't Nomi (2019) debería ser visionado obligatorio para entender su encanto y cómo algo tan denostado se ha convertido en fenómeno cultural. Verhoeven siempre ha jugado con el subtexto y el exceso, desde Robocop (1987)* hasta Starship Troopers: las brigadas del espacio (1997), pero aquí fue demasiado lejos incluso para él. Un desastre glorioso que funciona mejor borracho a las tres de la madrugada, como Barbarella (1968) en su día.

    3. Las aventuras de Ford Fairlane (1990)

    Andrew Dice Clay es un detective del rock and roll en Los Ángeles, resolviendo casos entre estrellas de la música mientras suelta un gag idiota tras otro. Renny Harlin la dirigió como si Ace Ventura, un detective diferente (1994) y El detective cantante (1993) tuvieran un hijo ilegítimo en los ochenta tardíos, con Wayne Newton de villano pasadísimo de rosca.En España Las aventuras de Ford Fairlane tiene estatus aún más de culto gracias al doblaje libertino de Pablo Carbonell, que se inventó frases que no estaban en el guion original y las convirtió en leyenda: "Tanto gilipollas y tan pocas balas", "eres un menosmola", "La madre que os parió, hijos de puta", o "Increíbleble" son para ponerse en una camiseta. Además tiene a Ed O'Neill antes de ser Al Bundy. Comparte espíritu gamberro con El gran Halcón pero es todavía más tonta y directa.

    2. Queridísima mamá (1981)

    Uno de los títulos más incomprendidos de todos estos juegos entre la línea del camp y el drama. Faye Dunaway interpreta a Joan Crawford en un biopic basado en las memorias de su hija adoptiva Christina, donde la retrata como una madre abusiva obsesionada con la perfección. La interpretación histérica de Dunaway parece absurda y camp—esa escena de las perchas de alambre se volvió icónica—pero lo cierto es es una recreación fidedigna de un estallido doméstico algunas personas bipolares con trastorno obsesivo compulsivo.

    Puede resultar absurda, sí, pero Queridísima mamá (1981) a muchos les resulta aterradora porque reconocen esos patrones de comportamiento en personas reales. Diana Scarwid hace una Christina adulta devastada por años de abuso psicológico y Frank Perry la dirige como una tragedia gótica que el público de 1981 recibió como comedia involuntaria. El tiempo la ha reivindicado como retrato brutal del lado oscuro de Hollywood y la maternidad tóxica, cerrando filas con la ficción de ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), haciendo un fino retrato meta del ocaso de Hollywood que ni el cinismo de Feud (2017) pudo mejorar.

    1. Rambo: Acorralado - Parte II (1985)

    Tras el tono serio y comprometido de Acorralado (1982), esta secuela recibió escepticismo de crítica que esperaba más reflexión sobre el trauma de Vietnam. Pero George P. Cosmatos y James Cameron—sí, Cameron la coescribió—entendieron que el público quería fantasía bélica de serie B con Stallone sin camiseta matando a medio Vietnam y ganando retroactivamente la guerra que Estados Unidos perdió.

    Rambo: Acorralado - Parte II (1985) es un espectáculo deliciosamente irresponsable de ideas brutales como el arco explosivo y las matanzas sigilosas que crearon escuela. Difícil imaginar a Stallone sin ese look icónico de la banda roja. Jerry Goldsmith compuso una banda sonora épica que anticipa Gladiator (2000) para hacer brillar escenas como en la que Rambo dispara la ametralladora desde el helicóptero. Hasta Gizmo la ve emocionado en Gremlins 2 (1990), y aunque no tenga las aspiraciones de Mensajero del futuro (1997), es un clásico del género que los Razzie no pudieron matar, como tampoco a ninguna de esta lista.

  • 10 películas más calientes que ‘Cumbres borrascosas’

    10 películas más calientes que ‘Cumbres borrascosas’

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Hay una larga tradición en el cine de explorar el deseo, la pasión y la sexualidad con una honestidad que la literatura romántica clásica pocas veces se permite. “Cumbres borrascosas”, con su amor torturado y su contención victoriana, es la referencia actual que todo el mundo tiene en la mente cuando se habla de pasión desbordante. 

    Pero el cine, que no tiene que rendir cuentas a ninguna convención editorial del siglo XIX, ha ido bastante más lejos. Esta guía recoge diez películas que son obras que miran el sexo de frente, con valentía artística y, en la mayoría de los casos, con una intención que va mucho más allá del escándalo. 

    Lucía y el sexo (2001)

    Julio Medem lleva toda su carrera construyendo un universo donde el deseo y el destino se entrelazan de forma inexorable, pero con Lucía y el sexo alcanzó su cima más explícita y, probablemente, su obra más redonda. 

    La película narra la huida de Lucía —una maravillosa Paz Vega— a una isla mediterránea tras la desaparición de su pareja escritora, y desde ahí despliega una estructura fragmentada donde la memoria, la fantasía y el presente se confunden con una elegancia que desarma. 

    El sexo aquí no es decoración sino arquitectura narrativa: cada encuentro revela algo sobre los personajes que el diálogo nunca habría podido articular. Si la comparamos con Jamón, Jamón de Bigas Luna, que también explora la sexualidad española con una mirada poderosa, Lucía y el sexo es más lírica y menos grotesca, más interesada en la emoción que en la provocación. 

    Medem filmó en Formentera con una luz que convierte cada escena en algo casi onírico, y el resultado es una de las películas más sensuales que ha producido el cine español en décadas.

    Cabin Fever (2002)

    Eli Roth llegó al panorama cinematográfico con esta película de terror que mezcla la cabaña en el bosque, la carne descomponiéndose y una sexualidad adolescente disparada que sirve como contrapunto macabro al horror que se desata. 

    Cabin Fever no es erotismo en ningún sentido convencional del término, pero su representación del cuerpo como objeto de deseo y como fuente de terror tiene una brutalidad que pocas películas de terror se han permitido con tanta descaro. 

    Los personajes jóvenes de la película están obsesionados con el sexo hasta el instante en que el cuerpo se convierte en amenaza, y ese giro es la gran idea de Roth: el deseo y el asco son las dos caras de la misma moneda. Comparada con Midsommar de Ari Aster, que también usa la sexualidad como elemento de horror ritualizado, Cabin Fever es más directa y menos cerebral. No es una película cómoda, y tampoco lo pretende ser.

    Soñadores (2003)

    Bernardo Bertolucci, el director de El último tango en París, volvió a París y volvió al sexo con Soñadores, una película que transcurre casi íntegramente en un apartamento donde tres jóvenes —dos hermanos y un estudiante americano— crean un universo cerrado de cinefilia, política y erotismo. 

    Michael Pitt, Eva Green y Louis Garrel forman un triángulo en el que las fronteras entre el amor fraternal y el deseo sexual se disuelven con una naturalidad que resulta perturbadora y hermosa a partes iguales. Bertolucci filma los cuerpos con la misma devoción con que filma los fotogramas de las películas que sus personajes adoran, estableciendo una equivalencia entre el cine y el erotismo que es su verdadera declaración de intenciones. 

    Frente a Los amantes, otro clásico del erotismo francés de ruptura, Soñadores es más autoconsciente y más política, aunque ambas comparten esa sensación de que el sexo es también una forma de rebeldía contra el orden establecido. Eva Green debuta aquí con una presencia abrumadora que anunciaba una carrera extraordinaria.

    Lila dice (2004)

    Ziad Doueiri dirige esta pequeña joya franco-argelina que en España pasó desapercibida pero que merece una reivindicación urgente. Lila dice narra la relación entre un joven árabe tímido y escritor en ciernes con Lila, una chica blanca de lengua afilada y sin inhibiciones que seduce e intimida a partes iguales con su forma de hablar del sexo sin filtros ni vergüenza. 

    La película tiene el gran acierto de hacer del lenguaje su herramienta erótica principal: Lila conquista y perturba con las palabras antes que con el cuerpo, y esa elección convierte Lila dice en algo más sofisticado de lo que su modesta producción podría sugerir. 

    Comparada con La bella mentirosa de Jacques Rivette, que también explora la relación entre el deseo creativo y el deseo erótico, esta película es más urgente y menos contemplativa. Hay en ella una energía de barrio, de vida real vivida al límite, que la diferencia del erotismo de salón y la hace especialmente valiosa.

    Lie With Me: El diario íntimo de Leila (2005)

    Clement Virgo adapta la novela de Tamara Faith Berger con una franqueza que en su momento generó controversia en el circuito de festivales y que hoy sigue incomodando a quienes esperan que el erotismo cinematográfico sea siempre decorativo y aspiracional. Lie With Me sigue a Leila, una joven que persigue el placer con una determinación que el guión no juzga en ningún momento, y eso es lo que la hace interesante: la película no penaliza a su protagonista por desear con la misma libertad que suele atribuirse solo a los personajes masculinos. 

    La fotografía, oscura y granulada, le da una textura casi documental que refuerza la sensación de intimidad. Comparada con Shame de Steve McQueen, que también retrata la sexualidad compulsiva pero desde una perspectiva de condena moral implícita, Lie With Me es más indulgente con sus personajes y, en cierta forma, más honesta sobre la naturaleza del deseo. 

    Es una película que no ha envejecido mal.

    Diario de una ninfómana (2008)

    Christian Molina adapta la novela autobiográfica de Valérie Tasso con una puesta en escena que apuesta por la elegancia visual allí donde otros directores habrían optado por la provocación explícita. Diario de una ninfómana sigue la transformación de una ejecutiva convencional en una mujer que decide vivir el sexo sin las limitaciones que la sociedad impone, y esa travesía está filmada con una frialdad europea que resulta más perturbadora que cualquier exceso gráfico. 

    Belén Fabra carga sobre sus hombros una película exigente en lo físico y en lo emocional, y sale airosa con una interpretación que requería una valentía considerable. Si la comparamos con Secretos del corazón de Montxo Armendáriz, que también explora territorios íntimos con discreción, Diario de una ninfómana es más confrontacional y menos metafórica.

    Y comparada con la posterior Nymphomaniac de Lars von Trier, que abordaría temática similar desde un marco intelectual más ambicioso, la película de Molina es más accesible pero también más superficial en sus conclusiones sobre qué mueve de verdad el deseo femenino.

    Habitación en Roma (2010)

    Julio Medem vuelve a aparecer en esta lista porque, si España ha producido a alguien obsesionado con el erotismo como lenguaje cinematográfico, ese alguien es él. Habitación en Roma es un experimento radical: dos mujeres que acaban de conocerse pasan una noche entera en una habitación de hotel romano, y la película las sigue sin apenas abandonar ese espacio. 

    Elena Anaya y Natasha Yarovenko construyen una intimidad que va de la seducción al conflicto pasando por la revelación, y Medem filma sus cuerpos con la misma atención que dedica a los cuadros que decoran las paredes de la habitación, convirtiendo el erotismo en algo casi museístico. 

    Comparada con La vida de Adèle, con la que comparte la exploración del deseo entre mujeres, Habitación en Roma es más artificial y teatral, menos interesada en el realismo social. Y frente a Mulholland Drive de David Lynch, otra historia de identidades femeninas entrelazadas, la película de Medem es más directa en lo erótico pero menos perturbadora en lo psicológico.

    La vida de Adèle (2013)

    Abdellatif Kechiche ganó la Palma de Oro en Cannes con una película que dividió a la crítica de forma salvaje y que todavía genera debate: ¿es La vida de Adèle una obra maestra del cine de autor o una mirada voyeurista de un hombre sobre la sexualidad lésbica? 

    La pregunta es legítima pero no debería eclipsar lo que la película tiene de extraordinario: Adèle Exarchopoulos entrega una de las interpretaciones más físicas y devastadoras a nivel emocional del cine de la década, siguiendo a su personaje desde la adolescencia hasta la primera gran ruptura amorosa con una autenticidad que duele. 

    Las escenas de sexo, extensas y explícitas, fueron las más discutidas, pero la verdadera brutalidad de la película está en cómo retrata el fin del amor. Si la comparamos con Carol de Todd Haynes, que narra una historia similar desde una contención formal opuesta, La vida de Adèle es más visceral y menos elegante, apostando por la inmersión donde Haynes apuesta por la distancia. 

    Dos aproximaciones igual de válidas y muy distintas.

    Love (2015)

    Gaspar Noé es el director más provocador del cine contemporáneo, y Love es su intento de hacer una película de sexo explícito en 3D que sea también una historia de amor romántico y pérdida. 

    El resultado es tan contradictorio como suena: hay momentos de una ternura genuina junto a escenas de una crudeza gráfica que resulta difícil de integrar en una experiencia unitaria. Murphy, un estudiante americano en París, recuerda su relación con Electra desde una nueva vida que lo asfixia, y esa estructura de nostalgia erótica le da a la película una melancolía que sus excesos más llamativos no siempre permiten apreciar. 

    Comparada con Irreversible, la película más conocida de Noé, Love es más vulnerable y menos interesada en el shock, aunque tampoco renuncia a él. Y frente a El último tango en París de Bertolucci, referente inevitable del erotismo en el cine de autor, Love tiene menos peso dramático pero más honestidad sobre el funcionamiento real del deseo y la memoria.

    Nymphomaniac. Volumen 1 (2013)

    Lars von Trier construyó una de las experiencias cinematográficas más extenuantes y fascinantes de los últimos años con Nymphomaniac, y su primer volumen es donde el proyecto resulta más interesante a nivel cinematográfico antes de que el peso de sus propias ambiciones lo aplasta de forma parcial en el segundo. 

    Joe, interpretada por Charlotte Gainsbourg en el presente y Stacy Martin en el pasado, relata su vida sexual desde la infancia hasta la madurez a un desconocido que la ha encontrado herida en un callejón. 

    Von Trier utiliza el sexo como método de conocimiento y también como forma de dolor autoinfligido, y hay en esa propuesta algo genuinamente riguroso que diferencia Nymphomaniac del erotismo convencional. Frente a Rompiendo las olas, donde también explora la sexualidad femenina como sacrificio y redención, este film es más frío e intelectualizado pero igual de perturbador. 

    Y frente a Anticristo, su obra más extrema, Nymphomaniac es más narrativa y menos interesada en el horror puro, aunque comparte con ella esa sensación de que von Trier utiliza el cuerpo femenino como campo de batalla para resolver sus propias obsesiones filosóficas.

  • Los 5 mejores finales para Outlander

    Los 5 mejores finales para Outlander

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Outlander (2014-2026) pronto estrenará su última temporada…y no estamos listas. Esta historia nunca ha sido sobre viajes en el tiempo o guerras, sino sobre el destino,  el hogar, la familia y un amor tan grande que ni siquiera el tiempo puede romperlo. Con la serie acercándose a su final, es inevitable preguntarnos cómo podría cerrarse la historia de Jamie y Claire de una forma que se sienta fiel a todo lo que hemos vivido con ellos. 

    Porque sí, necesitamos lágrimas. Necesitamos un cierre. Y necesitamos sentir que todo tuvo sentido. Y tenemos un nudo en el corazón porque este show nunca ha tenido miedo de rompernos el corazón… pero tampoco de recordarnos que el amor verdadero siempre encuentra el camino. Así que, si no puedes dejar de darle vueltas a la cabeza, es el momento perfecto de adentrarte en nuestra lista de los 5 mejores finales para Outlander.

    El Fantasma de Jamie Explica el Bucle Temporal

    Desde el primer capítulo, cuando Frank ve ese misterioso fantasma en Inverness en 1945 observando a Claire mientras se peina, la serie nos dejó claro que había algo más grande en juego. Un final muy probable del show es que ese fantasma sea Jamie, cuyo espíritu está atrapado esperando que Claire viaje a través de las piedras… o visitándola tras su muerte en el siglo XVIII. 

    Esto encaja perfectamente con lo que descubrimos en Outlander: Sangre de mi sangre (2025-), donde se confirma que los padres de Claire no murieron en un accidente, como ella— y todos— siempre pensamos, sino que eran viajeros. Así, todo apunta a que la historia de Jamie y Claire estaba predestinada, conectada con las piedras y con sus familias desde el principio. Esto cerraría el círculo, ya que volveríamos al principio, con Jamie esperando para reunirse con el espíritu de Claire, demostrando que su amor estaba destinado, escrito en el tiempo.

    Un Final Feliz en el Cerro

    Después de tanta guerra, pérdidas y sacrificios, ver a Jamie y Claire vivir sus últimos años en el Cerro, se sentiría como el final que todos necesitamos para esta historia. Rodeados de su familia —William, Brianna, Roger, sus nietos, Ian y Rachel, Fanny, Fergus y Marsali— podrían finalmente entregar las riendas a la siguiente generación. La serie podría cerrar con la familia a salvo, viviendo en libertad y felices, mientras Jamie y Claire observan orgullosos el legado que construyeron juntos. 

    Y sí, ya tenemos en mente esa última escena: Jamie y Claire abrazados en su cama, cumpliendo su promesa de no separarse nunca, escuchando a su familia reír cerca, tal y como soñaba Jamie. Un final que pondría el foco en el hogar y en la familia que tanto les costó construir. Si nos preguntáis, este final + la escena final del Jamie fantasma = el final perfecto.

    Un Final Feliz “en Otra Vida”

    Con la Guerra de Independencia como una sombra acechando a los Fraser y sabiendo lo que sugiere el libro de Frank —que Jamie muere en batalla luchando por la independencia—, no sería raro que la serie optara por un final agridulce. Además, ¿recordáis esa pareja que, en los libros, Jamie y Claire encuentran en una cueva en Francia? Ellos murieron abrazados, juntos. Eso bien puede ser un presagio, ya que sabemos que en esta historia nada es casualidad. 

    En este escenario, Jamie podría morir primero y cuando lo hiciera Claire, se volverían a reunir, teniendo su “final feliz” en otra vida. Sería devastador y uno de los peores finales para nosotros junto con el siguiente en esta lista, eso por descontado, pero también sería uno de los más fieles al espíritu de la serie: un amor tan fuerte que trasciende el tiempo, la historia y la vida misma.

    Claire Regresa al Futuro

    Aunque Claire tiene muy claro que nunca va a volver a dejar a Jamie, la necesidad de proteger a su familia podría obligarla a hacerlo. Si Jamie muere en batalla, tal y como parece señalar el libro de Frank, puede que Claire vuelva al siglo XX por seguridad o por el bien de sus hijos y nietos, como ya hizo una vez. Al fin y al cabo, tal y como Jamie le dijo, el futuro es un lugar mucho más seguro para ellos. Así, Claire viviría sus últimos años rodeada de sus nietos, manteniendo viva la memoria de Jamie, demostrando que su amor sobrevivió a la guerra y al tiempo. 

    Sin embargo, aunque este final honraría los sacrificios que han definido la historia de Jamie y Claire, no pensamos que sea el más probable. No sólo porque es, junto con el anterior, el que menos nos gusta, si no porque no toda la familia puede viajar a través de las piedras, y no pensamos que Claire dejaría atrás a parte de su familia para volver al futuro, a menos que no tuviera otro remedio. 

    La vuelta a Escocia

    Después de años de peligros en América, con una guerra incluida, no sería descabellado que Jamie y Claire decidieran poner rumbo de vuelta a sus raíces, a donde comenzó su historia, a Escocia. Con su legado asegurado y el Cerro establecido, podrían volver a Lallybroch, junto a Jenny, para pasar allí sus últimos años. Así, cumplirían la promesa que ambos hicieron de volver a hacer Escocia su hogar justo antes de tener que refugiarse en Francia tras lo que sucedió con Jack Randall El Negro. También sería una forma simbólica de dejar atrás los fantasmas del pasado, incluidos esos recuerdos, viviendo finalmente en paz. Ese sería el final más nostálgico y nuestro segundo favorito porque, al fin y al cabo, para Jamie y Claire, el hogar y la familia siempre fueron el destino.

  • ¿Dónde has visto a los actores de la tercera temporada de ‘El agente nocturno’ antes?

    ¿Dónde has visto a los actores de la tercera temporada de ‘El agente nocturno’ antes?

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    El agente nocturno se ha consolidado como una de las series de acción y suspense más adictivas del catálogo de Netflix. Su tercera temporada se apoya en un reparto que combina caras reconocibles con intérpretes que llevan años construyendo carreras sólidas en la sombra. Es probable que al ver algunos de sus rostros hayas sentido ese pálpito de familiaridad sin saber exactamente de dónde viene.

    En esta guía repasamos dónde has visto antes a los protagonistas de la tercera temporada de la serie, qué tipo de personajes solían encarnar y cómo ese bagaje se relaciona —por continuidad o por contraste— con los roles que interpretan ahora en la ficción de Netflix.

    Gabriel Basso – Peter Sutherland

    Gabriel Basso no es precisamente un recién llegado, aunque El Agente nocturno es sin duda el proyecto que lo ha lanzado a la primera línea del reconocimiento global. Muchos lo recordarán por Con C mayúscula o por su papel en The Kings of Summer, aquella película indie que lo mostró como un joven actor con una naturalidad desarmante y una capacidad especial para transmitir conflicto interior sin forzar nada.

    Peter Sutherland supone la culminación lógica de toda esa trayectoria. Basso lleva aquí el peso de la serie sobre sus hombros y lo hace con una solidez que sorprende si uno repasa sus trabajos anteriores: el salto de escala es enorme, pero no lo acusa. 

    Su Sutherland conserva esa autenticidad que ya asomaba en sus papeles juveniles, pero ahora filtrada a través de un personaje más duro, más experimentado y con una carga moral mucho mayor. Comparado con sus roles previos, este es el más exigente y el que mejor aprovecha todo lo que Basso tiene para ofrecer como intérprete.

    Luciane Buchanan – Rose Larkin

    Luciane Buchanan es una actriz neozelandesa que llegó a El agente nocturno con una filmografía todavía en construcción, pero con títulos suficientes para intuir su potencial. La intérprete acumuló experiencia en producciones televisivas de su país antes de dar el salto internacional.

    Rose Larkin la convirtió en una revelación en la primera temporada, y su regreso en la tercera confirma que no fue un golpe de suerte. A diferencia de sus apariciones anteriores, donde el peso de la historia recaía sobre otros personajes, aquí Buchanan sostiene su propio arco con convicción. 

    Su química con Basso sigue siendo uno de los motores emocionales de la serie, y lo que en un principio podría parecer el típico papel femenino de apoyo ha ido evolucionando hacia algo más complejo y autónomo. 

    Hong Chau – Diane Farr

    Hong Chau es, sin duda, el nombre con más pedigree interpretativo de todo el reparto de la serie. Su carrera es un catálogo de elecciones arriesgadas y brillantes: la recordamos en Una vida a lo grande, donde logró una nominación al Globo de Oro con un papel que robaba cada escena en la que aparecía. Más recientemente ha brillado en La ballena, junto a Brendan Fraser, y en El menú, donde volvió a demostrar que tiene una capacidad casi única para moverse entre el drama más descarnado y la tensión de género sin perder ni un ápice de credibilidad.

    Diane Farr encaja a la perfección en su historial de personajes que esconden más de lo que muestran. Hong Chau tiene una forma de construir la ambigüedad moral que resulta fascinante: nunca sabes del todo si confiar en sus personajes, y eso es exactamente lo que necesita El agente nocturno para funcionar en sus tramas de espionaje y traición. 

    Comparada con sus trabajos más recientes en cine de autor, aquí opera en un registro más contenido y estratégico, pero no por ello menos efectivo. Es la incorporación más poderosa del reparto y cada escena suya tiene un peso específico diferente al del resto.

    Sarah Desjardins – Maddie Redfield

    Sarah Desjardins es un rostro muy familiar para los seguidores de las ficciones de género canadienses y norteamericanas. La vimos en Riverdale, donde interpretó a Donna Sweett, y también en Impulse y en Yellowjackets, serie en la que tiene una participación que confirma su capacidad para el drama intenso y con aristas psicológicas. 

    Su trayectoria está marcada por personajes que se mueven en zonas de sombra, jóvenes con secretos o heridas que no terminan de cicatrizar.

