
7 comedias dramáticas infravaloradas de la última década
Si la vida está cargada de drama y cierta intensidad, pero también de sentido del humor, entonces las comedias dramáticas quizá sean el subgénero más cercano a ellas. Dentro del mismo persisten clásicos modernos como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine), y el hecho de que sigamos recordando a una película de hace 20 años en esta categoría, podría dar la impresión de que “ya no las hacen como antes”.
Nada más lejos de la verdad. El problema, quizá, es que con la inabarcable oferta de las plataformas de streaming, hay auténticas joyas que terminan pasando desapercibidas, pero que merecen más que nuestra atención. A continuación te recomendamos siete comedias dramáticas infravaloradas de la última década.
El debut como director de Jonah Hill, En los 90 (Mid90s), es una discreta pero conmovedora joya de las comedias dramáticas de situaciones domésticas, mundanas. La trama sigue a un chico de 13 años (Sunny Suljic) en Los Ángeles de los años 90, que debe lidiar con las cosas que los niños de su edad y época: la vigilancia de su madre (Katherine Waterston), los golpes de su hermano (Lucas Hedges) y tratar de aprender a patinar con su nuevo grupo de amigos en las calles.
Es, como dicen, una “rebanada de vida”, que bebe de la fuente de títulos como Boyhood de Richard Linklater. Pero que su escala discreta no te engañe: es conmovedora, tierna y divertida por montones.
“Hechizo del tiempo (Groundhog Day), pero es comedia romántica en una boda”. Esa sería una forma un tanto simplista de resumir a Palm Springs, una de las mejores comedias dramáticas de su año, sepultada por la marea pandémica en Disney+. Pero entiendes la idea.
La trama sigue a un desenfadado tipo (Andy Samberg) que forma un inesperado vínculo con la deprimida hermana de la novia (Cristin Milioti) durante un fin de semana de bodas en la ciudad homónima, pero entonces, ambos se descubren atrapados, juntos, en el mismo bucle de tiempo. Repetirlo una y otra vez les enseña varias cosas sobre sí mismos y sobre lo que creen de la vida, pero también de las relaciones.
Puede que Cha Cha Real Smooth peque de cierto exceso de idealización por parte de su director, guionista y protagonista, Cooper Raiff, pero es innegable que es una de las comedias dramáticas con más corazón en esta lista.
La trama sigue a un reciente graduado de la universidad (Raiff) que, sin prospectos y apartado de su novia que se ha ido a estudiar al extranjero, regresa a casa de sus padres en Nueva Jersey. Inesperadamente termina convirtiéndose en animador de bar y bat mitzvás, donde conoce a una joven pero deprimida madre (Dakota Johnson), que tiene una relación complicada con su prometido. Por supuesto, las ilusiones de romance y conexión se asoman, pero la vida se atraviesa.
Reuniendo a Paul Giamatti con el director Alexander Payne tras su genial colaboración en Entre copas (Sideways), Los que se quedan (The Holdovers) no solo es una comedia dramática criminalmente infravalorada: está destinada a convertirse en una de las mejores películas navideñas al paso del tiempo.
Un antipático profesor (Giamatti) debe permanecer como guardián de un grupo de chicos que se quedan en un prestigioso internado para las fiestas navideñas de 1970. Sin embargo, entre él y uno de los más problemáticos (Dominic Sessa) comienza a surgir un vínculo de complicidad, compañerismo y amistad conforme pasan tiempo juntos, redescubriendo, con ayuda del otro, el rumbo de sus respectivas vidas.
Ya está establecido que Ryan Gosling tiene una brillante vis cómica, pero es inesperadamente divertido verlo interactuar en esa faceta con el usualmente hosco Russell Crowe. Pero tal es parte de la genialidad de la buddy comedy Dos tipos peligrosos (The Nice Guys).
Con guión de Shane Black, el mismo tipo que escribió Arma mortal y dirigió Entre besos y tiros, esta película se sitúa en Los Ángeles de los 70 y sigue a un torpe y deprimido pero bienintencionado investigador privado (Gosling) que indaga en el caso de la desaparición de una joven, mientras colabora con un asesino a sueldo (Crowe) y lidia con una hija (Angourie Rice) más autosuficiente que él.
Difícilmente podríamos decir que una película nominada a cinco premios Oscar—y ganadora como Mejor guión adaptado—califica como “infravalorada”, pero nos parece que no se habla lo suficiente de lo brillante que es Ficción estadounidense (American Fiction).
La película sigue a un escritor y profesor afroamericano de literatura, Thelonious "Monk" Ellison (Jeffrey Wright), quien publica novelas aclamadas que no venden absolutamente nada. De baja temporal en su trabajo, con su madre enferma y necesitado de dinero, decide usar un seudónimo y escribir una memoria que satiriza los estereotipos negros que suelen apelar a lectores blancos, en una mordaz crítica a la hipocresía del mundo editorial y al wokismo ciego.
Un tanto perdida en la marea de contenido original de Netflix, esta comedia dramática ganó, ni más ni menos, el Gran premio del jurado en el Festival de Sundance de su año, y es una verdadera rareza.
Ya no me siento a gusto en este mundo (I Don't Feel at Home in This World Anymore) sigue a una enfermera (Melanie Lynskey de Yellowjackets) que, luego de un mal día en el trabajo, regresa a casa solo para descubrir que le han robado, y no recibe ayuda de nadie más que de un extraño vecino (Elijah Wood, El señor de los anillos). Es un tanto como Sin lugar para los débiles, pero con un poco menos de cinismo por el estado del mundo y un pelín más de compasión por sus habitantes más cuestionables.































