Los cómics de superhéroes no serían lo que son hoy sin los X-Men de Marvel, con poderes tan fascinantes como su abordaje de temáticas como la discriminación y la xenofobia. Lo mismo podría decirse del cine: el salto de los mutantes a la pantalla grande abrió las puertas para el cine de superhéroes como lo conocemos hoy.
Sin embargo, con un cuarto de siglo a cuestas, se ha convertido en una saga cinematográfica difícil de seguir, debido a precuelas, reboots, cambios de cast y modificaciones retroactivas de continuidad que contradicen eventos entre películas. Por ello, aquí te explicaremos el orden cronológico para ver todas las películas de X-Men, teniendo en cuenta que, en realidad, tenemos dos líneas de tiempo que se desprenden de X-Men: Días del futuro pasado. Si te resulta confuso, más abajo encontrarás cómo ver todas las películas en su orden de estreno.
X-Men: Primera generación (2011)
Ya vamos a confundirnos desde el principio, pues esta película fue concebida como un reboot de la franquicia hasta ese punto, aunque retroactivamente es considerada una precuela de la primera película. Situada en 1962, la trama narra el comienzo de la amistad entre Charles Zavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr “Magneto” (Michael Fassbender), y con ello, el origen del equipo y de la Academia Xavier para Jóvenes Dotados.
X-Men: Primera generación es, a mi gusto, la mejor película de toda la franquicia: además de actualizarla para una nueva época y alejarla de los trajes de piel de los 2000 (con un diseño de producción más realista, post-Batman Inicia), se trata también de un buen thriller de la Guerra Fría, con no pocas similitudes con La caza al Octubre Rojo. Como en toda buena historia de X-Men, su corazón está en la creciente brecha ideológica entre Xavier y Magneto, llevando a su inevitable y trágica rivalidad. Fassbender en particular es brillante para representar la complejidad moral y psicológica de Magneto, aunque el resto del elenco—con nombres como Jennifer Lawrence, Kevin Bacon y Rose Byrne—también hace un gran trabajo.
X-Men: Días del futuro pasado (2014)
Esta secuela es donde las cosas se ponen interesantes, pues es aquí donde se divide el orden cronológico para ver las películas de X-Men. Adaptada de la saga de cómics homónima, esta historia ve al equipo en una lucha desesperada para evitar su extinción ante los letales robots Centinelas, en el año 2023. Para cambiar el destino de los mutantes, envían la conciencia de Logan/ Wolverine (Hugh Jackman) a su cuerpo en el año 1973, para evitar la creación de los Centinelas en el pasado.
Para los fans de la saga cinematográfica, X-Men: Días del futuro pasado es una experiencia singular y gloriosa, pues al estar situada en dos épocas distintas, permite unir en una sola película a los elencos tanto de las películas originales de los 2000, como de la nueva continuidad establecida con Primera generación. La trama no está tan pulida—tiene más paradojas temporales que Volver al futuro y Avengers: Endgame juntas—y, si no tienes en mente que esta película es como un reboot suave, todo lo que viene después podría confundirte.
Sin embargo, para simplificar las cosas y no caer en spoilers, sólo debes saber que en Días del futuro pasado, la cronología se divide en dos. En una continuidad, la narrativa sigue con X-Men: Apocalipsis. Si, en cambio, quieres continuar con la historia alternativa, salta directo a X-Men orígenes: Wolverine, que sigue la continuidad clásica.
X-Men: Apocalipsis (2016)
La tercera entrega de la “nueva” continuidad ve el ascenso de Apocalipsis (Oscar Isaac), el ancestral y más poderoso de los mutantes, que luego de un milenio inactivo despierta en 1983 para reclutar a Magneto y a otros con el objetivo de establecer un nuevo orden mundial. Detenerlo será labor de un nuevo y más joven equipo de X-Men bajo el liderazgo idealista de Xavier.
Si eres fan de los cómics clásicos o incluso de la serie animada de los 90, X-Men Apocalipsis es, hasta ahora, la película que más ha capturado ese espíritu. No es ni remotamente perfecta: Apocalipsis, uno de los mutantes más icónicos y formidables de los cómics, aquí es traducido en clave de supervillano genérico, y la trama está más orientada hacia la acción que hacia el desarrollo de personajes o del eterno conflicto ideológico entre Magneto y Xavier (aunque con un tono más solemne, similar al del Universo Extendido DC de Zack Snyder). Sin embargo, para cualquier fan de X-Men, pocas cosas se comparan con ver a nuevas iteraciones de personajes clásicos como Cyclops (Tye Sheridan), Jean Grey (Sophie Turner), Storm (Alexandra Shipp) y Psylocke (Olivia Munn) en pantalla.
