
Películas de romance navideñas: 7 clichés extrañamente específicos que nunca faltan
En el enorme canon de películas navideñas encontramos de todo, desde los grandes clásicos a las típicas “tan malas que son buenas”, así como las infravaloradas y, claro, las de terror para quienes prefieren celebrar “Creepmas”. Pero también hay un tipo de películas más simples y terrenales, que encantan por su sencillez: los romances navideños, en especial los de tipo “Hallmark”.
Se trata de comfort movies en toda la extensión de la palabra, que usan todos los lugares comunes del manual para brindar una experiencia tan predecible que se vuelve entretenida y reconfortante a la vez. Sin embargo, sus historias recurren a tropos tan peculiares que resulta divertido—pero también extraño—verlos repetirse una y otra vez. Acá te contamos sobre 7 clichés en películas de romance navideñas extrañamente específicos, pero demasiado comunes.
El pueblo más navideño de todos
De acuerdo, a todos nos gusta volver a casa para celebrar la Navidad con nuestros seres queridos. Sobre todo para no estar solos después de alguna pérdida, como una ruptura amorosa o algo peor. Pero una cosa es eso, y otra muy diferente es volver al pueblo más navideño de todos, lo que puede ser una bendición o una maldición dependiendo de los gustos del protagonista.
Tomemos, por ejemplo, Sorpresa de Navidad (Haul Out the Holly), en la que después de una desilusión romántica, una mujer (Lacey Chabert) regresa a casa de sus padres, donde los vecinos harán de todo para sacar el espíritu festivo en ella. Y claro, el pueblo es, en “cuerpo” y alma, más navideño que todos los elfos de Santa Claus reunidos para una fotografía de Spencer Tunick. Lo cual se relaciona con el siguiente cliché…
Navidad… y nada más que Navidad
En el mundo real, diciembre es un mes como cualquier otro: se decora la casa un día, hay alguna fiesta o posada por ahí en algunas semanas y después se prepara la cena de Navidad, pero el resto de los días transcurren como de costumbre. Pero no en estas películas, no, señor. El alegre espíritu festivo es lo que une a las parejas, así que es requisito indispensable que los potenciales enamorados vivan en un mundo más navideño que la pesadilla más oscura del Grinch.
Por ejemplo, en Encuentro de Navidad (Mingle all the Way) de Hallmark, una mujer (Jen Lilley) acuerda asistir a todos sus eventos navideños con un hombre (Brant Daugherty) con el que ya había tenido una desastrosa cita en el pasado. Y entonces la pareja pasa el resto de la película entre decoraciones navideñas, trineos y demás actividades festivas. En Por segunda vez (Checkin’ it Twice), también de Hallmark, la pareja central (Kim Matula y Kevin McGarry) pasan por lo mismo pero le agregan hockey, por si alguna masculinidad se sintió tambalear con tanta sacarina. Es casi como si los protagonistas de estas películas no tuvieran nada mejor o diferente que hacer. Lo que nos conduce al siguiente punto.
¿Trabajo? ¿Cuál trabajo?
Muchas películas de romance navideñas tienen a protagonistas femeninas que nunca son unas “desquehaceradas”. En teoría son mujeres independientes, con profesiones y empleos… Excepto que rara vez las vemos ejerciendo. Casi siempre, sus trabajos son el mero detonante para el encuentro con el futuro esposo (ah, qué bellos tiempos eran aquellos los del progresismo).
Por ejemplo, en Un príncipe de Navidad (A Christmas Prince), seguimos a una joven periodista (Rose McIver) que acepta viajar a un país europeo ficticio para investigar al príncipe (Ben Lamb), quien duda sobre asumir la corona. Y ella ejerce el periodismo por cinco minutos completos antes de hacer… cualquier otra cosa, menos investigación periodística. Sólo recuerda su profesión para conseguir información que traerá la tensión narrativa necesaria antes de la inevitable reconciliación.
Sin pareja celosa
El enamoramiento en las películas románticas de Navidad tiene que ser inocente y fácil, así que no puede haber nada ni nadie de por medio (no puede haber ni un indicio de infidelidad, ¿qué va a decir Diosito, si no?).
¿Solución? Al menos uno de los protagonistas será viudo, elemento que de inmediato provocará simpatía (porque claro, es un alma noble pero herida). Ejemplo para este caso: Un muñeco de nieve para derretirse (Hot Frosty), en la que una mujer viuda (Lacey Chabert, una vez más) conjura mágicamente a su nuevo novio, una escultura de nieve (Dustin Milligan) que cobra vida.
Puntos extra si, además, hay un niño o niña que perdió a uno de sus progenitores y ya está buscando el sustituto. Lo que nos lleva a…
Quítese, niño metiche
En las películas de romance navideñas, todos juegan a ser casamentero, porque lo peor que puede sucederle a alguien en Navidad es estar soltero. Y nadie más interesado en crear parejitas nuevas en estas películas que las infancias, con mejores tasas de éxito que un mes completo de Tinder Premium.
Ejemplo perfecto: Navidad de golpe (Falling for Christmas), donde Lindsay Lohan interpreta a una consentida mujer y ejecutiva hotelera que queda amnésica tras un accidente de esquí. Es acogida, ni más ni menos, que por un simpático viudo que opera una humilde posada y que, además, tiene una encantadora hija (Olivia Perez) sin quien no tendría idea de nada.
¿Meet cute? Más como meet ugly
En las comedias románticas convencionales, es común (aunque no está escrito en piedra) que los eventuales amantes se conocerán en una situación inusual pero tierna o encantadora. Pero en las películas de romance navideñas se está rompiendo este patrón en favor de lo contrario: bienvenidos al meet ugly, donde la pareja se conoce en circunstancias incómodas, desagradables o desastrosas.
Por ejemplo, en Orgullo, prejuicio y muérdago (Pride, Prejudice and Mistletoe), la parejita (Lacey Chabert de nuevo, junto a Brendan Penny) son enemigos de la secundaria que se reencuentran por circunstancias que los obligan a estar juntos, porque el tiempo y la Navidad lo curan todo. O en ¡Qué duro es el amor! (Love Hard), un chico solitario (Jimmy O. Yang) tal cual le hace catfishing a una chica (Nina Dobrev) en una app de citas. Al final, en ambos casos, las cosas salen bien porque de eso se trata la Navidad: de perdonarlo todo y construir algo juntos incluso si los cimientos de confianza están más endebles que un castillo de cartas sobre una torre de Jenga. O algo así.
Una protagonista interpretada por Lacey Chabert
Sólo al escribir esta lista nos percatamos de lo evidente: que Lacey Chabert es la reina contemporánea de las películas de romance navideñas. Hasta aquí, ya la mencionamos en Un muñeco de Navidad para derretirse, Sorpresa de Navidad y Orgullo, prejuicio y muérdago. Pero vaya que hay bastante más de donde esas vinieron.
En sus palabras, la razón por la que Chabert hace tantas comedias románticas de Navidad es porque ama la festividad. Así que si lo que buscas en una película de romance navideña es la familiaridad, nadie ofrece más de eso que la actriz, que también ha protagonizado Navidad en Castle Hart, El tesoro Navideño (The Christmas Quest) y Una melodía navideña (A Christmas Melody) junto a la otra reina de la temporada, Mariah Carey. Quizá no logró poner de moda “fetch”, pero vaya que en esto se la tiene ganada a Lindsay Lohan.

































