Se acerca el 14 de febrero y las parejas ya planean sus veladas románticas, el Corte Inglés tiene listas sus ofertas y las floristerías cargan sus almacenes, pero hay quienes preferirían saltarse el día. Si San Valentín te provoca más náuseas que emoción, ven con nosotros, aquí no habrá final feliz envuelto en papel celofán rosa.
Hemos reunido ocho películas que celebran el lado oscuro, tóxico o devastador del amor, desde rupturas brutales hasta relaciones que deberían haberse terminado antes de empezar. Un puñado de joyas anti-románticas para reafirmarte en que estar solo no es tan malo después de todo.
8. (500) días juntos (2009)
(500) Días juntos es la peli perfecta para recordar que no todas las historias de amor tienen que acabar bien. Tom se enamora perdidamente de Summer, pese a que ella le deja claro desde el principio que no cree en el amor verdadero. Marc Webb deconstruye la comedia romántica típica mostrando cómo la obsesión puede disfrazarse de amor, y cómo esta proyecta nuestras fantasías sobre personas que no nacieron para ser nuestro "destino".
Cualquiera que haya idealizado a alguien hasta el punto de perder el contacto con la realidad puede verse reflejado, pero también quien haya “sufrido” a romeos insistentes. No es tan fuerte como Los que conectan con ¡Olvidate de mí! (2024) o La La Land (2016) también experimentarán esa sensación agridulce de relaciones sin solución, aunque con menos ciencia ficción o números musicales y más hipsters en Los Ángeles. Sin ser tan devastadora como Kramer contra Kramer (1979), es igualmente efectiva para destruir ilusiones románticas.
7. Midsommar (2019)
Midsommar convierte una ruptura de pareja en una pesadilla folk horror bañada en luz solar. Y es que los rituales paganos no ayudan precisamente a arreglar los problemas de comunicación de una relación que ya estaba muerta antes de tratar de salvarla viajando a un festival de verano sueco que resulta ser más ancestral de la cuenta. El genio de Ari Aster crea una experiencia visual donde el horror se debate entre los sacrificios humanos, o ver cómo dos personas son incapaces de dejarse ir.
Terror psicológico comulgando con el drama, muy distinto al del slasher gore de San Valentín sangriento (1981), que disfruta haciendo sufrir lentamente, como una mala relación. En realidad es casi una versión poco disimulada de la toxicidad en pareja con cultos asesinos de la española The Birthday (2005), pero cambia la mitología lovecraftiana por la tradición “real” de las praderas escandinavas.
6. San Valentín sangriento (1981)
San Valentín sangriento es exactamente lo que promete su título: convertir la festividad más cursi del año en un baño de sangre. Un minero psicópata asesina a jóvenes parejas en un pueblo que cometió el error de celebrar San Valentín después de que él lo prohibiera. Nada mejor que un slasher de los 80—ojo, el favorito de Tarantino—para pasar sinsabores del corazón.
No esperes la complejidad de Midsommar, porque tampoco intenta tenerla, esto es puro entretenimiento sangriento para arruinar cualquier 14 de febrero, una forma literal de "matar" lo sentimentaloide, perfecta para una maratón con Un San Valentín de muerte (2001) y El asesino con ojos de corazón (2025).
5. Sid y Nancy (1986)
Sid and Nancy retrata la autodestructiva historia de amor entre Sid Vicious (bajista de Sex Pistols) y Nancy Spungen con la mirada única del cineasta punk, Alex Cox. La crónica brutal de una relación alimentada por heroína, caos y codependencia tóxica que termina exactamente como esperarías: fatal. Gary Oldman hace suyo a Sid, con toda la vulnerabilidad y nihilismo que definió su idilio condenado.
Es el recordatorio perfecto de por qué no deberíamos romantizar la autodestrucción, como (500) días juntos avisa de la trampa del amor unilateral, aunque aquí ambos están igual de perdidos, entre drogas duras y música legendaria. Es un pequeño precedente de lo que Trainspotting (1996) lograba como la cara b de la soflama generacional, escondiendo un crudo diario de la adicción, la miseria suburbana, y el underground punk de Nueva York.
4. Kramer contra Kramer (1979)
Kramer vs. Kramer es probablemente la película sobre un divorcio más desgarradora jamás filmada. Dustin Hoffman y Meryl Streep interpretan a una pareja que se separa, dejando a su hijo en medio del campo de batalla legal. La dirección de Robert Benton va dejando pequeños bocetos de cómo el amor puede transformarse en resentimiento y cómo las buenas intenciones se evaporan cuando los abogados entran en juego.
No le hace falta la guerra verbal tóxica de ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966), pero su realismo ordinario la hace igualmente devastadora, pero además con custodia infantil de por medio. Delinea lo que luego desarrolló Historia de un matrimonio (2019) de Noah Baumbach, básicamente una versión moderna y más masoquista de esta premisa.
3. ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966)
¿Quién teme a Virginia Woolf? Son dos horas con Elizabeth Taylor y Richard Burton destrozándose verbalmente entre ellos, mientras una pareja más joven observa con horror ¿su futuro? Mike Nichols adaptó la obra de Edward Albee creando un retrato claustrofóbico de un matrimonio donde el amor, el odio y el alcohol ya son indistinguibles, y donde los juegos psicológicos crueles son el único entretenimiento que les queda.
Saca lo mejor del teatro filmado con diálogos afilados como cuchillos que hacen que las relaciones de Happiness parezcan saludables. Tiene ecos de Un dios salvaje de Polanski en su uso del espacio cerrado y tensión verbal creciente mientras explora la disfunción desde múltiples ángulos, pero parece más indicada a quitar la ingenuidad de los primeros días de noviazgo de un plumazo.
2. Happiness (1998)
Happiness de Todd Solondz es una de las películas más incómodas sobre las relaciones humanas, con varias personas miserables en Nueva Jersey buscando—y fracasando en encontrar— la felicidad. Entre sus múltiples tramas chungas—incluyendo una que sigue siendo controvertida décadas después—tenemos matrimonios más muertos que vivos, obsesiones patéticas y soledad urbana en su forma más deprimente.
No para todos los públicos, quizá si buscas un cine provocador, con el que puedes reírte aun sintiéndote mal, quizá no se separa tanto de las películas de Ari Aster, aunque se parece al fresco humano de En la habitación (2001), es mucho más cáustica, nada de romantizar la melancolía con banda sonora indie como (500) días juntos, Solondz no deja títere con cabeza, impensable en la era de la dramedia indie de Sundance actual.
1. Kill Bill Vol. 1 y Vol. 2 (2003-2004)
Kill Bill: Volumen 1 y Kill Bill: Volumen 2 es una obra épica sobre el despecho, donde llama la atención la venganza sangrienta, pero en esencia es una representación operística de una post-ruptura. Uma Thurman interpreta a La Novia, quien despierta de un coma de cuatro años causado por su ex el día de su boda. Un recordatorio de que no hay que fiarse de nadie por mucha intimidad compartida, como el que la reciente Keeper nos ha enseñado con sustos.
Tarantino mezcla artes marciales, spaghetti western, chambara japonés y melodrama para crear la fantasía definitiva sobre la catarsis del desengaño. A diferencia del realismo devastador de Kramer contra Kramer, esta es pura acción estilizada, violenta, y excesiva. Terapia con sangre para agnósticos de los flechazos que nos atan para siempre a quienes quizá no lo merezcan.





























































































