
Ira Sachs y por qué Rami Malek no es una estrella “cómoda”
Hay colaboraciones que sólo resultan evidentes cuando las ves en pantalla, y The Man I Love (2026) es fruto de una de ellas. Se trata de la primera película de Rami Malek bajo la batuta de Ira Sachs, que estrenó apenas semanas atrás Un día con Peter Hujar (2025), con Ben Whishaw.
Quizás sea la más importante de toda la carrera de Malek. Sí, eso es mucho decir sobre alguien que acaba de ganar el Oscar por entregarse en alma y en cuerpo a la efigie inolvidable de Freddie Mercury. En The Man I Love, interpreta a Jimmy George, un sofisticado artista de performance en el Nueva York de los ochenta; un amalgama del carisma y la independencia radical de figuras de la talla de Ron Vawter o el cómico Frank Maya, así como un doble de Franz Rogowski en Passages (2023), con la que The Man I Love comparte guionista.
Es el Nueva York de las cintas de vídeo, el alquiler barato y la epidemia del sida, en palabras de Ruby B. Ritch, y lo hemos conocido de sobras gracias a iconos pop como Rent: Vidas extremas (2005). El ficticio Jimmy inicia un affair caprichoso y desnivelado con un nuevo vecino (el debutante Luke Ford), el resopón sexual de su pareja estable, interpretado por Tom Sturridge (el Señor del Sueño en Sandman, 2022), que es como la Deneuve para el Bowie de El ansia de Tony Scott, filmada en 1983.
Por qué Rami Malek tiene aura de estrella
“Para una película con estas características, yo sabía que necesitábamos situar en el centro a alguien que poseyera un cierto misterio, una gran capacidad para lo inesperado y una auténtica calidad de estrella, porque todo el universo de la película gira en torno a Jimmy y a Rami”, ha explicado Ira Sachs. “Y una estrella no es alguien cómodo (cozy), sino alguien que emite luz propia y exige ser visto, una cualidad profundamente cinematográfica que Rami tiene”. Sachs ha trabajado con las caras más ignotas y afamadas desde que ganara el Gran Premio del Jurado en Sundance por Forty Shades of Blue (2005).
Desde entonces ha cosechado innumerables éxitos dentro del festivaleo queer: Keep the Lights On (2012) le valió un primer aplauso, El amor es extraño (2014) le dio el Premio Teddy en Berlinale y Un día con Peter Hujar (2025) le mereció la oportunidad de moldear al aura (estelar) de Whishaw. Esa línea le interesaba: “Últimamente he estado pensando mucho en los actores y actrices que trabajaban con John Cassavetes”, en clásicos como Una mujer bajo la influencia (1974) o Noche de estreno (1977), con la que comparte carácter. Con ellos pasa algo maravilloso: nunca estás seguro de qué van a hacer en el siguiente segundo”. En el set trató de promover estos arrebatos: “Todo el mundo abrazó y confió en la situación. Se genera una tensión constante por lo que está a punto de ocurrir, y ese factor de peligro es fundamental”.
Rami Malek, presente en la sala
A Rami Malek no han dejado de reprocharle que sus gestos son demasiado hiperbólicos, disfraces que “convencen de” más que “contienen a” sus personajes. Será por el acento mascado, por las prótesis varias o por nuestra plumofobia interna, que nos lleva a despechar el amaneramiento como algo superfluo, innecesario. Ni con la fisicalidad que desplegó Malek sobre los pasos de Freddie Mercury en Bohemian Rhapsody: La historia de Freddie Mercury (2018), y que le dio el Oscar, el Globo de Oro y el BAFTA, pudimos dejar de opinar también acerca de la dentadura y el mostacho. El joven que camuflaba tras una sudadera en Mr. Robot (2015) ya no puede esconderse.
Para Ira Sachs, en la total indiferencia hacia la mirada de los demás está el valor de un artista como Jimmy George. Rami Malek lo corrobora: “Buscar solo demostrarte las cosas a ti mismo y al artista de al lado es algo que te da una fuerza especial. Hay un montón de gente que aspira a convertirse en una estrella como Freddie Mercury, hay muchísimos artistas en el mundo que jamás llegan a ese nivel masivo de fama, pero que aun así tienen un talento y una habilidad tremendas, con todo un mundo que ofrecer”.
“El Freddie Mercury que nunca lo consiguió”, así podríamos describir a Jimmy, el artista, aunque esta sea una verdad algo injusta. Jimmy George, un personaje del todo ficcional, reúne rasgos de un plantel de performancers de los años ochenta que compartieron calles y una ambición desmedida. Además, se parece más a la Gloria Swanson frágil y brillante de El crepúsculo de los dioses (1950) que a aquel biopic.
“Cuando leí el guion por primera vez, pensé que no podría hacerlo porque había muchas similitudes con Bohemian Rhapsody y temía que eso me trajera problemas”. Demasiado parecido, le reprocharían, olvidando a todos los retratos de artista que han poblado nuestras carteleras. Bradley Cooper, que en cinco años estrenó Ha nacido una estrella (2018) y Maestro (2023), debería estar más preocupado. Dejad que Rami Malek sea tan estrella como quiera; será un privilegio verle bailar durante mucho tiempo más.






