Hay tantas buenas películas de terror disponibles de manera totalmente gratuita y legal en plataformas, que el pánico seguramente nos sobrevenga al escoger una. De entrada, están todos los clásicos que son de visionado “obligatorio” para cualquier fan del terror: ya sean las arcadas que provoca El ciempiés humano (2009), una de esas “pruebas de fuego” para la cinefilia adolescente, o abuelos del terror actual como Nosferatu (1922), que ya no nos da tanto pavor pero deberías conocer para tener medida sobre todo lo que se construyó encima.
O en la liga de terrores modernos, también puedes ver de forma gratuita la Insidious (2011) de James Wan. En fin, que hay mucho donde escoger y, ante el advenimiento de Halloween, toca ser expeditivos. Así que esta guía quiere descubrir 10 joyas del cine de terror que no te harán pagar por el susto, ordenadas según el miedo que creo que dan y las posibilidades de que las conozcas.
Hush (Silencio) (2016)
Hush (Silencio) (2016) es simplemente una grandísima perla oculta al gran público y te hará olvidar la existencia de tu móvil a base de dosis de tensión mucho más elevadas que tu típico slasher. La película de Mike Flanagan explota el jumpscare efectivo porque tiene por protagonista a una escritora sorda en una cabaña en el bosque, que debe sobrevivir a los asaltos de un maníaco en medio de la noche. Por lo tanto, si ella no oye al asesino, nosotres tampoco… Hasta que lo vemos. Y cuando lo vemos, temblamos casi tanto como viendo los zombis de The Sadness.
De un blanco y negro casi tan lustroso como el de Una chica vuelve a casa sola de noche (2014), la gracia definitiva de esta joya se debe a que Kate Siegel, la protagonista escritora, es de veras muy inteligente y da guerra a la altura del atacante. Esto no es un espectáculo de “ver cuándo matan a la rubia tonta”, más bien al contrario. Aplaudimos cada estrategia de esta ahijada de Laurie Strode en La noche de Halloween (1978) como una genuina partida de ajedrez.
The Sadness (2021)
No dormí nada la noche que vi The Sadness (2021), tanto asusta. Digamos que tomas el cinismo extremo, la crudeza visual y el contexto urbano de Seoul Station (2016) de Yeon Sang-ho, del director de Train to Busan (2016), le añades dos cucharadas de la acción física que tanto saben ejecutar en el cine tailandés, diez cubos de sangre e inyectas la mezcla con terror puro, en vena. Porque aquí, a diferencia de los zombis tradicionales, los infectados conservan su inteligencia, pero están dominados por impulsos de crueldad extrema… Y sonríen. Auténtico horror.
De forma parecida a La matanza de Texas o Al interior, dos perlas extremistas repletas de cuerpos mutilados: no veas esta película cerca de personas sensibles.
Al interior (2007)
Decía: subiendo todas las apuestas de su hermanada Mártires (2008), esta hija prodigio del Nuevo Extremismo Francés demostró que en el país del pan y del queso también hay espacio para las entrañas desparramadas por entre la mugre y las baldosas. En esta home invasion, bien al contrario que en Hush (Silencio), la protagonista embarazada nunca tiene una posibilidad ante una intrusa con la peor de las intenciones.
Al interior (2007) lleva el horror visceral y psicológico hasta límites insoportables: nunca asistiremos (por suerte) a otra escena como la de la cesárea que la intrusa ejecuta sobre el cuerpo de su atacada, retratada con los borbotones de sangre desparramándose alegres. Reímos de los nervios.
Verónica (2017)
A la risa nerviosa también ataca Verónica (2017), una de las perlas recientes del cine de terror español que, junto con Cerdita de Carlota Pereda, demuestra que se puede ser profundamente castizo y no tener nada que envidiar a los homólogos estadounidenses. De hecho, la película de Paco Plaza podría ser Expediente Warren: The Conjuring (2013) del Vallecas de los ochenta.
Ambientada en un destartalado edificio dormitorio donde (sobre)vive una joven que huye con sus hermanos (Sandra Escacena, entregadísima), un eclipse va a invocar la presencia de todas las criaturas sobrenaturales que Verónica sí puede ver, así como tres simpáticas vecinas que por las noches leen, seguro, los cuentos de Lovecraft. Apariciones demoníacas, muchos jumpscares, una final girl que no duda en coserse las heridas con grapadora y la absoluta falta de vergüenza del maestro Paco Plaza aseguran un visionado divertidísimo.
Cure (1997)
Me he dado el lujo de incluir dos perlas japonesas en la guía, ambas del mismo período pero con dos estilos muy diferentes: Cure (1997) da fe del mal rollo absoluto que puede inducirnos una cámara, una habitación vacía y un rincón a oscuras. Yo, por lo menos, no he sido capaz de superar nunca el nivel de terror en voz baja del gran Kiyoshi Kurosawa en Cure, aunque Pulse (Kairo) (2001) se le acerque mucho en materia de espantos “domésticos”.
