Ser cinéfilo implicar vivir la pequeña y mundana tragedia de tener una lista infinita de películas por ver (o watchlist) infinita: además de los estrenos semanales, hay cientos—si no es que miles—de títulos considerados como “clásicos”, “obras maestras” o “películas indispensables” en el repertorio de cualquier aficionado.
Claro que tales afirmaciones vienen cargadas de criterios tan diversos como subjetivos (¿qué califica como obra maestra y por qué sería esencial?). Pero en afán de partir de algún tipo de consenso, seleccionamos aquí 10 obras maestras del cine que han sido sumamente influyentes y que no harías mal en quitar de tu watchlist en 2026.
El chico (1921)
Podríamos llenar esta lista únicamente con películas de Charlie Chaplin, actor y director que revolucionó la comedia en el cine y a Hollywood como un todo. Pero optamos por El chico (The Kid) por ser la película que más contribuyó a dispararlo hacia ese estatus, como su primer largometraje luego de una serie de populares cortos.
Además, es una película que ejemplifica el tipo de historias que dominarían su filmografía, generalmente protagonizadas por su característico personaje del “vagabundo”, caminando la delgada línea entre la comedia y la tragedia—o entendiendo ambas como parte de la misma cosa—. Aquí seguimos los esfuerzos del vagabundo por no ser separado del niño que adoptó como hijo (Jackie Coogan, que de adulto aparecería en Los locos Addams) al encontrarlo abandonado. La forma de narrar de Chaplin, enfatizando el corazón humano de las historias, ha sentado toda una escuela en el cine mundial, y podemos ver su legado en propuestas tan dispares como La vida es bella o Wall-E, de Pixar.
El mago de Oz (1939)
Con tantas adaptaciones de la novela de L. Frank Baum a lo largo de los años, y sobre todo a la sombra de la reciente popularidad de Wicked, no es de extrañar que El mago de Oz (the Wizard of Oz) quede un poco olvidada, a pesar de que esta versión cinematográfica ha sido una influencia determinante en muchas otras adaptaciones.
Con ciertas libertades, este clásico cuenta la ya conocida historia de Dorothy Gale (Judy Garland) y su aventura para volver a su casa en Kansas, creando una iconografía que difiere de la de los libros—y que incluso los ha trascendido—. También es un maravilloso exponente de las posibilidades del Technicolor, y te hará cuestionar cómo es que ambas partes de Wicked lucen tan feas.
Ciudadano Kane (1941)
Considerada por muchos como “la mejor película de la historia”—afirmación que siempre es debatible—, la ópera primera y obra maestra de Orson Welles, Ciudadano Kane (Citizen Kane) sí es una obra que vale la pena ver por lo menos una vez, tanto por sus propias virtudes como por su ungimiento a lo largo de las décadas como una de las películas más influyentes de la historia (es, cuando menos, uno de los argumentos esenciales usados para defender la teoría del cine de autor).
La película comienza con la muerte de su protagonista, Charles Foster Kane (Welles), un magnate de los medios de comunicación, y sigue a un periodista (William Alland) que busca reconstruir la vida de difunto a raíz de testimonios de quienes lo conocieron en vida, pero consiguiendo versiones contrastantes e incluso contradictorias de la historia. Por su estructura y focalización narrativa, es considerada un ejemplo paradigmático del cine moderno, y ha influido en clásicos por derecho propio que van desde Lawrence de Arabia hasta caleidoscopios narrativos como Magnolia.
Casablanca (1942)
Podrá ser propaganda bélica (su producción fue acelerada para aprovechar el inicio de la campaña Aliada en el Norte de África), pero su realización fue tan impecable en todo sentido, que Casablanca es hoy considerada una de las obras maestras del cine en general, más allá de los géneros bélico y romántico.
La trama trata de un expatriado estadounidense (Humphrey Bogart) en Marruecos, quien debe decidir si mantenerse cínicamente neutral o ayudar a su antigua amada (Ingrid Bergman) y a su esposo (Paul Henreid), líder de la resistencia checa, a escapar de los nazis para poder seguir la lucha. Es una de las películas más emotivas e icónicas que existen sobre los amores no consumados en nombre del deber y el sacrificio, con influencia que se extiende durante décadas hasta títulos como Aliados y hasta La La Land, que le hace homenajes directos.
La malvada (1950)
La película que sentó el récord a la mayor cantidad de nominaciones al Oscar—muchas veces empatado, pero sólo Pecadores (Sinners) lograría romperlo en 2026—, y la única en la historia con cuatro nominaciones actorales femeninas. Y con buena razón: es uno de esos casos en el que cada actuación es impecable en el peor de los casos, y formidables casi siempre. Y es que, además, es una película sobre el mundo de la actuación.
La malvada (All About Eve) trata sobre una aficionada al teatro, Eve Harrington (Anne Baxter), quien logra congraciarse con su actriz favorita, la legendaria y veterana Margo Channing (Bette Davis), y así se adentra en el mundo de Broadway. Sin embargo, las ambiciones de la joven actriz llegan a poner de cabeza las lealtades y carreras al interior del círculo de Margo. Es una de las grandes películas sobre intrigas y discordias dentro del mundo del espectáculo, y que ha tenido influencia en otras grandes obras como Todo sobre mi madre de Almodóvar o La favorita, por citar un par de ejemplos.