X-Men: Dark Phoenix (2019)
Este es el segundo intento de la franquicia por adaptar la emblemática saga de la Fénix oscura de los cómics, una vez más con resultados mixtos. La trama de la película se sitúa en 1975 y narra cómo Jean Grey (Turner) recibe una entidad cósmica en su cuerpo que incrementa sus poderes mentales. Mientras ella lucha con las repercusiones psicológicas para no lastimar a sus seres queridos, fuerzas de otros mundos intentan controlarla.
X-Men: Dark Phoenix es una decepcionante entrega final para esta continuidad de la franquicia, que no emociona ni conmueve más allá de la actuación de Sophie Turner y el vínculo entre Xavier y Magneto, los pocos puntos que sobresalen sobre un batidillo de CGI poco inspirado. Es una producción poco cohesiva, en parte debido a modificaciones posteriores al rodaje principal, según reporters, para modificar el final de la película y que no se pareciera al de Capitana Marvel, producción de la entonces rival Marvel Studios que involucraba a los alienígenas Skrulls. Todos los rumores indican que Dark Phoenix fue víctima del tejemaneje corporativo por la compra de 21st Century Fox por parte de The Walt Disney Company, que se concretó en ese año.
Deadpool (2016)
Aunque técnicamente un spin-off, esta película sucede ya en el siglo XXI y se sitúa dentro de la misma “nueva” continuidad. Seguimos a un personaje totalmente nuevo—en esta versión de los eventos, al menos—: Wade Wilson (Ryan Reynolds), un soldado de las fuerzas especiales canadienses con baja deshonrosa, convertido en mercenario, que parece encontrar la felicidad cuando se enamora. Sin embargo, pronto descubre que su cuerpo está invadido por cáncer. En un acto desesperado se somete a un tratamiento experimental que despierta sus genes mutantes latentes, pero lo deja horriblemente desfigurado. Ahora equipado con un factor regenerativo y la capacidad de romper la cuarta pared, decide cazar al responsable.
Hay que decirlo, Deadpool no es exactamente una gran película para los estándares espectaculares de X-Men: el villano (Ed Skrein) es genérico en el mejor de los casos, y el elenco está compuesto por personajes menores o francamente desconocidos de la saga. Pero ahí está gran parte del encanto, pues esto permite a Reynolds brillar como un personaje que tiene la libertad de hacer referencias y burlas a la manera en que funcionan las franquicias cinematográficas de superhéroes. Ese humor—y la habilidad de Reynolds para ejecutarlo—es el as bajo la manga de esta película y de sus secuelas, entre la autorreflexividad hiperviolenta de Kick-Ass y el realismo establecido por producciones como El caballero de la noche y el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM).
Deadpool 2 (2018)
Por si no hubiera ya suficientes líos con líneas temporales en la saga de X-Men, la secuela ve el debut del mutante viajero del tiempo, Nathan Summers/ Cable (Josh Brolin). Ahora, Wade Wilson debe formar al equipo conocido como X-Force para proteger a un joven mutante perseguido por Cable, mientras intenta modificar otros eventos del pasado.
Deadpool 2 abraza la naturaleza de estos spin-offs casi como una parodia hiperviolenta que se burla de la enredada cronología de las películas de X-Men. Probablemente no recordarás muy bien de qué se trató al final, pero sí recordarás los guiños, referencias y chistes sobre el pasado de la saga que, si eres conocedor, te arrancarán más de una carcajada. Una vez más, el humor de Ryan Reynolds es el plato principal (insistiendo en un estilo que ha desplegado siempre, más repetitivo aún en Free Guy), demostrando que existen matrimonios perfectos entre actor y personaje incluso si la narrativa resulta inconsecuente.
Los nuevos mutantes (2020)
Un spin-off que lleva la saga de X-Men hacia un terreno novedoso: el del terror psicológico. La película sigue a un grupo de cinco mutantes adolescentes ingresados a una institución secreta que busca “curarlos” de sus peligrosos poderes, aunque en realidad hay motivos más siniestros detrás.
