
La mejor película de ‘Cumbres borrascosas’ en realidad podría ser japonesa
El estreno de Cumbres borrascosas (2026) de Emerald Fennell sigue dando que hablar. Entre las discusiones ha resurgido el eterno debate sobre cuál es la mejor adaptación de la novela de Emily Brontë. Las críticas sobre la última están divididas, y ha sido acusada de embellecer y de romantizar lo que en realidad es tóxico, lo que ha llevado a muchos cinéfilos a recuperar Cumbres borrascosas (Arashi ga oka, 1988), la adaptación japonesa dirigida por Yoshishige Yoshida.
No es la más conocida ni la más accesible, pero para muchos críticos es la mejor sin rodeos. Exploramos por qué una película ambientada en el Japón feudal parece capturar mejor el espíritu gótico de Brontë que cualquier adaptación británica y aprovechamos la ocasión para ir indicando cómo ver distintas iteraciones de esta historia maldita en streaming.
Una adaptación japonesa que entiende lo gótico mejor que las británicas
Seamos claros. Afirmar que una película ambientada en el Japón medieval del siglo XVI captura mejor la esencia de una novela victoriana sobre Yorkshire es una boutade. Pero no es tan descabellado cuando ves cómo Yoshishige Yoshida trasplanta la historia a las laderas de un volcán activo, donde dos clanes samurái, los Yamabe (los Earnshaw) y los Linton del Oeste, adoran a un dios serpiente y se disputan el control de un templo sagrado en la montaña. Heathcliff se convierte en Onimaru (que significa "diabólico"), un forastero de la ciudad bastante bravo, y Catherine es ahora Kinu, prisionera de convenciones sociales aún más restrictivas que las victorianas.
Una transposición radical, pero que funciona mejor que intentos más fieles. Yoshida estudió obsesivamente a Georges Bataille, el filósofo francés obsesionado con la inmoralidad transgresora de Brontë, para diseccionar su habilidad para trazar líneas entre amor, destrucción y la futilidad de la existencia. Si versiones como Cumbres borrascosas (1939) de William Wyler suavizaban a Heathcliff, convirtiéndolo en héroe romántico incomprendido, Yoshida abraza sin filtros el hecho de que Onimaru es genuinamente monstruoso. Por ejemplo, aquí desentierra el cadáver de Kinu, y mantiene el esqueleto podrido en su "habitación prohibida". Cuando Kinu declara que ella es Onimaru, no expresa devoción sino verdadera posesión.
El paisaje volcánico diseñado por Yoshirô Muraki—el legendario diseñador de producción de Ran (1985) y Kagemusha (1985)—es ultraterrenal, un páramo de ceniza y nubes que hace que los páramos de Yorkshire parezcan acogedores. Bilge Ebiri de Vulture describe la película como "algo más cercano a una película de terror sobrenatural", y tiene razón, su tono es de condena eterna, cerano a los kaidan eiga de los 60, a los que parece regresar en puesta en escena y uso de la banda sonora. Paradójicamente, esa atmósfera encaja mejor con la esencia de los textos de Brontë que cualquier adaptación con un vestuario de época impecable.
Fidelidad emocional por encima de literal
Arashi ga oka no es tampoco la típica adaptación fiel página a página, que para esos están las miniseries de la BBC como Wuthering Heights (2009). Yoshida comprime bastante, eliminando, por ejemplo, el triángulo amoroso de la segunda generación, porque “Isabella” se suicida antes de dar a luz al hijo de “Heathcliff”. Hay también batallas de espadas con chorros de sangre al estilo del cine chambara que ni se imaginan en el libro, pero se atreve con algo que la mayoría de adaptaciones pierden, el absoluto desagrado que debería producir la presencia de Heathcliff. Como escribe el crítico Raphael Georg Klopper en Letterboxd, "esta es la versión que más refleja plenamente la sensación precisa de incomodidad creada por la presencia de Heathcliff, vista como una plaga viviente que devora el lugar y hace la vida de esas almas un tormento viviente de miedo, ansiedad y paranoia".
Todo se construye hacia un duelo épico en la ladera de la montaña que no ofrece sensaciones de salvación. Onimaru no solo aterroriza a la hija de Kinu—que podría ser suya—, sino que hasta intenta violarla. No es un antihéroe atractivo, es un bastardo consumiéndose en un duelo obsesivo sobre el cadáver de un amor que le manipuló, pero que es todo para su miserable existencia. La última imagen no es una bucólica visión del más allá, es la de una figura distante arrastrando un ataúd por una ladera de montaña cubierta de ceniza.
Danielle Burgos de Collider argumenta que "al transponer fuertemente la película a su país, Yoshida captura la intensidad gótica, elemental y sombría de la novela mejor que las típicas piezas de época". Todo y todos están malditos. La obsesión por Kinu, interpretada por Yūko Tanaka, con su cuerpo en descomposición es puro sustrato a lo Edgar Allan Poe. El lado glamouroso del romanticismo que otras adaptaciones añaden para hacer la historia más digerible es sustituido por instintos necrófilos y tragedia griega disfrazada de drama jidaigeki, una reinterpretación radical que respeta más el espíritu que otras traslaciones de la página al fotograma.
Las críticas que avalan que Arashi ga oka podría ser la versión definitiva
Aunque sea una versión a priori poco conocida, la opinión de que es la mejor película del lote es compartida por un consenso crítico bastante unánime. Audrey Fox de Yahoo Entertainment declara que “abraza todos los aspectos más oscuros del texto original de Brontë y nunca teme tomar las cosas en una dirección perturbadora. Heathcliff está representado prácticamente como un demonio, y al crear una versión no convencional que se inclina hacia elementos tradicionales japoneses, posiblemente se acerca más al espíritu de la novela".
David Jenkins del BFI compara la película directamente con las celebradas reinterpretaciones literarias de Kurosawa: "El rendering idiosincrásico de Yoshida de la novela de Brontë está cortado por el mismo paño delirante que las elogiadas reconfiguraciones literarias de Kurosawa Trono de sangre (1957)—Macbeth— y Ran". Soheil Rezayazdi de Oscilloscope señala que "Yoshida fue el primer cineasta en abordar la totalidad de Cumbres borrascosas en un largometraje". La película se presentó en competición en Cannes 1988, y según una rara entrevista de 1991, Yoshida quería tanto desafiar el romanticismo de la película de Wyler como rendir tributo a la adaptación de Luis Buñuel de 1954, Abismos de pasión. El escritor cinematográfico John Collick explica que el director usó la novela de Brontë como lienzo para ideas más amplias sobre la religión sintoísta de Japón y su lugar geopolítico.
En Letterboxd, Arashi ga oka tiene una calificación de 3.7, la más alta de todas las adaptaciones, y Sonika Kamble de FandomWire resume: "La obra de Emily Brontë no es un romance en el sentido convencional porque es violenta, cruel, obsesiva y sofocante. La interpretación de Hollywood de 2026 continúa la tradición de confundir su mensaje central, sorprendentemente, la adaptación más apropiada viene de Japón. La película no busca precisión palabra a palabra, pero entiende bien a los personajes y retrata un nivel encomiable de honestidad emocional. Heathcliff no es suavizado ni romantizado, es vengativo y destructivo, y el largometraje permanece fiel a la violencia y tragedia de la novela".































