
¡A pelear! Street Fighter vs. Mortal Kombat, ¿qué franquicia tiene las películas mejor puntuadas?
Con Mortal Kombat II programada para el presente curso y el esperado relanzamiento de Street Fighter de Legendary Pictures previsto para el este mismo año, 2026 se convierte en el escenario improbable de un duelo que nadie habría imaginado posible hace apenas unos años: las dos grandes franquicias de videojuegos de lucha compiten en la gran pantalla casi al mismo tiempo.
Por eso, antes de que caiga el telón y se repartan los golpes definitivos en taquilla, conviene mirar atrás y preguntarse cuál de las dos llega a esta batalla con el historial más sólido en el cine.
Street Fighter en el cine: un legado construido sobre los escombros
Street Fighter ha tenido tres oportunidades de dejar huella en el cine de acción en vivo y ha desperdiciado al menos dos de ellas de manera clamorosa. La primera, Street Fighter (1994) de Steven de Souza, protagonizada por Jean-Claude Van Damme como el coronel Guile y el legendario Raúl Juliá como el general M. Bison, es un caso de estudio en lo que significa ser un desastre en todos los planos técnicos y narrativos y convertirse en película de culto por razones ajenas a la intención original.
Juliá ofrece una actuación de villano tan desmedida y electrizante que eclipsa todo lo demás. Los críticos la destruyeron, pero el público fue al cine de todas formas: la película recaudó alrededor de 99 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de aproximadamente 35 millones. Fue un éxito comercial que nadie supo capitalizar.
La segunda oportunidad llegó en 2009 con Street Fighter: La leyenda, protagonizada por Kristin Kreuk y dirigida por Andrzej Bartkowiak. El resultado no admite atenuantes: un colapso en taquilla con apenas 12,8 millones de dólares recaudados a nivel mundial frente a un presupuesto de 50 millones, y la clasificación nada envidiable de estar entre los peores filmes de la primera década del siglo. Fue la película que convenció a Capcom de alejarse del cine de acción en vivo durante más de una década, y es difícil culparlos por ello.
Lo mejor que ha hecho Street Fighter en el cine no es ninguna de sus dos adaptaciones de imagen real: es Street Fighter II: La película (1994), el largometraje de anime japonés dirigido por Gisaburō Sugii que, al contrario que su contrapartida de Hollywood estrenada ese mismo año, sí logró trasladar con fidelidad la esencia del juego. Sus secuencias de combate siguen siendo referencia del género. Una película honesta para sus fans que dejó claro dónde estaban las verdaderas posibilidades de la franquicia: en la animación, no en los estudios de Hollywood.
El historial de Mortal Kombat: más consistente, aunque con su propio abismo
Mortal Kombat llega a esta nueva batalla con un historial que, si se compara con el de su rival, resulta considerablemente más honorable, aunque tampoco está libre de caídas. Mortal Kombat (1995), dirigida por el entonces debutante Paul W.S. Anderson, es uno de los grandes artefactos del cine de acción de los noventa: mal tratada por la crítica en su momento, aplaudida sin reservas por el público, y reconocida hoy como el mejor referente posible de lo que puede ser una adaptación de videojuego fiel a su espíritu sin aspirar a la trascendencia artística.
Con un presupuesto de apenas 20 millones de dólares, recaudó 122 millones en todo el mundo y lideró la taquilla estadounidense durante tres semanas consecutivas. Durante más de dos décadas, Mortal Kombat de 1995 mantuvo la puntuación crítica más alta de cualquier adaptación cinematográfica de un videojuego en dicho agregador. Eso es un dato que dice mucho, aunque también habla de lo bajo que estaba el listón general del género en la época. El punto de comparación evidente es Double Dragon (1994) o Super Mario Bros. (1993), títulos con los que el de Anderson seguía siendo un monumento de sofisticación relativa.
La secuela, Mortal Kombat: Aniquilación (1997), es otra historia. Un presupuesto de 30 millones que apenas generó 51 millones en taquilla y la reputación de ser uno de los peores filmes jamás derivados de un videojuego. Bastó para hundir la franquicia cinematográfica durante casi dos décadas.
El regreso en 2021 fue imperfecto pero digno. Mortal Kombat, dirigida por Simon McQuoid con Lewis Tan, Josh Lawson y Hiroyuki Sanada, obtuvo una recaudación de 84,4 millones mundiales con un presupuesto de 55 millones, y quedó lastrada por el estreno simultáneo en HBO Max en plena pandemia, una decisión que afectó a toda la cartelera de ese año de forma parecida a como Monster Hunter o El Escuadrón Suicida sufrieron el mismo corsé. Con estreno exclusivo en cines, los números habrían sido otros.
Dónde Mortal Kombat sí ha sabido competir con claridad es en la animación. Mortal Kombat Legends: La venganza de Scorpion (2020) obtuvo una gran recepción con una propuesta sangrienta, fiel al videojuego y emocionalmente coherente que dejó en ridículo varios años de intentos en imagen real.
¿Quién gana antes del combate definitivo?
Si se suman los puntos —recepción crítica, rendimiento en taquilla, legado cultural y consistencia a lo largo del tiempo— Mortal Kombat llega a 2026 con las manos más limpias (o llenas de sangre, mejor dicho). Su mejor película de acción en vivo recaudó más, durante más tiempo fue la más valorada del género, y su mejor trabajo animado es el más elogiado de cualquiera de los dos universos. Street Fighter, en cambio, tiene en su haber un clásico de culto involuntario, una catástrofe sin paliativos y una joya en animación que nadie recuerda lo suficiente.
Mortal Kombat II, con Karl Urban como Johnny Cage y proyecciones de apertura de entre 40 y 50 millones de dólares solo en su primer fin de semana, parte como favorita en este duelo. El nuevo Street Fighter, dirigido por Kitao Sakurai con Noah Centineo como Ken, Andrew Koji como Ryu y Jason Momoa en el papel de Blanka, parece haber entendido por fin que la franquicia necesita abrazar su propia extravagancia sin disculparse por ello.































