Es decir, películas que invocan premisas de ciencia-ficción especulativa (¿qué pasaría si…?) para estudiar el comportamiento humano, entre lo cultural y lo natural, ante momentos de cambio. No resulta en vano que, en plena carrerilla tecnológica actual, y, a pesar de sus largas siete temporadas, la serie antológica creada por Charlie Brooker siga estando bien presente en el discurso público.
De hecho, aunque cualquiera de sus capítulos funciona como una historia independiente, aprovecharemos el estreno de Black Mirror - Temporada 7 (2025) para recomendar 10 películas que nos recuerdan al espíritu provocador de Black Mirror (2011). En fin, creemos poder descubriros alguna perla menos conocida.
Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972)
Basada en la novela homónima de Stanislav Lem, la película de Tarkovsky encabeza junto con 2001: una odisea del espacio (1968) los rankings de visionados indispensables para cualquier fan de la ciencia ficción. En una capa primeriza, esta es una fábula sobre un científico que explorando los límites del espacio conocido acaba por descubrir que sus propios cajones emocionales no están tan cerrados. Por debajo, el tándem Lem+Tarvosky plantean auténticos dilemas alrededor de la materia de los recuerdos, la difícil división entre lo natural y lo artificial, y los grises morales en la recuperación de la identidad y la memoria… Mucho antes del advenimiento de la IA y de capítulos hoy tan memorables como Ahora mismo vuelvo de la Temporada 2.
Brazil... La película (Terry Gilliam, 1985)
Una sátira alrededor de las casualidades y el efecto mariposa en tiempos de algoritmización de las instituciones, un viajazo del director de 12 monos (1995). En un mundo distópico pero inquietantemente cercano, una mosca cae dentro de un ordenador y cambia el apellido del guerrillero Harry Tuttle (Robert de Niro) por el del tranquilo padre de familia Harry Buttle, que es detenido y asesinado por el aparato represor del Estado, muy en la línea de los episodios 15 millones de méritos u Odio nacional. El tranquilo burócrata Sam Lowry (Jonathan Pryce) es el encargado de devolver un talón a la familia de la víctima, circunstancia que le permite conocer a Jill Layton (Kim Greist), la mujer de sus sueños. Y, mientras la persigue, hace amistad con Harry Tuttle y se convierte en su cómplice.
En la luna (Duncan Jones, 2009)
Sería una odisea especial, si no hubiera entendido perfectamente que no hay odisea sin viaje interior y que, por lo tanto, se puede escribir una odisea sin grandes peripecias explosivas. En la luna sigue a un astronauta (Sam Rockwell), aturdido durante tres años de trabajo a jornada completa y sin descansos en una planta lunar. En pleno aislamiento, el pobre astronauta tiene que confrontar una revelación espeluznante, que corre en la línea de Ghost in the Shell (1995) o de capítulos como Beyond The Sea. Duncan Jones, por cierto, tiene otra película muy Black Mirror, Código fuente (2011).
Primer (Shane Carruth, 2004)
Si empleáis la ciencia ficción para romperos la crisma y aún no conocéis la obra de Shane Carruth, ya tardáis en descubrirla. Los colores del destino de 2013, también muy Black Mirror, puede ser una excelente puerta de entrada. Pero hoy recomiendo su película menos conocida, una ópera prima laberíntica en la que el minimalismo argumental sólo se equipara con la voladura de su premisa. Viajes en el tiempo, identidades confusas y una negativa constante a explicarse: quizás ello la separa del espíritu divulgativo-emocional de la serie de Charlie Brooker. En cualquier caso, nunca es mal día para deslumbrarse con una épica tan transformativa como pelada.
