
Películas de la Novia de Frankenstein para ver antes de ‘¡La novia!’
Esbozada en la novela de Mary Shelley e inmortalizada en el cine por la interpretación de Elsa Lanchester, la “novia de la criatura” o popularmente la “Novia de Frankenstein” es uno de los personajes más icónicos del cine de terror, mismo que ha sido reinterpretado numerosas veces en pantalla.
Una de las manifestaciones más recientes es ¡La novia! (The Bride!), de la directora Maggie Gyllenhaal (La hija oscura), que reinterpreta a los personajes clásicos con Jessie Buckley y Christian Bale como una pareja criminal de los años 30, a lo Bonnie y Clyde. Audacia no falta en estas adaptaciones, y por ello, este es el pretexto perfecto para repasar otras películas que reimaginan a la Novia de Frankenstein.
Considerando lo que le sucede al personaje en el libro de Shelley—vamos a ser claros, ni siquiera llega a ser un personaje—, la creación de la Novia de Frankenstein bien podría atribuirse a la película homónima de 1935 (Bride of Frankenstein), una de las más icónicas entre los monstruos clásicos de la Universal, bajo la dirección de James Whale.
Elsa Lanchester aparece en el rol dual no sólo de la Novia, sino también de la propia Mary Shelley, lo que encuadra la narrativa de la película como una continuación legítima de Frankenstein, el clásico con Boris Karloff. Y la caracterización fue tan emblemática que, de una manera u otra, ha influenciado a todas las demás en este listado.
Ideada como una adaptación cinematográfica más fiel del texto original—similar a Drácula de Bram Stoker, de Francis Ford Coppola—, Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley’s Frankenstein) lleva, curiosamente, la trama de la novela hacia territorios no explorados antes. Uno de ellos es la identidad y destino de la novia de la criatura.
En esta versión, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh como Victor Frankenstein, hace un cambio crucial a la novela. En el texto, la novia de Victor, Elizabeth (interpretada por Helena Bonham Carter en la película), es asesinada por el monstruo (Robert De Niro) como venganza por haber desistido de crearle una pareja. En la película, esto va más lejos: consumido por la desesperación, Victor decide revivir a Elizabeth como hizo con el monstruo, con piezas de otros cadáveres. Sólo digamos que ella no se toma muy bien la noticia cuando finalmente obtiene consciencia de lo que le han hecho…
Soy Frankelda, primer largometraje mexicano realizado en animación stop motion—derivada de la serie Los sustos ocultos de Frankelda—no es una adaptación de Frankenstein, pero sí que rebosa de influencias tanto de la vida y obra de Mary Shelley, como de sus múltiples adaptaciones. Desde el nombre de la protagonista, vaya.
La trama se sitúa en el siglo XIX y sigue a una joven aspirante a escritora de terror, Francisca Imelda, quien lucha por ser publicada, pero que encuentra un mejor propósito para sus talentos cuando Herneval, príncipe de una dimensión paralela de monstruos conocidos como “sustos”, le pide escribir historias para despertar el miedo de los humanos, del que ellos dependen. Los paralelos con la vida de escritoras como Shelley—por no hablar de las hermanas Brontë—es muy clara, pero por si fuera poco, el alter ego fantasmagórico de la protagonista, ya llamada Frankelda, tiene un mechón de pelo blanco en su abultado peinado, en claro homenaje a la versión de Elsa Lanchester.
La serie de misterio y terror Penny Dreadful, creada por John Logan y protagonizada por Eva Green, brinda no sólo una de las mejores reinterpretaciones de la Novia de Frankenstein, sino de múltiples personajes de la ficción de terror gótico del siglo XIX, desde el Conde Drácula hasta Dorian Gray.
La serie presenta una versión totalmente original del personaje que nos atañe, en la forma de Brónagh “Brona” Croft (Billie Piper), quien enferma y padece un trágico destino a manos del doctor Victor Frankenstein (Henry Treadaway). Resucitada bajo el alias de Lily Frankenstein con el propósito de ser una pareja para la criatura (Rory Kinnear) de Victor, ella tiene otros planes. Piper construye a una fascinante antiheroína que es impulsada por el resentimiento de una vida de sufrimiento, creando así una de las iteraciones más interesantes del personaje.