    Maddie Redfield sigue esa línea, pero con una escritura más elaborada que la que había tenido en trabajos anteriores. En El Agente nocturno, Desjardins trabaja con un personaje que tiene motivaciones propias, no simplemente reactivas, y eso se nota en su interpretación. 

    Comparada con su paso por Riverdale, donde el material no siempre acompañaba, aquí la serie le da herramientas reales para construir algo. Es un papel que consolida lo que ya se intuye en Yellowjackets: que Desjardins tiene mucho más que ofrecer cuando el guión está a la altura.

    Fola Evans-Akingbola – Chelsea Arrington

    Fola Evans-Akingbola es una actriz británica que ha ido ganando visibilidad a buen ritmo en los últimos años. Muchos la conocen por Siren, y por participar en otras producciones de la televisión británica como Ciclos.

    Chelsea Arrington supone un cambio de registro interesante respecto a Maddie Bishop, su papel más reconocido. Arrington supone una gran dosis de acción contemporánea, espionaje y dilemas morales mucho más terrenales. 

    Evans-Akingbola maneja ese tránsito con soltura: su presencia física y su capacidad para proyectar autoridad sin necesidad de subrayarla son lo que el personaje requiere. Su papel en El agente nocturno le da un contexto más realista y, paradójicamente, eso hace que se vea mejor actriz todavía. 

  • Las mejores películas y series de televisión de Colman Domingo, ordenadas

    Las mejores películas y series de televisión de Colman Domingo, ordenadas

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    Está a punto de estrenarse la tercera temporada de Euforia (2019-presente). Y con ella vuelve Colman Domingo, un actor que está viviendo el mejor momento de su carrera, aunque cuando hablamos de alguien que lleva décadas haciendo grandes interpretaciones puede tener que ver con que antes nadie le prestara la atención que merecía. Este año también estrena El día de la revelación de Spielberg y Michael, el biopic de Michael Jackson que va a dar que hablar.

    Y es que su éxito no explotó de la noche a la mañana, sino que fue construyendo ladrillo a ladrillo una filmografía donde lo mismo hace de padre bondadoso que de proxeneta peligroso, una víctima del racismo sistémico o un líder del movimiento por los derechos civiles. Actor de teatro, dramaturgo, director, abiertamente gay y negro en una industria que todavía tiene muchos deberes pendientes con la diversidad, estos son sus nueve mejores trabajos en cine y tv, de peor a mejor.

    9. El blues de Beale Street (2018)

    Tras arrasar con Moonlight (2016), Barry Jenkins se propuso adaptar a James Baldwin y su historia de amor en un sistema racista. Domingo sale como el padre de Tish, uno de los papeles secundarios que fueron cimentando su presencia en pantalla, una calidez que rema emocionalmente con el núcleo de la película, la vida que se desmorona alrededor de su hija y su futuro yerno injustamente encarcelado.

    Jenkins filma cada plano de forma preciosista, haciendo de El blues de Beale Street (2018) una obra elegante, poética, muy diferente al realismo de Fruitvale Station (2013) de Ryan Coogler. Ambas hablan del racismo, pero esta lo hace casi susurrando, y Domingo no necesita muchas escenas para hacerse imprescindible, dándole el mismo tono melancólico que otro de sus papeles más comprometidos: El color púrpura (2023).

    8. Euforia (2019-presente)

    No todo el reparto de éxito de la serie de HBO que catapultó a Zendaya eran adolescentes. Domingo es Ali, el padrino de Rue en su desintoxicación, un mentor sabio en recuperación que en manos de otro actor podría haber sido un cliché. Pero Ali está lleno de grietas, contradicciones, y una humanidad que incomoda porque sabes que él también está luchando, también a punto de recaer mientras intenta salvar a una adolescente.

    El episodio "Trouble Don't Last Always", en el que básicamente Rue y Ali hablan durante horas en una cafetería vacía a las tantas de la madrugada, parece teatro de prestigio rodado, con Zendaya y Domingo haciendo silencios más elocuentes que muchas líneas del guio dignas de su Emmy. Aunque no tenga la naturaleza autoconclusiva de La locura (2024), al no ser una miniserie, Euforia (2019-presente), gracias a estas interpretaciones no tiene nada que envidiar a los momentos más profundos de The Bear (2022-presente).

    7. Candyman (2021)

    Colman Domingo no es el principal protagonista de esta reinterpretación/secuela del clásico del cine de terror moderno, sino que interpreta a William Burke, un tipo del barrio que conoce la historia real detrás del mito y que intenta advertir al protagonista sobre los peligros de jugar con leyendas que nacieron del dolor. Nia DaCosta y Jordan Peele desenterraron la leyenda de Cabrini-Green para hablar de gentrificación y el borrado de comunidades enteras en las ciudades.

    Candyman (2021) muestra que Domingo tiene también buena mano para el terror, pese a ser muy diferente a Fear the Walking Dead (2015-2023), y funcionar casi más como un ensayo que una película de miedo propiamente dicha, con momentos que retuercen el estómago. Burke es la conciencia del barrio, y su escena donde narra los orígenes es más inquietante que cualquier jumpscare, pero lo cierto es que la obra solo tiene sentido como complemento a la Candyman: el dominio de la mente (1992) original.

    6. Fear the Walking Dead (2015-2023)

    Victor Strand puede ser uno de los personajes más complejos de todo el universo The Walking Dead (2010-2022), lo que no es poco decir. Un estafador vestido con trajes elegantes que va mutando de superviviente oportunista a líder autoritario, pasando por todas las tonalidades morales de gris imaginables. Pocos actores aguantan un arco así durante ocho temporadas sin que el personaje se convierta en una caricatura.

    Nunca sabes del todo de qué lado está Strand, y Domingo juega esa ambigüedad con un carisma que hace que sigas simpatizando con él incluso cuando toma decisiones imperdonables. Aunque no sea una película “de prestigio” como Rustin (2023), la longitud de Fear the Walking Dead (2015-2023) le dio espacio para brillar, especialmente en las temporadas donde Strand se convierte en una especie de dictador de su propia torre post-apocalíptica, en la línea de antihéroes que caminan por la cuerda floja entre el bien y el mal, a lo Breaking Bad (2008-2013).

    5. La locura (2024)

    La miniserie de Netflix donde Domingo hace de Muncie Daniels, comentarista político que presencia un asesinato por accidente y de repente se convierte en el sospechoso número uno. Un thriller paranoico sobre conspiración, supremacismo blanco, desinformación y cómo los medios pueden destruir a alguien en cuestión de horas.

    Domingo despliega todo su arsenal de carisma, pero también de vulnerabilidad, con una capacidad para navegar entre escenas de acción y drama sin que el registro se resienta. La locura (2024) se ajusta al habitual tropo del "hombre perseguido injustamente" tipo El fugitivo (1993), pero actualizado a nuestra época de fake news y teorías de la conspiración que se viralizan antes de que puedas desmentirlas, curiosamente con puntos en común con The Running Man (2025), y no por los motivos de la persecución.

    4. Zola (2020)

    La película nacida de 148 tweets. Un hilo de Twitter salvaje convertido en cine por Janicza Bravo. Un viaje a Florida que empieza como plan de fin de semana para hacer dinero como stripper y acaba siendo una locura que solo puede pasar en Florida. Domingo interpreta a X, el proxeneta que convierte la escapada en pesadilla, un explotador de manual, al que le da una teatralidad y tensión en cada escena donde aparece, que nunca sabes cuándo va a estallar.

    Zola (2020) tiene una energía frenética, caótica, que recuerda al mejor cine de los hermanos Safdie tipo Diamantes en bruto (2019), la misma sensación de "esto va a salirse de madre en cualquier momento y no sé si quiero mirar ". Un tono a medio camino entre comedia negra y thriller, bastante diferente a Las vidas de Sing Sing (2023), que explora el estado fallido en el que se ha convertido Florida, casi como una historia de Así es Florida, tío (2025-)

    3. The Running Man (2025)

    Edgar Wright + Stephen King + Glen Powell es demasiado bueno como para fallar. Esta distopía donde los pobres compiten en un reality show mortal para ganar dinero mientras América entera mira se está acercando demasiado a la realidad. Domingo es Bobby Thompson, el venerado presentador del programa que persigue a los "runners" durante 30 días.

    Wright actualiza el texto de 1982 con deepfakes y manipulación mediática que resuenan de forma escalofriante en 2025. The Running Man (2025) funciona como crítica al capitalismo salvaje y al entretenimiento como opio del pueblo, pero sin dejar de ser nunca una película de acción descerebrada. Domingo aporta locura como un showman propio de Los juegos del hambre (2012) en el que es el papel más opuesto a El blues de Beale Street de toda la lista.

    2. Las vidas de Sing Sing (2023)

    Un drama carcelario basado en hechos reales sobre Divine G, un preso condenado injustamente que encuentra redención a través del teatro dentro de Sing Sing, la célebre prisión de máxima seguridad. Domingo da una de las interpretaciones de su vida con un personaje lleno de dignidad, dolor contenido, y una bondad que nunca se siente impostada o naïf, de nuevo mostrando un rango tremendo si lo comparas, por ejemplo, como Zola.

    Lo extraordinario de Las vidas de Sing Sing (2023) es que el 90% del elenco son antiguos presos que realmente participaron en el programa de teatro, incluyendo a Clarence Maclin interpretándose a sí mismo. La secuencia final, cuando montan la obra, es casi tan emotiva como la de Hamnet (2026) y hermana espiritual de César debe morir (2012) de los Taviani, que también usaba teatro como vehículo de transformación en prisión.

    1. Rustin (2023)

    Un biopic sobre Bayard Rustin, el hombre que organizó la Marcha sobre Washington de 1963, uno de los momentos más icónicos de la historia estadounidense. Un hombre abiertamente gay en una época donde era peligroso y fue borrado de la historia precisamente por eso, siendo demasiado inconveniente para el relato oficial del movimiento por los derechos civiles.

    Domingo desaparece en el personaje capturando los manierismos de Rustin, y aunque la película en sí es bastante tradicional en estructura, el actor la eleva con sus monólogos y Rustin (2023) le valió su primera nominación al Oscar. Una película que completa el retrato del movimiento por los derechos civiles junto a Selma (2014) y Malcolm X (1992), mostrando junto a El blues de Beale Street, el compromiso del actor con la causa racial.

  • Las 10 series de romance en pueblos pequeños que nos vuelven locas

    Las 10 series de romance en pueblos pequeños que nos vuelven locas

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Hay algo en las series ambientadas en pueblos pequeños que simplemente nos atrapa. Todo el mundo se conoce y eso puede ser un problema bastante grande pero, a la misma vez, precisamente por eso sientes que formas parte de algo más grande, una comunidad, una familia. Un lugar donde no importa tu pasado, sólo importas tú. Y todo el mundo estará ahí para ayudarte cuando lo necesites. 

    Y si hay algo mejor que un pueblo pequeñito, son las grandes historias de amor que surgen en él, para muestra, un botón: ¡Un lugar para soñar (2019-) nos tiene obsesionados y nos morimos por ver su nueva temporada! Así que si te molan tanto como a nosotros las historias de amor en los pueblos pequeñitos y encantadores, este es el momento perfecto para adentrarte en nuestra lista de las 10 series de romance en pueblos pequeños que nos vuelven locas.

    Un lugar para soñar (2019– )

    Un lugar para soñar (2019-) es ese tipo de serie que empiezas pensando que sólo vas a ver un episodio y cuando te quieres dar cuenta son las dos de la mañana y sigues en el sofá. Porque el show hace que Mel y Jack te importen. Porque quieres que todo salga bien y ellos estén juntos. Y poco a poco, también te preocupas por el resto de las personas que están en ese pueblo y son como una familia, complicada a veces, pero una familia al fin y al cabo. Y se convierten en tu familia también. Comparada con Sullivan’s Crossing (2023-), este show es menos intenso, pero esa calma te hace sentir que estás en un lugar seguro, que estás en casa. Si esto es lo que te va, tienes que probar a ver The Way Home (2023-).

    Sullivan’s Crossing (2023– )

    Sullivan’s Crossing (2023-) es más seria e intensa que Un lugar para soñar (2019-). Y eso me gusta porque lo hace todo más real, más humano. Maggie no llega lista para enamorarse. Llega hecha un lío. Y totalmente rota. Su presente se desmorona y volver a Sullivan’s Crossing significa enfrentarse a un pasado para el que aún no está lista. Y Cal tampoco está listo para dejar ir su pasado. Pero cuando se encuentran, todo cambia. Es como si el mundo se parara por un momento y después comenzara a girar de nuevo bajo otro eje. Ninguno de los dos se da cuenta o lo acepta, pero ambos van a cambiar toda su vida debido a ese momento. Así que sí, este show va a tardar en darte ese beso que te haga suspirar, pero entre medio te vas a derretir de amor. Y si quieres una historia parecida, Heartland (2007-2021) te va a encantar.

    Doctora en Alabama (2011–2015)

    Doctora en Alabama (2011-2015) es divertida. Mucho. Y ese pueblo, en medio de Alabama es exasperate, caótico y lo vas a amar, como pasa en Historias de Chesapeake (2016-2022). Pero lo que más te va a gustar es que la historia de amor de Zoey y Wade no es fácil ni perfecta. Y por eso es preciosa. Él se enamoró de ella sin remedio mientras Zoey tenía un crush con un hombre muy parecido a ella, demasiado. Pero cuando Zoey estuvo lista para aceptar lo que sentía por Wade ya no hubo vuelta atrás. Y sí, en esta historia hay orgullo y celos y a los dos les cuesta admitir lo que realmente sienten. Así que prepárate para sufrir…pero también para obsesionarte con ellos. No vas a poder dejar de mirarlos. Si esto te mola, échale un vistazo a Men in Trees (2006-2008).

    Historias de Chesapeake (2016–2022)

    Historias de Chesapeake (2016-2022) al igual que Doctora en Alabama (2011-2015), se siente como volver a casa, a tus orígenes. Y preguntarte si todavía queda algo o si cambiaste demasiado para encajar. Me encanta la forma en que los protagonistas al principio no saben si merece la pena intentarlo de nuevo. No tienen idea si apostar el uno por el otro es la decisión correcta…pero aún así se quedan a averiguarlo. El show se trata de que ellos lo averigüen, de qué decidan qué camino elegir: el de las segundas oportunidades o seguir adelante. Así que si este tipo de historias te gustan, Cuando habla el corazón (2014- ) es para ti.

    Dulces Magnolias (2020– )

    Dulces Magnolias (2020-) va de amor, pero también de amistad. Las relaciones son complicadas, la vida en un pueblo donde todo el mundo te conoce es un caos, parecido a lo que vemos en Everwood (2002-2006), pero tus amigas siempre estarán a tu lado. Las mismas que han estado en tus mejores momentos. Pero también en los peores. En esos en los que ni siquiera sabes qué hacer. Esas amigas que son tremendamente sinceras, incluso a veces demasiado. Así que prepárate para amar a este grupo de amigas locas y a sufrir con sus amores y desamores. Y para apoyarlas hasta el final. Si estas son las historias que te van, Rescate en el norte (2019) te va a gustar mucho.

    Everwood (2002–2006)

    Everwood (2002-2006) te deja con algún que otro nudo en el corazón, al estilo de Dulces Magnolias (2020-). En esta serie el amor no es un cuento de hadas. Se trata de crecer, equivocarte y volver a intentarlo. Se trata de madurar a base de golpes. Porque los personajes no lo hacen todo bien. Se equivocan. Se hieren. Y aun así vuelven a elegirse. Porque aprenden de sus propios errores y verlos madurar así, ver lo lejos que llegan, hace que te sientas como una mamá gallina orgullosa. Por lo que sí, vas a sufrir, pero va a merecer la pena. Y si esta te encanta, la próxima en tu lista tiene que ser Hermanos, la familia es todo (2006-2011).

    Las chicas Gilmore (2000–2007)

    Las chicas Gilmore (2000-2007) es irónica y divertida pero cuando llegan esos momentos románticos que nos hacen suspirar, es ese tipo de serie que te derrite como si fueras un helado en pleno mes de julio. ¿Lo mejor? No sólo se trata de ships, si no también del amor y de la complicada relación entre madre e hija, dos mujeres que luchan por conseguir su independencia sin que eso las termine separando, al estilo de El baile de las luciérnagas (2021-2023). Este show te hace sentir que perteneces a esa gran familia que todos terminan formando. Si esto te gusta, échale un vistazo a Paraíso (Bunheads) (2012).

    El baile de las luciérnagas (2021–2023)

    El baile de las luciérnagas (2021-2023) no se trata sólo de romance, si no de dos mujeres fuertes y amigas íntimas que luchan por salir adelante en un mundo que no se lo pone fácil, muy al estilo de Las chicas Gilmore (2000-2007). Pero cuando llega el romance…¡madre mía, no vas a poder evitar obsesionarte! No son todo flores y corazones porque estas mujeres quieren ser más que floreros y quieren a alguien a su lado que las apoye en la tarea, pero precisamente eso lo hace más real y cuando finalmente llegan esas flores y esos corazones se sienten realmente ganados. Porque han evolucionado mucho hasta llegar ahí. Si te gustan estas historias, Good Trouble (2019-) va a encajar mucho contigo.

    Friday Night Lights (2006–2011)

    Al principio no piensas que Friday Night Lights (2006-2011) pueda ser una serie romántica, pero lo es. Precisamente porque muestra la forma en que el amor se trata de quedarse. De apoyarse. De elegir a la otra persona incluso cuando las cosas no son fáciles, especialmente cuando no son fáciles. Comparada con Mi vida con los chicos Walter (2023-), esta es más directa, más cruda. Pero igual de intensa y romántica cuando una pareja consigue seguir adelante. Cuando deciden que lo que tienen merece la pena. Si esto te va, Parenthood (2010-2015) te va a encantar.

    Mi vida con los chicos Walter (2023-)

    Mi vida con los chicos Walter (2023) te engancha sin darte cuenta. El triángulo amoroso está al fuego vivo y te va a hacer suspirar pero lo mejor para mi es cómo la serie capta esa sensación de llegar a un sitio nuevo y no saber muy bien dónde y cómo encajas…o si lo haces en absoluto, parecido a lo que sucede en Friday Night Lights (2006-2011). Pero, aún así, a pesar de ti misma, ese lugar tiene algo que hace que no te puedas ir. Y las personas que están a tu lado se ganan un hueco en tu corazón. Y el romance, ¡madre mía! Es impulsivo, intenso y te va a acelerar el corazón. Si te van estas montañas rusas de emociones, tienes que ver El verano que me enamoré (2022-).

  • 10 películas que fracasaron en cines pero triunfaron en streaming

    10 películas que fracasaron en cines pero triunfaron en streaming

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    El fracaso comercial en cines no siempre determina el destino de una película. En la era del streaming, muchos títulos que pasaron desapercibidos durante su estreno en la gran pantalla han encontrado una segunda vida en plataformas digitales, donde el boca a boca y la ausencia de presión por llenar salas han permitido que audiencias más amplias descubran joyas incomprendidas. 

    Esta lista rescata 10 películas de la última década que, pese a decepcionar en taquilla, lograron conquistar a millones de espectadores desde la comodidad de sus hogares, demostrando que el éxito cinematográfico ya no se mide solo en dólares recaudados durante el fin de semana de estreno.

    Assassin's Creed (2016)

    La adaptación del popular videojuego protagonizada por Michael Fassbender y Marion Cotillard llegaba con ambiciones desmesuradas: rescatar el prestigio de las adaptaciones de videojuegos al cine. Costó 125 millones de dólares y apenas recuperó 240 millones a nivel mundial, cifras que parecen respetables hasta que se considera el presupuesto de marketing y la expectativa del estudio. La crítica fue implacable, señalando una trama confusa que alternaba entre el presente y el pasado sin coherencia narrativa.

    Sin embargo, en streaming la película encontró su público. Los fans de la franquicia, que quizás evitaron el cine por las malas reseñas, le dieron una oportunidad en plataformas como Netflix y Amazon Prime, donde Assassin's Creed se mantuvo durante semanas entre los títulos más vistos. La dirección de Justin Kurzel ofrece secuencias de acción impresionantes que funcionan mejor en la pantalla de casa, donde el espectador puede pausar y procesar la mitología compleja del universo. 

    Fassbender está comprometido a nivel físico, realizando muchas de sus propias acrobacias, aunque el guión nunca le da espacio para construir un personaje tridimensional.

    Comparada con Warcraft, otra adaptación de videojuego fracasada del mismo año, Assassin's Creed es más seria y menos interesada en el espectáculo visual. Frente a Sonic: La película, mucho más exitosa a nivel comercial, esta película apuesta por un tono adulto que la diferencia pero también la condena a un nicho específico. No alcanza la coherencia narrativa de Detective Pikachu, pero su ambición formal merece reconocimiento.

    Vaiana (2016)

    Recaudar 643 millones de dólares a nivel mundial suena como un éxito rotundo, y lo es, pero para los estándares de Disney representó una decepción considerable. La película costó 150 millones de dólares y llegó en un momento donde Frozen había establecido un listón imposible de superar. En su estreno teatral, Vaiana quedó eclipsada por la competencia navideña y por las expectativas infladas que la compañía había generado. La crítica fue positiva pero no entusiasta, y el público pareció tibio durante las primeras semanas.

    La historia cambió de forma drástica cuando la película llegó a Netflix. De repente, Vaiana se convirtió en el fenómeno que Disney había anticipado, acumulando visualizaciones de manera masiva y convirtiéndose en el contenido infantil más visto en múltiples países durante varios meses consecutivos. 

    Las canciones de Lin-Manuel Miranda, que habían pasado relativamente desapercibidas en cines, se transformaron en himnos virales. La película funciona porque ofrece una protagonista carismática que escapa de los arquetipos tradicionales de princesa, además de una narrativa de autodescubrimiento que resuena de manera universal.

    Comparada con Frozen, Vaiana está menos interesada en el drama fraternal y más en el viaje individual del héroe. No tiene el impacto cultural inmediato de Coco, estrenada un año después, pero su legado en streaming es superior. Frente a Encanto, que enfrentaría un destino similar de éxito tardío, Vaiana es más tradicional en su estructura narrativa pero igual de efectiva en lo emocional.

    Dos buenos tipos (2016)

    Shane Black regresaba al género detectivesco con Russell Crowe y Ryan Gosling como una pareja de investigadores privados en el Los Ángeles de los setenta. La película costó 50 millones de dólares y apenas recaudó 62 millones a nivel mundial, un fracaso comercial rotundo que mató cualquier posibilidad de secuela. 

    El estreno coincidió con Capitán América: Civil War y Angry Birds: La película, quedando completamente sepultada en taquilla. La crítica fue positiva en su amplia mayoría, destacando la química entre los protagonistas y el humor negro característico de Black.

    En streaming, Dos buenos tipos se convirtió en un clásico de culto instantáneo. La audiencia que la ignoró en cines descubrió una comedia negra inteligente que equilibra acción, humor y nostalgia setentera con maestría. Black, responsable de El último Boy Scout y Kiss Kiss Bang Bang, demuestra su habilidad para escribir diálogos chispeantes donde cada línea funciona como remate. Gosling, en particular, entrega una interpretación cómica brillante que desafía su imagen de galán serio.

    Comparada con En el corazón del mar, otro fracaso de taquilla del mismo año, Dos buenos tipos es mucho más ligera y consciente de sus limitaciones. No tiene la ambición de Blade Runner 2049, pero es más accesible y menos interesada en el peso existencial. Por contra, frente a Deadpool, con un enorme éxito y muy irreverente, esta película es menos autoconsciente y más genuina en su amor por el cine de género de los setenta.

    El muñeco de nieve (2017)

    El thriller nórdico basado en la novela de Jo Nesbø llegaba con un pedigrí impresionante: Michael Fassbender como protagonista, Tomas Alfredson (Déjame entrar) en la dirección, y un presupuesto de 35 millones de dólares. Recaudó apenas 43 millones mundialmente y fue destrozada por la crítica, que señaló una narrativa incoherente y problemas evidentes de montaje. El propio Alfredson admitió en público que solo habían filmado el 80% del guión, una confesión devastadora que explica los huecos argumentales.