En breve, un policía investiga una serie de asesinatos cuyas víctimas aparecen con una herida de arma blanca en forma de equis y cuyos culpables son personas totalmente normales, sin ningún motivo. Algo está influenciando a la gente para matar, y ese algo está más cerca que nunca.
El círculo (1998)
Muy sencillo: ves un vídeo, te llaman, descuelgas y mueres en siete días. Nos sabemos el argumento de El círculo (1998) gracias a las innumerables versiones y parodias que de ella se han estrenado, desde el notable remake estadounidense de The Ring (La señal) (2002) hasta Scary Movie: no hay dos sin 3 (2003). Sin embargo, igual que con Cure, hay algo de la seriedad absoluta con la que la niña del vídeo emerge lentamente del pozo, arrastrándose a ti, que vuelve esta película una fuente de pavor sin fecha de caducidad.
El terror japonés contemporáneo está redescubriendo todo el poder de los monstruos que habitan dentro de nuestras cañerías y aparatos de televisor, y que hoy se manifiestan en animes como Jujutsu Kaisen (2020) o Chainsaw Man (2022). El origen de toda esta negrísima fauna se encuentra en El círculo o en la posterior La maldición (The Grudge) (2002).
Mad God (2022)
El primer pase de Mad God (2022) en el Festival de Sitges fue una auténtica fiesta: espero que el visionado, colosal, no desmejore mucho en casa. No por nada el maestro de los efectos visuales Phil Tippett dedicó tres décadas a imaginar y recrear esta pesadilla en stop motion, que sigue el descenso de un explorador enmascarado por un infierno mecánico poblado de monstruos y ruinas dignas de los inframundos de Lovecraft o de los recovecos steampunk de Mad Max: Furia en la carretera (2015).
En plan viaje lisérgico al fondo de la noche, más de ambiente y de imaginería demoníaca que de sobresaltos, en esta guía sólo resulta comparable al mal rollo que despierta en El círculo, cuyas grietas a la realidad podrían conectar perfectamente con el infierno heavy metal de Phil Tippett.
La matanza de Texas (1974)
Leatherface cosechó su estatus de clásico a base de garfios, motosierras y cuchillos carniceros, y por el camino quedó una de las películas más desagradables de la historia. La matanza de Texas (1974) no es sólo la madre de todos los slashers actuales (Cerdita, Al interior, incluso el terror en la puerta de La noche de Halloween), sino que representa también una culminación que ha contado con pocas competidoras al mismo nivel de violencia.
Desde que el autoestopista loco se sube a la furgoneta del grupo de estudiantes, sabemos que la única forma de que no acaben todos muertos pasa por dar la vuelta atrás y tratarse con años de terapia y, sin embargo, Tobe Hopper nos obliga a presenciar su evisceración como si de la chimenea navideña del Netflix del infierno se tratara. Simplemente tremenda.
Cerdita (2022)
Junto con Verónica, Cerdita (2022) demuestra que el fantástico español está más vivo (y sobretodo coleando) que nunca. Si no conoces este slasher asado bajo el calor veraniego de las llanuras extremeñas, pegajoso y oloriento como las ronchas entre las piernas, ya puedes correr a comprobar cómo Carlota Pereda no se corta un pelo en la sangre ni en la crueldad. Nuestra protagonista, a quien los abusones del pueblo llaman “cerdita” por su sobrepeso, lo pasa tan mal en la película que la directora decidió dar el papel (adolescente) a una actriz de treinta años, la fantástica Laura Galán.
Cuando esta finalmente toma venganza (aunque no de la forma en que lo esperaríamos), aplaudimos con cuchillos por manos. Y nos zampamos una loncha de mortadela de las que la madre, Carmen Machi, corta a diario en su carnicería. Que aproveche, supongo…
Halloween III: El día de la bruja (1982)
Si alguien trata de convencerte de que las terceras partes nunca fueron buenas, enséñale Halloween III: El día de la bruja (1982). Auténtica película de culto, el cierre de la trilogía original de La noche de Halloween no tiene nada que ver con Michael Myers pero sí mira de frente al clima que luego daría lugar a clásicos del terror corporativo como Están vivos (1988), en la que unas gafas nos permiten ver los hilos de titiritero de un complot (alien) a nivel planetario.
Por el estilo va Halloween III: una empresa planea un sacrificio masivo usando máscaras y señales televisivas. Estrenada en plena era del pánico satánico y del auge del consumismo, conecta con el miedo al control mental y a los niños inquietantes. Que aunque no den miedo real, como sí lo hace La matanza de Texas, sí la sitúan como referencia evidente de perlas contemporáneas como La Hora De La Desaparición (2025).









































































































