Ante el arte refinado, la cultura pide relajar la ceja. Por ello, en los años noventa, cuando El silencio de los corderos (1991) era el epítome del fantástico aceptable por la crítica, el slasher irrumpió a cuchilladas para devolver el terror a un mundo conocido y verdaderamente gozoso… Siempre que te guste saltar a sustos.
Hoy, tras el cansancio post-terror elevado, el slasher regresa para proponer una alternativa que, si no mejor, sí será para todos los públicos. Y las salas responden: sólo habrá que ver los resultados de Scream 7 (2026), que si son parecidos a los del reboot de la saga de Ghostface, nos harán temblar.
En cualquier caso, siempre es buen momento para recordarnos qué nos gusta de los villanos del subgénero de cuchilladas. Porque, no nos engañemos, son la razón última de que volvamos una y otra vez a la fórmula slasher. Entra nuestro ranking definitivo (o no) de antagonistas.
10. Ghostface en ‘Scream (Vigila quién llama)’ (1996)
Scream es una franquicia de terror bastante curiosa. Pensada como la carta de amor definitiva y autoconsciente al género slasher, Scream (Vigila quién llama) (1996) acabó por ser tan querida como las pelis que “parodiaba”, entre muchas comillas. Con un montón de secuelas a lo largo de dos generaciones, su villano, Ghostface, incluso sirvió de base para su propia parodia, Una película de miedo (2000) que, no, no ha envejecido tan bien.
Aunque es un collage de clichés del slasher, Ghostface tiene tanto carisma que termina siendo mucho más que la suma de sus partes, quizás por lo torpísimo que era. Con su traje negro sencillo, su cuchillo de cocina enorme y su máscara inconfundible, demuestra que lo simple casi siempre funciona mejor.
9. Norman Bates en ‘Psicosis’ (1960)
Pocos personajes pueden decir que dieron origen a todo un género, pero igual que James Bond es –sí o sí– el padre del cine de espías, Norman Bates es sin duda el abuelo de todos los slashers. Todos los asesinos del género son un homenaje o una respuesta a su protagonismo desquiciado en Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock.
Aunque fuera un pionero, muchos personajes posteriores replicaron su fórmula tan bien que casi ha quedado en segundo plano, él y a su obsesión por el sexo y las madres (ejem, Jason). Aun así, Bates merece estar en cualquier lista mínimamente rigurosa, y al abuelo siempre se le guarda un sitio privilegiado en la mesa.
8. Candyman en ‘Candyman’ (2021)
Hay tres requisitos para que un slasher se convierta en icónico: un buen nombre, un arma única y una estética inolvidable. La Candyman de Nia DaCosta (2021), así como la original de Clive Barker, tienen además un no sé qué extra: una historia de origen atemporal y consciente con los tiempos en qué surgía.
Y es que Daniel Robitaille, una víctima de violencia racial, vuelve como un poderoso espíritu que mata a quien lo invoca. Y cuando vuelve… Vuelve como Candyman. Interpretado por Tony Todd, su mano en forma de gancho y el enjambre de abejas que lo rodea aún persiguen las pesadillas de muchos millennials. Además, ¿le recordáis de Destino final (2000)?
7. Leatherface en ‘La matanza de Texas’ (1974)
Confieso: yo aún no puedo ver La matanza de Texas (1974) antes de dormir. Hay algo en la imagen de Leatherface (literal, “cara de cuero”, ya sabes por qué) que llega cargado de una energía punk y muy DIY. Muy como que la piel de la máscara podría ser la tuya.
De hecho, La matanza de Texas de Tobe Hooper y Kim Henkel fue tan revolucionaria que mucha gente creyó que estaba basada en hechos reales. Parte de esa sensación se debe a que Hooper lo fue afirmando a propósito, aunque fuera mentira. Para cuando llegó La matanza de Texas 2 (1986), bastante buena también, Leatherface (como su padrino Ed Gein) ya era una leyenda.
6. Jason (y mamá) en ‘Viernes 13’ (1980)
Si Chucky está en el extremo divertido del espectro del terror por su reducido tamaño y su excesiva mala leche, el muy querido Jason Voorhees está en el otro. Como un gigante vestido con ropa sucia y una máscara intimidante, el cadáver resurgido activa todas nuestras escarpias con sólo su presencia. Pero ey, recordad que en la primera película de la saga, él no es el asesino.