La saga de Chucky, el muñeco diabólico (Child’s Play) ya era lo bastante sui generis desde el comienzo, con un pie en la comedia y otro en el slasher. Sin embargo, con su cuarta entrega dio un giro de lleno hacia la comedia autorreferencial… de paso, informada por cuantiosas referencias a Frankenstein.
En La novia de Chucky (Bride of Chucky), los restos del muñeco homónimo poseído por el asesino Charles Lee Ray (Brad Dourif) son recuperados por su examante y cómplice, Tiffany Valentine (Jennifer Tilly), quien lo repara como puede y lo trae de regreso a la vida. Sin embargo, cuando ella se burla de él y lo encierra con una muñeca, Chucky demuestra su dominio asesinando a Tiffany y usando el mismo ritual para encerrar su alma en la muñeca. La escena, que también alude un poco a Psicosis, tiene a Tiffany viendo La novia de Frankenstein en la bañera, lo que resulta irónico cuando Chucky la asesina y la trae a la vida por medio de electricidad, condenándola a ser su pareja-muñeca para siempre.
La original Resurrección satánica (Re-Animator) ya tomaba un relato—el homónimo de 1922 escrito por H.P. Lovecraft—y lo lleva a los territorios de una comedia de terror bastante camp sobre un estudiante de ciencias que descubre una forma de reanimar cadáveres, con resultados tan grotescos como cómicos. El asunto ya sonaba bastante como el caso de Victor Frankenstein, así que ¿cómo no seguir por la misma vía?
En la secuela, La novia de Re-Animator (Bride of Re-Animator), el personaje titular es más un objetivo hacia el que trabaja el perverso Dr. West (Jeffrey Combs) más que un personaje desarrollado. Cuando finalmente lo logra al obtener la cabeza de Gloria (Kathleen Kinmont), tenemos a sólo uno entre un amplio elenco de zombis y demás engendros creados por la perversidad científica. Pero, eso sí, es la verdadera protagonista de un clímax tan ridículo como espectacular, ideal para los fans del cine serie B y de culto en su faceta más baratona y divertida.
Hablando de cine de culto, en el mismo año se estrenó otra comedia de terror deliciosamente camp que aborda el arquetipo de la Novia de Frankenstein y lo adapta de la forma más genialmente estúpida posible, en un tono muy similar al de comedias como Muertos vivos (Braindead, o Dead Alive).
Frankenputa (también conocida como Vicios diabólicos, o Frankenhooker) trata sobre un joven aficionado a la ciencia, Jeffrey Franken (James Lorinz), cuya prometida, Elizabeth (Patty Mullen) muere decapitada en un brutal accidente por una podadora. Para devolverle la vida, él recurre al viejo método de Victor Frankenstein, pero usando partes de cuerpos de trabajadoras sexuales. Involuntariamente, termina creando a un ser incontrolablemente ninfómano. No se diga más.
Aunque audaz en concepto al llevar el relato tradicional de Frankenstein hacia rumbos no tan fieles al texto, La prometida (The Bride) es una de las reinterpretaciones peor recibidas de la Novia de Frankenstein. Sin embargo, si puedes superar las atroces actuaciones de Sting y Jennifer Beals (Flashdance), hay algo interesante aquí.
Con una sensibilidad que podríamos describir como El ansia (The Hunger), pero melodramática y de época, la película se sitúa en la era victoriana y se pregunta: ¿qué pasaría si la novia de la criatura rechazara su propósito inicial, y su creador se obsesionara con ella en su lugar? El asunto se desarrolla como lo que, en retrospectiva, podría ser descrita como Mi bella dama (My Fair Lady), pero en romance de terror gótico.






