    Pese a su fracaso catastrófico, El muñeco de nieve logró audiencias curiosas en plataformas de streaming, donde se convirtió en un fenómeno del tipo "es tan mala que es buena". Los espectadores fascinados por el desastre narrativo compartieron memes sobre su incoherencia, transformando la película en un entretenimiento involuntario. Hay momentos de verdadera atmósfera inquietante, en especial en las secuencias ambientadas en los paisajes nevados noruegos, y Fassbender hace lo que puede con un material fundamentalmente roto.

    Comparada con La chica del tren, otro thriller fracasado del año anterior, El muñeco de nieve es más ambiciosa en lo visual pero desastrosa a nivel narrativo. No alcanza la tensión sostenida de Prisioneros, que también explora crímenes en ambientes fríos, ni tiene la coherencia de Perdida, referente del thriller psicológico moderno. Frente a Zodiac, otra investigación obsesiva de un asesino serial, esta película es un ejercicio de frustración narrativa.

    Blade Runner 2049 (2017)

    Denis Villeneuve se enfrentaba al desafío imposible de continuar una de las películas de ciencia ficción más celebradas de la historia. Con un presupuesto de 150-185 millones de dólares, Blade Runner 2049 recaudó solo 267 millones a nivel mundial, una cifra que representó pérdidas significativas para los estudios. La película es demasiado lenta, larga y filosófica para las audiencias masivas que esperaban acción futurista. La crítica fue excelente, reconociendo una obra maestra visual, pero el público general se mantuvo alejado.

    En streaming, la película se reveló como la experiencia contemplativa que siempre pretendió ser. Los espectadores que la descubrieron en plataformas como Netflix o HBO Max pudieron apreciar la cinematografía extraordinaria de Roger Deakins, ganadora del Oscar, y la construcción meticulosa de un mundo distópico que expande el original sin traicionarlo. Ryan Gosling está magnífico como un replicante en búsqueda de humanidad, y Harrison Ford regresa con una vulnerabilidad que su personaje en la original jamás mostró. Villeneuve ofrece cada escena como si fuera una pintura en movimiento, creando una meditación sobre la memoria, la identidad y lo que significa ser humano.

    Comparada con Mad Max: Furia en la carretera, otro triunfo visual que sí funcionó en lo comercial, Blade Runner 2049 es menos kinética y más cerebral. No tiene el ritmo frenético de La llegada, la anterior película de Villeneuve, pero es igual de ambiciosa a nivel temático. Frente a Dune, su siguiente proyecto y un éxito comercial, esta película es más íntima pese a su escala épica.

    Aniquilación (2018)

    Alex Garland adapta la novela de Jeff VanderMeer con Natalie Portman liderando un equipo científico que explora una zona alienígena en expansión. Paramount perdió la confianza en la película y la vendió a Netflix para distribución internacional, estrenándola solo en cines estadounidenses donde recaudó apenas 43 millones con un presupuesto de 40-55 millones. La película es densa, extraña y muy ambigua, rechazando explicaciones fáciles en favor de terror existencial y una belleza orgánica perturbadora.

    Sin embargo, en Netflix, Aniquilación se convirtió en fenómeno de culto instantáneo, encontrando exactamente la audiencia que busca ciencia ficción intelectual y desafiante. La secuencia final, un ballet de horror cósmico entre Portman y una entidad alienígena que replica sus movimientos, se volvió legendaria en redes sociales. Garland, responsable de Ex Machina, confirma su capacidad para crear ciencia ficción que privilegia las ideas sobre el espectáculo, aunque aquí no escatima en imágenes de pesadilla hermosa.

    Comparada con La llegada, otra ciencia ficción cerebral, Aniquilación es más visceral y menos interesada en el optimismo. No tiene la accesibilidad de Gravity, pero es mucho más ambiciosa temáticamente. Frente a Nope de Jordan Peele, que también explora lo incomprensible, esta película es más abstracta y menos preocupada por la narrativa tradicional. El resultado es algo extraordinario: terror de ciencia ficción que funciona como metáfora del cáncer, la autodestrucción y la transformación.

    Pequeños detalles (2021)

    John Lee Hancock reúne a Denzel Washington, Rami Malek y Jared Leto en un thriller policial ambientado en los noventa donde dos detectives persiguen a un asesino serial. Warner Bros., en plena pandemia, estrenó la película al mismo tiempo en HBO Max y cines, donde apenas generó taquilla (31 millones con presupuesto de 30 millones). La crítica fue mixta, señalando que el film reciclaba recursos del género sin aportar nada nuevo, aunque reconocía las interpretaciones sólidas del reparto.

    En streaming, Pequeños detalles encontró su público como entretenimiento de medianoche, perfecta para espectadores que buscan thrillers atmosféricos sin pretensiones innovadoras. Washington y Malek construyen una dinámica interesante entre un veterano obsesivo y un detective ambicioso, mientras Leto desaparece en un papel secundario inquietante. 

    Hancock representa el Los Ángeles de los noventa con una paleta que recuerda la paranoia de aquella década, y el giro final, aunque predecible, funciona porque está interpretado con convicción absoluta.

    Comparada con Seven, referencia inevitable del género, Pequeños detalles es mucho menos impactante pero igual de sombría. No tiene la complejidad moral de Prisioneros, pero comparte su exploración de hasta dónde están dispuestos a llegar los hombres buenos. 

    Frente a Zodiac, obra maestra del thriller de investigación, esta película es más convencional y menos interesada en la obsesión como enfermedad. El resultado es algo respetable: un thriller bien ejecutado que satisface sin revolucionar el género.

    Encanto (2021)

    La historia de la familia Madrigal y sus poderes mágicos recaudó 256 millones de dólares mundialmente, cifras sólidas en plena pandemia pero decepcionantes para las pretensiones de Disney. La película se estrenó en un momento complicado, con audiencias aún temerosas de los cines y competencia feroz de otras producciones navideñas. Encanto pasó desapercibida relativamente en su ventana teatral, con reseñas positivas pero sin el entusiasmo desbordante que caracteriza los grandes éxitos de Disney.

    Todo cambió cuando la película llegó a Disney+. En semanas se convirtió en el fenómeno cultural más grande de Disney desde Frozen, con las canciones de Lin-Manuel Miranda dominando TikTok, Spotify y conversaciones globales. "We Don't Talk About Bruno" se transformó en un hit viral que superó incluso a "Let It Go" en reproducciones. La película funciona porque aborda dinámicas familiares complejas con honestidad emocional poco común en animación, explorando el trauma generacional y la presión de cumplir expectativas sin perder el humor ni la magia.

    Comparada con Coco, que también celebra la cultura latinoamericana, Encanto está menos interesada en la muerte y más en la sanación familiar. No tiene la espectacularidad visual de Vaiana, pero su animación es igualmente impresionante en su representación de la arquitectura colombiana. 

    Por último, frente a Raya y el último dragón, estrenada el mismo año, Encanto es más universal en sus temas pese a su especificidad cultural. 

    Mortal Kombat (2021)

    La adaptación del videojuego de lucha llegaba con expectativas moderadas: Warner Bros. la estrenó simultáneamente en cines y HBO Max durante la pandemia, recaudando solo 84 millones con presupuesto de 55 millones. La crítica fue mixta, reconociendo escenas de acción brutales pero señalando un guión débil que privilegia el espectáculo sobre la coherencia narrativa. El consenso general fue que funcionaba como entretenimiento desechable para fans del juego pero poco más.

    Por contra, en HBO Max, la película se convirtió en una de las ficciones más vistas del año, encontrando de forma exacta la audiencia que buscaba violencia estilizada sin pretensiones artísticas. El director Simon McQuoid entiende que Mortal Kombat no necesita profundidad temática sino fatalities espectaculares y peleas coreografiadas con precisión. 

    La película entrega ambas con generosidad, recreando los movimientos icónicos del juego con un nivel de gore que sorprendió por su clasificación R. El reparto, en su mayoría asiático, es un acierto que honra el origen del juego.

    Comparada con la adaptación de 1995, esta versión es superior en todos los aspectos técnicos. No alcanza la diversión tonta de El Escuadrón Suicida, pero tampoco lo intenta. Frente a Assassin's Creed, que fracasó por tomarse demasiado en serio, Mortal Kombat triunfa en streaming precisamente porque conoce sus limitaciones y las abraza con entusiasmo. 

    Babylon (2022)

    Damien Chazelle, tras el éxito de La La Land, apostaba todo en una épica desenfrenada sobre Hollywood en la transición del cine mudo al sonoro. Con un presupuesto de 80-110 millones de dólares, Brad Pitt y Margot Robbie como estrellas, y una duración de 189 minutos, Babylon recaudó solo 63 millones en todo el mundo. Fue un desastre comercial absoluto que destruyó la reputación de Chazelle como director taquillero. La crítica estuvo dividida: algunos la consideraron una obra maestra excesiva, otros un ejercicio de indulgencia insoportable.

    En Paramount+ y otras plataformas, la película encontró defensores apasionados que apreciaron su poca vergüenza. Chazelle representa el Hollywood de los años veinte como una bacanal apocalíptica, con sexo, drogas y violencia explícita que nunca se sienten gratuitos sino necesarios para capturar una era de libertad creativa desesperada. 

    Robbie está extraordinaria como actriz en ascenso que simboliza la energía caótica del cine mudo, mientras Pitt interpreta a una estrella en declive con una melancolía devastadora. La secuencia final, un montaje que conecta el cine primitivo con el contemporáneo, es uno de los momentos más ambiciosos de la década cinematográfica.

    Comparada con Érase una vez en... Hollywood de Tarantino, que también revisita el Hollywood clásico, Babylon es más frenética y menos nostálgica. No tiene la contención de The Artist, ganadora del Oscar que también explora la transición al cine sonoro, pero es mucho más salvaje. Frente a Ámsterdam, otro fracaso comercial de 2022, esta película tiene una visión clara y una ejecución brillante pese a sus excesos.

  • Todas las películas y series de Sophie Turner, ordenadas

    Todas las películas y series de Sophie Turner, ordenadas

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Convertida en una de las actrices más reconocibles de su generación gracias al fenómeno irrepetible de Juego de Tronos, Sophie Turner ha construido una carrera marcada por decisiones tan comerciales como arriesgadas. Desde la fantasía épica que la lanzó al estrellato hasta thrillers independientes, cine juvenil, animación y producciones televisivas recientes de corte más adulto, sus papeles dibujan un recorrido irregular pero interesante, lleno de intentos por escapar de una sombra muy alargada.

    Este repaso ordena todas sus películas y series por fecha de estreno, analizando su papel en cada una, el contexto del título y cómo encaja —para bien o para mal— dentro de su trayectoria. 

    Juego de Tronos (2011)

    Hablar de Sophie Turner es, inevitablemente, empezar por Juego de Tronos. Su Sansa Stark arranca como un personaje ingenuo, casi irritante, para convertirse con el paso de las temporadas en una de las figuras más complejas y resistentes de la serie. Turner crece como actriz al mismo ritmo que su personaje, algo poco habitual en producciones de esta magnitud.

    Su trabajo no tiene el impacto inmediato de otros intérpretes de la serie (incluidos algunos villanos), pero gana peso con el tiempo. A diferencia de arcos más explosivos como los de Daenerys o Arya, el de Sansa es lento, psicológico y muy político. En ese sentido, Turner conecta más con personajes como los de The Crown que con heroínas de fantasía épica tradicionales.

    Por cierto, si eres fan de la serie, te recomendamos leer nuestra guía con 10 series similares a Game of Thrones.

    El cuento número 13 (2013)

    En esta adaptación televisiva de la novela de Diane Setterfield, Turner interpreta la versión joven de uno de los personajes clave del relato. El cuento número 13 es un drama gótico clásico, muy contenido, donde su papel es más atmosférico que protagonista.

    Aquí, la actriz británica funciona como pieza de un engranaje mayor, algo similar a lo que ocurría con jóvenes actrices en miniseries británicas como Jane Eyre o Grandes esperanzas. No destaca en especial, pero demuestra que puede moverse en registros más sobrios fuera del universo de Juego de Tronos.

    Mi otro yo (2013)

    Mi otro yo es un thriller psicológico de bajo perfil en el que Turner tiene un papel secundario. La película pasó prácticamente desapercibida, y no ayudó demasiado a consolidar su carrera cinematográfica.

    Comparada con otros thrillers juveniles de la época como Desde mi cielo o Presencias extrañas, esta producción se queda corta tanto en ambición como en ejecución. Turner cumple, pero el proyecto no le ofrece espacio real para brillar.

    Barely Lethal (2015)

    Esta comedia de acción adolescente buscaba mezclar instituto, espionaje y humor ligero. Turner interpreta a la típica chica popular, un rol muy alejado de Sansa Stark y claramente diseñado para romper con esa imagen.

    El problema es que Barely Lethal nunca termina de encontrar su tono. Frente a propuestas similares como Kick-Ass o incluso Chicas malas, la película resulta inofensiva y olvidable. Turner demuestra soltura en la comedia, pero el material no está a la altura.

    X-Men: Apocalipsis (2016)

    El salto al cine de superhéroes llega con X-Men: Apocalipsis, donde Sophie Turner encarna a Jean Grey. Es un papel icónico dentro del universo Marvel, pero también uno muy maltratado por los guiones de esta etapa de la saga.

    Turner aporta presencia y contención, aunque queda eclipsada por el caos narrativo de la película. A diferencia de versiones más sólidas del género como Logan o X-Men: Días del futuro pasado, esta entrega nunca sabe qué hacer con sus personajes, incluida Jean Grey.

    Josie (2017)

    Thriller oscuro y provocador, Josie ofrece a Sophie Turner uno de sus papeles más arriesgados. Aquí interpreta a una joven misteriosa que altera la vida de un hombre solitario, en una historia que juega con la manipulación y la ambigüedad moral.

    La película recuerda a ciertos thrillers eróticos de los 90, aunque sin su potencia. Turner demuestra carisma y capacidad para sostener un personaje inquietante, algo que la acerca más a actrices como Rooney Mara que a sus contemporáneas del cine juvenil.

    Amor de ida y vuelta (2018)

    Este drama romántico indie es uno de los trabajos más discretos de su carrera. Amor de ida y vuelta apuesta por una narrativa fragmentada y emociones contenidas, pero nunca termina de despegar.

    Turner está correcta, aunque la película se queda muy por debajo de referentes del género como Blue Valentine o Como locos. Es uno de esos títulos que pasan sin dejar huella, ni para bien ni para mal.

    X-Men: Fénix Oscura (2019)

    X-Men: Fénix Oscura debía ser la consagración definitiva de Turner como Jean Grey, pero acabó convirtiéndose en uno de los mayores tropiezos de la saga. A pesar de ser la protagonista absoluta, la película no consigue articular un conflicto emocional sólido.

    Turner hace lo que puede con un guión errático. Comparada con la poderosa Dark Phoenix Saga de los cómics o incluso con la versión de X-Men: La decisión final, esta adaptación resulta fría y desaprovechada.

    Heavy (2019)

    En Heavy, Turner vuelve al cine independiente con un drama romántico poco convencional. La película explora relaciones marcadas por la inseguridad y el deseo de validación.

    Su papel es más naturalista y cercano, recordando a ciertos dramas generacionales como Frances Ha, aunque sin ese nivel de frescura. Es una interpretación honesta en una película menor.

    Survive (2020)

    Esta serie de corta duración, estrenada en formato digital, muestra a Turner como superviviente de un accidente aéreo en un entorno hostil. Survive se apoya casi por completo en su presencia.

    Aunque la comparación con series como Lost es inevitable, aquí el enfoque es mucho más íntimo. Turner sostiene bien el peso emocional, demostrando que puede liderar una producción, aunque el formato limita su impacto.

    Princess Bride (2020)

    Turner participó en una versión especial y benéfica de Princess Bride, reinterpretando uno de los clásicos más queridos del cine. Su aparición fue breve, pero simbólica.

    Más que una actuación, fue un gesto lúdico y nostálgico, muy lejos de cualquier intento de reinterpretar el original. Funciona como curiosidad dentro de su filmografía.

    La escalera (2022)

    En La escalera, miniserie basada en un caso real, Turner aparece en un papel secundario dentro de un reparto coral liderado por Colin Firth y Toni Collette.

    La serie destaca por su enfoque psicológico y su ambigüedad moral, más cercana a Mindhunter que al true crime sensacionalista. Turner cumple, aunque queda lógicamente en segundo plano.

    Revancha ya (2022)

    Esta comedia adolescente de venganza es uno de los proyectos más divertidos y conscientes de sí mismos en los que ha participado. Turner aparece en un rol breve pero eficaz.

    Revancha ya conecta mejor con el espíritu de películas como Heathers: Escuela de jóvenes asesinos o Clueless, y demuestra que Turner encaja bien en registros más irónicos cuando el guión acompaña.

    Los Storybots responden (2022)

    En esta serie animada infantil, Turner participa como actriz de doblaje. Los Storybots responden es un proyecto educativo donde su aportación es puntual pero funcional.

    No es un título clave en su carrera, pero sí muestra su versatilidad y disposición a explorar formatos muy distintos.

    Joan (2024)

    Joan marca uno de los regresos más interesantes de Turner a la televisión, con un personaje complejo en una serie de corte dramático y criminal.

    Aquí se la ve más segura, más madura, alejándose de manera definitiva de los roles adolescentes. Es un paso en la dirección correcta, comparable al giro que dieron actrices como Jodie Comer o Ruth Wilson en su momento.

    Cuestión de confianza (2025)

    Thriller psicológico reciente, Cuestión de confianza apuesta por el suspense y las relaciones tóxicas. Turner lidera la historia con una interpretación más contenida y adulta.

    Sin reinventar el género, la película funciona mejor que otros intentos similares, situándose por encima de muchos thrillers de consumo rápido.

    The Dreadful (2026)

    Este proyecto de terror promete ser uno de los más interesantes de su carrera reciente. The Dreadful busca un enfoque atmosférico, más cercano al terror psicológico que al susto fácil.

    Si cumple lo que promete, podría situar a Turner en una línea similar a la de actrices como Florence Pugh en Midsommar.

    El robo (2026)

    En El robo, Turner se adentra en las series de atracos con un papel aún poco conocido. El género ofrece una buena oportunidad para explorar personajes más ambiguos.

    Todo dependerá de si la serie apuesta por un enfoque estilizado tipo Ocean’s Eleven o por un realismo más crudo.

    Serie de Tomb Raider sin título (2027)

    Este proyecto televisivo es, a día de hoy, uno de los más ambiciosos de su carrera. La serie de Tomb Raider supone asumir un icono cultural con décadas de historia.

    Si logra diferenciarse de las adaptaciones cinematográficas anteriores y ofrecer una Lara Croft con identidad propia, podría convertirse en el gran punto de inflexión que Sophie Turner lleva años buscando.

  • El tráiler de 'Spider-Noir' sugiere que la serie es más oscura de lo que pensabas

    El tráiler de 'Spider-Noir' sugiere que la serie es más oscura de lo que pensabas

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    El primer tráiler de Spider-Noir aterrizó hace apenas unos días y, además de mostrarnos por primera vez a Nicolas Cage encarnando en carne y hueso a Ben Reilly (no a Peter Parker, ojo) vestido con su gabardina y balanceándose entre los rascacielos de una Nueva York de 1933, las imágenes nos permiten vislumbrar a varios de los villanos a los que se enfrentará "The Spider" a lo largo de los ocho episodios.

    Lo curioso es que si revisas el tráiler fotograma a fotograma, te encontrarás con una imagen inquietante de una especie de hombre araña mutante. No es una versión alternativa de Spider-Man, sino una extraña criatura aracniforme del que sabremos más cuando llegue la serie el 27 de mayo a Amazon Prime Video. Aprovechemos el lanzamiento para intentar elucubrar si estamos ante una sorpresa oscura en el panorama del género de superhéroes.

    Los villanos confirmados

    El tráiler, para empezar, confirma que Spider-Noir no escatimará en villanos clásicos reimaginados para esta versión de los años 30. Aunque no aparece directamente en el tráiler,  Brendan Gleeson interpreta a Silvio Manfredi, alias Silvermane, el jefe mafioso que según las fuentes será el gran antagonista de la serie, investigado por Ben Reilly tras varios intentos de asesinato contra él. Hay una toma brevísima de un hombre con traje blanco brillante caminando por un callejón, lo que ha disparado especulaciones sobre una posible aparición de Mr. Negative. Claro que podría ser un personaje completamente diferente, pero está claro que Spider-Noir va a tener sorpresas para los fans de los cómics y para quienes solo conocen al personaje por Spider-Man: Un nuevo universo (2018).

    Jack Huston encarna a Flint Marko, el Hombre de Arena, que en los cómics tradicionales es uno de los enemigos más antiguos de Spider-Man desde su aparición en 1963. Aquí se le presenta como un gángster con la piel transformándose en textura arenosa, capaz de manipular arena para crear trampas y armas. También está el incendiario misterioso que puede crear fuego con las manos, especulado como una versión de Molten Man adaptada al universo noir. Y en el tráiler se pueden distinguir brevísimas apariciones de lo que parece ser Electro y Vulture, villanos fundadores de los Seis Siniestros en los cómics originales. Pero lo verdaderamente perturbador aparece en un fotograma de apenas medio segundo: una criatura aracniforme monstruosa que no es Spider-Man. Luego hablaremos sobre ella.

    Un tono que bebe de Sam Raimi, detectives pulp y terror retro

    Lo fascinante de Spider-Noir no es solo que Nicolas Cage finalmente consiga protagonizar una serie de superhéroes tras décadas de proyectos frustrados como su Superman de Tim Burton, sino el tono que los creadores Oren Uziel y Steve Lightfoot han conseguido imprimir. El tráiler respira el espíritu de Darkman (1990), la olvidada película de Sam Raimi que mezclaba cine noir, terror gótico y superhéroes mucho antes de que dirigiera la trilogía de Spider-Man (2002) con Tobey Maguire. Esa conexión no es casual: Sony y no Marvel Studios tiene los derechos, lo que les da libertad creativa para ir hacia territorios más adultos.

    La estética remite también a La sombra (1994), otra adaptación de un héroe pulp de los años 30, con Alec Baldwin como un vigilante con poderes psíquicos que se mueve entre las sombras de Nueva York. Algunos planos del tráiler recuerdan poderosamente al Rorschach de Watchmen (2009), especialmente en cómo Spider-Noir mira desde una cornisa con su máscara inquietante y su gabardina ondeando. También el Batman de The Batman (2022) hace rima con este estilo, con ese enfoque detectivesco, sucio y violento que Matt Reeves imprimió a su versión del Caballero Oscuro. Pero hay otra referencia que merece la pena mencionar: El sello de Satán (Cast a Deadly Spell, 1991), una joya del cine fantástico de HBO que mezclaba detectives, comedia y cine negro con terror lovecraftiano en un Los Ángeles de los años 40 donde la magia era real.

    Man-Spider vs Dios Araña: ¿qué es esta criatura?

    Volvamos al monstruo del fotograma. Las teorías apuntan a dos posibles identidades. La primera es Man-Spider, un villano que muta completamente en una araña gigante con ocho ojos, múltiples extremidades y pérdida total de su humanidad, un concepto aterrador que apareció en la serie animada de los 90. Estaríamos ante una pesadilla deforme donde un humano pierde toda su humanidad para convertirse en araña completa, body horror puro, algo que confirmaría el tono sombrío de la serie. La versión animada de los 90 mostró esta transformación como algo aterrador incluso para un público infantil, pero esto parece salido de la película Araña mutante (2001), una película de terror que ya exploró esta idea de un humano transformándose en monstruo araña.

    La otra opción, Kwaku Anansi, sería aún más interesante narrativamente. En los cómics de Marvel, Anansi es el Dios Araña original, una deidad totémica del folklore africano que aparece en historias del Hombre Araña cuando se explora el origen místico de sus poderes. En vez de ser solo un accidente radioactivo, los poderes de Spider-Man estarían conectados a fuerzas ancestrales, a un panteón de dioses animales que incluye arañas o avispas (como Shathra, la villana rumoreada de Spider-Man: Brand New Day). Si Spider-Noir decide explorar esta mitología, podríamos estar ante una serie mucho más ambiciosa de lo que parece.

