Hay más de una razón por la que la Renaissance Era de Disney vive en la memoria colectiva, sobre todo para quienes crecimos en los 90. Estas fueron historias que supieron mezclar emoción, canciones que todavía recordamos y una calidad de animación que marcó un antes y un después en el cine. Me enorgullece haber crecido en una década mágica en la que cada estreno de Disney se sentía como un pequeño evento cultural.
Y ahora me pregunto, ¿por qué no repasar esos títulos que marcaron nuestra infancia? Siguiendo el orden de su estreno original, aquí están todas las películas del Renacimiento Disney y cómo verlas en Disney+.
La Sirenita (1989)
Esta fue la película que abrió la puerta a la era dorada de Disney, recuperando la apuesta por cuentos clásicos pero con un toque más moderno y emocional. La Sirenita fue el despertar de algo nunca antes visto: una princesa inquieta, curiosa, que no esperaba que nadie viniera a salvarla. La película nos dio mucho, animación vibrante, números musicales pegadizos y una villana inolvidable. Mi favorita de esta lista y una invitación a mirar hacia arriba, a explorar y buscar otros mundos incluso cuando parecen imposibles. En 2023 llegó La Sirenita live action, tal vez innecesaria (¿quién necesita otra versión teniendo la joya original animada?) pero no por eso menos entretenida.
Los rescatadores en Cangurolandia (1990)
No muchos saben que esta fue la primera película completamente digital de Disney. Tampoco es el film más citado, pero para toda una generación que vio Los rescatadores en Cangurolandia en VHS, fue la primera gran aventura animada. La animación digital sorprendía sin que supiéramos por qué, y Bernard y Bianca nos enseñaron que los héroes podían ser pequeños, educados y aun así increíblemente valientes. Siempre me gustó su mensaje y creo
que logra muy bien representar esa fascinación por explorar mundos lejanos (Australia parecía otro planeta). Puede que no tenga canciones, pero sí su energía anticipa el tono épico que vendría después con Aladdin y El Rey León.
La Bella y la Bestia (1991)
Trás el éxito de La Sirenita y su amplio repertorio de canciones originales, con La Bella y la Bestia, el estudio elevó la fórmula del musical hasta niveles casi teatrales, mezclando tecnología pionera (ese baile en 3D memorable) con una historia emotiva sobre identidad y redención. Aunque con el paso del tiempo ha recibido muchas críticas , no podemos negar el impacto que tuvo en nuestra generación. Belle fue la heroína que muchos millennials adoptamos como modelo: lectora, independiente, inconformista. La Bestia, en cambio, retrató la vulnerabilidad masculina antes de que supiéramos ponerle nombre. Desde su estreno la película no solo se convirtió en símbolo de sensibilidad y sofisticación, sino que fue la primera cinta animada nominada al Óscar a Mejor Película.
Aladdin (1992)
En 1992 llegó a los cines un torbellino de color, humor y musicalidad, más conocido como Aladdín. Aladdin en ese año le dio a los millennials algo nuevo: humor animado, personajes descarados y un protagonista que parecía más un amigo mayor que un príncipe. Pero sobre todo, nos regaló al Genio de Robin Williams, que cambió para siempre nuestra idea de lo que podía ser un personaje animado. A diferencia del tono más solemne de La Bella y la Bestia, aquí se siente el salto al género de travesura, y es una aventura que no envejece. Los niños de la época repetíamos las bromas, las voces, las canciones, todo lo que hizo de Aladdin una comedia clave de nuestra infancia.
El Rey León (1994)
Llegamos al punto más épico del renacimiento de Disney. El Rey León es la película que une a casi todos los millennials. ¿Por qué fue tan importante en nuestra vida? ¡Fue nuestra primera tragedia cinematográfica! No solo fue un salto en términos de animación y storytelling para el estudio, fue un fenómeno que trascendió generaciones, y sigue siendo un despliegue emocional difícil de replicar. Timón y Pumba nos dieron humor, Mufasa nos dio filosofía y Simba nos dio el viaje del héroe, un héroe muy tierno y noble. Este es otro de los clásicos que tuvo su remake en versión live action, tal vez con el objetivo de capturar nuevas generaciones. Pero sinceramente, con la original es más que suficiente.
Pocahontas (1995)
En su momento esta película no capturó mi atención, pero con el pasar de los años entendí su enfoque y pude apreciarla mucho mas. Pocahontas fue el despertar de una sensibilidad más ecológica y espiritual. Esta historia iba más allá de la aventura, era conexión con la naturaleza y con la diferencia cultural, algo bastante inesperado en el cine de animación. Sus canciones eran más contemplativas y su historia más adulta, con “Colores en el viento” como una de las piezas más ambiciosas de Disney hasta la actualidad. Es una película que deberíamos ver al menos una vez en la adultez. Invita a la calma, a la reflexión, siendo más cercana a un poema animado que a una aventura tradicional.
El jorobado de Notre Dame (1996)
Millennials o no, todos recordamos el impacto de esta película. Fue la primera vez que Disney nos habló de temas incómodos: discriminación, abuso de poder, deseo reprimido, fe… todo envuelto en una estética gótica que nos resultaba completamente nueva. Para muchos (me incluyo), El jorobado de Notre Dame fue la primera película Disney que nos hizo sentir mayores. El dilema moral de Frollo, la marginación de Quasimodo y la fuerza de Esmeralda crean un relato que roza lo trágico y por eso me fascina. A nivel musical es igual de buena, y aunque no sea la más popular entre los niños, para mi es una de las mejores de esa época. Un éxito extraño y fascinante dentro del canon Disney.
Hércules (1997)
Por definición, esta es la comedia animada de esta etapa de Disney. Está claro que Hércules llegó como una explosión pop, llena de referencias culturales y con un humor que funciona igual hoy que en los 90. Fue la peli de las “mujeres geniales” antes de que existiera ese concepto: las musas, Megara y hasta las moiras tenían más personalidad que muchos protagonistas de otras películas de la época. Sus canciones eran gospel, algo totalmente nuevo para nuestra generación, y hasta la voz de Ricky Martin en el doblaje latino. Su humor referencial siempre me pareció genial y es una película que puedes de adulto y aún pasartelo en grande.
Mulán (1998)
Con Mulán, el estudio rompió la idea tradicional de lo que era una película “de princesas”, y regaló una heroína que no buscaba un príncipe, sino proteger a su familia y encontrar su propio lugar. Esta es otra historia que logra muy bien el balance entre aventura y emoción, con un mensaje que resonó, y sigue resonando, en varias generaciones. No solo es una historia sobre fuerza y autenticidad, también deja espacio para el humor (imposible olvidar las escenas de Mushu) y una banda sonora inolvidable. Incluso ya estando en el final de esta etapa, es una película que demuestra que Disney aún sabía reinventar su propia fórmula.
Tarzán (1999)
Cuando muchos millennials entrábamos en la preadolescencia llegó el último gran impacto del Renacimiento Disney. Tarzán supo combinar acción vertiginosa con una sensibilidad emocional que simplemente no esperábamos encontrar en un film de este estilo. Visualmente era una pasada, pero lo que más se quedaba con nosotros eran los temas en los que la película profundiza: identidad, pertenencia, familia. Además, cuando hablamos de Tarzán, no podemos dejar de lado el impacto que tuvo la banda sonora de Phil Collins, convirtiendo cada secuencia en un himno. Si bien no es de mis favoritas de la era, para muchos fue el cierre perfecto de una infancia marcada por las pelis animadas.





























































































