El salto de la interpretación a la dirección nunca ha sido un camino sencillo. Algunos actores fracasan de forma estrepitosa al intentarlo, otros construyen carreras paralelas sólidas y unos pocos terminan siendo mejores directores que intérpretes.
Lo que está claro es que 2026 se perfila como un año muy interesante para este tipo de debuts, con nombres que van desde estrellas consolidadas de Hollywood hasta rostros emergentes con algo que contar.
Cinco proyectos destacan por encima del resto, no solo por el perfil de quienes están detrás, sino por la ambición narrativa y visual que prometen. Aquí repasamos estos debuts, analizando qué los hace relevantes y cómo encajan dentro de una tradición cinematográfica cada vez más difusa entre actuación y dirección.
Kristen Stewart - La cronología del agua
Que Kristen Stewart diera el salto a la dirección era solo cuestión de tiempo. Después de años demostrando un instinto visual poco común en sus elecciones como actriz —desde Personal Shopper hasta Spencer—, su debut tras las cámaras llega con La cronología del agua, adaptación de las memorias de Lidia Yuknavitch. El proyecto promete ser tan visceral como literario, explorando trauma, identidad y supervivencia a través de una narrativa fragmentada y experimental.
Stewart no solo dirige, sino que también protagoniza esta historia de una mujer que encuentra en la natación y la escritura una forma de reconstruirse. La apuesta recuerda a ciertos debuts autorales de actrices como Greta Gerwig con Lady Bird o Olivia Wilde con Súper empollonas, aunque el tono aquí parece mucho más oscuro y personal.
A diferencia de esos casos, Stewart no busca la comedia ni el coming-of-age luminoso, sino algo más cercano al cine europeo de autor, a directoras como Céline Sciamma o Mia Hansen-Løve.
Lo interesante es que Stewart lleva años preparándose para esto de manera casi inadvertida. Sus cortometrajes previos ya mostraban una sensibilidad visual muy definida, y su experiencia trabajando con directores como Assayas, Larraín o Cronenberg le ha dado herramientas narrativas poco comunes.
Scarlett Johansson - Eleanor The Great
Tras décadas frente a los focos, Scarlett Johansson debuta en el largometraje con Eleanor The Great, una película que sorprende por su ternura y su enfoque en la tercera edad, un territorio poco explorado por las estrellas de su calibre.
La historia de Eleanor Morgenstein, una mujer de 94 años que intenta reconstruir su vida tras una pérdida, es tratada por Johansson con una delicadeza exquisita. Lo que podría haber sido un drama lacrimógeno se convierte, bajo su batuta, en una comedia humana llena de ingenio y dignidad. La elección de June Squibb como protagonista es un acierto total, permitiendo que la dirección de Johansson brille a través de una interpretación contenida pero poderosa.
Al analizar la película, es inevitable pensar en otros debuts que exploran la vejez, como El padre de Florian Zeller. Sin embargo, donde Zeller utiliza el lenguaje del thriller psicológico para mostrar la desorientación, Johansson prefiere un realismo más luminoso y esperanzador.
Comparada con el debut de Bradley Cooper en Ha nacido una estrella, la obra de Johansson es mucho menos grandilocuente y más centrada en los pequeños detalles de la cotidianidad. Es una película que demuestra que Scarlett tiene un ojo clínico para la emoción humana sin necesidad de artificios, situándola en una liga similar a la de directores como Alexander Payne por su capacidad para encontrar lo extraordinario en lo ordinario.
Eva Victor - Sorry, Baby
Eva Victor es probablemente el nombre menos conocido de esta lista, pero su debut como directora con Sorry, Baby podría ser el más fresco e impredecible. Comediante, actriz y creadora de contenido, Victor trae consigo una voz única que ya ha demostrado en formatos más breves. Sorry, Baby promete ser una comedia incómoda, llena de humor crudo y observaciones generacionales afiladas.
El proyecto se sitúa en la tradición de comedias indie escritas y dirigidas por mujeres que no temen ser desagradables o vulnerables, como Obvious Child de Gillian Robespierre o La peor persona del mundo de Joachim Trier. A diferencia de rom-coms más convencionales o incluso de propuestas aparentemente transgresoras como Barb y Star Go van a Vista Del Mar, Sorry, Baby parece apostar por una honestidad emocional sin concesiones.