    Lo que está claro es que esta criatura no es amigable y parece algo que ha perdido todo vestigio de humanidad, lo que en el fondo vuelve a un elemento clave en los tebeos de Spider-Man, que en realidad son una suerte de parada de los monstruos, con casi todos los enemigos siendo personajes que son mutados de alguna manera trágica y suelen “caer” en el lado oscuro, por lo que el enfoque de cine de monstruos clásico, con aroma de película Universal—el blanco y negro de la serie no es casual—, como lo fue la Darkman de Raimi, no es nada que no sea puro espíritu de la era dorada del personaje, siempre con ese toque de terror que daban el lagarto, morbius o el propio Venom original.

  • 5 actores que se convertirán en directores en 2026 con debuts prometedores

    5 actores que se convertirán en directores en 2026 con debuts prometedores

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    El salto de la interpretación a la dirección nunca ha sido un camino sencillo. Algunos actores fracasan de forma estrepitosa al intentarlo, otros construyen carreras paralelas sólidas y unos pocos terminan siendo mejores directores que intérpretes. 

    Lo que está claro es que 2026 se perfila como un año muy interesante para este tipo de debuts, con nombres que van desde estrellas consolidadas de Hollywood hasta rostros emergentes con algo que contar. 

    Cinco proyectos destacan por encima del resto, no solo por el perfil de quienes están detrás, sino por la ambición narrativa y visual que prometen. Aquí repasamos estos debuts, analizando qué los hace relevantes y cómo encajan dentro de una tradición cinematográfica cada vez más difusa entre actuación y dirección.

    Kristen Stewart - La cronología del agua

    Que Kristen Stewart diera el salto a la dirección era solo cuestión de tiempo. Después de años demostrando un instinto visual poco común en sus elecciones como actriz —desde Personal Shopper hasta Spencer—, su debut tras las cámaras llega con La cronología del agua, adaptación de las memorias de Lidia Yuknavitch. El proyecto promete ser tan visceral como literario, explorando trauma, identidad y supervivencia a través de una narrativa fragmentada y experimental.

    Stewart no solo dirige, sino que también protagoniza esta historia de una mujer que encuentra en la natación y la escritura una forma de reconstruirse. La apuesta recuerda a ciertos debuts autorales de actrices como Greta Gerwig con Lady Bird o Olivia Wilde con Súper empollonas, aunque el tono aquí parece mucho más oscuro y personal. 

    A diferencia de esos casos, Stewart no busca la comedia ni el coming-of-age luminoso, sino algo más cercano al cine europeo de autor, a directoras como Céline Sciamma o Mia Hansen-Løve.

    Lo interesante es que Stewart lleva años preparándose para esto de manera casi inadvertida. Sus cortometrajes previos ya mostraban una sensibilidad visual muy definida, y su experiencia trabajando con directores como Assayas, Larraín o Cronenberg le ha dado herramientas narrativas poco comunes. 

    Scarlett Johansson - Eleanor The Great

    Tras décadas frente a los focos, Scarlett Johansson debuta en el largometraje con Eleanor The Great, una película que sorprende por su ternura y su enfoque en la tercera edad, un territorio poco explorado por las estrellas de su calibre. 

    La historia de Eleanor Morgenstein, una mujer de 94 años que intenta reconstruir su vida tras una pérdida, es tratada por Johansson con una delicadeza exquisita. Lo que podría haber sido un drama lacrimógeno se convierte, bajo su batuta, en una comedia humana llena de ingenio y dignidad. La elección de June Squibb como protagonista es un acierto total, permitiendo que la dirección de Johansson brille a través de una interpretación contenida pero poderosa.

    Al analizar la película, es inevitable pensar en otros debuts que exploran la vejez, como El padre de Florian Zeller. Sin embargo, donde Zeller utiliza el lenguaje del thriller psicológico para mostrar la desorientación, Johansson prefiere un realismo más luminoso y esperanzador. 

    Comparada con el debut de Bradley Cooper en Ha nacido una estrella, la obra de Johansson es mucho menos grandilocuente y más centrada en los pequeños detalles de la cotidianidad. Es una película que demuestra que Scarlett tiene un ojo clínico para la emoción humana sin necesidad de artificios, situándola en una liga similar a la de directores como Alexander Payne por su capacidad para encontrar lo extraordinario en lo ordinario.

    Eva Victor - Sorry, Baby

    Eva Victor es probablemente el nombre menos conocido de esta lista, pero su debut como directora con Sorry, Baby podría ser el más fresco e impredecible. Comediante, actriz y creadora de contenido, Victor trae consigo una voz única que ya ha demostrado en formatos más breves. Sorry, Baby promete ser una comedia incómoda, llena de humor crudo y observaciones generacionales afiladas.

    El proyecto se sitúa en la tradición de comedias indie escritas y dirigidas por mujeres que no temen ser desagradables o vulnerables, como Obvious Child de Gillian Robespierre o La peor persona del mundo de Joachim Trier. A diferencia de rom-coms más convencionales o incluso de propuestas aparentemente transgresoras como Barb y Star Go van a Vista Del Mar, Sorry, Baby parece apostar por una honestidad emocional sin concesiones.

    Lo interesante de Victor es que viene del mundo digital, donde ha cultivado un público fiel con sketches que mezclan lo absurdo con lo cotidiano. Ese equilibrio entre humor y melancolía podría funcionar muy bien en formato largometraje, siempre que el guión sostenga el ritmo. 

    Si lo consigue, estaríamos ante un debut comparable al de Bo Burnham con Eighth Grade, otro creador digital que supo trasladar su sensibilidad a la gran pantalla sin perder autenticidad. El desafío será evitar caer en el tono errático o disperso que lastra a tantas primeras películas de comediantes.

    Harris Dickinson - Urchin

    Harris Dickinson ha sido una de las revelaciones actorales de los últimos años, con papeles memorables en Beach Rats, El triángulo de la tristeza y Babygirl. Su salto a la dirección con Urchin promete ser tan crudo y visceral como su trabajo frente a la cámara. La película explora la masculinidad tóxica, la clase trabajadora británica y las dinámicas de poder en contextos marginales.

    El tono de Urchin recuerda de forma inevitable al cine social británico de directores como Shane Meadows (This Is England) o Lynne Ramsay (Ratcatcher), aunque Dickinson parece querer aportar una mirada más contemporánea y menos nostálgica. A diferencia de debuts más seguros o pulidos a nivel estético, este proyecto apuesta por la inmediatez, la violencia contenida y los silencios incómodos.

    Dickinson tiene a su favor haber trabajado con directores exigentes que le han dado una educación cinematográfica sólida. Su experiencia en producciones indie de bajo presupuesto también le permitirá moverse con soltura en un rodaje probablemente austero. 

    El riesgo es que Urchin resulte demasiado derivativa o que se pierda en un realismo gris sin identidad propia, algo que le ocurrió a otros debuts británicos como La ciudad de la violencia, bien intencionado pero olvidable. Si Dickinson logra aportar una voz personal y evita los clichés del género, podríamos estar ante uno de los debuts más potentes del año, muy por encima de intentos más tibios de actores que buscan dirigir sin arriesgar demasiado.

    Daniela Ruah - Nowhere Boy

    Daniela Ruah es conocida principalmente por su largo recorrido en televisión, en especial por su papel en NCIS: Los Ángeles, donde ha pasado más de una década construyendo un personaje sólido dentro del mundo policial. Su salto a la dirección con Nowhere Boy marca un giro radical respecto a lo que el público espera de ella, apostando por un drama intimista que explora la paternidad, el abandono y la identidad en contextos de migración.

    El proyecto se aleja por completo del entretenimiento formulaico de las series policiales y se adentra en territorios más cercanos al cine independiente europeo. Nowhere Boy promete una narrativa contenida, casi minimalista, donde los silencios pesan tanto como los diálogos. La premisa recuerda a ciertos dramas migratorios como The Rider de Chloé Zhao o Aftersun de Charlotte Wells, películas que construyen su potencia emocional desde la observación paciente y la economía narrativa.

    Lo interesante del caso de Ruah es que viene de un entorno donde dirigir episodios es una práctica relativamente común para actores consolidados, pero dar el salto al cine requiere una ambición narrativa distinta. 

    A diferencia de debuts televisivos convertidos en largometrajes, como el de Michael Chiklis con The Commish, Ruah parece haber optado por un proyecto personal que no busca replicar las fórmulas de su trabajo previo. El riesgo es que Nowhere Boy se pierda en un tono demasiado austero o que no logre diferenciarse de otros dramas indie sobre desplazamiento y soledad. 

    Sin embargo, si Ruah consigue imprimir una mirada propia y evita caer en el didactismo o la solemnidad vacía que lastran tantos debuts con buenas intenciones, podríamos estar ante una revelación inesperada del año.

  • Spider Noir: dónde has visto antes a su reparto

    Spider Noir: dónde has visto antes a su reparto

    Alejandra Bekerman

    Alejandra Bekerman

    Editor de JustWatch

    En mayo llega a Prime Video una de esas propuestas que despiertan curiosidad desde su primer avance: Spider Noir, una serie que promete mezclar el universo del superhéroe con el tono oscuro y estilizado de un misterio clásico. 

    Esta serie, que se podrá ver tanto en blanco y negro como en color,  está ambientada en el Nueva York de los años treinta y su historia gira en torno a Ben Reilly, un detective privado con más pasado que futuro, obligado a enfrentarse a la etapa en la que fue el único justiciero de la ciudad. 

    Desde que se mostraron las primeras imágenes, Spider Noir ya dio que hablar, pero antes de que se estrene y nos pongamos a analizar teorías, hay algo que a mí siempre me encanta hacer: ubicar caras. Porque sí, el elenco está lleno de actores que ya vimos en otros proyectos, a veces muy distintos entre sí. 

    Encabezados por Nicolas Cage, el reparto mezcla grandes nombres y también algún que otro rostro que seguro reconoces aunque no recuerdes de dónde. Así que aquí vamos con una pequeña previa para esta serie de 2026 que promete en grande.  

    Nicolas Cage 

    Es casi imposible resumir la carrera de Cage en pocas líneas, pero lo intentaré. Él ha pasado de ganador del Oscar por Adiós a Las Vegas y héroe de acción de los 90 en La Roca y Con Air, a aventuras más mainstream como La búsqueda o películas independientes como Dream Scenario. La discusión eterna siempre gira en torno a si es buen o mal actor, pero yo, que soy bastante defensora de su filmografía, creo que esa es la pregunta equivocada. Cage tiene algo que muy pocos conservan en esta industria: es impredecible. Puede ser excesivo, extraño o todo a la vez, pero rara vez es aburrido. 

    En Spider Noir, interpreta al detective Ben Reilly. Es importante saber que aunque ya había puesto voz a Spider-Man Noir en Spider-Man: Into the Spider-Verse, esta nueva serie no está conectada con ese universo. Aquí la inspiración viene directamente de los cómics de Spider-Man Noir, con un tono más adulto. Viendo el estilo de esta serie,  sinceramente cuesta imaginar a alguien más adecuado para esta versión sombría del héroe que Cage.

    Li Jun Li 

    Li Jun Li lleva años construyendo una carrera bastante sólida, aunque muchas veces desde papeles que no siempre son los más visibles. La hemos visto en series como Quantico y The Exorcist, moviéndose con naturalidad entre el thriller y el drama, y también en el cine más reciente, con películas galardonadas como Los Pecadores. 

    En Spider Noir interpreta a Cat Hardy, un nombre que conecta con Felicia Hardy, más conocida como Black Cat. En los cómics, Felicia suele ser un personaje bastante ambiguo: ladrona brillante, aliada ocasional de Spider Man y, muchas veces, su interés romántico. Habrá que ver de que manera se integra en esta historia, pero sin duda en este género su arquetipo permite jugar con la femme fatale clásica, esa mujer que sabe más de lo que dice y nunca muestra todas sus cartas. 

    Brendan Gleeson

    Si en el reparto aparece Brendan Gleeson, yo ya estoy contenta. Es uno de esos actores que elevan cualquier proyecto sin esfuerzo. Lo hemos visto en papeles tan distintos como el terco policía de Escondidos en Brujas, el amigo melancólico en Almas en pena de Inisherin o el imponente Alastor Moody en Harry Potter y el caliz de fuego. Y en cada rol mantiene algo muy suyo: una mezcla de humanidad, ironía y presencia que pesa en pantalla (sobre todo si colabora con Martin McDonagh)

    En Spider Noir interpretará al villano Silvermane, que en los cómics fue el gran jefe criminal de Nueva York antes de que Kingpin le arrebatara el trono. Es decir, no estamos hablando de un mal menor. En un universo ambientado en los años treinta, con mafias y corrupción, Gleeson parece perfecto para encarnar a ese tipo de poder silencioso que no necesita levantar la voz para imponer respeto. Solo imaginarlo en ese rol ya suma puntos a la serie.

    Abraham Popoola

    Si has visto Andor o te has enganchado con The Great, seguramente ya te has cruzado con Abraham Popoola. Es de esos actores que llevan tiempo construyendo su camino con paciencia, apareciendo en proyectos sólidos y dejando huella aún con papeles secundarios. Tiene una presencia muy natural, que encaja especialmente bien en historias donde el contexto social pesa tanto como la acción. 

    En Spider Noir interpretará a un veterano de la Primera Guerra Mundial que intenta salir adelante en un Nueva York poco amable con quienes regresan del frente. Solo esa premisa ya habla de un personaje con heridas y contradicciones. Y si algo nos ha enseñado el noir, es que los antagonistas más interesantes no nacen villanos: suelen ser personas que buscaban una oportunidad y terminaron tomando el camino equivocado.

    Karen Rodríguez

    Si has visto series como El gran salto, Swarm o la segunda temporada de Acapulco, seguramente ya te has cruzado con Karen Rodríguez. En Spider Noir interpretará a Janet, la fiel secretaria de Ben y la persona que parece sostener el pequeño negocio cuando todo amenaza con venirse abajo. 

    Aunque no sabemos bien el trasfondo de su personaje, podemos imaginar un poco por donde viene la mano. En el imaginario noir, la secretaria suele ser mucho más que alguien que toma notas: es cómplice, confidente y, a veces, la voz de la cordura. 

    Jack Huston

    Si conoces Boardwalk Empire, seguramente recuerdas a Jack Huston. Su Richard Harrow era uno de esos personajes que daban miedo y ternura al mismo tiempo, y eso no es fácil. También lo hemos visto en películas como American Hustle, moviéndose con soltura en historias de época y entornos cargados de ambigüedad moral. Tiene un rostro muy de otro tiempo, muy adecuado para una historia de los años treinta.

    En Spider Noir interpretará a Flint Marko, mejor conocido como Sandman. En los cómics, Sandman es uno de los villanos clásicos de Spider Man, capaz de transformar su cuerpo en arena y casi indestructible. Pero aquí, me imagino una versión más humana y menos espectacular, más marcada por la necesidad que por la maldad pura.

    Lamorne Morris

    ¿Conoces la serie New Girl? entonces seguro recuerdas a Lamorne Morris como Winston, ese personaje que empezaba en segundo plano y terminó robándose medio show. Tiene un timing cómico muy natural, pero lo interesante es que con los años ha demostrado que puede ir mucho más allá del humor ligero, como se vio en Fargo, donde exploró registros más oscuros y complejos.

    En Spider Noir hace de Robbie Robertson, un periodista comprometido y mejor amigo de Ben Reilly. En los cómics de Spider Man, Robbie Robertson suele ser una figura íntegra dentro del Daily Bugle, alguien que representa la ética en medio del sensacionalismo. Me gusta especialmente este casting porque Morris tiene carisma y calidez y en un universo noir, siempre viene bien alguien que todavía cree en hacer lo correcto.

  • Nuestro ranking (definitivo) de mejores villanos de la historia del slasher

    Nuestro ranking (definitivo) de mejores villanos de la historia del slasher

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    Ante el arte refinado, la cultura pide relajar la ceja. Por ello, en los años noventa, cuando El silencio de los corderos (1991) era el epítome del fantástico aceptable por la crítica, el slasher irrumpió a cuchilladas para devolver el terror a un mundo conocido y verdaderamente gozoso… Siempre que te guste saltar a sustos.

    Hoy, tras el cansancio post-terror elevado, el slasher regresa para proponer una alternativa que, si no mejor, sí será para todos los públicos. Y las salas responden: sólo habrá que ver los resultados de Scream 7 (2026), que si son parecidos a los del reboot de la saga de Ghostface, nos harán temblar.

    En cualquier caso, siempre es buen momento para recordarnos qué nos gusta de los villanos del subgénero de cuchilladas. Porque, no nos engañemos, son la razón última de que volvamos una y otra vez a la fórmula slasher. Entra nuestro ranking definitivo (o no) de antagonistas.

    10. Ghostface en ‘Scream (Vigila quién llama)’ (1996)

    Scream es una franquicia de terror bastante curiosa. Pensada como la carta de amor definitiva y autoconsciente al género slasher, Scream (Vigila quién llama) (1996) acabó por ser tan querida como las pelis que “parodiaba”, entre muchas comillas. Con un montón de secuelas a lo largo de dos generaciones, su villano, Ghostface, incluso sirvió de base para su propia parodia, Una película de miedo (2000) que, no, no ha envejecido tan bien.

    Aunque es un collage de clichés del slasher, Ghostface tiene tanto carisma que termina siendo mucho más que la suma de sus partes, quizás por lo torpísimo que era. Con su traje negro sencillo, su cuchillo de cocina enorme y su máscara inconfundible, demuestra que lo simple casi siempre funciona mejor.

    9. Norman Bates en ‘Psicosis’ (1960)

    Pocos personajes pueden decir que dieron origen a todo un género, pero igual que James Bond es –sí o sí– el padre del cine de espías, Norman Bates es sin duda el abuelo de todos los slashers. Todos los asesinos del género son un homenaje o una respuesta a su protagonismo desquiciado en Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock.

    Aunque fuera un pionero, muchos personajes posteriores replicaron su fórmula tan bien que casi ha quedado en segundo plano, él y a su obsesión por el sexo y las madres (ejem, Jason). Aun así, Bates merece estar en cualquier lista mínimamente rigurosa, y al abuelo siempre se le guarda un sitio privilegiado en la mesa.

    8. Candyman en ‘Candyman’ (2021)

    Hay tres requisitos para que un slasher se convierta en icónico: un buen nombre, un arma única y una estética inolvidable. La Candyman de Nia DaCosta (2021), así como la original de Clive Barker, tienen además un no sé qué extra: una historia de origen atemporal y consciente con los tiempos en qué surgía.

    Y es que Daniel Robitaille, una víctima de violencia racial, vuelve como un poderoso espíritu que mata a quien lo invoca. Y cuando vuelve… Vuelve como Candyman. Interpretado por Tony Todd, su mano en forma de gancho y el enjambre de abejas que lo rodea aún persiguen las pesadillas de muchos millennials. Además, ¿le recordáis de Destino final (2000)?

    7. Leatherface en ‘La matanza de Texas’ (1974)

    Confieso: yo aún no puedo ver La matanza de Texas (1974) antes de dormir. Hay algo en la imagen de Leatherface (literal, “cara de cuero”, ya sabes por qué) que llega cargado de una energía punk y muy DIY. Muy como que la piel de la máscara podría ser la tuya.

    De hecho, La matanza de Texas de Tobe Hooper y Kim Henkel fue tan revolucionaria que mucha gente creyó que estaba basada en hechos reales. Parte de esa sensación se debe a que Hooper lo fue afirmando a propósito, aunque fuera mentira. Para cuando llegó La matanza de Texas 2 (1986), bastante buena también, Leatherface (como su padrino Ed Gein) ya era una leyenda.

    6. Jason (y mamá) en ‘Viernes 13’ (1980)

    Si Chucky está en el extremo divertido del espectro del terror por su reducido tamaño y su excesiva mala leche, el muy querido Jason Voorhees está en el otro. Como un gigante vestido con ropa sucia y una máscara intimidante, el cadáver resurgido activa todas nuestras escarpias con sólo su presencia. Pero ey, recordad que en la primera película de la saga, él no es el asesino.

    Su naturaleza casi indestructible, como la de Michael Myers, en cada entrega de Viernes 13 (1980) va convirtiendo su aura en cada vez más imponente. Aunque la saga no llega a los cines desde 2009, su impacto sigue vivo gracias a videojuegos como Until Dawn y a la inminente serie Crystal Lake.

    5. El asesino de Blissfield en ‘Este cuerpo me sienta de muerte’ (2020)

    El asesino de Blissfield en Este cuerpo me sienta de muerte (2020) es una de las reinvenciones más ingeniosas del slasher moderno. Interpretado por el grandullón Vince Vaughn, al principio de este slasher body-swap este brutal criminal se cambia de cuerpo con una adolescente, lo que da al personaje una capa inesperada de humor y, como con Ghostface, (casi) nos lleva a quererlo.

    Aunque sigue siendo una máquina de matar imparable, veremos que adaptarse le pide bastante sentido del humor. El asesino de Blissfield, o homólogos como el de Feliz día de tu muerte (2017), prueba que el slasher todavía puede reinventarse sin perder su esencia sangrienta.

    4. Pearl en ‘Pearl’ (2022)

    En poco tiempo, A24 se ha convertido en una referencia del terror de calidad. Ahora, nadie esperaba que tras firmar clásicos modernos de la talla de Hereditary (2018) o Háblame (2023), la factoría A24 se atrevería con las fórmulas de la baja cultura del slasher, un subgénero de terror “de los de siempre”.

    Pero con la saga iniciada por X (2022) de Ti West demostraron que también saben jugar en ese terreno… Con Mia Goth como Pearl, una granjera psicópata sedienta de sangre, la saga dio varios pasos agigantados en el camino del slasher actual. Y entre X y Pearl (2022), el personaje de Goth deja un buen número de cadáveres.

    3. Chucky en ‘Muñeco diabólico’ (1988)

    Chucky no debería funcionar. Porque aunque la idea de una muñeca asesina suena bien en teoría, a la práctica debería darnos risa, y no precisamente de la nerviosa. Y aunque Muñeco diabólico (1988) no tiene problemas en incorporar a su fórmula unas buenas cucharadas de humor, sus creadores se han forrado con ella a base de… Sustos.

    Gracias a unos animatrónicos muy bien hechos y a la voz de Brad Dourif, Chucky se convirtió en una figura terrorífica en los años ochenta, que ha llegado hasta hoy gracias al espíritu revisionista de series tales que Chucky (2021). Mejores gráficos, pero la idea central sigue siendo igual de potente. Y si no, que se lo digan a la robot asesino de M3GAN (2022).

    2. Art el Payaso en ‘Terrifier’ (2018)

    Aunque llegara mucho después de la época dorada del slasher, Art se siente tan imprescindible como sus predecesores. Igual que Ghostface pero con el nivel de gore subido al máximo, el simpático Art the Clown, de Terrifier (2018), es a la vez un homenaje al slasher clásico y una visión renovada del género… O sólo mucho más extrema, pero en cualquier caso, diferente a todo lo que habíamos visto hasta el momento.

    Con solo cinco películas, Art ya se ha ganado un lugar entre los grandes gracias a su traje en profundísimo blanco y negro y la brutalidad extrema, a pesar de la sonrisa inmaculada que viste. Y es que como el Freddy de Robert Englund, claro, gran parte de su atractivo viene de la actuación de David Howard Thornton.

    1. Freddy Krueger en ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984)

    Mientras otros slashers se centran solo en dar miedo, Freddy Krueger se convirtió en icono por su carisma y su humor, y como hemos descubierto en esta guía, eso es el corazón del género. Teniendo en cuenta sus crímenes en Pesadilla en Elm Street (1984), es sorprendente lo mucho que el público llegó a quererlo en los años ochenta y noventa. Otra vez, resulta imposible hablar de Freddy sin mencionar el talento de Robert Englund, que lo interpretó durante años. Esta guía te la dedicamos, Robert.

