
‘La Odisea’: todos los monstruos en la película, explicados
En La Odisea (The Odyssey), película de Christopher Nolan basada en el clásico homérico del mismo nombre, el viaje del protagonista Odiseo (Matt Damon) a su hogar en Ítaca está plagado de obstáculos. Algunos creados por intervención divina y otros por la aparición de monstruos o criaturas mitológicas.
Aunque Nolan se toma algunas libertades creativas y presenta diferencias en su adaptación frente al texto original, es sorprendentemente fiel en la presencia de estos seres y su rol en la historia. A continuación te explicamos quiénes son los que aparecen en la película (con spoilers):
Polifemo, el cíclope
El primer gran encuentro monstruoso de Odiseo y sus compañeros es con el cíclope Polifemo, pues al seguir una de sus ovejas, quedan atrapados en su cueva, donde son devorados uno por uno hasta que consiguen escapar.
Aunque no es tan literal en la adaptación de Nolan, Polifemo es responsable por maldecir a Odiseo y su grupo: él es uno de los hijos del dios del mar, Poseidón. Al ser cegado por los guerreros, ruega a su padre que les arroje inclemencias, lo que resulta ser un factor determinante en su prolongada travesía: terminan perdidos en el mar luego de incontables tormentas.
Los lestrigones
Luego de vagar en los mares—en el libro, luego de escapar de Eolo, dios de los vientos—, Odiseo y sus compañeros llegan a otra isla, donde se enfrentan a gigantes antropófagos conocidos como lestrigones.
La interpretación de Nolan de los lestrigones ha sido uno de los aspectos que más atrajeron críticas a La Odisea, pues si bien son gigantescos, nunca son descritos como portadores de armaduras medievales. Aquí tampoco son antropófagos, pero igual destrozan las naves de Odiseo—aquí con sus manos, y no arrojando grandes rocas—.
Las almas del Hades
Al pasar por el hogar de la bruja Circe (Samantha Morton), Odiseo es instruido sobre viajar al fin del mundo y alcanzar el Hades, o Inframundo, donde descubrirá verdades y el camino a Ítaca. Para invocar a las almas de los muertos, debe ofrecer un sacrificio.
Las almas de los muertos no son, como tal, monstruos, pero la manera en que Nolan los representa bien podría ser sacada de una película de zombis. Una vez ofrecido el sacrificio, los muertos emergen de la tierra, tal como muertos vivientes.
Las sirenas
Poco después, en la recta final de su viaje marítimo, Odiseo y su tripulación pasan por una zona habitada por sirenas, de cuyo canto le advierte el profeta Tiresias (James Remar): de escucharlo, quedarán atrapados en un hechizo que los mandará a sus muertes. Para prevenirlo, Odiseo ordena a su tripulación taparse los oídos con cera, excepto él: curioso por escucharlo, pide que lo amarren al mástil y no lo suelten por ningún motivo.
Ahora, en la Grecia clásica, las sirenas eran originalmente representadas como quimeras con cuerpo de ave y cabeza de mujer (conocidas en inglés como sirens), aunque se popularizó más la concepción de las mujeres con cola de pescado en vez de piernas (mermaid, en inglés). Nolan opta por esta última, aunque su canto parece ser todo menos encantador. El director no nos permite oírlo, pero Odiseo lo describe con desesperación como algo que recuerda a todas las promesas hechas, pero incumplidas.
Escila y Caribdis
Dos monstruos que, por lo general, van acompañados. En la mitología griega, Escila es una criatura con torso de mujer y seis largos cuellos o colas con fauces que acecha a los marineros desde un acantilado; mientras que Caribdis es un monstruo marino que traga cantidades masivas de agua varias veces al día, atrapando a los barcos. Suelen vivir uno cerca de otro, representando para Odiseo la necesidad de tomar una decisión imposible.
Ambas criaturas son representadas de manera un tanto distinta en La Odisea de Nolan. Escila es más como un monstruo de seis cabezas que se ocultan en el acantilado de un estrecho, mientras que Caribdis es sólo un remolino. Sin embargo, ambas aparecen también juntas, representando un desafío a Odiseo: arriesgarse a desafiar el destino divino, o tomar el camino del bien mayor aunque haya muerte.