Los nuevos mutantes es otro spin-off de la franquicia que tenía bastante potencial, al confinar a sus protagonistas a una institución al estilo de Atrapado sin salida, pero por vía de Babadook. El resultado es más genérico que interesante y desperdicia su prometedor elenco—con nombres como Anya Taylor-Joy, Maisie Williams y Alice Braga—. Sin embargo, presenta una de las propuestas más originales para una película de superhéroes en décadas, así que podrías disfrutarla si buscas algo dentro del subgénero con un sabor diferente. Hay que advertir que su posición en la cronología es un tanto ambigua: se sitúa aproximadamente en la época contemporánea de su estreno, pero nunca se establece con claridad.
Logan: Wolverine (2017)
Situada en 2029, esta película sigue a Logan (Jackman) y al avejentado Charles Xavier (Patrick Stewart), de los pocos mutantes sobrevivientes, que deben proteger a una joven mutante llamada Laura (Dafne Keen) para llevarla a un rumorado refugio en la frontera entre Estados Unidos y Canadá. La versión de superhéroes de Niños del hombre, en cierto modo.
Lo que evita que esta película se corone como la mejor de X-Men es que, en realidad, no se trata sobre el equipo sino sobre Wolverine, pero eso no significa que no sea una seria contendiente para el puesto. Logan: Wolverine es un thriller y road movie que presenta un viaje tan lleno de acción y tensión como de emociones—la producción fue originalmente concebida como despedida de Hugh Jackman en el papel—, en una línea similar a Sin lugar para los débiles. Además, no hace falta haber visto todas las otras entregas para entenderla: más que una película de superhéroes, es una historia de redención sobre un hombre que encuentra la compasión para proteger a alguien más que sí mismo.
La posición de Logan: Wolverine en la saga de X-Men es complicada. El hecho de que Deadpool y Wolverine (que sucede en 2024) se desprenda de esta historia, la sitúa en la continuidad “nueva”, aunque es ambiguo si debería ir o no hasta el final. Por otro lado, la participación de Patrick Stewart como Charles Xavier también puede volverla el final de la continuidad “clásica”, en una versión alternativa de los hechos donde la extinción de los mutantes no fue prevenida después de Días del futuro pasado. Puedes optar por ambas vías, el caso es disfrutarla.
Deadpool y Wolverine (2024)
Las cosas sólo se complican más en la tercera historia de Deadpool, que ahora no sólo trata sobre viajes en el tiempo, sino por el multiverso. Para evitar el fin de su universo, Wade Wilson debe encontrar a una variante “ancla” de Logan (Hugh Jackman), pero se enfrenta a un oficial corrupto de la Autoridad de Variación Temporal (TVA), que lo destierra a un limbo conocido como el Vacío.
Deadpool y Wolverine, situada en 2024, complica las cosas por una variedad de motivos. El primero es que integra a esta continuidad de los X-Men al UCM como uno de sus muchos universos paralelos junto con el de Los 4 Fantásticos de Fox. Y lo hace, además, aludiendo al final de la franquicia, Logan: Wolverine—aunque cronológicamente hay inconsistencias, pues dicha película se sitúa en 2029—. Es Deadpool por vía de Loki, en esencia, donde el metahumor es más hilarante que nunca, así que si eres ya un iniciado tanto de la saga X-Men como del UCM, encontrarás aquí un festín de crossover que, como cereza del pastel, cuenta con el regreso de Jackman al papel que lo volvió ícono.
X-Men orígenes: Wolverine (2009)
La continuidad clásica comienza con esta precuela que, como indica el título, narra los orígenes de uno de sus personajes más populares: Logan/ Wolverine (Hugh Jackman). Abarcando desde 1845 hasta 1979, la película aborda la historia del antihéroe, pasando por su participación en diversas guerras hasta ser sometido a los experimentos que le dieron su emblemático esqueleto de adamantio.
X-Men orígenes: Wolverine es, a pesar de los esfuerzos monumentales de Hugh Jackman, una película genérica en el mejor de los casos, y repleta de clichés insufribles del cine de acción en el peor, más cercana en su sensibilidad a aquellas películas de Hulk y de Elektra de inicios de los 2000. Además, para los fans más puristas, es una cuchillada por la espalda en su manera de adaptar a Deadpool—sí, Ryan Reynolds tiene su primera aparición como una versión del personaje en esta película—. Así que aquí te dejo dos formas de disfrutar esta producción: de manera irónica para reírte de ella después con las películas de Deadpool, o como un capítulo estrictamente necesario para entender al personaje de Wolverine de cara a las películas originales de X-Men.