    Para quien quiera descubrir lo mejor de la saga, aunque no sea para recién iniciados, yo recomendaría Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (1987): puro kitsch, con un corazón que no se lo acaba y con alguna imagen superior incluso a la más destralera Hellraiser: Los que traen el infierno (1987).

  • Las 10 películas nominadas a los Oscar más subestimadas de la última década

    Las 10 películas nominadas a los Oscar más subestimadas de la última década

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    La Academia a veces tiene memoria selectiva. Cada año, decenas de películas compiten por el reconocimiento de la estatuilla, pero solo unas pocas se quedan en el imaginario colectivo. El resto, incluso las nominadas, desaparecen entre los titulares sobre quién ganó Mejor Película o qué vestido llevaba tal actriz. 

    En esta guía rescatamos diez títulos que estuvieron ahí, en la conversación, pero que por distintas razones —distribución limitada, campañas tibias, competencia feroz— nunca recibieron la atención que merecían.

    Mujeres del siglo XX (2016)

    Una película profundamente personal sobre tres mujeres que ayudan a criar a un adolescente en la California de 1979, firma uno de los dramas más sutiles de la época. Annette Bening, Greta Gerwig y Elle Fanning construyen personajes complejos que escapan de los arquetipos fáciles, mientras la cámara observa sus vidas con una ternura que nunca se vuelve condescendiente. 

    La película fue nominada a Mejor Guión Original, pero quedó completamente eclipsada por La La Land y Moonlight en una de las ceremonias más comentadas de la historia reciente.

    Lo que distingue a Mujeres del siglo XX de otros dramas generacionales es su capacidad para capturar la textura específica de un momento histórico sin convertirse en un ejercicio nostálgico. La dirección no idealiza los años setenta ni los presenta como una era dorada perdida: solo los documenta con precisión y afecto. La estructura narrativa fragmentada, que alterna entre voces en off y saltos temporales, podría haber resultado pretenciosa, pero funciona porque está al servicio de la exploración emocional.

    Comparada con El club de los cinco, que también retrata la adolescencia como un territorio de incertidumbre, esta película es mucho menos interesada en el drama y más en la observación. Frente a Lady Bird de Greta Gerwig, que comparte cierta sensibilidad sobre las relaciones materno-filiales, Mujeres del siglo XX es más dispersa pero también más ambiciosa en su retrato de la feminidad. Bening está extraordinaria en un papel que le valió nominaciones pero no premios. El resultado es algo que pocas películas consiguen: hacer que la introspección resulte cinematográfica sin recurrir a trucos visuales baratos.

    Comanchería (2016)

    David Mackenzie revitaliza el western con una historia de dos hermanos que roban bancos en el Texas profundo para salvar la granja familiar. Jeff Bridges, Chris Pine y Ben Foster construyen un triángulo dramático que funciona tanto como thriller como elegía por una América que está desapareciendo. La película recibió cuatro nominaciones, incluyendo Mejor Película, pero perdió frente a Moonlight en una ceremonia donde los westerns crepusculares ya no parecían tener espacio.

    Lo más interesante de Comanchería es cómo actualiza el género sin traicionarlo. Mackenzie entiende que el western contemporáneo no puede ignorar las consecuencias económicas del capitalismo salvaje, pero tampoco puede convertirse en un panfleto. Los atracos están filmados con una tensión contenida que recuerda a Matar o morir, pero con menos estilización y más realismo sucio. El guión de Taylor Sheridan es económico y preciso, construyendo personajes en pocas líneas de diálogo sin caer en el exceso de explicación.

    Comparada con Los odiosos ocho de Tarantino, Comanchería está mucho menos interesada en el espectáculo y más en la melancolía. No tiene la ambición formal de No es país para viejos, pero comparte su visión pesimista sobre la violencia y la codicia. 

    Frente a Logan, que también explora el western como género moribundo, esta película es más terrenal y menos mitológica. Bridges entrega una de esas interpretaciones que parecen no requerir esfuerzo, convirtiendo a un Texas Ranger en retirada en algo más que un arquetipo. 

    Lion (2016)

    La historia real de Saroo Brierley, un niño indio que se pierde en Calcuta y es adoptado por una familia australiana, para luego buscar a su familia biológica usando Google Earth, se convierte en un drama emotivo que trasciende el melodrama fácil. Dev Patel y Nicole Kidman fueron nominados por sus interpretaciones, pero la película quedó sepultada bajo el peso de Moonlight, Manchester frente al mar y La La Land. Es una lástima, porque el film logra algo difícil: hacer que una historia que podría ser puro melodrama televisivo funcione como cine emotivo sin manipulación gratuita.

    La primera mitad de la película, centrada en el niño Saroo interpretado por Sunny Pawar, es notable por su capacidad para mostrar el terror y la desorientación sin recurrir a la victimización. Las calles de Calcuta aparecen filmadas con una mezcla de fascinación y horror, capturando la escala imposible de una ciudad donde un niño puede simplemente desaparecer. La segunda mitad, con Patel asumiendo el papel, es más convencional pero igual de efectiva, explorando la culpa del sobreviviente y la identidad fracturada.

    Comparada con Slumdog Millionaire, que también retrata la India desde una perspectiva occidental, Lion es mucho menos interesada en el espectáculo y más en la emoción contenida. 

    No alcanza la complejidad de Un hombre llamado Ove, que también explora la adopción y la pérdida, pero es más ambiciosa a nivel visual. Frente a La habitación, otra película sobre separación familiar y trauma, Lion elige un tono más esperanzador sin perder de vista el dolor. Kidman está extraordinaria en un papel secundario que podría haber sido solo funcional, aportando capas de vulnerabilidad a una madre adoptiva que entiende que el amor no es posesión. 

    The Florida Project (2017)

    Un verano en la vida de una niña de seis años que vive con su madre en un motel barato a las afueras de Disney World se convierte en uno de los retratos más honestos sobre la pobreza americana. Willem Dafoe fue nominado a Mejor Actor de Reparto por su papel como el gerente del motel, pero la película misma fue ignorada en las categorías principales. La dirección de Sean Baker no ofrece soluciones fáciles ni moralejas reconfortantes: simplemente observa con una mezcla de ternura y rabia contenida.

    Lo extraordinario de The Florida Project es cómo captura la perspectiva infantil sin condescendencia ni sentimentalismo. La cámara filma a la altura de los ojos de Moonee, la protagonista interpretada por Brooklynn Prince, convirtiendo el motel y sus alrededores en un territorio de aventuras donde la miseria adulta es solo un ruido de fondo. La película funciona porque confía en que la observación es suficiente: no necesita subrayar la injusticia ni explicar las dinámicas de clase para que el espectador las entienda.

    Comparada con Precious, que también retrata la pobreza con una madre problemática, The Florida Project es mucho menos interesada en el trauma explícito y más en los momentos de gracia cotidiana. No tiene el naturalismo duro de Los olvidados de Buñuel, pero comparte su rechazo a romantizar la marginalidad. 

    Frente a Lady Bird, mucho más celebrada, esta película es más incómoda y menos dispuesta a ofrecer consuelo. Dafoe está extraordinario en un papel que funciona porque es discreto, aportando una presencia adulta que protege sin juzgar. 

    Yo, Tonya (2017)

    Craig Gillespie convierte la historia de la patinadora Tonya Harding en un ataque furioso contra los medios, la familia disfuncional y el sueño americano. Margot Robbie fue nominada a Mejor Actriz y Allison Janney ganó como Mejor Actriz de Reparto por su interpretación de la madre abusiva de Tonya. La película rompe la cuarta pared de forma constante, utiliza música anacrónica y cambia de tono con una libertad que podría haber resultado caótica, pero funciona porque Gillespie nunca pierde de vista el núcleo emocional: una mujer atrapada entre su talento y las circunstancias que la destruyeron.

    Lo más interesante de Yo, Tonya es cómo rechaza la narrativa única. Los personajes se contradicen entre sí, cuestionan lo que acabamos de ver y ofrecen versiones incompatibles de los mismos eventos. Gillespie utiliza este dispositivo no como un truco posmoderno vacío sino como una forma de explorar cómo la verdad se fragmenta cuando pasa por el filtro mediático. La película es muy divertida en sus primeros dos tercios, pero el humor nunca minimiza la violencia real que Tonya sufrió.

    Comparada con Jackie de Pablo Larraín, que también juega con la construcción de la imagen pública, Yo, Tonya es mucho menos elegante pero igual de incisiva. No tiene la precisión formal de El escándalo, que también aborda el abuso y los medios, pero es más salvaje y menos controlada. 

    Frente a biopics convencionales como Bohemian Rhapsody, estrenada un año después y mucho más exitosa, esta película se atreve a hacer que su protagonista sea antipática sin perder nuestra empatía. Robbie está espectacular, transformándose a nivel físico pero también capturando la rabia de alguien que nunca tuvo oportunidad de ganar. Gillespie logra que una historia que todos creían conocer vuelva a ser incómoda y necesaria.

    El reverendo (2017)

    Un pastor protestante en crisis existencial interpretado por Ethan Hawke se enfrenta a la desesperación, el activismo ambiental y la imposibilidad de la fe en un mundo condenado en lo que funciona como culminación de toda la obra de Paul Schrader. Hawke fue ignorado en las nominaciones actorales, aunque la película recibió una nominación a Mejor Guión Original. Es el tipo de cine sombrío y filosófico que la Academia reconoce pero rara vez premia, demasiado incómodo para las audiencias masivas.

    La película está filmada con un ascetismo visual que recuerda a Pickpocket de Bresson y Los comulgantes de Bergman, dos influencias que el director reconoce de manera abierta. La cámara se mueve poco, los encuadres son simétricos y claustrofóbicos, y el ritmo es lento a propósito. Esta austeridad formal no es pretensión vacía sino coherencia absoluta con el viaje espiritual del protagonista. Hawke, en una de sus mejores interpretaciones, transmite la desintegración interior sin necesidad de grandes escenas dramáticas.

    Comparada con Silencio de Scorsese, que también explora la crisis de fe, El reverendo es más contenida pero igual de devastadora. No tiene el espectáculo visual de Madre! de Aronofsky, que también aborda temas apocalípticos, pero es mucho más rigurosa y menos interesada en la provocación gratuita. 

    Frente a Manchester frente al mar, otra exploración del dolor existencial, esta película elige el silencio donde otras elegirían el diálogo. El resultado es algo extraordinario: una película muy religiosa que funciona igual para creyentes y ateos, porque al final no habla de Dios sino de la imposibilidad de encontrar sentido en un mundo roto.

    Un asunto de familia (2018)

    Hirokazu Kore-eda retrata a una familia de delincuentes menores que acoge a una niña maltratada en su hogar precario. La película ganó la Palma de Oro en Cannes y fue nominada a Mejor Película Extranjera en los Oscar, pero quedó ignorada al completo en la conversación cultural anglosajona. Kore-eda filma con una delicadeza engañosa: lo que parece una comedia costumbrista sobre la pobreza se revela como algo mucho más complejo y ambiguo a nivel moral.

    Lo extraordinario de Un asunto de familia es su capacidad para suspender el juicio moral sin caer en el relativismo. Los personajes mienten, roban y secuestran, pero Kore-eda los filma con tanta humanidad que resulta imposible no empatizar con ellos. La película funciona porque el director entiende que la familia no es solo biología ni legalidad: es un constructo emocional que puede ser igual de real cuando está formado por extraños que se cuidan de forma mutua.

    Comparada con Nadie sabe, otra película de Kore-eda sobre niños abandonados, Un asunto de familia es menos devastadora pero igual de precisa en su observación. No tiene el impacto visceral de Parásitos, que también explora la desigualdad y la familia disfuncional, pero es más sutil y menos interesada en el giro argumental. 

    Frente a Los Miserables de Ladj Ly, otro retrato de la marginalidad, esta película elige la ternura donde otras elegirían la rabia. Kore-eda logra algo que el cine social rara vez consigue: mostrar que la bondad y la ilegalidad pueden coexistir sin contradicción, y que a veces el amor es suficiente incluso cuando todo lo demás falla.

    El faro (2019)

    Dos fareros atrapados en una isla remota descienden hacia la locura con una precisión formal que roza la perfección. Willem Dafoe y Robert Pattinson construyen un duelo actoral memorable, filmado en blanco y negro con formato casi cuadrado que acentúa la claustrofobia. La película fue nominada a Mejor Fotografía, pero ignorada en todas las demás categorías importantes.

    La dirección funciona como si estuviera haciendo una película muda expresionista: la composición visual, el diseño sonoro opresivo y las interpretaciones teatrales crean una atmósfera de pesadilla que se vuelve más asfixiante con cada minuto. La película funciona como fábula sobre el poder, la masculinidad tóxica y la imposibilidad de la comunicación, pero también como ejercicio formal que demuestra que el cine puede ser simultáneamente accesible y experimental.

    Comparada con La bruja, el debut de Robert Eggers, El faro es menos narrativa y más interesada en la atmósfera. No tiene el terror explícito de Midsommar, pero es mucho más perturbadora en su ambigüedad. 

    Frente a Retrato de una mujer en llamas, que también utiliza el formato cuadrado con propósitos específicos, esta película es más violenta y menos contemplativa. Pattinson y Dafoe entregan interpretaciones tan comprometidas que bordean lo grotesco sin perder nunca la humanidad. El resultado es algo extraordinario: una película de terror psicológico que funciona igual como comedia negra, demostrando que el cine de género puede ser tan ambicioso a nivel formal como cualquier drama de prestigio.

    Honeyland (2019)

    Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov documentan la vida de Hatidze, la última recolectora de miel silvestre en Macedonia del Norte, en lo que parece un registro etnográfico pero funciona como fábula ecológica devastadora. La película fue nominada tanto a Mejor Documental como a Mejor Película Extranjera, un hecho histórico, pero desapareció de la conversación cultural apenas terminó la temporada de premios. Es el tipo de cine paciente y observacional que requiere atención absoluta del espectador, algo cada vez más raro en la era de las plataformas.

    Lo extraordinario de Honeyland es cómo los directores logran construir una narrativa dramática sin intervenir en los eventos. La llegada de una familia nómada que rompe el equilibrio ecológico que Hatidze mantiene funciona como giro argumental orgánico, revelando que la realidad puede ser tan estructurada como la ficción si sabes dónde mirar. La fotografía es de una belleza apabullante, capturando paisajes áridos y rostros curtidos con la misma reverencia.

    Comparada con Miel de Semih Kaplanoğlu, que también explora la apicultura con propósitos metafóricos, Honeyland es menos simbólica y más directa en su mensaje ecológico. 

    Frente a Lo que el pulpo me enseñó, ganadora del Oscar al Mejor Documental dos años después, esta película es menos sentimental y más interesada en las dinámicas de poder. Kotevska y Stefanov logran algo extraordinario: hacer un documental sobre la explotación de recursos naturales que funciona como western, tragedia griega y advertencia apocalíptica al mismo tiempo.

    Puñales por la espalda (2019)

    El whodunit clásico revive con un elenco coral extraordinario y un guión que funciona tanto como homenaje al género, como comentario sobre la desigualdad americana. Daniel Craig interpreta a un detective excéntrico que investiga la muerte de un patriarca millonario, mientras Ana de Armas roba la película como la enfermera inmigrante atrapada en el centro de la conspiración. El film fue nominado a Mejor Guión Original, pero ignorado en todas las demás categorías.

    La construcción narrativa es un mecanismo perfecto donde cada giro está ganado y cada revelación recontextualiza lo anterior sin hacer trampa. El guión es un ejemplo de arquitectura narrativa impecable: las pistas están todas ahí desde el principio, pero se ocultan a plena vista con una elegancia que recuerda a las mejores novelas de Agatha Christie. Lo más interesante es cómo la película funciona a nivel simultáneo como entretenimiento puro y como sátira política sin que ninguna de las dos dimensiones anule a la otra.

    En comparación a Asesinato en el Orient Express de Kenneth Branagh, estrenada dos años antes, Puñales por la espalda es mucho más ágil y menos interesada en el espectáculo visual vacío. 

    No tiene la complejidad estructural de Aguas oscuras, pero es mucho más divertida y accesible. Frente a El misterio de Glass Onion, su propia secuela, esta primera entrega es más contenida y mejor equilibrada. 

  • Las mejores películas y series de Keke Palmer, ordenadas

    Las mejores películas y series de Keke Palmer, ordenadas

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    The Burbs (2026) acaba de estrenarse en Peacock este fin de semana y está siendo tendencia. La serie que reimagina el clásico de Tom Hanks No matarás… al vecino (1989) tiene a Keke Palmer como protagonista absoluta, demostrando que es de esas actrices capaces de cargar con ocho episodios enteros sobre sus hombros.

    Palmer fue una niña prodigio y nunca paró. De Nickelodeon al cine de autor, pasando por Jordan Peele, musicales o terror psicológico, a sus 31 años tiene una filmografía que muchos actores con el doble de trayectoria quisieran: variada y arriesgada, también es cantante, presentadora, o productora. Con su última aparición en pantalla llegando a streaming, es un buen momento para repasar los siete trabajos que la consolidaron como una de las intérpretes más interesantes de su generación, y cómo encontrarlos en plataformas.

    7. Scream: Resurrection (2019)

    Después de dos temporadas bastante pochas producidas por la MTV, la serie de la franquicia iniciada con Scream (1996) parecía que no interesaba a nadie. El intento de VH1 por resucitar el proyecto no era la quintaesencia del género, pero al menos hizo muchas cosas bien. Primero, reducir el evento a seis episodios. Segundo, reset completo de personajes y localizaciones. Tercero, devolverle a Ghostface su máscara original. Palmer interpreta a Kym, una activista social con cero paciencia para tonterías y una actitud de no quedarse esperando a que la maten, poco común en el slasher promedio.

    Scream: Resurrection (2019) no es quizá la mejor actuación de Palmer, ni tiene el prestigio de Alice (2022), por ejemplo, pero es una pequeña sorpresa oculta que nos enseña la vis de scream queen de la actriz, que precisamente labró en otra serie de terror llamada Scream Queens (2015). Tuvo malas críticas, pero tampoco era tan distinta a las Scream (2022-2023) recientes de Radio Silence, haciendo una especie de El club de los cinco (1985) con energía horror noire consciente de sus limitaciones.

    6. Pimp (2018)

    Un drama indie sobre una proxeneta lesbiana del Bronx que hereda el negocio de su padre y ahora debe controlar a sus “clientas” en la calle mientras cuida de su madre prostituta y su novia Nikki. Palmer se mete de lleno en un personaje duro, complejo, moralmente ambiguo, evitando caer en estereotipos.

    No es una película fácil. Pimp (2018) es directa, sin filtros, mostrando la violencia y explotación del mundo de la prostitución callejera con una crudeza incómoda. Tiene puntos en común con Zola (2020)—que también trata la explotación sexual desde la perspectiva femenina—aunque esta es más oscura, menos estilizada, casi documental. Palmer sorprendió a todos con una imagen muy lejos de Akeelah contra todos (2006) y que allanó el camino para la más amable y comercial Hustlers (2019), que explora terrenos parecidos con la brillantina de Hollywood.

    5. Alice (2022)

    Un curioso thriller que mezcla drama de esclavitud con vueltecita temporal tipo Parentesco (2022)*. Palmer es una mujer que logra escapar de una plantación en Georgia y descubre que en realidad está en 1973, cuando la esclavitud lleva abolida más de un siglo, pero su dueño la ha mantenido engañada toda su vida. Una premisa loca que funciona gracias a Palmer y la dirección de Krystin Ver Linden, que sabe moverse entre thriller de explotación setentero y el drama social serio.

    Sin ser nunca tan grave y solemne como Pimp, Alice a veces se toma demasiado en serio su concepto absurdo, pero la actriz vende cada segundo de la transformación de su personaje, de esclava aterrorizada a mujer empoderada que descubre la blaxploitation y a Pam Grier. Comparte ADN temático (y argumental) con Antebellum (2020), otra película que juega la misma idea de la esclavitud “tapada”.

    4. Estafadoras de Wall Street (2019)

    Un artículo viral de Jessica Pressler se convirtió en una de las películas más divertidas de 2019 gracias a Jennifer Lopez, que lidera a un grupo de strippers que drogan y estafan a ejecutivos de Wall Street tras la crisis del 2008. Palmer es Mercedes, parte del equipo, en un papel secundario que encaja en el puzle de las escenas corales.

    No es su película—esto está diseñado a mayor gloria de J.Lo de principio a fin—pero Palmer aporta energía y complicidad femenina en una cinta que juega en la misma liga de la sororidad criminal de Ocean's 8 (2018), pero con más pole dance. Estafadoras de Wall Street (2019) se diferencia de Pimp en que celebra la venganza contra el sistema en lugar de mostrar su lado más oscuro.

    3. Akeelah contra todos (2006)

    La película que la puso en el mapa cuando solo era una niña. Doug Atchison dirigió esta “feel-good movie” sobre Akeelah Anderson, niña de 11 años del sur de Los Ángeles con un talento extraordinario para deletrear que llega a competir en una olimpiada nacional contra todo pronóstico.

    Producida por Starbucks Entertainment—sí, la cadena de cafés—, Akeelah contra todos entra de lleno en el clásico cine inspiracional de la época, pero funciona más allá de sus corsés porque Palmer se come la pantalla y comparte espíritu con Billy Elliot (2000) y En busca de la felicidad (2006). Sin necesidad de cargar la misma densidad dramática de aquellas, la escena final del concurso es bastante emocionante y, aunque esté bastante alejada de la comedia negra The Burbs en tono, su presencia en ambas son un testamento de la versatilidad.

    2. The Burbs (2026)

    El clásico de Tom Hanks sirve de inicio para un reboot muy adecuado a los nuevos tiempos. Palmer y Jack Whitehall son una pareja joven que se muda al vecindario perfecto de él. Demasiado perfecto. Cuando un vecino misterioso se instala en la casa victoriana abandonada del barrio, Palmer se obsesiona con descubrir qué secretos esconde en un papel bastante alejado del de Estafadoras de Wall Street.

    The Burbs confía en Palmer para llevar todos sus episodios porque capta muy bien el tono de paranoia suburbana llena de humor que busca sin caer nunca en la parodia. La forma en la que juega con el suspense de "detective amateur de la puerta de al lado" recuerda a la tendencia murder mystery de Solo asesinatos en el edificio (2021-presente), aunque es bastante más oscura, eso sí, sin llegar a algo como The Watcher (2022).

    1. Nop (2022)

    Jordan Peele escribió el papel de Emerald "Em" Haywood pensando en Palmer, que hace que su química con Daniel Kaluuya venda completamente la idea de que son dos hermanos. Ambos buscan capturar evidencia en vídeo de los fenómenos extraños de su rancho de caballos, pero lo que encuentran es bastante más aterrador de lo que parece.

    Nop (2022) tiene capas de comentario social sobre el espectáculo, la explotación, y la obsesión con la celebridad y Palmer aporta la energía y humor necesarios para que la película no se ahogue en su propio caldo de ideas, una especie de versión western de Encuentros en la tercera fase (1977) con el terror de Señales (2002). La mejor interpretación de Palmer hasta la fecha, demostrando que el salto de Akeelah a Peele es la evolución natural de una actriz que siempre ha sabido esperar a buenos papeles.

  • De Michael Jordan a LeBron James, ¿qué estrella de la NBA es el rey de la interpretación?

    De Michael Jordan a LeBron James, ¿qué estrella de la NBA es el rey de la interpretación?

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    La NBA ha dado al mundo jugadores que han redefinido los límites del deporte, pero algunos de ellos decidieron que la cancha de baloncesto se les quedaba pequeña. Desde los ochenta hasta hoy, una galería de gigantes ha probado suerte frente a las cámaras, con resultados que van de lo memorable a lo tan malo que resulta irresistible de ver. 