Rashōmon (1950)
Del otro lado del Pacífico, crecía la reputación de uno de los cineastas japoneses más respetados a nivel mundial: Akira Kurosawa. Y al ganar el León de Oro de Venecia con Rashōmon, atrajo atención mundial al cine japonés, consolidando una influencia que marcaría a cineastas tan diversos como Martin Scorsese, Satyajit Ray y George Lucas.
Heredera de las múltiples perspectivas narrativas ambiguas de Ciudadano Kane, la película narra los testimonios contradictorios de las diversas personas implicadas en e asesinato de un samurái en el bosque. Es una de las películas más influyentes del siglo XX—incluso si es un tanto opacada por otras obras maestras del cine de Kurosawa, como Los siete samuráis—, e incluso ha inmortalizado lo que se conoce como el “efecto Rashōmon”, en el que varias personas ofrecen recuentos alternos y muchas veces contradictorios de un mismo acontecimiento.
Cantando bajo la lluvia (1952)
Y hablando de musicales, podrá decirse mucho de sus manifestaciones actuales, pero te advertimos que no has experimentado el cine musical si no has visto uno de la época dorada del género. Uno de los más emblemáticos de su tiempo es, sin duda, Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain).
Además de un musical formidable, es una clase de historia del cine, pues la película se sitúa en el periodo en el que el estreno de El cantante de Jazz auguraba el inicio de una nueva era, con la llegada del cine sonoro a Hollywood, lo que trajo toda una serie de desafíos en la manera de hacer cine. Sólo digamos que mucho de lo que presentan tanto La la Land como Babylon (ambas de Damien Chazelle), lo hace esta película, pero mejor.
Ventana indiscreta (1954)
Otro cineasta cuya filmografía está repleta de obras maestras es el británico Alfred Hitchcock, popularmente conocido por Vértigo y, sobre todo, por Psicosis (Psycho). Un director que, fríamente, entendía a los actores como instrumentos, al público como un instrumento musical cuyas notas deben ser tocadas en momentos específicos, y a la imagen cinematográfica como una especie de complicidad voyeurística.
Incluso dentro de su obra, existen pocas cosas más voyeurísticas que Ventana indiscreta (Rear Window), película concebida y contada como chisme de vecindario. Confinado en su departamento por una pierna rota, un fotoperiodista (James Stewart) observa a sus vecinos desde su casa, acompañado por su enamorada (Grace Kelly) y por su enfermera (Thelma Ritter), hasta que cree atestiguar un asesinato desde su ventana e implica a sus dos compañeras en una espiral de misterio e investigación para descubrir la verdad. Incontables películas han sido influenciadas por ella, como Doble de cuerpo (Body Double) de Brian De Palma, por citar sólo un ejemplo.
Sin aliento (1960)
En Europa, una profunda revolución cinematográfica se gestó con la Nueva Ola de cine francés, o la Nouvelle Vague, con títulos como Los 400 golpes de François Truffaut o El bello sergio de Claude Chabrol: películas creadas por críticos de cine convertidos en cineastas, que desafiaban el status quo y jugaban con el lenguaje cinematográfico para creaciones novedosas y frescas. Aunque fue posterior a ellas, curiosamente, Sin aliento de Jean-Luc Godard es considerada la película más emblemática del movimiento.
Su trama—sobre un hombre (Jean-Paul Belmondo) que roba un auto, asesina a un policía y se reencuentra con una mujer estadounidense (Jean Seberg), con quien sigue su huida— es lo de menos, pues el punto aquí es el juego de referencias y subversiones cinematográficas que plantea la película. Además, con el reciente estreno de Nueva Ola Francesa (Nouvelle Vague), biopic dirigida por Richard Linklater sobre el rodaje de la película, es un excelente momento para descubrirla.
Macario (1960)
Un clásico esencial del cine mexicano, que entre otras cosas hizo historia por competir en Cannes y por ser la primera película del país nominada al Oscar a Mejor película extranjera. Macario también inmortalizó a Ignacio López Tarso y a Pina Pellicer en el imaginario colectivo mexicano, gracias a la iconografía creada por el director Roberto Gavaldón y el fotógrafo Gabriel Figueroa.
La trama sigue a un leñador (López Tarso) obsesionado por la pobreza que atraviesa y por la muerte que siente cercana, y con la que tiene un encuentro determinante para su futuro y el de su familia. Cerca a los territorios del cine de terror mexicano, es una película que aborda la muerte como sólo en México puede hacerse, aunque tampoco te culparemos si te recuerda en algunos aspectos a El séptimo sello, de Ingmar Bergman.


































































































