A los cinéfilos nos encanta clasificar o categorizar las cosas en listas y declarar, por ejemplo, las mejores películas de terror de la historia. ¿Pero según cuál criterio? ¿Según cuáles consideraciones puede reducirse todo un subgénero a sus, digamos, 10 mejores exponentes?
Para algunos, será cosa de mera apreciación estética; para otros, de impacto cultural, permanencia e influencia como “clásicos”. Aquí trataremos de ser eclécticos con los motivos y las procedencias de cada título para seleccionar, en orden descendente, las 10 mejores películas de terror de la historia, tanto clásicos indiscutibles de Hollywood como títulos que han impactado al cine mundial desde otras latitudes.
10. El doctor Frankenstein (1931)
Uno de los clásicos literarios más conocidos del terror y la ciencia ficción ha tenido, también, innumerables adaptaciones a la gran pantalla (comenzando con una de 1910). Sin embargo, podemos argumentar que ninguna ha sido tan emblemática e influyente como El doctor Frankenstein, la versión de 1931 dirigida por James Whale y con Boris Karloff como el icónico monstruo.
Los espectadores más críticos dirán que es una adaptación que toma demasiadas libertades con la novela de Mary Shelley y que el resultado es una versión “deslactosada”—y no estarían equivocados—. Sin embargo, su impacto es para no ser subestimada: terminó de asentar el espíritu de las adaptaciones de terror de la Universal—ya esbozado por Drácula con Bela Lugosi—, y la imagen de Karloff caracterizado como la criatura sería, para bien y para mal, la vara con la que se medirían todas las futuras adaptaciones, desde la protagonizada por Robert De Niro hasta la más reciente por Guillermo del Toro.
9. King Kong (1933)
Claro que había monstruos en el cine antes de King Kong, pero pocas películas definirían, en el mismo grado que ésta, lo que debía ser una monster movie. Y sobre todo, una película de monstruos gigantes. Esta película de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack tiene algunos aspectos temáticos que han envejecido mal (su exotismo, más que nada). Sin embargo, su mezcla de los efectos visuales más avanzados de la época con innovadora animación cuadro por cuadro para dar vida al simio gigante y demás criaturas de la Isla Calavera, determinaron lo que el subgénero de monstruos debería ser en adelante: espectáculo y terror puros.
El personaje ha tenido toda clase de remakes en las décadas siguientes, que han oscilado entre el terror, la acción y la aventura. Pero su influencia y legado se han extendido a otras latitudes, dando origen a monstruos como Godzilla en Japón, por citar sólo a su descendiente—y rival— más famoso.
8. El círculo (1998)
La frontalidad del terror japonés para abordar los miedos humanos ha engendrado obras genuinamente escalofriantes (como el body horror de Tetsuo, el hombre de hierro), sobre todo de cara a temas como la industrialización y otros avances tecnológicos. Pocos ejemplos tan potentes de ello como El círculo, que confronta al público con las ansiedades por la tecnología moderna y los medios de comunicación, por medio de su famosa trama de una cinta de video maldita.
Claro que había excelente terror japonés antes de esta película, pero fue tan perturbadora e impactante que trascendió fronteras e incluso dio pie a un remake hollywoodense (igual bueno, pero inferior a la original). Indispensable si te han gustado propuestas de terror japonesas posteriores, como La maldición (Ju-On).
7. Tiburón (1975)
Algunas de las mejores películas de terror de la historia contribuyeron a legitimar el género y sus posibilidades expresivas. Y todavía un escalón más arriba en esa evolución encontramos a Tiburón, que hizo del terror un espectáculo masivo que también definió lo que serían los taquillazos o blockbusters.
Es, en cierto modo, otra película de monstruos que dosifica magistralmente la presencia de su amenaza central para construir una tensión insoportable. Directa e indirectamente, ha engendrado todo un subgénero ultra específico que ha derivado en acción, ciencia ficción y comedia, desde Megalodón hasta la saga de Sharknado. Pero ninguna a la altura del clásico de Spielberg.
6. Psicosis (1960)
Entre esos nombres responsables por legitimar al terror encontramos a Alfred Hitchcock, ya un cineasta consagrado—y con títulos formidables como Vértigo y La ventana indiscreta—cuando decidió filmar Psicosis. Adaptada de la novela homónima, fue una de las películas responsables por abrir la puerta a un terror lejos de lo sobrenatural e inexplicable, para anclarlo directamente en la perversidad de una psique humana rota.
Es una de las mejores películas de terror de la historia no sólo por su impecable manufactura—incluyendo la magistral edición de la famosa escena de la regadera para engañar a la censura de la época—, sino también por su impacto. Sin ella, no entenderíamos subgéneros como el slasher, uno de sus herederos más directos.
