Sería una exageración decir que si has visto una película de terror ya las viste todas, pero algo es cierto: hay muchos tropos o clichés que se repiten, sin los que no serían películas de terror. Hay desde sobresaltos (los famosos jumpscares) de manual, hasta cosas más absurdas como personajes decidiendo andar solos.
Y el asunto puede volverse ridículo, sobre todo cuando estos tropos se tornan tan comunes que cualquier fan del género puede verlos venir a kilómetros… y aún así, los amamos. Estos son los clichés más ridículos del cine que igual nos encantan. Leves spoilers a continuación.
1. Separarse (sin motivo razonable)
Las películas de terror, y comúnmente los slashers, suelen iniciar con grandes grupos de personajes. ¿Y cómo es que dicen? ¿Que la unión hace la fuerza? Así que sería bastante lógico mantenerse juntos al adentrarse a un lugar desconocido o enfrentarse a un asesino, ¿no?
No, señor. En películas como La masacre de Texas, desafiando toda lógica, los personajes suelen separarse. A veces, en su defensa, lo hacen sin saber que están en peligro mortal, pero en otras, simplemente deciden en contra de su propia seguridad. Nos parece que los chicos de La cosa del otro mundo se habrían ahorrado muchos problemas manteniéndose juntos. Este tropo nos lleva a otro igual de común…
2. El sexo mata (y la final girl)
Uno de los clichés más comunes, sobre todo en slashers de la moralina década de los 80, es que los personajes que se comportan “mal” (eufemismo para llevar una vida sexual activa) acabarán muertos. Esto va atado a la convención de la final girl o chica final: un personaje femenino que, por lo general, se salva por algún motivo relacionado a su castidad.
Sagas como Viernes 13 se construyen sobre el tropo de que el sexo es una condena de muerte, mientras que Halloween brinda en Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) el perfecto ejemplo de la casta chica final. Mientras tanto, otras películas como Está detrás de ti (It Follows) presenta cierto nivel de autorreflexividad, al hacer del propio sexo el medio de transmisión para la maldición que persigue a la protagonista (Maika Monroe).
3. Nadie cree a los personajes (ni siquiera la policía)
“¡Tienes que creerme!” debe ser una de las frases más escuchadas—y clicheadas—en el cine de terror junto con “¡por favor, no!”. Los protagonistas de estas películas suelen enfrentarse a circunstancias extraordinarias y, por consiguiente, otros personajes no suelen creerles. Y en muchos casos, los oficiales de policía son graves ofensores de esto.
Halloween también ejemplifica muy bien este tropo, con el Dr. Loomis (Donald Pleasance) insistiendo a la policía que el escape de Michael Myers (Nick Castle) es una amenaza para la gente de Haddonfield, sin éxito. Hay películas como La hora del espanto (Fright Night) en la que, sabiendo que no les creerán, los personajes intentan contar una historia más creíble. En otras, como en la comedia Gremlins, la policía es más cínicamente negligente. Y en otras más, como Bárbaro, hay incluso un comentario de crítica a los prejuicios raciales perpetrados por la policía.
4. ¿Eso se ve sospechoso? Vamos a olerlo y lamerlo
Dicen que ciertos sentidos como la vista y el gusto son un mecanismo de supervivencia primitivo: ¿huele o sabe mal? Aléjate tanto como puedas. Pero en algunas películas de terror, los personajes van demasiado lejos en términos de comprobar estas cosas. Con la cara.
La saga de Alien es particularmente culpable de esto. Como si no fuera suficiente que Kane (John Hurt) tuviera la grandísima idea de asomar el rostro a un huevo de abrazacaras en la primera Alien, la precuela Prometheus lleva esta idea más lejos, con los personajes enfrentándose a la sustancia negra y viscosa que nadie debía tocar. Pero ahí van a tocarla…
5. Refugiarse o atrincherarse en pésimos lugares
De acuerdo, si en la realidad tuviéramos que enfrentar una situación de película de terror, es probable que no pensaríamos con claridad. Pero en el afán de generar tensión, muchos de estos títulos colocan a sus personajes en situaciones que, vistas desde fuera, parecen una idea obviamente mala. Los lugares cerrados son prácticamente una tumba garantizada, pero muchos protagonistas huyen a ellas como polillas hacia la luz.
En Cujo, por ejemplo, Donna (Dee Wallace) y Tad (Danny Pintauro) se refugian en un auto para protegerse del rabioso can titular, y casi no viven para contarla. Scream, con su naturaleza metatextual, incluso se ríe de esto: Sidney Prescott (Neve Campbell) se burla de este cliché sólo para, más tarde, terminar haciendo precisamente eso y atrincherarse en el piso de arriba.
6. Pésima señal de celular
Para generar miedo y tensión, el cine de terror tiene que colocar a los personajes en las situaciones más adversas y vulnerables posibles, sea en soledad, sin armamento o contra un enemigo mucho más fuerte. La incomunicación es un elemento crucial que se vuelve cada vez más inverosímil conforme la tecnología avanza. Si estás en peligro, basta con una llamada rápida al 911 o encontrar tu ubicación en Google Maps, ¿no?
Pero eso sería demasiado fácil, así que muchas películas recurren al opuesto de un deus ex machina y simplemente deciden que los celulares no sirven para nada. Un motivo lógico es una descompostura o falta de batería, como en ¡Huye! (Get Out). En otros casos, como Avenida Cloverfield 10, no sólo es lógico que suceda, sino que es parte del misterio. Pero la mayoría de las veces, sólo es tan arbitrario y conveniente, como en (la excelente de todas formas) Evil Dead: El despertar. El tropo puede ser tan absurdo que buena parte de la comedia Muerte, muerte, muerte (Bodies Bodies Bodies) incluso se burla de ello hasta en su broma final.
7. El villano no estaba muerto… aún
El hecho de que Scream también comenta sobre este tropo habla de lo gastado que está: el villano, aparentemente derrotado, se recupera para un último susto o incluso una última muerte antes de él mismo volver a la oscuridad del averno que lo engendró.
Michael Myers es un ejemplo perfecto de esto en la primera Halloween, donde su cuerpo se levanta, desenfocado, mientras Laurie ya se cree a salvo. Este cliché fue perfeccionado con el icónico final de Viernes 13, pero no por eso ha dejado de ser utilizado. Para un ejemplo más reciente e igual de famoso, basta ver el final de Terrifier.



































































