    Esta guía repasa las apariciones más sonadas de estrellas de la NBA en el cine y la televisión, analiza qué funcionó y qué no, y responde, de una vez por todas, a la pregunta que nadie sabía que necesitaba hacerse: ¿quién es el mejor actor entre los mejores jugadores del mundo?

    Kevin Garnett — Diamantes en bruto (2019)

    Los hermanos Safdie tienen la habilidad de colocar a personas sin formación actoral en situaciones de tensión extrema y extraer de ellas algo que los actores profesionales tardan años en encontrar: autenticidad brutal. 

    Kevin Garnett no interpreta a un personaje en Diamantes en bruto, se interpreta a sí mismo en una versión apenas ficcionada de su presente de entonces, y eso, lejos de restar mérito, lo multiplica. Su presencia en la película no es decorativa: el diamante en bruto del título —un ópalo etíope de valor incierto— pasa por sus manos, y la codicia que despierta en él es el motor que pone en marcha el caos que sigue. 

    Garnett transmite una mezcla de superstición genuina, competitividad visceral y carisma natural que muy pocos actores de método habrían conseguido igualar. Si comparamos su aparición con la de Dennis Rodman en Double Team (1997), que co protagoniza con Jean Claude Van Damme, el contraste es revelador: Rodman actuaba como si supiera que estaba actuando, mientras que Garnett parece no haber recibido nunca ese memorándum.

    Kareem Abdul-Jabbar — Aterriza como puedas (1980)

    Hay algo muy subversivo en que uno de los jugadores más serios y cerebrales de la historia de la NBA decidiera su primera gran aparición en pantalla en una comedia de absurdo puro. 

    Kareem Abdul-Jabbar aparece en Aterriza como puedas como el copiloto Roger Murdock, un hombre que niega ser quien todo el mundo sabe que es mientras ejecuta los movimientos de vuelo con la cara más impávida del cine de los ochenta. 

    El chiste funciona por el foso entre su reputación de gravedad intelectual —estudiante de historia islámica, escritor, activista— y la disposición absoluta a dejarse ridiculizar ante las cámaras. La escena en la que un niño lo descubre y él rompe por un instante el personaje para defender a los Lakers es uno de los momentos más divertidos de la película. 

    Si lo comparamos con Magic Johnson, que tuvo apariciones televisivas de aquella época que no resistían ningún análisis, la elección de Kareem de apostar por la comedia con plena conciencia de lo que estaba haciendo lo convierte en un caso singular: sabía a la perfección cuál era el chiste, y se lo tomaba con la seriedad justa.

    Boban Marjanović — John Wick: Capítulo 3 - Parabellum (2019)

    Boban Marjanović mide 2,24 metros. En cualquier contexto, eso es una enorme presencia. En el universo hiperviolento de John Wick, donde la coreografía de la acción está diseñada para hacer que los combatientes parezcan fuerzas de la naturaleza, Marjanović encaja con una lógica casi perfecta. 

    Su papel como villano anónimo que enfrenta a Keanu Reeves en una de las secuencias de la película no exige profundidad psicológica, pero sí exige algo que él tiene en abundancia: fisicalidad genuina y una capacidad para hacer que cada movimiento resulte amenazante sin esfuerzo aparente. 

    Boban no actúa en realidad, pero tampoco lo necesita: hay actores de acción consagrados que habrían dado cualquier cosa por tener esa presencia natural ante la cámara. Si lo ponemos junto a Shaquille O'Neal en sus peores momentos cinematográficos —que los hay, y los abordaremos— la diferencia es clara: Marjanović entendió que su trabajo no era hablar sino ocupar el espacio, y lo hizo con una eficacia que muchos veteranos del género envidiarían.

    Ray Allen — Una mala jugada (1998)

    Spike Lee lleva décadas construyendo su cine sobre la fricción entre la representación y la realidad, y Una mala jugada es quizás el ejercicio más honesto que ha hecho sobre la NBA como industria emocional. 

    Ray Allen da vida a Jesús Shuttlesworth, un joven prodigio del baloncesto cuya libertad está en manos de un sistema que lo tiene como mercancía. Y lo hace con una contención que en otro contexto podría confundirse con frialdad, pero que en el de Lee funciona como la única respuesta lógica de un hombre que ha aprendido a no mostrar lo que siente porque mostrarlo tiene un coste. 

    Allen no tenía formación actoral y comparte pantalla con Denzel Washington, que es uno de los actores americanos más completos de las últimas cuatro décadas. Salir indemne de esa comparación es, en sí mismo, un logro considerable. 

    Si comparamos a Allen con otros deportistas que han intentado la transición al drama —Bo Jackson en alguna aparición puntual, por ejemplo— la diferencia de registro y de compromiso resulta evidente. Allen se tomó el trabajo en serio, y la película se beneficia de ello de manera sustancial.

    LeBron James — Space Jam: Nuevas leyendas (2021)

    Existe una diferencia fundamental entre una película construida alrededor de un deportista y una película que existe para servir los intereses de marca de ese deportista, y Space Jam: Nuevas leyendas pertenece con claridad a la segunda categoría. 

    LeBron James no es un mal actor en el sentido técnico: sabe moverse, tiene conciencia de la cámara, su timing cómico no es desastroso. El problema es que la película no le exige nada que lo obligue a crecer, y él parece cómodo en esa realidad. Cada decisión narrativa está diseñada para construir el mito de LeBron, lo que convierte el resultado en algo más cercano a la publicidad de lujo que al cine familiar. 

    Comparado con la entrega y el carisma natural que Garnett desplegó en Diamantes en bruto ese mismo año, o con la desprotegida vulnerabilidad de Ray Allen en Una mala jugada, la actuación de LeBron en Nuevas leyendas parece la de alguien que nunca salió de su zona de confort. 

    Juancho Hernangómez — Garra (2022)

    La aparición de Juancho Hernangómez en Garra —la película de Ben Affleck y Adam Sandler sobre un cazatalentos de la NBA que descubre a un jugador olvidado en España— es uno de los ejercicios más honestos y mejor ejecutados de esta lista. 

    Hernangómez da vida a Bo Cruz, el jugador al que el personaje de Sandler decide apostar su carrera, y lo hace con una naturalidad que desmiente cualquier prejuicio sobre los deportistas como actores. La escena más exigente de su interpretación —una confrontación con su pasado y con las expectativas de su familia— tiene una emoción genuina que no parece fabricada. 

    Sandler, que lleva años alternando comedias de consumo rápido con actuaciones de una intensidad devastadora (Diamantes en bruto, Embriagado de amor), le exige algo real, y Hernangómez responde. 

    Si comparamos su trabajo con el de otros jugadores europeos que han tenido presencia en medios americanos, la distancia es considerable: Hernangómez entendió que estaba haciendo cine, no publicidad, y se preparó en consecuencia. Garra no habría funcionado sin un Bo Cruz creíble, y Juancho lo fue.

    Shaquille O'Neal — Scary Movie 4 (2006)

    Shaquille O'Neal tiene en su filmografía uno de los peores experimentos del cine de los noventa —Kazaam (1996), donde interpretaba a un genio del rap atrapado en una caja de cartón— y una trayectoria posterior de cameos y apariciones que ha frecuentado con la alegría de alguien que nunca ha fingido tener ambiciones artísticas. 

    Su aparición en Scary Movie 4 es lo que parece: una estrella dispuesta a reírse de sí misma con la confianza que solo da haber ganado cuatro anillos de la NBA. No hay sutileza aquí, no hay intención de construir un personaje, y la película no lo pide. 

    Comparado con lo que hizo Kareem en Aterriza como puedas —que también era comedia absurda pero tenía una arquitectura cómica más inteligente—, el trabajo de Shaq en Scary Movie 4 es el de alguien que aparece, hace el gag, y desaparece. Lo cual, conviene decirlo, es 100% legítimo. 

    No toda participación de un deportista en el cine tiene que ser Diamantes en bruto. A veces basta con ser Shaq siendo Shaq, y él lo es con una eficacia que pocos podrían igualar.

    Michael Jordan — Space Jam (1996)

    Space Jam es una de esas películas que han sobrevivido a su propia calidad real gracias a la nostalgia, a la música, y al hecho de que Michael Jordan sea Michael Jordan. Su actuación en la película no es buena en ningún sentido técnico del término: Jordan habla como si estuviera leyendo un guión que ve por primera vez, sus reacciones ante los Monstars tienen la espontaneidad de alguien a quien no le han explicado qué va a pasar, y sus escenas con Bill Murray —que aparece como una versión hiperbolizada de sí mismo— ponen de manifiesto la distancia que hay entre un profesional del humor y alguien que simplemente comparte pantalla con él. 

    Y sin embargo, Space Jam funciona, y Jordan tiene algo que ver con eso: la cámara lo quiere, su presencia física es magnética, y hay momentos —sobre todo en la cancha, donde era el mejor del mundo en lo que hacía— donde la película recuerda por qué estamos viendo todo esto. Comparado con LeBron en Nuevas leyendas, Jordan actúa peor pero su película es mejor, lo cual dice algo interesante sobre la relación entre carisma y técnica.

    Wilt Chamberlain — Conan el destructor (1984)

    Wilt Chamberlain apareció en Conan el destructor como Bombaata, el guardaespaldas enviado a vigilar a Arnold Schwarzenegger, en lo que representa uno de los ejercicios de casting más lógicos y menos reflexivos del cine de acción de los ochenta. 

    Si necesitas a alguien que físicamente pueda parecer una amenaza creíble para el hombre que protagonizaba Terminator, Wilt Chamberlain —1,80 kilos, 2,16 metros, y uno de los atletas más imponentes que han pisado el planeta— es una elección obvia. 

    Lo que la película no pedía, y Chamberlain no tenía por qué ofrecer, era matiz. Bombaata no es un personaje, es una presencia, y Chamberlain la ocupa con dignidad. Comparado con Jim Brown, que durante los sesenta y setenta construyó una carrera cinematográfica más sólida en el cine de acción aprovechando ese mismo tipo de fisicalidad, Chamberlain parece menos cómodo ante las cámaras, más consciente de que está actuando. No es su medio, pero tampoco lo ensucia, y a veces eso es suficiente.

    Larry Johnson — Cosas de casa (1993)

    Larry Johnson aparece en Cosas de casa como una versión de sí mismo que la serie usa con la misma lógica que un parque temático usa una atracción conocida: para que el público diga "ese es Larry Johnson" y sienta el pequeño placer de reconocer al famoso. 

    No hay exigencia actoral aquí, no hay construcción de personaje, y Johnson no pretende que la haya. La diferencia entre este tipo de aparición y lo que hizo Ray Allen en Una mala jugada cinco años después ilustra a la perfección la distancia entre ser un jugador de la NBA que aparece en una película y ser un deportista que decide tomarse en serio lo que significa estar frente a una cámara. 

    Johnson lo hace bien en sus propios términos —es simpático, tiene presencia, no destroza la escena—, pero sus propios términos son los de un cameo glorificado, no los de una actuación.

    El veredicto: el rey de la interpretación entre las estrellas de la NBA

    Si tuviéramos que elegir al mejor actor de esta lista con criterios cinematográficos —compromiso con el papel, capacidad para sostener escenas dramáticas, credibilidad ante actores profesionales y contribución real al relato de la película que habita—, la respuesta sería Ray Allen en Una mala jugada. Su trabajo junto a Denzel Washington es el único de esta lista que podría sobrevivir a la pregunta de qué habría pasado si lo hubiera hecho un actor de verdad, y la respuesta honesta es que probablemente habría perdido algo. Allen trajo a Jesús Shuttlesworth una experiencia vivida que ningún actor de método habría podido fabricar.

    La mención de honor, sin embargo, pertenece a Kevin Garnett en Diamantes en bruto, por la misma razón y con el mismo argumento: los Safdie encontraron en él algo que el cine de género americano raramente ha sabido aprovechar en los deportistas, y Garnett respondió con una autenticidad que todavía se siente a varios visionados de distancia.

    Michael Jordan tiene la mejor película. LeBron tiene la peor a pesar de haberlo intentado más. Y Kareem Abdul-Jabbar tiene el mejor sentido del humor de todos, lo cual también debería contar para algo.

  • Todas las películas y series de Doctor Dolittle, en orden

    Todas las películas y series de Doctor Dolittle, en orden

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Doctor Dolittle es una película que nos acompañó durante nuestra infancia. ¿Un doctor que habla con animales? ¿Y ese doctor es Eddie Murphy? Bueno, bueno, ahí estaba yo, lista para disfrutar de la película con un buen bol de palomitas en mano. No importaba cuántas veces la viera, siempre quería más. 

    Pero lo mejor era verla en familia. Era un momento donde estábamos todos y sólo disfrutábamos de estar juntos. Conforme más creciendo, esos momentos van escaseando y los echas de menos. Por lo que si quieres disfrutar de un plan de cine algo nostálgico, es el momento perfecto para adentrarte en nuestra lista de todas las películas de Doctor Dolittle, en orden.

    1. El extravagante Doctor Dolittle (1967)

    El extravagante Doctor Dolittle (1967) es una versión clásica y se nota. Es un musical exagerado y muy marcado por su época, más interesado en el espectáculo que en hacerte reír a carcajadas. Este Dolittle es excéntrico, idealista y está convencido de que hablar con animales no es una rareza, sino su auténtica razón de ser. No tiene el humor de la versión de 1998, pero es como una montaña rusa. Si te gustan las películas que mezclan fantasía y música, Mary Poppins (1964) te encantará.

    2. Dr. Dolittle (1998)

    Dr. Dolittle (1998) es la versión con la que la mayoría crecimos y la que convirtió al personaje en un icono. La película sabe exactamente lo que quiere ser: una comedia familiar. Se centra en el conflicto del protagonista. Hablar con animales es solo el detonante pero lo importante es cómo Dolittle ha pasado años negando quién es y cómo eso afecta a su familia. A diferencia de Doctor Dolittle 2 (2001), en esta hay más equilibrio entre el humor y la exploración de los personajes. Es una película para volver a ver una y otra vez. Si este es tu rollo, La señora Doubtfire (1993) te gustará.

    3. Dr. Dolittle 2 (2001)

    Dr. Dolittle 2 (2001) apuesta por elevar al cubo lo que vimos en su predecesora. Más animales, más situaciones absurdas y un humor más desenfadado que la primera entrega. Dolittle ya ha aceptado quién es, así que aquí se trata de cómo Dolittle ayuda a los animales gracias a su don intentando que el resto del mundo no averigüe de lo que es capaz. Al contrario de lo que sucede con Doctor Dolittle 3 (2006), esta no intenta reinventar la historia. Es una secuela muy consciente de lo que se espera de ella. Si disfrutas este tipo de comedias, Ace Ventura, un detective diferente (1994) te va a encantar.

    4. Dr. Dolittle 3 (2006)

    Dr. Dolittle 3 (2006) cambia bastante con respecto a Doctor Dolittle 2 (2001), ya que centra la historia en Maya, la hija del doctor. Es una película para un público adolescente y se nota. La capacidad de hablar con animales de Maya es sólo una de las razones por las que se siente diferente y que no encaja en ningún sitio, algo con lo que todos nos podemos identificar. Así, esta película intenta abrir un nuevo camino dentro de la saga para seguir explorándola a través de una nueva generación. Y lo consigue. Si te gustan este tipo de historias, Aquamarine (2006) es para ti.

    5. Dr. Dolittle 4 (2008)

    En Dr. Dolittle 4 (2008), la saga vuelve a subir la apuesta colocando a los animales en el centro. Es una película que abraza el humor absurdo desde el principio y sin complejos y sí, es exagerada, pero eso marca la diferencia con Dr. Dolittle 3 (2006). Maya sigue siendo el eje de la historia, pero ya no se trata tanto de cómo equilibra su don con su vida normal, si no que la película apuesta más por el humor. Si este tipo de historias son lo que te va, Spy Kids (2001) encajará muy bien contigo.

    6. Dr. Dolittle 5 (2009)

    Dr. Dolittle 5 (2009) cierra esta etapa de remakes con su historia más sencilla. La película habla de la fama, el talento, la presión para triunfar…y el precio que pagas por ello. Es menos surrealista que Dr. Dolittle 4 (2008), lo que permite que la historia fluya mejor y puedas conectar más con los personajes. No reinventa la rueda, pero tampoco lo necesita. Es una de esas películas que dan lo que prometen. Si disfrutas de estas historias, Dando la nota (2012) te va a gustar un montón.

    7. Las aventuras del Doctor Dolittle (2020)

    Las aventuras del Doctor Dolittle (2020) te sorprende porque elige un camino totalmente distinto al que te esperas. La película se toma la aventura mucho más en serio que la comedia, parecido a lo que pasa en El extravagante Doctor Dolittle (1967). Así, este Dolittle es más serio, más encerrado en sí mismo y no puede ocultar que lo que ha perdido lo define. Si creciste con las películas de Eddie Murphy, como yo, el cambio se nota y puede que te choque. La sensación es la de estar viendo un intento de empezar de nuevo con el personaje, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Sí eso es lo que te va, prueba con Paddington (2014).

  • Las mejores adaptaciones de Sherlock Holmes, ordenadas

    Las mejores adaptaciones de Sherlock Holmes, ordenadas

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Pocas figuras de la literatura universal han sido tan adaptadas, reinterpretadas y maltratadas como Sherlock Holmes. Desde el cine mudo hasta las plataformas de streaming, el detective de Baker Street ha protagonizado más versiones de las que cualquier aficionado al cine podría contar en una sola tarde. 

    Algunas de esas adaptaciones han elevado al personaje hasta convertirlo en iconografía pura; otras lo han reducido a una caricatura de sí mismo. Esta guía ordena de peor a mejor nueve de las más relevantes, desde los experimentos fallidos hasta las obras que han redefinido lo que significa llevar a Holmes a la pantalla. 

    9. Los irregulares (2021)

    La propuesta de Los irregulares sobre el papel tenía cierto atractivo: tomar a los niños de la calle que Holmes empleaba de manera ocasional en los relatos originales de Conan Doyle y convertirlos en los verdaderos protagonistas de una serie de terror sobrenatural victoriana. 

    El problema es que la serie de Netflix olvida casi de inmediato su premisa más interesante para convertirse en un drama juvenil con estética dark que podría haber protagonizado cualquier grupo de adolescentes con habilidades especiales. Holmes, interpretado por Henry Lloyd-Hughes, aparece como un adicto al opio errático y secundario, una decisión que podría haber resultado transgresora si la serie tuviera algo más interesante que decir sobre él. 

    Comparada con Penny Dreadful, que sí supo construir un universo victoriano oscuro con personajes literarios de manera convincente, Los irregulares se queda en la superficie de su propio concepto. No tiene la profundidad emocional de The Terror, otra serie de época con elementos sobrenaturales, ni la coherencia narrativa mínima que requiere cualquier historia de misterio. 

    8. Basil, el ratón superdetective (1986)

    Basil, el ratón superdetective es uno de los grandes títulos olvidados de forma injusta del catálogo clásico de Disney. La película, basada en la serie de novelas de Eve Titus, traslada la estructura holmesiana a un mundo en miniatura habitado por ratones que viven bajo los tablones del 221B de Baker Street. 

    Basil es un detective meticuloso, excéntrico y brillante que debe detener al malvado Ratigan —uno de los villanos animados más carismáticos de la casa— antes de que arruine la celebración del jubileo de la reina. La película tiene una energía divertida y un respeto real por la mecánica deductiva que hace que su protagonista resulte reconocible pese a ser un roedor victoriano. 

    El clímax en el interior del Big Ben sigue siendo una proeza de animación mecánica que combina lo tradicional con los primeros usos serios del CGI en Disney. Comparada con Robin Hood de la misma casa, que también traslada a personajes icónicos a un universo animal, Basil tiene una trama más sólida y un antagonista más elaborado. No alcanza la densidad emocional de El jorobado de Notre Dame o La sirenita, películas que llegarían poco después en el Renacimiento Disney, pero su energía de aventura ligera y su fidelidad al espíritu holmesiano la convierten en un clásico menor que merece ser reivindicado.

    7. Enola Holmes (2020)

    Enola Holmes llega con una premisa simpática: ¿qué pasa si Sherlock tuviera una hermana menor mucho más interesante que él? Millie Bobby Brown interpreta a Enola con una energía desbordante y una rotura de la cuarta pared que remite más a Ferris Bueller que a cualquier tradición victoriana, lo cual es exactamente la intención. 

    La película funciona como entretenimiento desenfadado y tiene una protagonista carismática que sostiene cada escena con comodidad. El problema llega cuando intenta ser más de lo que es: las tramas políticas sobre el sufragismo se quedan en lo superficial, y Henry Cavill, en su primera aparición como Sherlock, interpreta a un Holmes tan guapo y comprensivo que resulta difícil de creer como el misántropo funcional que describe Conan Doyle. 

    Comparada con Wonder Woman, otra película de acción con protagonista femenina que mezcla aventura con contexto histórico, Enola Holmes tiene menos ambición narrativa pero resulta más ligera y accesible. No tiene la complejidad de Mujercitas de Greta Gerwig, que también revisita el siglo XIX con una sensibilidad contemporánea sin traicionar su esencia, pero su carácter juvenil la distingue sin pretensión. 

    6. Sherlock Holmes (2009)

    Guy Ritchie convirtió a Sherlock Holmes en una franquicia de acción victoriana con Robert Downey Jr. como un Holmes físicamente ágil, excéntrico hasta el límite y con más carisma que inteligencia deductiva aparente. 

    La película tiene un ritmo endiablado, una química genuina entre Downey Jr. y Jude Law como Watson, y una producción que recrea el Londres de finales del XIX con una suciedad y una energía que resultan refrescantes después de décadas de adaptaciones más solemnes. 

    El problema de la película de Ritchie es que prioriza el espectáculo sobre la deducción: Holmes aquí es más un héroe de acción que un detective, y los momentos donde exhibe su capacidad analítica quedan enterrados bajo secuencias de combate que podrían pertenecer a cualquier blockbuster de la época. 

    Si la comparamos con Iron Man, estrenada el año anterior con el mismo Downey Jr., la película de Holmes tiene una personalidad visual más definida pero menos coherente en su construcción de personaje. No tiene la elegancia narrativa de El truco final, otro thriller de época que sí sabe equilibrar espectáculo e inteligencia, pero su entretenimiento es innegable y su influencia sobre cómo Hollywood concibe los blockbusters de época ha sido considerable. Una adaptación que funciona mejor si se acepta como una reinvención que como una interpretación fiel.

    5. Mr. Holmes (2015)

    Mr. Holmes es la adaptación más inusual y, en ciertos aspectos, la más valiente de las que aparecen en esta lista. Bill Condon dirige a Ian McKellen como un Sherlock Holmes de 93 años que vive retirado en la costa de Sussex, cuidando abejas y lidiando con el deterioro de su memoria mientras intenta reconstruir los detalles de su último caso. 

    El film no tiene villanos ni persecuciones ni una deducción espectacular: es una meditación serena sobre la vejez, el arrepentimiento y los límites de la razón pura como forma de entender la vida. 

    McKellen está extraordinario, construyendo un Holmes que reconoce su propio fracaso emocional con una lucidez devastadora que ninguna otra interpretación del personaje se ha permitido explorar. 

    En comparación con Nebraska de Alexander Payne, otra película sobre ancianos que confrontan el peso de sus decisiones pasadas, Mr. Holmes tiene una melancolía más literaria y menos irónica. No tiene el pulso narrativo de las mejores adaptaciones del detective, lo cual puede desesperar a quien llegue buscando misterio, pero su retrato de Holmes como hombre antes que como máquina de pensar la convierte en algo singular. 

    4. Elementary (2012)

    Elementary tuvo el coraje de trasladar a Sherlock Holmes al Nueva York contemporáneo y convertir a Watson en una mujer —Joan Watson, interpretada con precisión quirúrgica por Lucy Liu— sin que ninguna de las dos decisiones sonara a truco de marketing. 

