
Cómo ‘The Punisher: La última muerte’ complica ‘Spider-Man: Un nuevo día’
Es un hecho que Frank Castle (Jon Bernthal) tendrá una participación en Spider-Man: Un nuevo día (Spider-Man: Brand New Day), y la expectativa era que el especial The Punisher: La última muerte (The Punisher: One Last Kill) explicara un poco cómo el antihéroe llegó a esta posición luego de su aparición en la primera temporada de Daredevil: Born Again. Y si bien sí establece en dónde está parado Castle respecto a su identidad de Punisher, esta aparición en pantalla también complica un poco su próxima aparición en la película del trepamuros.
En realidad, se trata de un problema que ha venido arrastrando el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM) durante mucho tiempo, pero que es más evidente cuando dos personajes tan dispares están en un curso de colisión inminente: una brecha de tonos insalvable entre dos rincones de la franquicia que, sin embargo, ésta insiste en mostrar bajo una coexistencia cotidiana. Cosa complicada: el optimismo e idealismo de Peter Parker/Spidey (Tom Holland) no tiene nada que ver en absoluto con la brutalidad nihilista de Frank Castle. Y nada representa el problema mejor que la ciudad de Nueva York.
Entre Spider-Man y Punisher: la Nueva York imposible del UCM
El problema de la diferencia abismal de tonos entre todo el UCM es mejor representada por The Punisher: La última muerte. En la trama, Frank Castle se oculta en un barrio ficticio de Nueva York conocido como Little Sicily, que es representado, en esencia, como “tierra de nadie”. Nadie puede salir a la calle aquí sin ser golpeado, asaltado y asesinado por algún criminal, y el barrio entero se convierte en una zona de guerra cuando la mafiosa Ma Gnucci (Judith Light) lanza una recompensa por la cabeza de Castle, instando a todos los malhechores de la zona a hacer lo que sea para matarlo.
El contraste es muy evidente si consideramos que, dentro de la cronología del UCM, La última muerte se sitúa en paralelo a la segunda temporada de Born Again, que representa una Nueva York civilizada pero prácticamente bajo ley marcial del alcalde Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) y su Fuerza Especial Anti-Vigilantes (AVTF, por sus siglas en inglés). En este rincón narrativo de la saga, Matt Murdock/ Daredevil (Charlie Cox) lidera una resistencia callejera contra el gobierno Fisk, y sin embargo, es como si Castle hubiese desaparecido después de la primera temporada.
La disonancia es todavía más marcada si consideramos que el especial sucede unos meses antes de Spider-Man: Un nuevo día. La Nueva York de Spidey—y de otros héroes juveniles, como Ms. Marvel—está en un registro también muy distinto al de Daredevil o Punisher. Mientras Nueva York se enfrenta a una rebelión por un alcalde tirano, debemos creer que estos jóvenes también van por ahí lidiando con problemas del vecindario y amenazas mutantes por igual, con una sonrisa en la cara y usando el mínimo de violencia posible, sin enterarse de todo lo demás.
El problema no es nuevo, sino que sólo es exaltado por el abismo de distancia entre Spider-Man y Punisher. Aunque en los cómics no es inusual que personajes tan dispares crucen caminos, la cronología de los hechos hace cada vez más difícil creer que otros héroes o equipos no intervienen ante crisis tan evidentes. Si agregamos a la mezcla eventos como el visto en Thunderbolts*, situada alrededor de la misma época y en la que un ataque de Sentry (Lewis Pullman) hizo a cientos de neoyorquinos desaparecer en una dimensión paralela, la credibilidad se estira hasta romperse.
Esto mismo sucedía en la franquicia desde mucho tiempo atrás, aunque por razones logísticas en algunos casos. La serie original de Daredevil se situaba no mucho después de la Batalla de Nueva York (Los Vengadores). El hecho es directamente aludido por varios personajes como “el incidente”, pero la devastación de la ciudad no se ve por ningún lado. Podía perdonarse dado que, en aquel entonces, las series eran responsabilidad de una división televisiva separada de Marvel Studios, pero conforme la franquicia ha crecido, esto se ha vuelto más complicado de justificar.
Cómo Marvel podría resolver el problema
La gran promesa sobre la que se ha construido el UCM durante casi dos décadas de existencia, es que, similar a los cómics, todos sus personajes viven dentro del mismo universo y, teóricamente, pueden interactuar en una gran narrativa interconectada. Pero, como se ha demostrado durante sus fases más recientes, esta interconexión es tan difícil de lograr, como de justificar cuando no sucede. ¿Por qué no habrían de intervenir Los Vengadores en casa cuando fácilmente pueden ir a cazar a HYDRA en Sokovia? Si un rincón de Nueva York es convertida en una zona de guerra por Frank Castle, ¿por qué Spider-Man no se columpia hasta allá para ayudar?
Aunque narrativamente puede justificarse por cuestiones logísticas—como que gestionar los derechos cinematográficos de Spider-Man con Sony Pictures conlleva muchas complicaciones—, Marvel Studios se ha arrinconado al establecer que un personaje extraordinariamente nihilista y violento como Frank Castle puede existir en ese mismo espacio y en los mismos términos que, digamos, el cínico pero carismático Tony Stark (Robert Downey Jr.).
La realidad es que el UCM ha funcionado mejor cuando sus personajes más incompatibles han sido separados por la compartimentalización, es decir, “cada quién a su esquina”. Peter Parker en Queens, los alienígenas y dioses nórdicos en el espacio, Daredevil en Hell’s Kitchen. ¿Nos gustaría ver a este último involucrarse en las luchas planetarias de Los Vengadores? Quizá. ¿Es el mejor rumbo para el personaje, narrativamente hablando? Quizá no.
Son guiños divertidos cuando nuestros héroes y antihéroes favoritos cruzan caminos, pero para mantener la lógica y suspensión de la credibilidad de una saga tan vasta, quizá no sea la mejor idea.