Lo interesante de Victor es que viene del mundo digital, donde ha cultivado un público fiel con sketches que mezclan lo absurdo con lo cotidiano. Ese equilibrio entre humor y melancolía podría funcionar muy bien en formato largometraje, siempre que el guión sostenga el ritmo.
Si lo consigue, estaríamos ante un debut comparable al de Bo Burnham con Eighth Grade, otro creador digital que supo trasladar su sensibilidad a la gran pantalla sin perder autenticidad. El desafío será evitar caer en el tono errático o disperso que lastra a tantas primeras películas de comediantes.
Harris Dickinson - Urchin
Harris Dickinson ha sido una de las revelaciones actorales de los últimos años, con papeles memorables en Beach Rats, El triángulo de la tristeza y Babygirl. Su salto a la dirección con Urchin promete ser tan crudo y visceral como su trabajo frente a la cámara. La película explora la masculinidad tóxica, la clase trabajadora británica y las dinámicas de poder en contextos marginales.
El tono de Urchin recuerda de forma inevitable al cine social británico de directores como Shane Meadows (This Is England) o Lynne Ramsay (Ratcatcher), aunque Dickinson parece querer aportar una mirada más contemporánea y menos nostálgica. A diferencia de debuts más seguros o pulidos a nivel estético, este proyecto apuesta por la inmediatez, la violencia contenida y los silencios incómodos.
Dickinson tiene a su favor haber trabajado con directores exigentes que le han dado una educación cinematográfica sólida. Su experiencia en producciones indie de bajo presupuesto también le permitirá moverse con soltura en un rodaje probablemente austero.
El riesgo es que Urchin resulte demasiado derivativa o que se pierda en un realismo gris sin identidad propia, algo que le ocurrió a otros debuts británicos como La ciudad de la violencia, bien intencionado pero olvidable. Si Dickinson logra aportar una voz personal y evita los clichés del género, podríamos estar ante uno de los debuts más potentes del año, muy por encima de intentos más tibios de actores que buscan dirigir sin arriesgar demasiado.
Daniela Ruah - Nowhere Boy
Daniela Ruah es conocida principalmente por su largo recorrido en televisión, en especial por su papel en NCIS: Los Ángeles, donde ha pasado más de una década construyendo un personaje sólido dentro del mundo policial. Su salto a la dirección con Nowhere Boy marca un giro radical respecto a lo que el público espera de ella, apostando por un drama intimista que explora la paternidad, el abandono y la identidad en contextos de migración.
El proyecto se aleja por completo del entretenimiento formulaico de las series policiales y se adentra en territorios más cercanos al cine independiente europeo. Nowhere Boy promete una narrativa contenida, casi minimalista, donde los silencios pesan tanto como los diálogos. La premisa recuerda a ciertos dramas migratorios como The Rider de Chloé Zhao o Aftersun de Charlotte Wells, películas que construyen su potencia emocional desde la observación paciente y la economía narrativa.
Lo interesante del caso de Ruah es que viene de un entorno donde dirigir episodios es una práctica relativamente común para actores consolidados, pero dar el salto al cine requiere una ambición narrativa distinta.
A diferencia de debuts televisivos convertidos en largometrajes, como el de Michael Chiklis con The Commish, Ruah parece haber optado por un proyecto personal que no busca replicar las fórmulas de su trabajo previo. El riesgo es que Nowhere Boy se pierda en un tono demasiado austero o que no logre diferenciarse de otros dramas indie sobre desplazamiento y soledad.
Sin embargo, si Ruah consigue imprimir una mirada propia y evita caer en el didactismo o la solemnidad vacía que lastran tantos debuts con buenas intenciones, podríamos estar ante una revelación inesperada del año.





























































































