Qué es “San Galentín”, te preguntas. San Galentín, que santifica la amistad (a priori femenina, de ahí el “gal”), es el mejor remedio al día más triste del año para solteros, solteras y solteres. Así que, si no quieres pasar San Valentín de bajona, reúne a tus colegas, abastécete de palomitas y disponte a cerrar tu día con una película que te diga lo que ya sabes: que aunque plátano no sea, la amistad sí vale oro.
Ahora, ni se te ocurra ver Thelma y Louise (1991) por enésima vez. Y no, no propongas compartir Frances Ha (2013), porque quizás levanta alguna ampolla que no quieras tratar en la fiesta del colegueo. También puedes ponerte Buscando a Nemo (2003), claro, pero no te quejes si alguien se duerme por el camino, de tan vista que la tenemos.
Por ello, en JustWatch te propongo unas cuantas películas no tan conocidas –o directamente infravaloradas– que abordan la amistad desde lugares muy diferentes. Y como hoy la cosa va de vibras, que no de calidad estricta, te las he clasificado según si creo que las conocerás o no. Lee hasta el final... ¿Vamos?
Dos torpes galanes (1996)
El término “comedia bromántica” aún tardaría años en existir, pero la relación en el centro de Dos torpes galanes (1996), el éxito indie que definió una época, se siente ya como una amistad masculina realmente intensa. Y es así porque lo es fuera de cámara: Jon Favreau y Vince Vaughn eran amigos desde hacía años. Aquí, claro, brillaron juntos interpretando a dos actores fracasados, amigos, a pesar de ser radicalmente distintos.
Una canta, la otra no, en versión male buddies mucho menos reivindicada que otros clásicos de la amistad que –por mucho que nos encanten– quizás sean incluso algo tóxicos, como Dos policías rebeldes (1995) o Resacón en Las Vegas (2009). En fin, estos dos torpes galanes harían cualquier cosa el uno por el otro, todo lo que en un viaje loco a la capital del casino puede ofrecernos.
Romy & Michele (1997)
La abuela rubia y tonta de Súper empollonas (2019), Romy & Michele (1997) son almas gemelas y, para la otra, “la persona más divertida del mundo”. Mejores amigas desde el instituto, regresan al pueblo decididas a demostrar que sus vidas han sido un éxito y, claro, cuando el resto del mundo fracasa en ver lo increíbles que son, ellas optan por piropearse mutuamente.
Ojo a un nivel de compromiso mutuo que ni el reparto protagonista de Chicas malas (2004), ni el romance entre Michele y Sandy, un empollón convertido en rico, llega a compararse nunca con la amistad entre nuestras heroínas. Esta es la película ideal por si quieres reírte con ternura de los extremos a los que nos lleva el “mejoramiguismo”, o tenéis simplemente el cuerpo para el humor dosmilero a lo Scooby Doo (2002).
Crashing (2016)
Vale, esto es hacer trampas, pero la serie Crashing (2016) se puede consumir perfectamente en un maratón de apenas unas horas y apenas la conoce nadie, aunque lo valga todo. Cuenta conmigo en versión deslenguada y millennial, o como Friends (1994), sólo que divertida y actualizada en tiempos de crisis de la vivienda: antes de que la aclamada escritora y actriz Phoebe Waller-Bridge ganara todos los premios por Fleabag (2016), creó esta joya de seis episodios en la que un variopinto grupo de veinteañeros se muda a un solo piso, en un hospital en desuso que ocupan, a cambio de cuidarlo.
Hay líos, cenas de auténtico tiroteo verbal y aventuras autoconclusivas dignas de una búsqueda del tesoro. Y otra razón para verla: el reparto incluye a Jonathan Bailey, que más tarde el mundo descubriría en Los Bridgerton (2020).
Cuenta conmigo (1986)
Nadie esperaba una reflexión tan conmovedora sobre los vínculos de la juventud a partir de un cuentito de Stephen King, y sin embargo Cuenta conmigo (1986), dirigida por Rob Reiner es una representación especialmente cálida y cercana de la amistad preadolescente. (Es, claro, una de las mejores adaptaciones de Stephen King que nos ha regalado el cine)
Nostálgica como Stranger Things (2016) aunque antes de tiempo, la trama implica a un grupo de amigos en el Oregón rural de los cincuenta que buscan el cadáver de un compañero al que se rumorea que atropelló un tren. Sonará tan macabro como It (Eso) (2017), pero el camino que atraviesan acaba siendo lo más importante: las conversaciones, los insultos, las discusiones y reconciliaciones. Y claro, el susto que te pegas en compañía acaba uniendo.
El profesional (Léon) (1994)
Siempre les decimos a los niños que no acepten regalos de desconocidos, pero –mecachis– nunca pensamos en advertirles sobre hacerse amigos de asesinos a sueldo. Y casi que mejor, o eso nos demuestra El profesional (Léon) (1994).
Súmale a las formas noir de El silencio de un hombre (El samurái) (1967) el buen corazón de El verano de Kikujiro (1999), y tienes una amistad particular, sanguinaria y preciosa. Porque… Al final del día, la vida de la joven Mathilda (Natalie Portman, muy, pero que muy intensa a sus doce años) mejora gracias a la amabilidad y el cuidado reticente del mercenario Léon, ¿no? Que ella termine convirtiéndose en una implacable aprendiz, eso es un efecto secundario de la amistad. Qué monooos.
Una canta, la otra no (1977)
Una canta, la otra no (1977) es tu amiga francesa intelectual que un día llora contigo y al otro te lee un ensayo sobre los nuevos modelos de familia. Agnès Varda, la gran cineasta de la Nueva Ola francesa, sigue la amistad entre dos amigas a lo largo de los años y con el telón de fondo de las reivindicaciones sobre el derecho al aborto en los setenta. Vamos, que es un retrato extremadamente valioso de un tiempo muy concreto, así como un homenaje a una relación que no ha envejecido ni un día (y que, al contrario de películas como Romy & Michele, hoy no se lee con un ápice de ironía).
Varda fue revolucionaria de veras, tanto que incluso propuso un modelo de familia poliamorosa factible en la pre-cio-sa La felicidad (1965). Pueden hacer un programa doble fantástico con amigas.
Hasta el final (1996)
Te he dicho que leyeras hasta el final, ¿no? En efecto, Hasta el final (1996) ha permanecido oculta bajo la alargada sombra de Thelma y Louise, por mucho que a mis ojos sea igual de buena, si no mejor. Adaptación de la novela homónima de Terry McMillan, esta dramedia con reverso criminal tiene a Angela Bassett como una corredora de bolsa que viaja con sus amigas –nada más y nada menos que Whoopi Goldberg y Regina King– se enamora de un joven de veintipocos (Taye Diggs en su debut en el cine) durante unas vacaciones en Jamaica… Y que se lía, con menos tiros pero tanta mala baba como El profesional (Léon).
En breve, suma el rollazo de Estafadoras de Wall Street (2019) con la mirada cariñosa a un tontolabas de Anora (2024), mucho antes que ambas. Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta Compton: Letras Explicitas, 2015), veinticinco años después sigue funcionando como un ejemplo superior del género, con personajes memorables, bien desarrollados y muy fáciles de querer. Con razón muchos la comparan con la de Ridley Scott, aunque tenga mucho más carácter.





























































































