
10 buenas películas de tiburones asesinos
Aunque la agresividad predominante de los tiburones es un rasgo de su personalidad ue ha sido desmentido por varias fuentes (incluyendo documentales como Jugando con tiburones, Valerie Taylor), lo cierto es que, para bien y para mal, estos animales se han convertido en una representación efectiva del miedo humano a lo desconocido, sobre todo en uno de los entornos más misteriosos—y peligrosos—de nuestro planeta: el mar y sus profundidades.
A tal grado que este tipo de historias han sido explotadas, a veces, hasta el cansancio y el hastío: no todas las películas de tiburones asesinos han sido cortadas con la misma tijera, pero sí que las hay muy buenas, originales y hasta divertidas. Aquí seleccionamos 10 para ti y te decimos cómo verlas.
No estaríamos hablando sobre películas de tiburones asesinos si no fuera por la más importante de todas, la que ha sido determinante tanto para la historia de los blockbusters cinematográficos como para la percepción popular de los escualos a partir del cine, para bien y para mal.
Puesto que Tiburón (Jaws) es, sencillamente, una gran película de terror y aventuras, que ha capturado tanto la sensación de asombro del temprano cine spielbergiano (similar a lo que Encuentros cercanos del tercer tipo llevó al terreno de la ciencia ficción). Y además, aunque si bien fue una necesidad de la producción, sentó la máxima que tantas otras de sus herederas fallan en hacer: mantener el misterio y la tensión al sugerir la presencia y violencia del animal, más que mostrarla frontalmente.
Algunos podrían afirmar que Megalodón (The Meg) es solo “Tiburón, pero más grande” (tanto en sentido literal como figurado), y no estarían equivocados. En una época donde las cosas tienen que ser siempre “más” (más grandes, más espectaculares, más violentas) para sorprender al público de los blockbusters, esta película apuesta precisamente a eso y a ser un escaparate para Jason Statham… y con tanto gusto como ironía.
Lo bueno es que el resultado es absurdamente divertido, encontrando humor en la exagerada seriedad de nuestro héroe ante un maratón de estupidez humana a su alrededor, con el escualo titular provocando sensacionales estragos a su alrededor. Es más vistosa que virtuosa, pero brinda casi dos horas de pura diversión. Mucho más de lo que puede presumir su tibia secuela.
“Buena” no siempre quiere decir solemne o realista. Para este caso, quiere decir abrazar de lleno su propuesta, por estúpida y ridícula que sea, y ejecutarla con tanto interés para el público como coherencia con su premisa. Así que sí: vamos a incluir la película de tornados con tiburones voladores en este listado.
Sharknado es una genialidad del cine B que abraza al tiburón como cliché del cine de terror y lo lleva hasta su extremo más absurdo, con maravillosos resultados sólo aptos para quienes quieren su entretenimiento “realista”. La película engendró una franquicia, donde cada entrega subsecuente crecientemente delirante (en sentido contrario de sus dividendos), incluyendo elementos como viajes en el tiempo y una alocada mitología, pero siempre con tormentas de escualos alrededor.
Un thriller de terror en el que los tiburones no son exactamente antagonistas, sino tanto instrumento preferido del verdadero villano (un asesino serial interpretado por Jai Courtney) como alegoría de sus motivaciones y actitudes hacia las jóvenes mujeres, sus víctimas predilectas.
Animales peligrosos (Dangerous Animals) sigue a una joven surfista (Hassie Harrison) secuestrada para ser arrojada al mar como alimento de los escualos, hecho que ha de ser grabado para videos snuff. Es un tenso thriller con más en común con El juego del miedo (Saw) de lo que podría pensarse, aunque nunca lleva su violencia a tales extremos, optando por la reflexión sobre la misoginia internalizada.
Un giro europeo y tonalmente mucho más serio que la mayoría de las propuestas en esta lista. En las profundidades del Sena (Sous la Seine) es un thriller francés sobre una bióloga marina (Bérénice Bejo) que, años después de un encuentro traumático con un tiburón, debe superar sus miedos cuando el animal reaparece en el Sena, horas antes del comienzo de un triatlón en París que verá a los atletas meterse al agua sin conocer la amenaza.
