Las segundas partes tienen mala fama, pero el cine de terror nunca ha jugado con las mismas reglas que los demás géneros y ha parido algunas excepciones doradas donde la continuación no solo iguala a la original, sino que la supera. Desde premoniciones mortales hasta muñecas poseídas, pasando por noches de purga sin ley, hay momentos en los que Hollywood dio en el clavo en el intento número dos.
Repasamos ocho secuelas que demuestran que las reglas de las secuelas que Kevin Williamson nos enseñó en Scream 2 — mayor número de muertos, las escenas de asesinato son más elaboradas y sangrientas—, a veces se traducen en mejor cine, con esta lista que también te ayuda a localizar cómo verlas en las plataformas de streaming.
8. Destino Final 2 (2003)
El accidente de autopista con el que arranca esta secuela—camiones madereros, cristales volando, cuerpos aplastados— creó un trauma generacional a más gente que el desastre aéreo de Destino Final. David R. Ellis convirtió las muertes en un episodio de ‘Rasca y Pica’, una coreografía de la parca con ascensores, dentistas y tuberías letales, con un guion que no muestra piedad ni con los supervivientes de la primera.
Las limitaciones de concepto del primer capítulo ya están superadas, Destino Final 2 abraza el absurdo con una sonrisa macabra, set pieces más elaboradas un ritmo frenético, una montaña rusa sin descanso que, como Halloween Kills incrementa los litros de sangre, ideal para los que apreciaron el sadismo creativo de Cube y el gore inventivo con gente hecha pedacitos.
7. Halloween Kills (2021)
La trilogía de “secuelas legado” que David Gordon Green orquestó a partir de La noche de Halloween no fue la panacea, pero al menos la segunda convertía a Michael Myers es la fuerza de la naturaleza imparable que debe ser. Donde Halloween de 2018 jugaba con la nostalgia y el suspense, Halloween Kills opta por la masacre a lo loco, con asesinatos más viscerales —sobre todo en su imprescindible unrated cut— y sangre a litros. El trauma colectivo de Haddonfield, con turbas de vigilantes desatados, reflejan la cultura reaccionaria de EE.UU, pero a nivel de trama poco importa.
Lo que nos interesa son sus secuencias antológicas como la matanza de los bomberos, el logradísimo flashback a la noche que empezó todo o el enfrentamiento en el hospital. Como Anarchy: La noche de las bestias, comparte esa idea de comunidades respondiendo a la violencia con más violencia. Si sigues con hambre de slasher clásico de los 70, X también juega con las convenciones del género desde un ángulo revisionista juguetón.
6. Amityville 2: La posesión (1982)
La saga iniciada por Terror en Amityville tiene muy mala fama, pero Damiano Damiani se sacó de la manga lo que técnicamente es una precuela que funciona mejor como capítulo independiente. Basada libremente en los asesinatos DeFeo que precedieron la pesadilla de los Lutz, la recreación no se anda con rodeos: violencia doméstica, incesto, posesión demoníaca y un exorcismo que mejora la mayoría de copias del de Friedkin.
Amityville 2: La posesión es una exploitation descarada envuelta en gran producción de estudio, con una disposición a ir a lugares oscuros que sigue impactando a día de hoy. A diferencia de Ouija: el origen del mal, que refinaba el concepto de la posesión con Mike Flanagan, esta apuesta por la brutalidad italiana setentera, adelantando futuras marranadas de Lamberto Bava, pero todavía con el tono de catolicismo perverso de La profecía, puro placer nada culpable a pesar de su reputación cuestionable.
5. Expediente Warren 2: el caso Enfield (2016)
James Wan traslada la acción de los Warren al Londres de los setenta, tomando como punto de partida el caso Enfield para elevar esta entrega sobre Expediente Warren en todos los aspectos, desde la ampliación del peso del matrimonio, que ya no son solo cazafantasmas, a la creación de Valak, la monja maligna que se ha convertido en el estandarte del conjuringverso.
Expediente Warren 2: el caso Enfield perfecciona la gramática visual de Wan con planos secuencia imposibles, uso magistral del espacio fuera de plano y la geografía para construir las mejores escenas de terror de su carrera, como la secuencia del cuadro cobrando vida. Curiosamente, tiene la misma recreación del caso DeFeo, una Amityville 2 en miniatura en su fantástico prólogo. Un perfeccionamiento del terror arquitectónico desarrollado en Insidious del que bebieron luego hasta series como La maldición de Hill House.