5. La matanza de Texas (1974)
Y hablando del slasher, inmediatamente se vienen a la mente títulos como La noche de Halloween o Viernes 13. Pero tanto como deben sus temas a Psicosis, estos títulos deben varias otras de sus convenciones a La matanza de Texas, una de las primeras películas sobre jóvenes incautos y libertinos que enfrentan un destino cruento en las fauces del abismo rural americano.
Esto fue precisamente lo que ha hecho a La matanza de Texas no sólo permanecer a lo largo de las décadas—obviando años de inferiores secuelas y remakes pobres en comparación—, sino resonar con las nuevas generaciones, proponiendo una lectura de unos profundos Estados Unidos que despertarían de la marginación con una voracidad asesina y abyecta.
4. La noche de los muertos vivientes (1968)
Para hablar de las cualidades tan elásticas del cine de terror como comentario social, hay que pasar por el subgénero zombi. Y para hablar del subgénero zombi—como lo concebimos actualmente, por lo menos—, es inevitable pasar por George A. Romero y La noche de los muertos vivientes.
La película sería responsable por establecer la encarnación moderna del zombi y su iconografía: muertos vivientes que andan con una lentitud ominosa para perseguir a las víctimas que pretenden como su comida, símbolo de sociedades colapsando por su propio peso y devorándose a sí mismas. Sus convenciones han sido tan respetadas como reimaginadas a lo largo de las décadas—ahí tenemos a 28 días después, por ejemplo—. Pero así como los propios zombis, el género muta y se adapta a contextos diversos y novedosos (como una desigual Corea del Sur en Train to Busan). Y todo nace con Romero.
3. Alien, el octavo pasajero (1979)
¿Quién diría que un intento fallido por adaptar Duna y la urgencia comercial por competir con Star Wars daría pie a una de las obras cumbre del terror como arte, con intervención de un artista visual suizo y uno de los cineastas más prometedores de su tiempo? Por vía de la ciencia ficción Alien, el octavo pasajero se convirtió también en una de las mejores películas de terror por su propuesta visual y temática única.
Porque la tripulación de la nave Nostromo y el Xenomorfo eran más que meros sustos. Su iconografía desmontaba la precariedad laboral de una distopía futura además de nociones convencionales de sexo y género. Pero vaya que los sustos estaban presentes, con algunas de las escenas más violentamente icónicas que ha dado el género a través de una de las bestias más escalofriantes concebidas para el cine.
2. El exorcista (1973)
Una de esas películas que, por momentos, parecen rebasadas por su propia leyenda (sobre gente desmayándose y vomitando en el cine, entre otras cosas). El exorcista de William Friedkin, basada en la novela homónima de William Peter Blatty—quien también escribió el guión de la adaptación—, se valió del recurso de la posesión demoníaca para tomar el pulso a los miedos de la sociedad estadounidense contemporánea. El sector blanco, por lo menos.
La manufactura de El exorcista es impecable e impactante incluso en nuestros días, con tantos recursos digitales disponibles. Pero esto es gracias a que director y guionista dan un peso psicológico tangible a la violenta posesión de Regan (Linda Blair) y a la desesperación de su madre (Ellen Burstyn). En una sociedad de la posguerra, convulsa por la desconfianza, la paranoia y la inestabilidad política, ni la ciencia ni la fe pueden ofrecer respuestas ni salidas. Un terror que tantas otras películas como La profecía intentarían replicar después.
1. El resplandor (1980)
Stephen King podrá renegar de lo que Stanley Kubrick hizo con su libro, pero ya dice suficiente que, a décadas de su estreno, El resplandor no sólo haya opacado a la novela que le dio origen, sino que siga siendo considerada el estándar de oro para el terror psicológico.
La meticulosa e innovadora dirección de Kubrick exalta una inquietante ambigüedad entre lo sobrenatural y lo mundano, con una familia atrincherada y sola en un hotel mientras el padre (un demencial Jack Nicholson), haciendo de celador durante el invierno, cae en un lento pero seguro descenso hacia la locura y la violencia. Una vez más, el terror no viene de lo inexplicable sino de lo doméstico y terrenal: una fuente de la que han bebido títulos como Hereditary y La bruja durante décadas.









































































