X-Men (2000)
En esta primera película, perteneciente a la continuidad clásica, se establece a Logan (Jackman) y Rogue (Anna Paquin) como los protagonistas en un conflicto entre las dos facciones de mutantes: el pacifista Charles Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen).
X-Men es la película que lo comenzó todo no sólo para los mutantes de Marvel, sino para el cine de superhéroes moderno, pues abrió las puertas para películas como El hombre araña (2002) y expandió las posibilidades planteadas por Superman o Batman, de los pocos héroes traducidos a la pantalla hasta entonces. Si la ves por primera vez tantos años después de su estreno, podrá parecerte algo anticuada: los uniformes de cuero y los efectos especiales gritan “años 2000”. Pero lo cierto es que, como un todo, es una gran entrada al mundo de X-Men por establecer las dinámicas de esta saga en términos muy digeribles.
X-Men 2 (2003)
La lucha de los mutantes no sólo por la tolerancia, sino por sus vidas, continúa en esta secuela inspirada en el cómic X-Men: Dios ama, el hombre mata de 1983. Ahora, los X-Men de Charles Xavier deben unir fuerzas con la Hermandad de Mutantes de Magneto para combatir al Coronel William Stryker (Brian Cox), quien busca apoderarse de la computadora buscadora de mutantes, Cerebro, para llevar a cabo su genocidio.
X-Men 2 es la rara secuela que no sólo acierta donde su predecesora tuvo éxito, sino que mejora muchas cosas y plantea una historia más seria, la equivalente de El imperio contraataca de esta saga, para decirlo de alguna manera. Es más grande en todo sentido, introduciendo a nuevos personajes y subtramas, pero sin expandirse demasiado y perder el control (como sucede hoy con tantas películas del UCM). Las actuaciones están en su punto, y los efectos están más pulidos. Estarás de acuerdo en que es otra serie contendiente al puesto de mejor película de X-Men junto a Logan: Wolverine y Primera generación.
X-Men 3: La batalla final (2006)
El clímax de la trilogía original de X-Men pone al equipo y al mundo mutante en una encrucijada. Ahora existe una “cura”, así que los mutantes pueden elegir si mantener sus poderes (y ser condenados a la marginalidad), o existir como humanos normales. Al mismo tiempo, Jean Grey (Famke Janssen) resurge gracias a la Fuerza Fénix, lo que amenaza al mundo entero.
X-Men 3: La batalla final fue el primer intento de adaptar la saga de la Fénix oscura al cine, pero los resultados dividieron al público. Al introducir tantos personajes nuevos en dos subtramas, se perdió el enfoque de la saga en el desarrollo de los protagonistas, brindando resoluciones fáciles o inmerecidas para muchos hilos narrativos introducidos en las dos entregas previas—excesos que se volverían comunes en las megafranquicias posteriores, como en Avengers: Endgame—. Será improbable que te parezca la mejor de la trilogía original, pero es indispensable verla para saber el desenlace de la historia y, sobre todo, conocer el siguiente paso para Wolverine.
Wolverine: Inmortal (2013)
A la vez secuela de X-Men orígenes: Wolverine y de La batalla final, esta película continúa la historia de Wolverine, ahora amnésico y desprovisto del factor regenerativo que lo volvía inmortal. Sumergido en el mundo del crimen organizado de Japón, deberá reconstruir su pasado mientras pone a prueba sus límites físicos y emocionales.
Wolverine: Inmortal es una película infinitamente superior a X-Men orígenes: Wolverine, brindando un desarrollo mucho mejor fundamentado y atractivo para el personaje, sin descuidar la espectacularidad de la acción—influenciada por clásicos japoneses de época como Samurái (1954) y 13 asesinos (1963)—ni tampoco requerir haber visto todas sus predecesoras para poder entenderla. Es, fuera de la propia Logan: Wolverine, una de las mejores entregas de Hugh Jackman como el personaje.
Ten en cuenta que el desenlace de Días del futuro pasado elimina los eventos de La batalla final y Wolverine: Inmortal en esta cronología.




























































