La llegada (2014)
Louise (Amy Adams), intérprete y experta lingüista, enfrenta una misión que puede acabar como un desastre tremendo o como una celebración histórica, sin punto medio: Louise debe traducir el idioma de unos extraterrestres tentaculados que han aparcado sus enormes naves cóncavas en la Tierra. Pasa que Louise está rota por dentro, y parece que se entiende mejor con estos gigantes tentaculados que con sus allegados humanos. Si Black Mirror trata de adelantarse unos pasitos al futuro, el cuento de Denis Villeneuve –íntimo y cósmico a partes iguales– intenta explicar por qué “sentirse en casa” no es nunca sólo un juego de palabras. Amy Adams también apareció en Ella, de Spike Jonze (2013), otra fábula intimista sci-fi totalmente Black Mirror.
eXistenZ (David Cronenberg, 1999)
En una sociedad en la que los diseñadores de juegos son venerados como ídolos y los jugadores pueden entrar orgánicamente en los sistemas operativos, Alegra Geller (Jennifer Jason Leigh) inventa un juego donde los límites entre la realidad y la fantasía se desdibujan, aunque la muerte siga siendo algo muy real. Hasta las entrañas de su propio juego la perseguirán un grupo de asesinos, a ella y a un becario de marketing (Jude Law). Huele a Black Mirror, aunque la sensibilidad nauseabunda de Cronenberg supera con creces la rareza de episodios como Playtesting u otras películas con las que se lo ha comparado, como Ready Player One: Comienza el Juego (2018)
A Scanner Darkly (Una mirada en la oscuridad) (2006)
Podríamos haber recomendado Paprika, detective de los sueños de Satoshi Kon (2006) en su lugar, pero la adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick, de 1977, se acerca más al espíritu occidental-ido de Black Mirror. En fin, ved Paprika también. Richard Linklater aquí viste a Keanu Reeves como Bob Arctor, un agente encubierto que se vuelve adicto a la Sustancia D, una droga que desmorona las fronteras entre la realidad y la pesadilla. Un viaje de alucine, da para una alegoría que encaja a la perfección con el libro de estilo de Brooker, aunque la rotoscopia que se aplica sobre Winona Ryder, Robert Downey Jr. y Woody Harrelson puede resultar mareante.
El Show de Truman (Peter Weir, 2006)
Este clásico funciona como un tiro. Tanto, que Olivia Wilde prácticamente la copió en No te preocupes querida (2022). Truman Burbank vive una vida de ensueño en los suburbios de Seahaven, aunque en realidad su ciudad es un enorme plató de televisión, y él es la estrella inocente de tremendo reality. Una sátira alrededor del vivir como forma de consumo, de la falsedad mediática y del cariño que puede brotar entre creador y creado. En un mundo cien por cien fabricado, es del afecto de donde nacen las imágenes más recordadas del universo de Truman y de la filmografía de Jim Carrey.
Nunca me abandones (2010)
Otra película para quienes atesoráis Ahora mismo vuelvo como uno de los mejores episodios de la televisión reciente. Dirigida por Mark Romanek y con guion de Alex Garland (Ex Machina, otro thriller pigmaliónico cercano a Black Mirror) sobre la novela homónima de 2005 de Kazuo Ishiguro, Nunca me abandones documenta la adolescencia de un grupo de amigos (entre ellos Keira Knightley, Andrew Garfield y Carey Mulligan) en un pintoresco internado en la campiña inglesa. La verdad les esperará al salir, claro. Identidad, nostalgia y dilemas bioéticos aderezan una película requete-bien hecha y mejor interpretada, que empareja fantásticamente con nuestra última recomendación…
Despidiendo a Yang (Kogonada, 2022)
Las dos películas de Kogonada, tanto Columbus (2017) como Despidiendo a Yang (2022), pueden cambiarnos la vida o leerse como ñoñadas. En cualquier caso, el responsable de algunos de los ensayos más lúcidos de la cinefilia contemporánea (buscad sus piezas sobre Ozu o Bresson) quiso plasmar los ecos de la pérdida en un contexto futurista. En él, la familia de Jake y Kyra (Colin Farrell y Jodie Turner-Smith) adopta a Yang (Justin H. Min), un androide que hará de hermano para su hija adoptiva. Y de ahí al lacrimal sólo queda un pasito. Si creéis fervientemente en la capacidad conmovedora del género y lo sentimental no os asusta, esta película es para vosotros.
Dónde ver las 10 películas como ‘Black Mirror’ en plataformas
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