    Jonny Lee Miller construye un Holmes que funciona como genio en recuperación: un adicto que trabaja como consultor del NYPD y cuya brillantez está amenazada de forma constante por sus propios demonios. La serie tardó un par de temporadas en encontrar su ritmo, pero cuando lo hizo, construyó una de las relaciones de trabajo más complejas y genuinas de la televisión americana reciente. 

    El formato procedural de caso-por-semana le jugó en contra en los momentos de menor inspiración, produciendo episodios anodinos que diluyeron la densidad del personaje. Si miramos a The Good Doctor, otra serie de procedural americano con protagonista de habilidades excepcionales y dificultades sociales, Elementary tiene más profundidad emocional y una pareja protagonista más equilibrada. 

    No alcanza la audacia formal de la serie británica que la precedió, pero tiene siete temporadas de solidez narrativa que la distinguen de la mayoría de los procedurales de la CBS. 

    3. El perro de los Baskerville (1939)

    De todas las versiones que Basil Rathbone filmó como Sherlock Holmes entre 1939 y 1946, El perro de los Baskerville es la que mejor ha envejecido y la que con más justicia representa por qué Rathbone sigue siendo, para muchos, el Holmes cinematográfico definitivo. 

    La película adapta la novela más famosa de Conan Doyle con una fidelidad relativa, priorizando la atmósfera gótica de los páramos ingleses y la tensión entre lo racional y lo sobrenatural. Rathbone tiene una presencia física y una dicción perfectas para el personaje: nariz afilada, mirada incisiva, un modo de hablar que convierte cada deducción en pequeño espectáculo teatral. Nigel Bruce como Watson resulta más cómico e incompetente de lo que la obra original sugiere, una elección que la tradición posterior ha corregido, pero que en el contexto de la época funcionaba para dar al público un punto de identificación menos intimidante que Holmes. 

    Comparada con las versiones de Hammer de los años sesenta protagonizadas por Peter Cushing, la de Rathbone tiene menos producción pero más personalidad. No tiene la tensión psicológica de la versión televisiva de 1984 con Jeremy Brett, pero para su época representa un estándar de adaptación que tardó décadas en ser superado. Un documento histórico imprescindible que además se ve con placer genuino.

    2. Las aventuras de Sherlock Holmes (1984)

    La serie de Granada Televisión protagonizada por Jeremy Brett es, sencillamente, la adaptación más fiel al espíritu de los relatos originales de Conan Doyle que existe en cualquier formato. Brett construyó a Holmes durante más de una década con una entrega que roza la obsesión y acabó afectando su salud: estudiaba los textos originales con fanatismo académico, corregía los guiones cuando se alejaban del canon y desarrolló una interpretación que capturaba tanto el genio frío del detective como la melancolía oscura que Conan Doyle nunca dejó de insinuar entre líneas. 

    Los episodios de la primera temporada, en particular, tienen una calidad consistente que pocas series de televisión han alcanzado antes o después: cada detalle de producción —el vestuario, los decorados, el ritmo narrativo— parece diseñado para honrar el material de origen sin convertirlo en museo. David Burke como Watson en las primeras temporadas ofrece el mejor Watson de la historia: inteligente, útil, con dignidad propia.

    Si la comparamos con Poirot, la otra gran serie de detective de época británica de la misma época con David Suchet, Las aventuras de Sherlock Holmes tiene menos humor pero más intensidad. No tiene la ambición cinematográfica de la serie de Moffat y Gatiss que vendría décadas después, pero su honestidad con el material original la convierte en referencia obligatoria para cualquiera que quiera entender de verdad al personaje.

    1. Sherlock (2010)

    Steven Moffat y Mark Gatiss lograron lo que parecía imposible: trasladar a Sherlock Holmes al Londres del siglo XXI sin perder una sola de las cosas que hacen al personaje irresistible, y en el proceso crearon una de las series más influyentes de la televisión contemporánea. Benedict Cumberbatch interpreta a un Holmes que él mismo describe como un "sociópata de alto funcionamiento", un hombre con una inteligencia desquiciante que se aburre con la velocidad del pensamiento ordinario y encuentra en el crimen el único estímulo capaz de mantenerlo funcional. 

    Martin Freeman es el Watson más equilibrado desde David Burke: veterano de Afganistán en lugar de la India victoriana, médico de urgencias reconvertido en biógrafo digital, con una paciencia infinita y una competencia propia que lo alejan del sidekick pasivo de tantas versiones anteriores. 

    Los tres primeros episodios de la primera temporada —especialmente Un estudio en rosa, que adapta Estudio en escarlata con una elegancia formal impresionante— son algunos de los mejores noventa minutos de televisión de la última década. 

    Comparada con True Detective en su primera temporada, otra serie que convirtió el procedural policial en ejercicio de autoría cinematográfica, Sherlock tiene más humor y más consciencia de sí misma, pero comparte esa capacidad de hacer que la inteligencia resulte magnética en pantalla. No tiene la consistencia entre temporadas de Las aventuras de Sherlock Holmes, y su caída de calidad en la cuarta temporada es uno de los descensos más dolorosos de la televisión reciente. Pero en sus mejores momentos, Sherlock es televisión que redefine los límites del personaje y del género.

  • Todas las películas de la saga A por todas, en orden

    Todas las películas de la saga A por todas, en orden

    Raquel Morales

    Raquel Morales

    Editor de JustWatch

    Lo admito: llevo un tiempo pensando en la saga A por todas más de lo que debería. Empiezas recordando la primera, luego te viene a la cabeza otra, y de repente estás intentando acordarte de cuántas secuelas hay. Y no son pocas. Lo que empezó como una comedia adolescente algo diferente a las demás acabó convirtiéndose en una franquicia que se fue estirando entrega tras entrega. 

    Algunas funcionan, otras no tanto, y varias existen únicamente porque el nombre seguía teniendo tirón. Así que, si te apetece un viaje nostálgico por el cheerleading, los 2000 y algunas secuelas que nadie pidió pero todos hemos visto alguna vez, este es el momento perfecto para adentrarte en nuestra lista de todas las películas de la saga A por todas, en orden.

    1. A por todas (2000)

    A por todas (2000) sigue siendo, con diferencia, la película que mejor entiende lo que quiere ser. Tiene personalidad, un ritmo muy bien medido y unos personajes que se sienten vivos y reconocibles incluso años después. La rivalidad entre institutos funciona porque está bien construida, el comentario sobre la apropiación cultural está integrado de forma natural y Kirsten Dunst sostiene la película con un carisma que marca la diferencia. Todo fluye con una soltura que hace que nada parezca forzado ni impostado. Por eso juega en otra liga dentro del cine adolescente: la misma en la que está Chicas malas (2004).

    2. A por todas de nuevo (2004)

    A por todas de nuevo (2004) tiene a su favor que intenta replicar el espíritu de A por todas (2000) sin desviarse demasiado del camino. Aunque no cuente con el reparto original, mantiene una estructura reconocible y un tono ligero que la hace fácil de ver. No tiene la misma chispa ni el mismo comentario social, pero se nota el esfuerzo por no romper del todo con lo anterior. Dentro de la saga, es de las secuelas que mejor conservan cierta coherencia y una sensación de continuidad. En ese sentido, encaja bien con películas como American Pie 2 (2001).

    3. A por todas de nuevo, una vez más (2006)

    A por todas de nuevo, una vez más (2006) destaca por intentar mover la saga a otro entorno y apostar por una protagonista con más peso que en A por todas de nuevo (2004). El cambio de contexto le da un aire distinto y, aunque el resultado no siempre es equilibrado, se agradece que busque algo más que repetir lo mismo. El conflicto está mejor definido que en otras entregas posteriores y los personajes tienen algo más de recorrido. No es revolucionaria, pero funciona como una evolución dentro de la saga. Si te gusta ese espíritu, Step Up (2006) es para ti.

    4. A por todas: Vamos a triunfar (2007)

    A por todas: Vamos a triunfar (2007) apuesta claramente por el espectáculo. Todo es más grande, más exagerado y más consciente de sí mismo que en A por todas de nuevo, una vez más (2006), y ahí es donde la película encuentra su principal punto fuerte. La competición internacional permite ampliar el escenario y subir el nivel de las coreografías, que es, al final, lo que muchos buscamos en este tipo de películas. No pretende ser profunda ni especialmente coherente, pero sí entretenida, como sucede en La puntuación perfecta (2004).

    5. A por todas: La lucha final (2009)

    A por todas: La lucha final (2009) tiene una idea interesante de base: el cruce cultural y el intento de mezclar estilos distintos dentro del cheerleading. Aunque no termina de explotar todo su potencial, sí aporta una sensación de cambio frente a A por todas: Vamos a triunfar (2007). Es una película que intenta abrir la saga a otros referentes y escenarios, aunque lo haga de forma algo superficial. Dentro del conjunto, funciona como un experimento que no acaba de cuajar, pero que al menos busca diferenciarse. Por su enfoque, recuerda a películas como Guerra de cheerleaders (2009), más centradas en la competición que en otra cosa.

    6. A por todas: Enfrentamiento mundial (2017)

    A por todas: Enfrentamiento mundial (2017) es probablemente el intento más claro de adaptar la saga a una época mucho más actual. Introduce redes sociales, viralidad y competiciones globales como eje central, y aunque el resultado es irregular, la intención de modernizar la saga desde A por todas: La lucha final (2009) es evidente. Al menos, entiende que el mundo había cambiado y que el cheerleading ya no se consume igual que en los 2000. Ese esfuerzo por actualizarse la eleva al nivel de sagas como Dando la nota (2012), que supieron evolucionar con su público.

    7. A por todas: Anima o muere (2022)

    A por todas: Anima o muere (2022) es, sin duda, la película más sorprendente de todas. El simple hecho de mezclar A por todas (2000) con el terror ya la convierte en una rareza. La combinación de comedia, gore y clichés de slasher es arriesgada y, aunque no siempre funcione, demuestra la voluntad de romper con todo lo anterior, especialmente lo que vimos en A por todas: Enfrentamiento mundial (2017). Es una película que se atreve a probar algo distinto cuando la fórmula ya estaba agotada. Por eso es bastante parecida a Destino final (2000).

  • 10 series similares a ‘Dawson crece’ ideales para nostálgicos

    10 series similares a ‘Dawson crece’ ideales para nostálgicos

    Juan José Mateo

    Juan José Mateo

    Editor de JustWatch

    Si creciste viendo Dawson crece disfrutaste de una época repleta de tardes que sabían a drama adolescente, a resolución de conflictos frente al mar, y a amores tan profundos como definitivos. Todo esto y mucho más lo encontrabas en una de las series más destacadas de finales de los años 90.

    Como sabemos que la ficción protagonizada por James Van Der Beek supuso una cápsula del tiempo para toda una generación, en esta guía te traemos otras 10 series similares a Dawson crece que harán tus delicias si eres fan de la nostalgia, y que te traerán muchos recuerdos cuando las veas.

    Felicity (1998)

    A lo largo de cuatro temporadas pudimos ver la evolución de Felicity Porter en Felicity, una serie que pone el foco en el cambio vital de una chica que deja atrás la adolescencia para adentrarse en la universidad. 

    Es más honesta que Dawson crece, y eso se nota desde el primer capítulo. También tiene un guión más sólido y sus interpretaciones alcanzan un nivel muy alto (sobre todo en el caso de Keri Russell). Ideal para mentes más profundas y paladares más exquisitos.

    Si Dawson crece funcionaba como una prolongación idealizada del instituto (con diálogos casi literarios y conflictos emocionales algo sobredimensionados), Felicity se acerca más a la experiencia real del paso a la vida adulta. 

    En este sentido, se sitúa más cerca de Girls que de Gossip Girl, apostando por la introspección antes que por el espectáculo. También comparte ADN con Es mi vida, aunque esta última se queda anclada en la adolescencia, mientras que Felicity se atreve a hablar de decisiones equivocadas, relaciones que no funcionan y vocaciones que se desmoronan. 

    Si buscas una serie que envejezca bien contigo y no solo un chute de nostalgia, esta es una de las mejores puertas de entrada.

    A dos metros bajo tierra (2001)

    Puede que A dos metros bajo tierra sea la serie más laureada de esta guía, ya que su presencia en las ceremonias de premios fue asidua durante sus 5 temporadas y 63 episodios.

    Por otro lado, también sirvió como trampolín en la carrera de Michael C. Hall (quién interpreta a David), que después protagonizó la serie Dexter. Su argumento es más tenebroso y su humor, mucho más negro que el resto de opciones que hay en la lista. Si entre tus amigos eres la persona que siempre se ríe de los chistes políticamente incorrectos, esta serie es para ti.

    Aunque pueda parecer una elección extraña dentro de una lista de “series similares a Dawson crece”, A dos metros bajo tierra conecta con ella en lo esencial: la obsesión por verbalizar emociones. Eso sí, aquí el envoltorio es muy distinto. Donde Dawson hablaba de amores imposibles frente al mar, esta serie disecciona la muerte, la culpa y la identidad con una crudeza que la emparenta más con Los Soprano o Mad Men. 

    Si This Is Us te pareció intensa pero digerible, aquí encontrarás una versión mucho menos complaciente. No es una serie amable, pero sí muy humana, y probablemente una de las mejores ficciones jamás escritas sobre el paso del tiempo.

    Everwood (2002)

    Ahora nos detenemos en Everwood, una serie que obtuvo varias nominaciones a los Premios Emmy y al Sindicato de Actores. En ella, un cirujano famoso abandona su vida en la ciudad de Nueva York tras el fallecimiento de su esposa y se muda con sus hijos a un pequeño pueblo de Colorado. 

    Si después de leer esta breve sinopsis piensas que es un culebrón, estás en lo cierto: un drama multigeneracional con el que no vas a poder parpadear. Mucho más adictiva que Dawson crece.

    Everwood comparte con Dawson crece el gusto por los silencios incómodos y los conflictos emocionales que se cuecen a fuego lento, pero añade una capa familiar que la hace más transversal. 

    Podría verse como una versión más adulta de Las chicas Gilmore, aunque sin su ritmo de comedia ni su verborrea constante. También anticipa el tono de Friday Night Lights en su retrato de comunidades pequeñas donde todos se conocen y nada pasa desapercibido. Si Dawson te atrapó por sus dilemas sentimentales, aquí encontrarás dramas más complejos y relaciones menos idealizadas, lo que la convierte en una opción perfecta para revisitar el género con unos años más encima.

    One Tree Hill (2003)

    Nada menos que 187 episodios nos regaló One Tree Hill, una serie que gira en torno a dos medio hermanos que están enfrentados y que conviven en el mismo pueblo de Carolina del Norte. 

    Si bien encontrarás en la serie mucho baloncesto, música, amistad y, por supuesto, secretos y dramas familiares, lo cierto es que te va a resultar más superflua que el resto de opciones de la guía. Ideal si lo que buscas es entretenimiento que exija pensar poco tras un día agotador.

    A diferencia de Dawson crece, que tendía a tomarse muy en serio a sí misma, One Tree Hill abraza el melodrama sin complejos. Está más cerca de Crónicas vampíricas (sin elementos sobrenaturales) que de una serie de autor, y eso juega tanto a su favor como en su contra. 

    Donde Dawson reflexionaba sobre el amor, aquí se dramatiza hasta el exceso. Sin embargo, esa falta de sutileza es precisamente lo que la convirtió en un fenómeno generacional. Si buscas algo menos introspectivo que Friday Night Lights y más emocionalmente exagerado que Everwood, esta es tu serie.

    The O.C. (2003)

    Llegamos a The O.C., una serie que al igual que Dawson crece destaca por ser muy introspectiva. La trama nos sitúa en el lujoso condado de Orange County, donde seguimos los pasos de Ryan Atwood, un joven inteligente que termina acogido por una familia adinerada de la zona. 

    Si te gusta el contraste de clases y las historias ligeras y adictivas, The O.C. te va a gustar. Salvando las distancias, podemos considerarla como el Élite de la época.

    The O.C. es, con toda probabilidad, la heredera más directa de Dawson crece en términos de impacto cultural. Donde una tenía monólogos frente al mar, la otra ofrecía fiestas en mansiones y bandas sonoras inolvidables. 

    Comparada con Gossip Girl, resulta más emocional y menos cínica, y frente a Sensación de vivir - 90210, mucho más consciente de sus personajes. 

    Si Dawson era idealismo noventero, The O.C. es cinismo millennial temprano: más ritmo, más ironía y menos solemnidad, pero igual de eficaz a la hora de construir vínculos con el espectador.

    Viviendo con Derek (2005)

    Seguimos en el mundo de la adolescencia, esta vez con Viviendo con Derek, una serie canadiense que relata la historia de dos jóvenes obligados a vivir en la misma casa cuando sus padres se casan (un argumento muy parecido a Los Serrano, como habrás notado).

    La rivalidad entre Casey y Derek da lugar a situaciones tan cómicas como emotivas. Te vas a reír mucho si la ves, y le vas a pillar cariño a los personajes. Pero no esperes nada muy profundo, más bien al contrario.

    Si Dawson crece apostaba por el drama romántico, Viviendo con Derek se mueve en una liga mucho más ligera y familiar. Está más cerca de Lizzie McGuire o Hannah Montana que de Skins, y su objetivo es el entretenimiento sin complicaciones. Aun así, sorprende por la química entre sus protagonistas y por cómo convierte conflictos cotidianos en pequeñas batallas emocionales. 

    No es una serie para analizar, sino para dejarse llevar, ideal si buscas nostalgia amable sin la carga emocional de otras opciones de la lista.

    Friday Night Lights (2006)

    Otra de las series más galardonadas ha sido Friday Night Lights, donde el fútbol americano y las relaciones humanas se dan la mano para darnos una de las series dramáticas más destacadas de las últimas dos décadas.

    La historia retrata cómo es la vida en un pequeño pueblo de Texas donde el deporte es muy importante, casi como una religión, y dónde la evolución de sus personajes te mantiene enganchado a lo largo de sus cinco temporadas. Recomendable para almas intensas que disfrutan de los vaivenes del amor en la ficción (ten pañuelos a mano).

    Por cierto, si te gustan las historias sobre deporte pero no eres mucho de dramas, te recomendamos leer nuestra guía sobre las 10 comedias deportivas más divertidas.

    Si Dawson crece hablaba de crecer de manera emocional, Friday Night Lights lo hace desde la responsabilidad, la presión social y las expectativas colectivas. Es una serie más cercana a This Is Us que a One Tree Hill, y mucho más contenida que The O.C.

    Aquí los silencios pesan tanto como los diálogos, y los conflictos no siempre tienen una resolución clara. Si buscas una evolución natural del drama adolescente hacia algo más maduro y realista, esta es una de las mejores transiciones posibles.

    Skins (2007)

    Una serie que gozó de una gran recepción por parte de crítica y audiencia es Skins, que es bastante más cruda y directa que Dawson crece en su representación de la adolescencia Skins en Reino Unido. 

    La historia está repleta de drogas, sexo, conflictos familiares… y todo contado desde una mirada fresca y honesta. Recuerda a Sex Education, aunque sin la ingenuidad y el humor de esta última. Es ideal para entender un poco más a los adolescentes. 

    Donde Dawson crece romantizaba el sufrimiento adolescente, Skins lo expone sin filtros. Está más cerca de Euphoria que de cualquier serie noventera, aunque con menos estilización visual y más urgencia narrativa. 

    No busca agradar ni tranquilizar, sino incomodar y reflejar una realidad mucho más áspera. Si creciste con Dawson y quieres comprobar cómo ha cambiado la forma de retratar la adolescencia en televisión, esta serie funciona casi como un choque generacional.

    Doctora en Alabama (2011)

    Con varios paralelismos con Everwood encontramos a Doctora en Alabama, una serie protagonizada por Rachel Bilson, quien da vida a la joven cirujana Zoe Hart, que hereda una consulta médica en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos, en Alabama.

    A pesar de que Hart no llega con ganas de quedarse, la excentricidad de los habitantes de la zona y un inesperado triángulo amoroso le obligan a replantearse su futuro. Un poco más romántica que el resto de la lista, pero sin empalagar. Rachel Bilson está espléndida, por cierto.

    Doctora en Alabama es la versión más luminosa y escapista del espíritu Dawson. Tiene el encanto de Gilmore Girls y el romance de Un lugar para soñar, pero sin caer en el dramatismo excesivo. Frente a la solemnidad noventera, aquí todo es más ligero, más consciente de sí mismo y pensado para el confort del espectador. 

    Ideal si buscas nostalgia sin angustia y personajes con los que pasar tiempo sin sobresaltos.

    Diseñando a Jane (2012)

    Aunque la serie fue cancelada antes de producir su segunda temporada, lo cierto es que Diseñando a Jane dejó su huella a mediados en 2012 intentando reflejar el mundo de la moda a través de una adolescente que termina trabajando en el sector por accidente.

    La trama combina a la perfección el drama propio de la edad con toques de comedia y un punto de cuento de hadas actual. La más infantil, pizpireta y feliciana de todas las opciones, así que si esos adjetivos resuenan contigo, mírala sin dudar.

    Comparada con Dawson crece, Diseñando a Jane parece casi una fantasía juvenil, más cercana a Emily in Paris que al drama introspectivo noventero. Aquí los conflictos se resuelven rápido y el tono es muy optimista. 

    No busca realismo, sino inspiración y evasión. Si Dawson era intensidad emocional, esta es ligereza pura. No es la más profunda de la lista, pero sí una de las más encantadoras si te apetece algo breve, amable y sin dramatismos excesivos.

    Y si te gustan las historias sobre moda, seguro que has visto El diablo viste de Prada, sobre la que escribimos un artículo explicando qué ha hecho su reparto después de la película.

  • Series del MCU que vale la pena ver (incluso si estás cansado de Marvel)

    Series del MCU que vale la pena ver (incluso si estás cansado de Marvel)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Jorge Casanueva (Jorge Loser)

    Editor de JustWatch

    La fatiga de superhéroes existe. Después de años con cuatro o cinco estrenos anuales entre cine y streaming, muchos espectadores han levantado bandera blanca ante Marvel. Pero justo cuando creías con el universo cinematográfico más rentable de la historia no da para más en televisión, aparece Wonder Man (2025) como recordatorio de que algunas series del MCU siguen mereciendo atención. Y hay un patrón: las mejores propuestas televisivas de Marvel suelen ser autocontenidas, pequeñas joyas que funcionan sin exigirte haber visto las 47 películas previas ni conocer el paradero de cada Gema del Infinito.

    Después de empaparte del todo sobre el nuevo héroe, te hemos preparado un menú de seis series que demuestran que Marvel puede hacer televisión de calidad cuando se lo propone, ordenadas de menos a más imprescindibles. Todas disponibles en las plataformas de streaming en España.

    6. Daredevil: Born Again (2025-)

    El Diablo de Hell's Kitchen repite la jugada de Netflix en Daredevil: Born Again, que recupera a Charlie Cox y Vincent D'Onofio para intentar ser dos cosas a la vez: Disney+ quiere violencia pero con límites. Quiere oscuridad pero que encaje con su público masivo del MCU. El resultado es... raro, pero los dos actores siguen teniendo la tensión magnética que hace funcionar la serie, especialmente ahora que Fisk es alcalde y Murdock debe enfrentarlo desde los juzgados en vez de los tejados.

    Hay momentos, como el de la secuencia del pasillo en el tercer episodio, que alcanzan la gloria de Daredevil (2015) original, pero no deja de hacer guiños al MCU más extenso. Probablemente la menos autónoma de la lista, como Loki (2021-2024), se encamina solo a durar un par temporadas, pero si echas de menos el universo del Murdock de hace una década, mejor ponerte con The Punisher (2017), que realmente sí sube el límite de violencia con marca Marvel.

    5. Loki (2021-2024)

    Tom Hiddleston volvió a ponerse los cuernos en una serie que convierte al dios del engaño en protagonista de un thriller temporal. Loki arranca cuando el villano reconvertido en pícaro escapa con el Teseracto durante los eventos de Vengadores: Endgame (2019), siendo capturado inmediatamente por la Autoridad de Variación Temporal. Lo que sigue es una exploración del multiverso, variantes temporales y burocracia interdimensional con toques de ciencia ficción retro-futurista.