4. Ouija: el origen del mal (2016)
Puede que el mayor rescate a una franquicia muerta que haya vivido el género, consagrando a Mike Flanagan como creador de milagros en una precuela ambientada en los sesenta a la infumable Ouija. Un drama familiar de época sobre posesión demoníaca que sirve de ensayo perfecto para la maniobra que el director está ejecutando ahora, salvando de nuevo a Blumhouse con la secuela de El Exorcista: creyente.
Aunque es un Flanagan temprano, Ouija: el origen del mal tiene suficientes sustos, y un demonio del sótano de pesadilla, pero nunca eclipsan el núcleo emocional. Comparte ADN con Expediente Warren 2 en su aproximación a la posesión de una niña en una década cercana, pasando de jump scares adolescentes al estilo Verdad o reto, con más melancolía y técnicas de la época como zoom ópticos, marcas de cambio de rollo y ese tipo de detalles.
3. Annabelle: Creation (2017)
La fallida Annabelle resucitó gracias a esta precuela que retrocede a los cincuenta para mostrar cómo un fabricante de muñecas y su esposa, destrozados por la muerte de su hija, abren su casa a huérfanas, atrayendo a una presencia demoníaca. David F. Sandberg tomó el relevo tras haber demostrado su talento con Nunca apagues la luz, concibiendo pasajes sublimes como el de la joven en silla de ruedas explorando habitaciones prohibidas, una masterclass de tensión espacial.
Annabelle: Creation es, a su manera, un cuento gótico clásico en la América rural, con ecos del horror sobrenatural al sol de El espinazo del diablo y algunos puntos en común con Ouija: el origen del mal, ya que esta utilizó estrategia similar para rescatar una franquicia mediocre con directores emergentes y, por supuesto, la presencia común de Lulu Wilson como protagonista absoluta, la niña de moda de la era dorada del terror de sustos.
2. Anarchy: La noche de las bestias (2014)
El concepto claustrofóbico de The Purge iba en contra de su propia naturaleza apocalíptica ¿Cómo vas a convertir un concepto tener 12 horas en las que el crimen es legal en un home invasion? James DeMonaco transformó la idea en un thriller urbano de supervivencia que saca la acción a las calles de Los Ángeles, mostrándonos el caos sistémico que la primera solo insinuaba. Frank Grillo como Leo, el justiciero que busca venganza es un antihéroe al estilo de los del Carpenter distópico de Escape de Nueva York y el ritmo no cesa ni un minuto.
Como Halloween Kills, Anarchy: La noche de las bestias tampoco disimula sus intenciones políticas tras las turbas y el caos: los ricos cazan pobres por deporte y el gobierno usa la Purga para control de población, es ciencia ficción exploitation con mensaje anticapitalista, similar The Running Man, con persecuciones, tiroteos, y encuentros con bandas enmascaradas que podrían participar en La carrera de la muerte de Paul W.S. Anderson. Las siguientes entregas seguirían esa misma filosofía, pero ninguna se acerca a esta segunda parte.
1. Terroríficamente muertos (1987)
La perfección de la comedia de horror tiene el molde de esta secuela/remake de Posesión infernal en la que Sam Raimi equilibra el registro de sangre y gags de trompazos ayudado de Bruce Campbell, quien se convirtió en leyenda del género interpretando a Ash Williams, el antihéroe de la mano-motosierra.
Raimi desplegó todo su arsenal técnico: cámara subjetiva demencial, aceleraciones imposibles, stop-motion artesanal, y gore surrealista que convierte la cabina maldita en un parque de atracciones infernal. Más grande, más loca y más sangrienta que la original, Terroríficamente muertos es la antecedente clara de secuelas como Destino Final 2 por sus muertes cada vez más inventivas, convirtiéndose en la biblia del slapstick gore, influenciando directamente la apoteosis final de Braindead de Peter Jackson. Número uno indiscutible.





























































































