
Películas y variantes de 'La novia de Frankenstein' que hay que ver antes de '¡La novia!'
El 6 de marzo llega a cines ¡La novia!, la nueva adaptación del mito de Mary Shelley dirigida por Maggie Gyllenhaal que por fin centra toda una película en un personaje icónico. Desde su primera aparición fugaz en La novia de Frankenstein (1935) el cine y la televisión no han dejado de volver a ella, reinterpretándola, subvirtiéndola, reimaginándola en todo tipo de contextos.
Hace tiempo que se esperaba una película centrada exclusivamente en la novia, y ahora que finalmente llega, repasamos nueve adaptaciones imprescindibles que exploran el mito desde ángulos muy distintos, desde el gótico a la ciencia ficción feminista, pasando por el terror gore. Señalamos si están disponibles en plataformas de streaming, ordenadas cronológicamente para entender cómo ha evolucionado el personaje a lo largo de casi un siglo.
James Whale dirigió la que sigue siendo la gran secuela del cine de terror clásico. El doctor Frankenstein crea una compañera para su criatura, pero ella lo rechaza en una de las escenas más dolorosas del género. Apenas cinco minutos en pantalla, pero cinco en los que Elsa Lanchester definió el mito con una imagen—peinado eléctrico, mirada de rechazo—que se quedó grabada para siempre en el imaginario colectivo.
La novia de Frankenstein funciona como origen visual del monstruo, con un automatismo muy influenciado por Metrópolis (1927) de Fritz Lang y la robot María, el laboratorio de Whale tiene algo del lecho gótico-futurista donde se crea a la autómata. Ernest Thesiger como el doctor Praetorius también es un excelente molde del mad doctor malvado, clave para la versión de Víctor de la Hammer que vimos en Frankenstein creó a la mujer (1967).
Terence Fisher y Peter Cushing crearon su propia versión dentro del universo Hammer con una variación temática que juega con la transmigración de almas. El barón transfiere el alma de un joven ejecutado injustamente al cuerpo de su novia, que se había suicidado por el dolor. Ella resucita, pero con la sed de venganza de él dentro, un giro más metafísico que físico, de posesión espiritual.
Susan Denberg interpreta a Christina con una dualidad perturbadora, inocente y asesina, víctima y verdugo. Frankenstein creó a la mujer comparte tono clásico con La hija de Frankenstein (1958), otra rareza de la era de los mad doctors con una chica convertida en monstruo, pero se deja llevar por el gótico de aspiraciones filosóficas sobre identidad y venganza desde el más allá. Para fans de las variaciones Hammer más serias y contenidas, muy alejada del gore loco de La novia de Re-animator (1990).
Sting hace de doctor Frankenstein en esta versión ochentera que divide el relato: por un lado tenemos a Eva—una Jennifer Beals post-Flashdance (1982)—, siendo educada como dama victoriana por su creador, por otro, vemos al monstruo original escapando con un enano de circo. Franc Roddam intenta hacer una especie de Pigmalión (1938) con cadáveres reanimados, y a veces funciona, a veces no.
Lo mejor es Clancy Brown, que le da al monstruo una humanidad desgarradora que anticipa su futuro como uno de los grandes secundarios de Hollywood. La prometida (1985) comparte espíritu con Frankenstein: Su verdadera historia (1973), otra adaptación poco conocida de la miniserie británica de Jack Smight que también ponía a la novia integrándose en el ambiente victoriano. Ambas fracasaron comercialmente pero tienen culto devoto. Para quien busque un toque neoromántico propio de los videoclips de la época, que también dejó huella en Frankenstein de Mary Shelley (1994).
Frank Henenlotter—el mismo terrorista detrás Basket Case ¿Dónde te escondes, hermano? (1982)—se descojona del mito con esta comedia gore sobre un tipo que crea a su novia perfecta ensamblando partes de prostitutas asesinadas. Explotación de serie Z más afilada de lo que parece, con litros de sangre falsa, y el mal gusto más adorable del cine independiente neoyorquino.
Frankenputa - vicios diabolicos* (1990) parece la inspiración de Pobres criaturas (2023), cambiando el Bronx por una Lisboa steampunk con diseño de producción obsesivo, aunque a su vez Henenlooter parece estar parodiando La mujer explosiva (1985), que jugaba con ideas similares de crear “la mujer 10” pero codificado para adolescentes con el toque John Hughes. Culto absoluto para fans del cine basura que la Troma nunca se atrevió a hacer.
