El canon de cine navideño es enorme, con nuevos títulos que se suman cada año. Pero no todas las películas de Navidad son iguales: existen los clásicos indiscutibles, sin duda. Sin embargo, también hay producciones que van y vienen sin pena ni gloria en los mejores casos, o pasando a la infamia en los peores.
Pero también existen otras que caminan una delgada línea, de calidad cuestionable pero de un encanto singular, ya sea por sus estrellas, por lo estrafalario de sus premisas o por una ejecución tan digna de pena ajena que permanecen en la memoria. Por estas u otras razones, estas son ocho películas de Navidad tan malas que no podemos dejar de amarlas por intentarlo.
El regalo prometido (1996)
Arnold Schwarzenegger podrá haber sido una formidable estrella de acción de los 80 con clásicos como Depredador o Terminator, pero sus cuestionables dotes interpretativas no fueron exactamente aptas para los terrenos de la comedia—o no la del tipo voluntario, al menos—. En dicho sentido, El regalo prometido (Jingle all the Way) no es su mejor trabajo, pero este título se ha convertido en un clásico por antonomasia para dos sectores: quienes gustan de las películas de Navidad tan malas que son buenas, y quienes han vivido la histeria de encontrar ese regalo con el que sueña el niño de la familia.
El guión tampoco hace de Schwarzenegger alguien fácil con quien simpatizar, un padre ausente y adicto al trabajo que, por lo menos, busca su redención. Para cuando llega la escena del combate contra los Santas piratas, ya es de dar pena ajena, pero es inevitable reír y emocionarse con la escena climática, tan inverosímil que sólo podría ser concebida por niños, quienes tampoco son realmente el público objetivo de este contradictorio clásico de Navidad. Y Schwarzenegger no será el único padre negligente en esta lista…
Juanito Escarcha (1998)
En Juanito Escarcha (o Jack Frost, su título original), un Michael Keaton post-Batman es el segundo padre ausente de nuestra lista. Tiene una hermosa esposa y un adorable hijo, para quienes no está presente debido a su trabajo como un exitoso músico constantemente de gira. Muere en un accidente durante una nevada, pero es traído de vuelta a la vida. Como muñeco de nieve. Por la armónica mágica (que no sabía que era mágica) que regaló a su hijo. Siguen pueriles aventuras en la nieve…
El tema del padre ausente en busca de redención es, precisamente, similar a El regalo prometido, ¿pero qué es exactamente lo que está sucediendo aquí? ¿Es Jack un zombi? ¿Un muñeco de nieve poseído? ¿Una afrenta divina al orden natural de Dios? Por lo pronto, digamos que esta película es como el engendro navideño de Click con Adam Sandler y la melancolía paterna de El gran pez, y no podemos dejar de mirar.
Un príncipe de Navidad (2017)
Una joven periodista de tabloides debe ir al extranjero para una asignación de último minuto en plena temporada navideña: conseguir la primicia sobre un polémico príncipe, que será coronado próximamente, a pesar de su reputación como mujeriego. Y claro, cómo no, se van a enamorar. ¡Un milagro de Navidad!
Un príncipe de Navidad es como si alguien hubiera tomado El diario de una princesa y la hubiera colocado en una licuadora con todos los clichés de las comedias románticas decembrinas de Hallmark—con todo lo que eso implica en términos de calidad de guión y actuaciones—. Créelo o no, hay tres de estas películas para cubrir los siguientes hitos de este romance: la boda y la llegada del bebé. ¿Pero quién no quiere algo de escapismo romántico para soñar en Navidad?
Santa Clos conquista los marcianos (1964)
Cosas de Navidad que van juntas: Santa Claus y las galletas, o los renos, o los juguetes. ¿Cosas que no van juntas? El viejo bonachón y una guerra con alienígenas. Pero precisamente de eso va Santa Clos conquista los marcianos (Santa Claus Conquers the Martians), una comedia de ciencia ficción serie B donde los habitantes de Marte, preocupados por la falta de diversión para los infantes de su mundo, deciden ir a la Tierra para secuestrar a Santa (junto con otro par de niños) para llevar la felicidad al planeta rojo.
