También llamado el “Rey de las bestias” o “La octava maravilla del mundo”, King Kong es uno de los monstruos fundamentales en la historia del cine de terror, de aventuras y de acción, que se ha convertido en un ícono de la cultura pop. Ha sido reinterpretado varias veces a lo largo de las décadas, adaptando al personaje a diversas épocas y contextos. Hoy, incluso es protagonista de la saga MonsterVerse junto a Godzilla.
Para conocer todas las etapas de este multifacético monstruo en la historia del cine, a continuación te presentamos una guía con todas las películas de King Kong en su orden cronológico de estreno.
King Kong (1933)
Cuando King Kong se estrenó en 1933, los estudios cinematográficos estaban buscando nuevas formas de atraer al público a las salas, en plena crisis económica. Y los directores Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper entregaron una forma de escapismo espectacular inédita hasta ese momento, combinando técnicas cinematográficas como retroproyección con animación en stop motion para dar vida a la Isla Calavera y su imponente monarca.
Puede que, para sensibilidades actuales, sea una película anticuada por su exotismo, pero incluso hoy, las técnicas empleadas en su realización resultan impresionantes. Claro que lo mejor de todo es el propio Kong, traído a la vida por la marioneta creada por Willis H. O'Brien, una de las más meticulosamente expresivas de su tiempo y capaz de generar simpatía incluso en audiencias del siglo XXI. Podría parecerte poco espectacular comparada con las películas que se hacen hoy, pero si aprecias el nivel de artesanía que requerían estos efectos especiales (previamente visto en El mundo perdido, y que hoy se mantiene vivo con el cine en stop motion como Coraline y la puerta secreta), descubrirás, en efecto, la octava maravilla del mundo.
El hijo de Kong (1933)
El hecho de que la secuela, El hijo de Kong (Son of Kong) se haya estrenado en el mismo año que su predecesora, dice bastante de la lógica detrás de su creación. Ante el descomunal éxito en taquilla de la original, el director y productor Ernest B. Schoedsack se apuró a aprovechar la sensación para realizar una continuación que reutiliza varios de los sets y situaciones.
La trama ve al arruinado Carl Denham (Robert Armstrong) arruinado tras su responsabilidad en la destrucción de Nueva York por Kong, por lo que emprende un regreso desesperado a la Isla Calavera en busca de un tesoro. Sin embargo, lo que encuentra es un gorila gigante, similar a Kong pero más pequeño. Se trata de una secuela definitivamente inferior, pero que por lo menos intenta hacer algo diferente (algo poco común el día de hoy), optando por el humor y la aventura en vez del drama con toques de terror de la original. Algo que sí comparten ambas, sin embargo, es la calidad de los efectos especiales de Willis H. O'Brien, fenomenales para la época. Si aprecias estos efectos especiales tan artesanales y buscas historias de aventuras exóticas como Un gran dinosaurio o El hijo de Godzilla dale una oportunidad.
King Kong vs. Godzilla (1962)
La franquicia de King Kong se mantuvo oficialmente dormida por varias décadas, hasta que hubo esfuerzos—un tanto polémicos por cuestiones de derechos—de realizar una película del personaje en Japón con el estudio Toho, responsable por la franquicia de Godzilla. Después de muchas vueltas, el resultado fue King Kong vs. Godzilla, dirigida por Ishirō Honda (considerado el padre de este tipo de cine). Se trata de la tercera película en las franquicias de ambos monstruos, y su primer encuentro oficial en pantalla.
Aquí, Kong abandona la animación en stop motion para adaptarse al estilo del cine de kaijūs, tradicionalmente realizado con actores en botargas en escenarios miniatura. Es algo, a falta de un mejor término, muy sui generis, que probablemente encontrarás involuntariamente cómico (sobre todo para audiencias occidentales), pero que también tiene un encanto singular que no podrás negar, y que incluso podrías disfrutar. Además, es historia cinematográfica por ser el primer gran encuentro entre los dos monstruos, ya por entonces icónicos en el imaginario popular. Un encuentro que además, sentó la pauta para la franquicia de Godzilla en adelante, enfrentándose a nuevos monstruos en combate con cada entrega. Está a leguas de lo que haría la saga del MonsterVerse décadas más tarde con Godzilla vs. Kong, más en la línea de su predecesora, Gigantis, el monstruo de fuego.
El regreso de King Kong (1967)
King Kong vs. Godzilla no sería la única película del personaje producida por Toho e Ishirō Honda en el tradicional estilo del cine de kaijūs. El regreso de King Kong (King Kong Escapes) sería la segunda y última inspirada en la serie animada The King Kong Show producida también por Toho con el estudio estadounidense Rankin/Bass.