Es una película de tiburones asesinos muy diferente, que tiene tanto que ver con la tensión por cazar al escualo y poner a los atletas a salvo, que con el drama interno de los personajes, que lidian con la pérdida y el estrés postraumático (a lo Río místico).
Hablando de traumas y pérdidas, otra gran película sobre tiburones asesinos que aborda el tema, es Miedo profundo (The Shallows), protagonizada por Blake Lively. La trama sigue a una joven que busca consuelo en las olas luego de perder a su madre, pero al lastimarse, queda varada en una roca a varios metros de la orilla, con un tiburón rondando en la cercanía.
Es una alegoría un tanto obvia sobre superar el luto, pero está bien ejecutada gracias a una actuación convincente de Lively y a la dirección de Jaume Collet-Serra, eficiente cineasta responsable por tensas propuestas de terror como La huérfana y de suspenso como Non-Stop: Sin escalas.
Una película de tiburones asesinos australiana que resulta interesante por situar la acción en un contexto novedoso: los años 40. En Terror en el río (Fear Below), es 1946 y un grupo de buzos desesperados por trabajo son contratados para una tarea peculiar: localizar un auto hundido y extraer sus contenidos. En el proceso, son asediados por un agresivo tiburón, al tiempo que se dan cuenta de que lo que deben extraer es oro robado, y que sus empleadores en la superficie son un grupo de despiadados criminales.
Aunque menos conocida que otras películas en esta lista, esta es tensa e interesante porque, al final, su premisa se construye sobre protagonistas con los que podemos simpatizar, que buscan escapar de una situación donde ninguna decisión es buena.
Una de las películas más recientes en esta lista que, si bien no aporta mucho de nuevo, sí es una de las mejor ejecutadas. Carnada (Something in the Water) sigue a un grupo de amigas durante un viaje de despedida de soltera en un idílico destino costero, pero que se convierte en una pesadilla cuando (¡sorpresa¡) un tiburón las acecha cuando están incomunicadas en el agua.
Es, en cierto sentido, una versión para la generación centennial de Mar abierto (Open Water), otro clásico un tanto inverosímil del cine de tiburones asesinos. Sin embargo, el subtexto sobre relaciones sentimentales disfuncionales le da un giro que no vemos en otras propuestas similares.
Aunque no es una película que brille por sus diálogos—o por la lógica de sus personajes—, es innegable que la premisa de Terror a 47 metros (47 Meters Down) le otorga algo que pocas películas de tiburones asesinos: una tensión claustrofóbica asfixiante, casi en sentido literal.
La trama sigue a dos hermanas que, de vacaciones en México, deciden nadar en una jaula de avistamiento de tiburones, pero las cosas salen previsiblemente mal: están solas, no pueden volver a la superficie y se les acaba el oxígeno. Deben ingeniárselas para volver al bote antes de que se acabe el oxígeno… sin ser devoradas. Tiene una secuela que tampoco logra alcanzar grandes alturas, pero si te gustan las películas sobre seres humanos en situaciones precarias contra animales más fuertes (como Infierno en la tormenta), esta será la historia de tiburones para ti.
De nuevo, nuestro criterio para lo que es “bueno” se estira para incluir la ejecución coherente y comprometida hasta de las premisas más absurdas, y si creías que Sharknado era una locura, es porque no has visto Un deseo mortal (con el delicioso título original de Santa Jaws).
Mitad película navideña cutre (para darle un giro terrorífico a las festividades), mitad película de tiburones asesinos, 100% ridiculez, la película trata sobre un joven dibujante que, hastiado de las fiestas con sus familiares, dibuja un tiburón con gorro de Santa Claus, sin saber que el bolígrafo que le regalaron cambia la realidad. El dibujo se manifiesta en el mundo real y comienza una maravillosa racha asesina (para nosotros en este lado de la pantalla, queremos decir).








































