A James Cameron nunca le ha interesado especialmente ser original. De hecho, ha repetido en numerosas ocasiones que para él la saga que inició con Avatar (2009) es, ante todo, una fantástica excusa para innovar en lo tecnológico.
Con la primera, impulsó la captura de movimiento facial avanzada y rodaje en 3D estereoscópico nativo. En Avatar: El sentido del agua (2022), además de perfeccionar lo anterior, apostó por el renderizado de selvas y mundos acuáticos digitales fotorrealistas, redefiniendo los flujos de producción del cine contemporáneo. Hoy ya trabaja con la Inteligencia Artificial por punta de lanza.
Pero hasta Avatar: Fuego y ceniza (2025) sus historias siguen siendo muy sencillas, y en lo argumental, toda la trilogía mezcla más que innova. Evidentemente, Cameron creció viendo a Howard Hawks y John Ford, y leyendo a Richard Matheson, Ursula Le Guin y Ray Bradbury. También inició su carrera hacia el final de la guerra de Vietnam, y se siente atraído por proyectos que giran estructuralmente en torno a un estado de asedio, insurgencia y persecución.
Lo más curioso es que, en realidad, todas las películas de este tecnófilo miran a la tecnología con cierto recelo: los marines de Aliens: El regreso (1986) cuentan con lanzallamas y rifles de pulsos diseñados con esmero, pero resultan inútiles frente a los xenomorfos desarmados y su respuesta como colmena. Skynet, en Terminator 2: El juicio final (1991), es una nueva frontera radical en la inteligencia artificial, pero termina destruyendo la civilización. El crucero de Titanic (1997) es la vanguardia de la ingeniería marítima, pero es hundido por la Madre Tierra en forma de trozo de hielo.
Ahora, estudiando directamente estos “documentales” de Pandora, vemos claros paralelismos con otras historias también partidas entre conquistas y resistencias; y si sientes que has visto ya la historia que te cuentan las películas de Avatar, es porque son argumentos que se repiten en todo tipo de narrativas.
En JustWatch queremos ayudarte a definir de qué te suena esta trama, así que hemos recopilado siete películas que ya habían explicado antes la historia de Jake Sully y familia. Una advertencia: son siete, pero hay tantas otras obras que repiten el patrón que la lista podría alargarse hasta el infinito.
Río Bravo (1959)
En el Río Bravo de Howard Hawks (1959), un grupo de héroes ingeniosos se defiende de oleadas de ataques indios mientras permanece atrincherado en un fort. Cambia esto por una selva inconmensurable, combínalo con una sensibilidad ecológica y antimilitar claramente posterior a los años sesenta, y tienes cualquiera de las películas de Avatar.
Eso sí, como la posterior El Dorado (1966), Río Bravo supone, además, un escaparate psicológico de primer nivel, lleno de cowboys cansados de hacer su papel, igual que Lady Eboshi en La princesa Mononoke está agotada de liderar. En comparación, deja a las estampas familiares de Jake Sully como un retrato algo simplista del deber y de la responsabilidad.
Pocahontas (1995)
Pocahontas (1995), junto con Bailando con lobos, han sido las dos comparativas más habituales para hablar de la saga Avatar. Resulta obvio subrayar el encuentro colonial entre una potencia invasora y un pueblo indígena, mediado por un hombre bueno que se enamora y termina cuestionando a su propia civilización. Cameron está un poco harto de la comparativa, hasta bromear sobre como quisieron “Colores en el viento” al final de la película.
Pero lo que más me interesa de la comparativa con Pocahontas pasa por lo idealizado –sin vergüenzas– del retrato colonial. No creo que con los estragos sangrientos de las colonias en América pudieras enamorarte de ninguna manera del Capitán John Smith. En fin, la Pocahontas realista (Matoaka, se llamó), daría más para un Bone Tomahawk (2015).
El reino del planeta de los simios (2024)
Sólo necesitas leer los créditos de Avatar: El sentido del agua para encontrar los nombres de los guionistas de El reino del planeta de los simios (2024). Wes Ball reveló fue fichado por los productores Rick Jaffa y Amanda Silver, quienes acababan de trabajar en Avatar junto a Josh Friedman y lo propusieron para continuar la saga de los simios. En realidad, hay paralelismos evidentes entre ambas: fíjate en la escena del joven Ikram, por ejemplo. ¿No te recuerda a la prueba que pasa el joven hijo de César, Noa?
Además Friedman sugirió que la película que Ball quería realizar se parecía a un film de Akira Kurosawa, algo que tiene cierto fundamento… Si Avatar os interesa, seguid con la resistencia colectiva de Los siete samuráis (1954).
Bailando con Lobos (1990)
Además de Pocahontas, la película de y con Kevin Costner ha sido la más comparada con la franquicia de Cameron. En definitiva, en Bailando con Lobos (1990) también está un militar que entabla amistad con los nativos que debe asediar, y luego se pasa a su bando.
De hecho, el propio director ha abordado esta similitud fundamental, para rechazarla: “Sin embargo, siempre me divierte cuando alguien dice: ‘Vaya, es como Bailando con lobos. Sí, claro, porque Bailando con lobos tuvo lugar en otro planeta, donde la gente proyecta su conciencia en cuerpos de 3 metros de altura y azules. Ja, ja, no”. James, un poco “ja, ja, sí” se parecen.
La princesa Mononoke (1997)
El concepto es el mismo en el clásico de Hayao Miyazaki que en Avatar, pero –ahí debemos darle la razón a James Cameron– hay algo del arquetipo del Mesías que logra unir a dos pueblos muy disímiles que se repite a lo largo de la historia, incluso en la aventura familiar FernGully. Las aventuras de Zak y Crysta (1992).
Aunque La princesa Mononoke (1997) no tiene nada de familiar, claro, y en realidad, no pretende encontrar ninguna solución al choque entre el mundo natural y los invasores humanos. La historia de Ashitaka, San y Lady Eboshi, tan shakespeariana como El reino del planeta de los simios, es también mucho menos idealizada que la Bailando con lobos azul. Quizás por ello no vende tanta palomita, pero sí ha envejecido mucho mejor.
Dune: Parte dos (2024)
“¿Dune: Parte dos (2024) es solo Avatar pero con arena?”, se pregunta un usuario de Reddit. No le falta vista. Subraya cómo Timmy Chalamet encarna en el universo de Frank Herbert un tipo de un planeta lejano, que se encuentra con los indígenas, se pasa de bando con ritos de iniciación, se enamora y monta una bestia inusualmente grande que lo confirma como el elegido para liderar a la gente en una guerra contra su opresor colonialista.
Es que incluso los colonos tienen por único propósito extraer una sustancia para los viajes espaciales que es extremadamente vital para la forma de vida de los indígenas. La réplica con Pocahontas o con Bailando con lobos ha sido más divulgada, pero los paralelismos con Dune: Parte dos casi ofenden.





























































