    La química entre Hiddleston y Owen Wilson es el alma de una serie visualmente preciosa, con estética análoga a Terry Gilliam y espíritu del Doctor Who (1963-) clásico, aunque a veces se pierde en su propia mitología. Espiritualmente tiene algo del camp retro de La Bruja Escarlata y Vision (2021), también por sus formatos televisivos variantes, pero no tiene nada que ver con la “secuela” de aquella, Agatha ¿Quién si no? (2024), sino que es más para quienes disfruten de paradojas temporales, aunque sin llegar a los niveles de complejidad y deprimencia de Dark (2017).

    4. Agatha ¿Quién si no? (2024)

    Una continuación/spin-off de La Bruja Escarlata y Vision que viene a certificar que Kathryn Hahn robó la serie, y ahora literalmente. Agatha ¿Quién si no? (2024) sigue a Agatha Harkness formando un aquelarre de brujas marginales para recorrer el legendario “Camino de las Brujas”. Es básicamente El mago de Oz (1939) meets Las brujas de Eastwick (1987) con presupuesto Marvel, aunque podría funcionar completamente sola sin necesitar contexto del MCU.

    Hahn está magnética, pero aquí es Aubrey Plaza quien le roba las escenas como Rio Vidal. Quizá su desparpajo es lo que se echaba de menos en Loki, que a veces se ponía muy seria—en contradicción con lo que gustaba del personaje—, abrazando un tono juguetón que ha aprendido algo de Lo que hacemos en las sombras (2019-2025). Una grata sorpresa que demuestra que Disney puede hacer comedia oscura y puede haber aprendido algo del fracaso de la secuela de El retorno de las brujas (1993).

    3. X-Men 97 (2024)

    Esta resurrección del clásico de dibujos animados de los noventa no tenía derecho a ser tan buena. X-Men 97 (2024) continúa directamente donde terminó X-Men: La serie animada (1992-1997), pero en vez de replicar la fórmula con nostalgia pocha, evoluciona con narrativas más oscuras, animación moderna que respeta los diseños originales, y temas que abordan discriminación e identidad con una profundidad que ya querría Daredevil: Born Again.

    El episodio cinco, "Remember It", es de lo mejor que Marvel ha producido para televisión, un evento devastador que recontextualiza todo lo anterior y deja claro que esta no es una simple serie para niños. A pesar de ello, funciona tanto para quien creció con la original como para nuevos espectadores que se han enganchado al tren con Spider-Man: Un nuevo universo (2018) y no con Los Eternos (2021), o para aquellos que no aguanten más para ver en la gran pantalla a los X-Men, claro.

    2. Caballero Luna (2022)

    Ha ido quedando en el olvido, pero es la serie más extraña, oscura, rara, brillante y visualmente arriesgada del MCU. Caballero Luna (2022) es un thriller psicológico que explora el trastorno de identidad disociativo de su protagonista, un Oscar Isaac triplicando papeles. Si te suena a locura es porque lo es, con una sensibilidad visual bastante épica, mezclado mitología egipcia, fugas astrales, acción, kaiju y hasta un poquito de body horror.

    Además, Ethan Hawke crea un villano carismático y aterrador como Arthur Harrow, así que al loro los fans de la saga Black Phone (2021). A diferencia de la asimilación de la aventura retro de Agente Carter (2015-2016), Caballero Luna se lanza al fantástico a lo bestia, con secuencias oníricas, narración no lineal, y violencia explícita. Es la serie más desconectada del MCU y precisamente por eso es tan disfrutable sin necesitad de ataduras, como lo fue en su momento Legion (2017), pero sin las dos temporadas que le sobraban.

    1. Agent Carter

    Hay eventos televisivos que te hacen explicarte por qué el MCU no acaba de levantar cabeza del todo desde Endgame: nadie echó al ejecutivo que canceló Agent Carter, la mejor serie de Marvel hasta el momento. Dos temporadas de oro puro oro con Hayley Atwell lidiando con la América de posguerra de 1946, y una oficina llena de hombres que la ven como una secretaria. Elegante, ingeniosa, y tan divertida como una comedia screwball entre la actriz y James D'Arcy.

    Es algo así como un thriller de espías clásico con elementos tecnológicos cortesía del joven padre de Iron Man, pero sin las paradojas temporales y mitología de Loki. Básicamente en lo que se habría convertido la maravillosa Rocketeer (1991) de haber tenido formato serie; no por casualidad, aquella estaba dirigida por Joe Johnston, artífice del tono retro de… Capitán América: el primer Vengador (2011). Se cierra el círculo.

  • Ranking de las actores que nunca han ganado un Oscar, aunque no lo creas

    Ranking de las actores que nunca han ganado un Oscar, aunque no lo creas

    Mariona Borrull

    Mariona Borrull

    Editor de JustWatch

    Aunque la mayoría de ellos han estado en nuestras pantallas (y sueños menos safe for work) durante largas décadas, pero las temporadas de premios –por decirlo fino– no siempre salen como une espera. Desde la destroza tardía de EMILIA PÉREZ (2024) al salseo entre los hermanos Safdie que podría acabar con todas las posibilidades de Timothée Chalamet en Marty Supreme (2025).

    Ningún actor o cineasta se salva de volver a casa tras la gala de los Oscars con las manos vacías por un tropiezo. Y, en el campo de la interpretación, si uno se lleva la estatuilla como mínimo cuatro más salen perdiendo. Aunque… A veces, las derrotas y vacíos de la Academia son algo más sutiles.

    Por ejemplo, hay nombres que jurarías que están forrados de premios de la Academia, pero en realidad no han ganado ni uno. ¿Es justo? No.

    ¿Deberías pasarte horas discutiendo en tu fiesta de los Oscar sobre por qué estas estrellas sí merecen el premio más importante de la industria? Pues sí, claro.

    Porque, ¿cómo te va a entrar en la cabeza que Sir Ian McKellen derrotara al Balrog de Morgoth en El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001) y, en cambio, no haya logrado nunca llevarse la réplica diminuta del señor desnudo dorado tapándose con una espada? O, yo qué sé, ¿cómo se olvidaron de premiar el papelón acabado y autoconsciente de Bradley Cooper en Ha nacido una estrella (2018)?

    Así que hoy hacemos ranking de actores –ellas vienen en el Top de actrices que nunca han ganado un Oscar– que merecerían, de una vez por todas, ser reconocidos con la dichosa estatuilla. Las películas que te recomiendo deberían probar, por sí solas, que estos actores sí merecían algo mejor. Y esta guía se ordena por nivel de incredulidad, de olvido menos a más impensable. ¿Arrancamos?

    Colman Domingo

    El primer puesto en el ranking lleva más forma de carta a los Reyes que de pleito serio. Porque él no lo es tanto, pero su popularidad y reconocimiento académico sí resultan bastante jóvenes. Con dos nominaciones seguidas como Mejor Actor, en 2024 y en 2025, Colman Domingo se ha asegurado ya un lugar entre los grandes de Hollywood, pero aún le queda algo de tiempo (¿cuánto? Que se lo diga Samuel L. Jackson) para alcanzar el Oscar soñado.

    Que ya les gustaría a muchos premiados gozar de su popularidad indiscutible, también digo. Por ejemplo, yo muero más de ganas por ver la nueva temporada de Euphoria (2019) que por asistir a la gala de los Oscars. Sus nominaciones vienen de Rustin (2023) y Las vidas de Sing Sing (2024).

    Sir Ian McKellen

    Sí, SIR Ian McKellen –con el “sir” en mayúscula, siempre– ha trabajado más en teatro que en la gran pantalla, y ha tenido alguna elección de pura supervivencia en sus últimos papeles. Cats (2019), te miro a ti.

    Pero seguirá costándote creerlo, porque este SIR Ian McKellen tampoco ha recibido ningún reconocimiento dorado de la Academia. Ha sido nominado dos veces: primero por Dioses y monstruos (1998) como Mejor Actor, perdiendo contra Roberto Benigni; y luego ¡por ser Gandalf! en  El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001), como Actor de Reparto. Que a Gandalf lo derrotara Jim Broadbent nos explica muchas cosas sobre las prioridades del mundo en que vivimos.

    Johnny Depp

    Ha sido el chico guapo desde Pesadilla en Elm Street (1984) y el ídolo sensible prácticamente desde Eduardo Manostijeras (1990), así que no es de extrañar que las alfombras lo adoren a pesar de lo muy-muy turbio de las acusaciones que sobre él se ciernen… Pero creo que será el espíritu pop –y no la mala conciencia– lo que lo ha apartado del máximo triunfo en Hollywood.

    Johnny Depp ha sido nominado tres veces como Mejor Actor. La primera fue por Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003), que perdió contra Sean Penn. Luego fue nominado como coprotagonista con Kate Winslet en Descubriendo Nunca Jamás (2004) y perdió contra Jamie Foxx. Y la última fue por Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet (2007), cuando ganó Daniel Day-Lewis.

    Mark Ruffalo

    Es el amigo que siempre acude a tus fiestas, aunque nunca es el rey de ninguna. Mark Ruffalo ha acumulado cuatro nominaciones como Actor de Reparto desde 2011, pero todavía no ha ganado. Fue nominado por Los chicos están bien (2010), Foxcatcher (2014), En primera plana (2015) y Pobres criaturas (2023), pero tuvo que ver cómo ganaban Christian Bale, J.K. Simmons, Mark Rylance y su colega del Universo Marvel, Robert Downey Jr… Este último, definitivamente sobrevalorado.

    Y aunque Ruffalo todavía no tiene un Oscar, sí forma parte de un club muy exclusivo: con su cuarta nominación por Pobres criaturas, hoy día está empatado con otros siete actores como los más nominados de la historia en esta categoría. Ni tan mal.

    Edward Norton

    Edward Norton nunca ha ganado el Oscar a pesar de tener cuatro nominaciones. Recibió dos como Mejor Actor de Reparto, por Las dos caras de la verdad (1996) y Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) (2014), perdiendo contra Cuba Gooding Jr. y J.K. Simmons, respectivamente. Súmale otra como Mejor Actor en 1999 por American History X, cuando Roberto Benigni le ganó. Como veis, no es cuánto ha perdido Norton sino contra quién.

    El año pasado, su suerte podía cambiar tras conseguir su cuarta nominación al Oscar, por su papel sensible como el cantante folk Pete Seeger en Un completo desconocido (2024). Su derrota fue aún más trágica, porque –siguiendo la tónica pero mayor el agravio– estaba nominado junto a los poco conocidos/antipáticos Yura Borisov (Anora) o Kieran Culkin (Un dolor real). Finalmente, Culkin se lo zafó.

    Willem Dafoe

    Entra en su página de IMDb, busca en el apartado de premios y flipa con el único vacío inexplicable. Es uno de los actores más prolíficos de hoy en día, tiene más de 150 trabajos en más de 40 años de carrera. 

    Con las cuatro nominaciones de Willem Dafoe al Oscar, y las ha perdido todas: como Actor de Reparto por Pelotón (1986), que es pura Historia del cine, o por La sombra del vampiro (2000), en la que se convirtió en NOSFERATU, literalmente. Y claro, en registro más convencionalmente premiable, encontramos El Proyecto Florida (2017) o Van Gogh, a las puertas de la eternidad (2018). Lo que más rabia me provoca es que ni cortándose una oreja, ni convirtiéndose en meme, ha logrado nunca subir al escenario.

    Ralph Fiennes

    Como en el caso de Edward Norton, lo que cuenta para Ralph Fiennes no es cuánto sino contra quién ha perdido. Porque el británico se ha hecho con los siete Horrocruxes, pero también con cero Oscars. Perdió como Actor de Reparto por La lista de Schindler (1993) frente a Tommy Lee Jones, y como Mejor Actor por El paciente inglés (1996) contra Geoffrey Rush.

    En 2025 conseguía su tercera nominación, como Mejor Actor por Cónclave (2024), y debería haber salido Dios a entregárselo, pero en su lugar apareció Adrien Brody en versión épica por El Brutalista y dijo –en polaco, hecho con IA– “trae para acá”.

    Tom Cruise

    El “salvador de la taquilla” Tom Cruise puede ser uno de los actores más icónicos de la historia del cine, pero ni siquiera él ha conseguido el Oscar a pesar de tener tres nominaciones como actor, y otra como productor. Fue nominado dos veces como Mejor Actor por Nacido el cuatro de julio (1989) y Jerry Maguire (1996), pero perdió contra Daniel Day-Lewis y Geoffrey Rush. También fue nominado como Actor de Reparto por Magnolia (1999), si bien ese año ganó Michael Caine.

    Y ojo lo que tardaría en regresar: finalmente, 23 años después, volvió a ser nominado como productor por Top Gun (2022), que estuvo en la carrera a Mejor Película, aunque ganó Todo a la vez en todas partes. Opinión impopular… La de los Daniels no lo merecía.

    Bradley Cooper

    A la Academia le encanta, de verdad, Bradley Cooper… Aunque no lo suficiente como para darle un Oscar. Primero el actor consiguió tres nominaciones seguidas, a principios de los 2010, por El lado bueno de las cosas (2012), La gran estafa americana (2013) y El francotirador (2014). Después se dirigió a sí mismo en Ha nacido una estrella (2018) y Maestro (2023), logrando más nominaciones como actor, que también perdió frente a Rami Malek y Cillian Murphy. Y aquellas eran películas de Premio, con pe mayúscula.

    Con cinco derrotas ya sería suficiente para decir que el Oscar lo tiene más que merecido, pero ahí no acaba la cosa. También ha conseguido siete otras nominaciones como productor y guionista. El francotirador, Ha nacido una estrella, Joker (2019), El callejón de las almas perdidas (2021) y Maestro estuvieron nominadas a Mejor Película, así como dos de los guiones que ha escrito. Cooper se retira lentamente, ¿caerá el de Honor?

    Samuel L. Jackson

    Samuel L. Jackson es uno de los actores más influyentes del cine contemporáneo aunque, por sorpresa de todo el mundo, aún no ha ganado ningún Oscar competitivo. A lo largo de cuatro décadas ha construido personajes icónicos, motherf-cker, pero la Academia sólo lo ha reconocido con un Oscar honorífico: el “ups” definitivo.

    De hecho, sólo ha sido nominado una vez, por Pulp Fiction: Tiempos violentos (1994). Y ya.

    Jackson merecía la estatuilla por Jules Winnfield en Pulp Fiction, también por Triple traición (1997), aquel villano magnético, aterrador. En Django desencadenado (2012) brilló como uno de los antagonistas más incómodos y valientes del cine reciente. Pero Tarantino no le ha dado alegrías ni por Los odiosos ocho (2015). En fin, a veces el universo escoge mal.

  • 10 películas españolas imperdibles que se estrenan en 2026

    10 películas españolas imperdibles que se estrenan en 2026

    Alejandra Bekerman

    Alejandra Bekerman

    Editor de JustWatch

    Todo indica que 2026 va a ser uno de esos años especialmente generosos para los que amamos el cine. Por la cantidad de títulos que se anuncian, por la variedad de propuestas, por el regreso de nombres que hace rato venimos esperando. Lo estamos viendo tanto en el terreno de las grandes producciones y franquicias internacionales, como en el cine de autor. Y mientras el mundo pone sus ojos en estas superproducciones y secuelas populares, el cine español también tiene mucho para ofrecer.

    Este año, la cartelera local nos regalará muchísimos estrenos que valen la pena: historias íntimas, comedias afiladas, thrillers tensos y más de una sorpresa que promete dar que hablar. Directores y directoras reconocidos como Pedro Almodóvar, Isabel Coixet, Cesc Gay y Rodrigo Sorogoyen vuelven con nuevos proyectos, acompañados por voces nuevas que confirman que el cine español está en un gran momento creativo.

    Como viene siendo costumbre, no todo va a pasar en la gran pantalla. Varias de estas historias se estrenarán directamente en plataformas como Netflix, mientras que otras buscarán su momento en una sala de cine. Este recorrido no pretende cubrirlo todo, pero sí reunir diez títulos que, por distintos motivos, merecen un lugar en tu lista de películas para ver este año.

    Torrente presidente

    Después de tantos años, no hace falta explicar quién es Torrente. El “brazo tonto de la ley” se convirtió, para bien o para mal, en un personaje clave del cine español reciente. Ahora, Santiago Segura vuelve a ponerse en la piel (y en la mugre) de su criatura con Torrente presidente, la sexta entrega de una saga que ya es prácticamente parte del folclore pop nacional.

    Lo llamativo para mi es que, hasta ahora, no sabemos absolutamente nada. Pero apenas el título alcanza para que se active la emoción y expectativa. ¿Qué significa Torrente en 2026? ¿Puede volver a conectar con el público en un contexto tan distinto al de sus primeras entregas? No hay respuestas todavía, pero sí muchas ganas de saber qué se trae entre manos. 

    Amarga Navidad

    Pedro Almodóvar vuelve al cine en español con Amarga Navidad, y eso ya es una gran noticia. Después de su paso por el inglés con La habitación de al lado, retoma el idioma que mejor maneja para seguir explorando ese tono más íntimo que ya venía trabajando en películas como Madres paralelas o Dolor y gloria.

    Esta película está ambientada entre Madrid y Lanzarote, y su historia se centra en personajes atravesados por el duelo, la culpa y la necesidad de seguir adelante. El elenco lo encabezan Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón, tres intérpretes que han demostrado saber moverse en terrenos emocionales complejos. A pesar del título, Amarga Navidad no llega con el turrón: su estreno está previsto para marzo del 2026.

    Laponia

    Y ya que hablamos de películas navideñas que no se estrenan en diciembre, acá va otra: Laponia llega en abril, aunque el espíritu festivo está bien presente. ¿De qué va? Imagina esto: una Nochebuena en Finlandia, dos hermanas que se reencuentran después de años sin verse y la típica cena familiar que promete ser tranquila... hasta que una niña dice la verdad sobre Papá Noel. A partir de ahí, lo que parecía una postal perfecta se transforma en una noche de reproches, silencios incómodos y emociones que hace rato estaban esperando salir.

    La dirige David Serrano (Días de fútbol, Voy a pasármelo bien), basándose en una obra teatral que habla, en el fondo, sobre cómo cada familia encuentra sus propias formas de sostener la ilusión. El elenco de esta película que mezcla humor y tensión, está formado por Natalia Verbeke, Julián López, Ángela Cervantes y Vebjørn Enger.

    Cada día nace un listo

    Después de saltar entre el drama social de Carmen y Lola y la comedia más liviana de La familia perfecta, Arantxa Echevarría vuelve con una propuesta completamente distinta: una comedia negra sobre robos, ambición y personajes de dudosa moral. Cada día nace un listo tiene el ritmo de un golpe mal planificado y el tono justo para reírse con algo de resignación de las situaciones más absurdas.

    La historia sigue a Toni Lomas, un ex famoso de talent show venido a menos que, por una de esas vueltas de la vida, se ve envuelto en el robo de un cuadro junto a Junior, el hijo mimado de un empresario millonario.  El elenco es bien variado: Hugo Silva, Susi Sánchez, Dafne Fernández, Jaime Olías, Ginés García Millán y Diego Anido, con apariciones especiales de Belén Rueda y Pedro Casablanc. Una historia de esas que, con suerte, nos hacen reír mientras nos dejan pensando.

    El ser querido

    Después de lo que significó As Bestas, era difícil imaginar con qué iba a volver Rodrigo Sorogoyen, y la respuesta es una película mucho más íntima, pero igual de incisiva. El ser querido gira en torno al reencuentro entre un director de cine y su hija, una actriz con la que arrastra años de distancia emocional y asuntos no resueltos. Lo interesante es que ese reencuentro ocurre en pleno rodaje, donde lo profesional y lo personal se mezclan hasta explotar como una bomba de tiempo.

    La historia pone el foco en ese vínculo frágil entre padre e hija, similar a lo que pudimos ver en Valor sentimental.  Muchos silencios, algunos reproches y duras preguntas que nunca se hicieron del todo. Javier Bardem encabeza el elenco, en una colaboración que suma todavía más peso a una película que ya se perfila como uno de los grandes títulos del año.

    La bola negra

    Nueve años después de La llamada, Javier Calvo y Javier Ambrossi vuelven al cine con su proyecto más ambicioso hasta el momento. Todo parte de un fragmento: las únicas cuatro páginas que Federico García Lorca alcanzó a escribir de La bola negra antes de ser asesinado en 1936. Ese material, tan breve como cargado de intención, les sirve como punto de partida para construir una historia que busca cruzar épocas, emociones y heridas que todavía siguen latiendo a través del tiempo.

    En concreto, La bola negra sigue la vida de tres hombres en tres momentos distintos 1932, 1937 y 2017, entrecruzando sus historias a medida que avanza la trama. El reparto es de esos que llaman la atención desde el primer minuto: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Natalia de Molina, Penélope Cruz y Glenn Close. Todo indica que será una de las favoritas del 2026.

    La cuidadora

    Otro reconocido director que tendrá su momento de brillar este año es Álex de la Iglesia (El día de la bestia), quien vuelve al cine con un thriller familiar. La cuidadora, aunque se estrena en Netflix, está rodada íntegramente en 35 mm. La historia gira en torno a Carmen, una viuda de 80 años que, tras un accidente doméstico, necesita ayuda para seguir en su casa. Su hija contrata a Blanca, una asistenta que parece perfecta: educada, eficiente, amable. Pero, como pasa siempre en este tipo de relatos, algo no termina de cerrar. 

    Pareciera ser de esas películas que no necesitan gritar para generar incomodidad. Basta con una mirada, un gesto fuera de lugar, una amenaza que va creciendo. Y con Álex de la Iglesia al mando, ya sabemos que la tensión nunca es sólo tensión: también hay crítica, ironía y un caos contenido esperando a estallar.

    El niño

    El 23 de octubre de 1980, una explosión de gas en una escuela pública de Ortuella, Vizcaya, mató a 50 niños y 3 adultos. Cuarenta años después, esa herida sigue abierta en la memoria de muchas familias. El niño es una película basada en la novela de Fernando Aramburu que

    parte de ese hecho real para construir un relato íntimo y crudo.

    La película sigue a Nicasio, un hombre que cada jueves sube al cementerio para visitar la tumba de su nieto. A través de su rutina, la película va narrando los ecos de una tragedia que marcó a toda una comunidad, concentrándose no en qué pasó sino en cómo se vive después de un hecho tan doloroso. Está dirigida por Mariano Barroso (Todas las mujeres), si te gustan las películas basadas en hechos reales, este año no puedes perderte El Niño. 

    La desconocida

    La desconocida arranca fuerte: una mujer aparece amordazada y maniatada dentro de un contenedor en el puerto de Barcelona. No sabe quién es, no recuerda cómo llegó hasta ahí y, antes de poder empezar a reconstruir nada, alguien intenta matarla en el hospital.  La investigación queda en manos de la detective Anna Ripoll, interpretada por Candela Peña, y su compañero Quique Zárate, dando comienzo a una carrera contrarreloj digna de thriller psicológico. 

    La película, dirigida por Gabe Ibáñez (Autómata), y basada en la novela de Rosa Montero y Olivier Truc, pasa directo a la plataforma de Netflix en la segunda mitad del año. El reparto incluye a Ana Rujas, Pol López, Manolo Solo y Kira Miró. 

    53 domingos

    La premisa de 53 domingos a primera vista es sencilla: tres hermanos se juntan para hablar sobre qué hacer con su padre de 86 años, que empieza a mostrar señales de deterioro. ¿Lo llevan a una residencia? ¿Se turnan para cuidarlo? ¿Lo asume uno solo? Pero, como suele pasar, detrás de esa conversación educada se esconden reproches, tensiones acumuladas y un montón de cosas que nunca se dijeron.

    Cesc Gay, la mente detrás de películas como Truman y Mi amiga Eva, aquí dirige y escribe una adaptación de su propia obra de teatro. Claro que lo hace con ese estilo que ya es suyo: diálogos filosos, situaciones con las que podemos relacionarnos y personajes que se sienten muy reales incluso dentro de la exageración. Sin duda una propuesta interesante para este 2026.

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