Es como la premisa de El extraño mundo de Jack si Tim Burton hubiese dado un volantazo hacia el mundo de ¡Marcianos al ataque! Esta película es cliente frecuente de las listas de las peores de la historia, lo que ya merece un morbo y fascinación similares a los que inspiran títulos como Plan 9 del espacio exterior, el rey entre sus dudosos congéneres.
Un deseo mortal (2018)
Una película que parte de una teoría comprobada: todo puede ser mejorado por la presencia de escualos. ¿Thrillers de asesinos seriales? Mejores con tiburones. ¿Tornados? También son mejores con tiburones. En Un deseo mortal (Santa Jaws), un chico que aspira a ser artista de cómics recibe de regalo un bolígrafo que, al parecer, puede cambiar la realidad. Con él dibuja un tiburón que porta un gorro de Santa Claus. Y así, el animal se materializa en la realidad, desatando una racha asesina para las festividades.
Una más al divertidísimo canon de películas de terror baratas—y gloriosamente estúpidas—protagonizadas por tiburones. Maravilloso complemento para Sharkenstein, también.
Matar a Santa (2020)
Un Santa veterano y hastiado (Mel Gibson, no es broma) que, al ver su negocio hundirse, debe aceptar un contrato del gobierno estadounidense para producir armamento, mientras cae en la mira de un matón contratado por un niño de 12 años al que regaló un pedazo de carbón. Así de absurda es la premisa de Matar a Santa (Fatman), una película de Navidad pensada para adultos.
Está más cerca del cansado absurdo del Rambo tardío que de Noche sin paz, la comedia de David Harbour como Santa Claus. Pero es, a todas luces, es el tipo de película híper masculina “de papá”, opción viable para ver en Navidad con quienes se tomaban en serio propuestas como Arma mortal, o para quienes quieran reírse de la seriedad con que se toma a sí misma.
Intercambio de princesas (2018)
Una ordinaria panadera de Chicago y una futura princesa (ambas interpretadas por Vanessa Hudgens) descubren que lucen prácticamente idénticas, así que idean un plan para pasar la Navidad una en el lugar de la otra (claro, ¿por qué no?). Así da inicio Intercambio de princesas (The Princess Switch), que inauguró otra trilogía de comedias románticas navideñas bobas para Netflix.
Es, en esencia, El príncipe y el mendigo (o, si prefieres, Juego de gemelas) por vía de El descanso (una película infinitamente mejor). Y claro, si gustas, hay secuelas cada vez más inverosímiles, la primera con una nueva doble, y la segunda con un robo de reliquias. Porque para ser una película mala pero con encanto, hay que elevar las apuestas.
Código: Traje rojo (2024)
Con títulos en su filmografía como La falla de San Andrés y la saga de Rápido y furioso, Dwayne “La Roca” Johnson es el rey absoluto de las (malas) películas de acción de la actualidad, y sí, también tiene una contribución al canon de Navidad. En Código: Traje rojo (Red One), interpreta al jefe de seguridad del Polo Norte, quien debe hacer equipo con un mercenario de moral extremadamente dudosa (Chris Evans) para rescatar a un secuestrado Santa Claus (J.K. Simmons) y salvar la Navidad.
Es una premisa boba que lleva el heroísmo hípermasculino de Johnson (Alerta roja) a un contexto absurdo, en una línea similar a las ya mencionadas Matar a Santa o Noche sin paz. Pero lo cierto es que el carisma de Johnson (aquí bien acompañado por Evans) es innegable. Es una buena opción si tu película de Navidad por defecto es Duro de matar y quieres algo un poco distinto en esta ocasión.

























































































