Con el tan esperado estreno de The Eras Tour: The Final Show, la figura de Taylor Swift vuelve a ocupar la pantalla, esta vez desde todos los ángulos posibles. Su relación con el cine nunca ha sido tan directa ni tan ambigua, quedando a medio camino entre la performance y la interpretación, entre el control y la vulnerabilidad.
Si bien Swift no es una actriz tradicional, ha sabido usar el cine como extensión de su narrativa artística, ya sea dirigiendo sus propias historias o asomándose brevemente a las de otros. En este repaso ordeno sus apariciones, de las más logradas a las más olvidables, para entender cómo una de las mayores estrellas del pop contemporáneo ha intentado una y otra vez traducir su música en imágenes.
All Too Well: The Short Film (2021)
Más que una actuación, diría que All Too Well es un experimento de control creativo absoluto. Taylor Swift escribe, dirige y protagoniza una historia sobre el desamor qué funciona mejor como videoclip extendido que como cine narrativo. Aun así, su manejo del ritmo y la atmósfera es sorprendentemente sólido y la actuación de Sadie Sink atrapa. Es una pieza íntima y autoconsciente, donde la cantante controla cada plano como si editara su propio recuerdo. El resultado es elegante, visualmente atractivo y, a ratos, demasiado pulido. Comparada con su breve aparición en películas como Amsterdam, aquí se nota más la versión autora que actriz: vulnerable, sí, pero siempre bajo su propio guión.
Amsterdam (2022)
Rodeada de intérpretes como Christian Bale o Margot Robbie, Swift se dio el lujo de participar en Amsterdam, con un papel breve pero elegante.En este film Interpreta a Liz Meekins, una mujer atrapada en una trama de conspiraciones políticas, y su escena aunque bastante corta, deja una impresión visual innegable y alegría en sus fans. Tengo que admitir que Swift siempre aporta presencia, pero no necesariamente profundidad. Sin embargo, encaja bien en el tono artificioso de la película, como si el exceso la protegiera para no desentonar. Amsterdam la confirma como una figura que luce mejor en la brevedad que en el protagonismo del séptimo arte.
The Giver: El dador de recuerdos (2014)
En The Giver: El dador de recuerdos, adaptación del clásico de Lois Lowry, Taylor interpreta a Rosemary, una joven que desafía un sistema que elimina las emociones. Su papel es breve, pero clave para entender el sistema que la película critica. Aunque en cierta medida transmite fragilidad, su interpretación se siente contenida de más hasta la rigidez. Es un papel que puedes notar que pide sutileza, y aunque ella la logra en momentos, su falta de naturalidad le resta impacto en mi opinión. Tiene algo del aura trágica de Los Juegos del Hambre y un eco de Black Mirror. No será su actuación más comentada, pero sí la que mejor revela su potencial como actriz seria.
Lorax. En busca de la trúfula perdida (2012)
En Lorax: en busca de la trúfula perdida, Taylor participa por primera vez en una película animada en la que da voz a Audrey, una chica soñadora que inspira al protagonista a salvar los árboles y devolverle vida a su mundo gris. Siendo una cantante, no sorprende que haga un buen trabajo, aquí su voz brilla por la calidez y la energía que transmite. No es una actuación transformadora, pero sí encantadora. Comparada con la oscuridad de The Giver o el dramatismo de Amsterdam, aquí muestra una faceta más divertida, la que conecta con su etapa Red o Speak Now. Es una versión animada de sí misma: romántica, idealista y con un toque de inocencia que resulta adorable.
Historias de San Valentín (2010)
¿Cómo olvidar que Taylor Swift estuvo en aquella película que quiso ser el nuevo Love Actually. Si bien la película no logró su cometido y terminó siendo una más del montón, si fue significante para la artista, ya que Historias de San Valentín fue su primera gran incursión en Hollywood (aunque también su papel más olvidable). En esta película Taylor interpreta a Felicia, una adolescente exageradamente enamorada. Su energía desbordante y su humor físico funcionan a ratos, pero la película no le da espacio para más. Comparada con sus trabajos posteriores, es casi un ejercicio de calentamiento. Sin embargo, tiene encanto e ideal para ver en una maratón de películas románticas.
Cats (2019)
Finalmente llegamos a la conclusión y el papel más absurdo de su carrera. Cats no fue solo una decepción para sus fans, sino para todos los que esperaban la adaptación del clásico músical. Lo que debía ser un espectáculo terminó siendo un experimento extraño del que nadie salió ileso. Taylor interpreta a una gata glamourosa llamada Bombalurina que canta y seduce con su elegancia felina. El número musical (“Macavity”) que ella protagoniza es tal vez lo más rescatable del caos digital de este film, y aun así, se siente atrapada en un universo que ni ella logra salvar. Sin embargo, hay que reconocerle el mérito: pocos artistas se arriesgan tanto sin miedo al ridículo y salen ilesos de un fracaso como Cats.





























































