Stuart Gordon vuelve al Frankenstein del universo Lovecraft, Re-Animator *(1985), con una secuela que va directa al concepto: el doctor West y su colega deciden crear una mujer desde cero, ensamblando partes, pasando del experimento científico a una pesadilla body horror cuando la criatura cobra vida y no es exactamente lo que esperaban.
La novia de Re-animator comparte el tono sórdido y la decadencia de la carne de Carne para Frankenstein (1973), la joya trash de Paul Morrissey y Andy Warhol que hacía del gore un ballet sucio, pero dobla la apuesta con las creaciones del genio de los efectos especiales prácticos Screaming Mad George, una delicia grotesca de partes que se mueven solas y cuerpos a medio montar. En cierta forma una hermana espiritual de Frankenputa, si ese año coincidió algún programa doble en el cine, salir de él te dejaba la cabeza tururú.
Al contrario de la fantasía creada sobre un folio en blanco de Frankenstein creó a la mujer, Kenneth Branagh dirigió y protagonizó la adaptación más fiel al texto original de Shelley, donde finalmente vemos la creación de la novia—más o menos—como la novelista la escribió. Robert De Niro hace del monstruo un ser trágico lejos de Karloff, pero es Helena Bonham Carter la estrella.
Aquí hace de una fusión de la novia y Elizabeth, asesinada y resucitada para luego morir en una secuencia en llamas que parece imposible de haberse rodado físicamente. El laboratorio de Branagh es una orgía de cables, fluidos y electricidad que convierte en ópera gótica maximalista. Frankenstein de Mary Shelley compite directamente con el Frankenstein (1993) televisivo de David Wickes con Randy Quaid, otra versión de los noventa que nadie recuerda pero que también intentaba ser fiel al libro, aunque sin novia.
Tras tres secuelas de su saga predilecta, Don Mancini decidió que Chucky necesitaba pareja y creó a Tiffany, la muñeca asesina punk con cicatrices y actitud. Jennifer Tilly le pone voz y presencia en flashbacks humanos antes de ser transferida al cuerpo de muñeca convirtiéndose en La novia de Chucky (1998), el momento en el que la franquicia abrazó completamente lo camp y el humor negro, convirtiéndose en comedia de terror autoconsciente.
Un movimiento de transformación de una secuela alejada de Frankenstein similar al de La novia de Re-animator, jugándosela con el protagonismo al nuevo personaje. Pero la química entre los dos muñecos psicópatas funciona mejor de lo que debería en un slasher desatado que lleva la onda Scream (1996) del terror meta tatuada, aunque Mancini entendió muy bien el original de Whale, convirtió a Tiffany en favorita queer instantánea.
Una serie coral donde todos los monstruos clásicos—Drácula, Dorian Gray, Hombre Lobo, Frankenstein—conviven en el Londres victoriano. La criatura de Frankenstein es un protagonista recurrente, y en la segunda temporada conoce a Lily, que se convierte en una versión de la novia nada sumisa, sino una vengadora feminista que lidera un ejército de prostitutas contra el patriarcado victoriano ¿será Frankenputa el título más influyente de la lista tras la original?
Penny Dreadful (2014-2016) reinventa el mito desde la perspectiva de género y clase y, aunque Eva Green como Vanessa Ives es el corazón de la serie, la historia de Lily es la más subversiva. Comparte estructura coral de monstruos con Comando Monster (2024-presente), la serie animada de James Gunn donde también conviven varias criaturas clásicas, y la novia es la protagonista.
Yorgos Lanthimos adaptó la novela de Alasdair Gray creando la reinterpretación del mito de Frankenstein más provocadora en mucho tiempo, aunque su desarrollo parta claramente de la introducción del mito de Pigmalión llevado a cabo en La novia. Emma Stone es una mujer suicida resucitada con el cerebro de su bebé nonato por un mad doctor con cara de Willem Dafoe.
Su despertar sexual y político es una odisea picaresca por la Europa del siglo XIX que funciona como una ácida sátira del patriarcado victoriano. Pobres criaturas es de las pocas aproximaciones al mito que ha ganado Óscars y Globos de Oro y comparte conflicto moral sobre ciencia y sexo con Splice (2007), el thriller de Vincenzo Natali sobre crear vida en laboratorio, aunque aquella pasaba por el body horror más tradicional.








