Su naturaleza casi indestructible, como la de Michael Myers, en cada entrega de Viernes 13 (1980) va convirtiendo su aura en cada vez más imponente. Aunque la saga no llega a los cines desde 2009, su impacto sigue vivo gracias a videojuegos como Until Dawn y a la inminente serie Crystal Lake.
5. El asesino de Blissfield en ‘Este cuerpo me sienta de muerte’ (2020)
El asesino de Blissfield en Este cuerpo me sienta de muerte (2020) es una de las reinvenciones más ingeniosas del slasher moderno. Interpretado por el grandullón Vince Vaughn, al principio de este slasher body-swap este brutal criminal se cambia de cuerpo con una adolescente, lo que da al personaje una capa inesperada de humor y, como con Ghostface, (casi) nos lleva a quererlo.
Aunque sigue siendo una máquina de matar imparable, veremos que adaptarse le pide bastante sentido del humor. El asesino de Blissfield, o homólogos como el de Feliz día de tu muerte (2017), prueba que el slasher todavía puede reinventarse sin perder su esencia sangrienta.
4. Pearl en ‘Pearl’ (2022)
En poco tiempo, A24 se ha convertido en una referencia del terror de calidad. Ahora, nadie esperaba que tras firmar clásicos modernos de la talla de Hereditary (2018) o Háblame (2023), la factoría A24 se atrevería con las fórmulas de la baja cultura del slasher, un subgénero de terror “de los de siempre”.
Pero con la saga iniciada por X (2022) de Ti West demostraron que también saben jugar en ese terreno… Con Mia Goth como Pearl, una granjera psicópata sedienta de sangre, la saga dio varios pasos agigantados en el camino del slasher actual. Y entre X y Pearl (2022), el personaje de Goth deja un buen número de cadáveres.
3. Chucky en ‘Muñeco diabólico’ (1988)
Chucky no debería funcionar. Porque aunque la idea de una muñeca asesina suena bien en teoría, a la práctica debería darnos risa, y no precisamente de la nerviosa. Y aunque Muñeco diabólico (1988) no tiene problemas en incorporar a su fórmula unas buenas cucharadas de humor, sus creadores se han forrado con ella a base de… Sustos.
Gracias a unos animatrónicos muy bien hechos y a la voz de Brad Dourif, Chucky se convirtió en una figura terrorífica en los años ochenta, que ha llegado hasta hoy gracias al espíritu revisionista de series tales que Chucky (2021). Mejores gráficos, pero la idea central sigue siendo igual de potente. Y si no, que se lo digan a la robot asesino de M3GAN (2022).
2. Art el Payaso en ‘Terrifier’ (2018)
Aunque llegara mucho después de la época dorada del slasher, Art se siente tan imprescindible como sus predecesores. Igual que Ghostface pero con el nivel de gore subido al máximo, el simpático Art the Clown, de Terrifier (2018), es a la vez un homenaje al slasher clásico y una visión renovada del género… O sólo mucho más extrema, pero en cualquier caso, diferente a todo lo que habíamos visto hasta el momento.
Con solo cinco películas, Art ya se ha ganado un lugar entre los grandes gracias a su traje en profundísimo blanco y negro y la brutalidad extrema, a pesar de la sonrisa inmaculada que viste. Y es que como el Freddy de Robert Englund, claro, gran parte de su atractivo viene de la actuación de David Howard Thornton.
1. Freddy Krueger en ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984)
Mientras otros slashers se centran solo en dar miedo, Freddy Krueger se convirtió en icono por su carisma y su humor, y como hemos descubierto en esta guía, eso es el corazón del género. Teniendo en cuenta sus crímenes en Pesadilla en Elm Street (1984), es sorprendente lo mucho que el público llegó a quererlo en los años ochenta y noventa. Otra vez, resulta imposible hablar de Freddy sin mencionar el talento de Robert Englund, que lo interpretó durante años. Esta guía te la dedicamos, Robert.
Para quien quiera descubrir lo mejor de la saga, aunque no sea para recién iniciados, yo recomendaría Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño (1987): puro kitsch, con un corazón que no se lo acaba y con alguna imagen superior incluso a la más destralera Hellraiser: Los que traen el infierno (1987).





























































