Es una rareza en la que Kong, finalmente, acaba adoptando el papel de héroe, en una trama que involucra espionaje y científicos malvados—aprovechando la popularidad del cine de espías, en ascenso con la saga de James Bond, con la que tiene algunos elementos temáticos en común—. La película goza de las mismas virtudes y curiosidades de su predecesora: ambas con actores en botargas, escenarios miniatura y un presupuesto relativamente bajo, por lo que puede provocarte algunas risas involuntarias. ¿Lo mejor? Que Kong recibe a su propio alter-ego mecanizado, Mechani-Kong, así que se volverá todo un deleite si disfrutas de estas producciones de combates entre monstruos, y en particular Godzilla contra Cibergodzilla, máquina de destrucción.
King Kong (1976)
El primer remake oficial de la película original llegaría en 1976, siguiendo una trama muy similar, pero enmarcándola en el contexto de su década, lo que trajo cambios interesantes al argumento y a su lectura. King Kong de 1976 comienza con una expedición petrolera a una isla remota, que tiene por polizón a un paleontólogo (Jeff Bridges en uno de sus roles tempranos), quien trata de advertirles del peligro al que se dirigen. En el camino descubren la balsa a la deriva de la joven Dwan (Jessica Lange en su debut).
Estas pequeñas diferencias sitúan a la película en la crisis energética de los años 70, al mismo tiempo que presenta una alegoría que ha sido leída por algunos como pro-ambientalista, y por otros como una crítica al intervencionismo estadounidense. Además, en busca de crear su propia iconografía, el clímax no sucede en la cima del Empire State, sino de las Torres Gemelas del viejo World Trade Center de Nueva York. Es una visión más violenta y madura de la historia tradicional de Kong, que quizá no te parezca tan memorable como la original, pero que finalmente abandona la animación en stop motion a cambio de botargas, efectos más elaborados, y una conciencia reflexiva más propia de la década marcada por Apocalypse Now, que también sentará las bases para Kong: La isla calavera.
King Kong 2 (1986)
Menos conocida es la secuela de esta última versión de King Kong. Titulada King Kong 2 (King Kong Lives), es, de lejos, una de las peores producciones jamás realizadas sobre el personaje, con una trama estrafalaria y extrañas mezclas de ciencia ficción con romance. A menos que seas un fan de hueso colorado o un completista, te recomendamos ampliamente dejarla pasar.
La película parte de la premisa de que Kong no murió en el World Trade Center y que se le ha mantenido en coma por una década, pero se requiere encontrar a otro de su especie para una transfusión que le permita recuperarse. Así entra en escena una Lady Kong, mientras un par de personajes humanos mantienen un romance paralelo. Es una película que encuentra destellos de buen entretenimiento cuando el propio Kong está en pantalla, enfrentándose a la civilización humana. Pero con tantos elementos extraños y un elenco que no se compra la realidad de la película, resulta, por mucho, la entrega del personaje que merece quedar en el olvido. La equivalente a la Godzilla de 1998 en el canon del simio gigante.
El poderoso Kong (1998)
Tan multifacético es Kong en la historia del cine, que ha protagonizado géneros que normalmente no se asociarían a una película de monstruos. ¿Quieres una demostración? Entonces tienes que ver El poderoso Kong (The Mighty Kong), una animación musical, coproducción entre Estados Unidos y Corea del Sur.
La historia básica es la misma, pero con números musicales aleatoriamente insertados aquí y allá—como uno en el que Ann Darrow baila en la costa de una isla—. Es, claramente, una producción dirigida a niños, con una colorida animación en 2D—guardando distancias, en un estilo que recuerda a las películas de La Tierra antes del tiempo de Don Bluth—, algunos elementos nuevos y un desenlace más amigable para el público infantil. Una curiosidad singular en la historia de Kong, con la misma alma melodiosa de clásicos de Disney como Tarzán, aunque no te recomendaríamos que este sea tu primer acercamiento al personaje,
King Kong (2005)
Bajo la dirección de Peter Jackson (luego del éxito descomunal de su saga cinematográfica de El señor de los anillos), el Rey de las bestias tendría su mayor salto evolutivo, en lo que muchos consideran el remake definitivo del clásico. Otros, mientras tanto, lo considerarían excesivo (en lo personal, estoy a medio camino). En todo caso, esta fue la primera vez que el personaje sería animado digitalmente, la técnica que se convertiría en el estándar a partir de este punto.
King Kong de 2005 es fiel a la original de una forma tal que no pretende trasladar la historia a la época contemporánea, sino que la sitúa, de nuevo, en los años 30. Hay algunos cambios, contextualizando más la Gran Depresión, por ejemplo. Sin embargo, la palabra que mejor ayudaría a describir este remake es “más”. Con un metraje que supera las tres horas (contra los 100 minutos de la original), esta versión expande absolutamente todo: cada combate es más largo, con más oponentes. Cada secuencia es más dramática o más terrorífica. La acción se dilata más. Es demandante, precisamente como las películas de El señor de los anillos de Jackson. Algunos podrían verlo como el perfeccionamiento del clásico, otros como un exceso, pero si se trata de acercarte al personaje por primera vez, no es un mal punto de partida.
Kong: La Isla Calavera (2017)
Aunque esta película es, técnicamente, el debut del personaje en la franquicia del MonsterVerse (iniciada con Godzilla de 2014), en realidad es una producción que funciona por sí misma como una película del personaje en solitario, así que no necesitas haber visto ninguna de sus predecesoras en dicha franquicia ni en la del propio King Kong.
Kong: La Isla Calavera (Kong: Skull Island) toma el esqueleto básico del ya clásico relato de King Kong, pero lo enmarca en otro contexto para convertirlo en una bestia totalmente distinta. Un equipo de militares y mercenarios de Estados Unidos son reclutados para una misión de investigación secreta en una isla remota. Situada en plena Guerra de Vietnam, la película se convierte en una alegoría del fracaso estadounidense en el conflicto, con el Kong más grande visto en el cine hasta ese momento, secuencias de acción más espectaculares y violentas, y bestias más perturbadoras.
Es una película más inclinada hacia la acción y el terror, con claras inspiraciones en cine de la Guerra de Vietnam como Apocalypse Now por vía de Jurassic Park, lo que no la vuelve precisamente ideal para niños. Pero para el público más maduro, se trata de una de las reinterpretaciones más interesantes del personaje, y puede ser vista y entendida por sí sola, sin sus eventuales crossovers.
Godzilla vs. Kong (2021)
El primer encuentro oficial entre los dos grandes titanes del MonsterVerse llegó con Godzilla vs. Kong, oficialmente la cuarta película de la franquicia, y el primer reencuentro de ambos personajes en casi seis décadas. La película comienza a introducir conceptos que explican la rivalidad entre ambos, como que existe una “Tierra hueca” debajo de la superficie y de la que Kong es el rey, mientras que Godzilla gobierna sobre la superficie.
A pesar de que comienza a presentar conceptos cada vez más estrafalarios, esta entrega del MonsterVerse todavía mantiene un tono relativamente serio y solemne, con la humanidad intentando lidiar con el choque de titanes, mientras una organización planea desencadenar un arma secreta en contra de Godzilla. Pero seamos sinceros, nadie está aquí para nada de eso, sino para ver a dos íconos del cine gigantescos—simbólica y literalmente—destrozarse el uno al otro en combate. En ese sentido, la película cumple con creces, estableciendo secuencias de acción originales y bien coreografiadas que sacan provecho de las cualidades y fortalezas de cada uno de los rivales: es, en esencia, la consolidación del cine de kaijūs gracias a la tecnología de animación digital. Verás que es como ir a la lucha libre, pero en una proporción atómica.
Godzilla y Kong: El nuevo imperio (2024)
Desde el momento que vemos a Godzilla tomando una siesta en el Coliseo Romano como si fuese cama de gato, Godzilla y Kong: El nuevo imperio (Godzilla x Kong: The New Empire) se establece como una bestia totalmente distinta a sus predecesoras. Sí, se expande toda la narrativa alrededor de organizaciones secretas lidiando con titanes, hay una subtrama sobre tribus de la Tierra hueca… pero aquí, las peleas requieren menos pretextos y son más alocadas aún. Si la anterior era como lucha libre en escala atómica, esto vendría a ser un maratón de Wrestlemania entre titanes.
Es decir, no esperes una trama bien desarrollada aquí—porque además, es más tediosa que los comerciales del cine antes de la función—. Todo es un conductor para un crescendo de batallas cada vez más estrafalarias: uno a uno, en equipos, con brazos de metal, en gravedad cero. ¿Tiene mucho sentido? No realmente. Pero si lo tuyo es ver monstruos gigantes partiéndose la cara, más en el espíritu caricaturesco de Titanes del Pacífico, no podrás pedir mejor festín. Para los fans del simio hay puntos extra, pues a pesar de contar con Godzilla, esta es, más que nada, una película de King Kong.


































































































