La industria del streaming vive en un estado de tensión permanente, pero pocas hipótesis resultan tan sísmicas como imaginar a Netflix haciéndose con el catálogo de Warner Bros y HBO. No hablamos solo de sumar algunas películas y series a su menú: lo hacemos de absorber algunas de las franquicias más influyentes de la historia del cine y la televisión, universos que han marcado generaciones enteras y que, bajo el control de Netflix, cambiarían para siempre el equilibrio del sector.
En este artículo repasamos las 10 franquicias más importantes de Warner y HBO que pasarían a manos de Netflix, analizando qué representan hoy, qué potencial tendrían dentro del ecosistema de la plataforma roja y cómo se compararían con las grandes propiedades intelectuales que Netflix ya explota con éxito.
Universo DC (DCU)
El Universo DC es, junto a Marvel, el gran pilar del cine de superhéroes moderno. Personajes como Batman, Superman o Wonder Woman forman parte del imaginario colectivo desde hace décadas, aunque su traducción audiovisual reciente ha sido irregular, con reinicios constantes y una falta de cohesión que ha lastrado su impacto global.
En manos de Netflix, el DCU podría encontrar algo que nunca ha tenido del todo: una estrategia clara y sostenida a largo plazo. La plataforma ha demostrado con franquicias como Stranger Things o The Witcher que sabe construir universos serializados pensados para maratonear, algo que encajaría mejor con DC que su modelo cinematográfico errático.
Comparado con el Universo Marvel de Disney+, DC tiene historias más oscuras y adultas, un tono que podría funcionar muy bien junto a producciones de Netflix como The Umbrella Academy. La clave estaría en aceptar esa identidad y explotarla sin complejos, algo que Netflix suele permitir a sus creadores.
Harry Potter
Harry Potter no es solo una saga cinematográfica: es un fenómeno cultural mundial. Libros, películas, parques temáticos y generaciones enteras que crecieron con Hogwarts como segundo hogar. Warner ha sabido cuidar la franquicia, aunque sus intentos de expansión con Animales fantásticos no han alcanzado el mismo impacto.
Netflix podría convertir Harry Potter en su gran universo transversal, algo parecido a lo que Disney ha hecho con Star Wars. Series centradas en casas concretas, en profesores, en otras épocas del mundo mágico… las posibilidades son infinitas.
Comparada con franquicias originales de Netflix como The Witcher, Harry Potter juega en otra liga a nivel de reconocimiento y nostalgia. Donde la saga del brujo necesita explicar su mundo, Harry Potter ya lo tiene grabado en la retina del espectador. En términos de atracción de suscriptores, sería un golpe casi definitivo.
Universo Expediente Warren
El Universo Expediente Warren es uno de los mayores éxitos del terror moderno. Películas como The Conjuring, Annabelle o La monja han demostrado que el terror compartido y serializado puede ser muy rentable.
Netflix ya ha experimentado con el género en títulos como La maldición de Hill House o Misa de medianoche, apostando por un terror más atmosférico y emocional. El Universo Warren, en cambio, es más directo, más comercial y más reconocible para el gran público.
La combinación sería explosiva: Netflix podría alternar películas-evento con series derivadas, algo que Warner ha explotado menos de lo que podría. Frente a sagas de terror originales de Netflix, esta franquicia aportaría una ventaja clave: continuidad y una marca consolidada.
El señor de los anillos
El señor de los anillos es fantasía en estado puro. La trilogía de Peter Jackson marcó un antes y un después en el cine épico, y aunque Amazon ya ha explorado la Tierra Media con Los anillos de poder, el peso cultural de la saga original sigue siendo enorme.
En Netflix, esta franquicia competiría de forma directa con The Witcher, pero desde una posición de prestigio muy superior. Donde la serie basada en las novelas de Sapkowski apuesta por el entretenimiento adulto, El señor de los anillos ofrece mitología, épica y un legado difícil de igualar.
La clave estaría en no saturar el universo. Netflix tendría que aprender de sus propios excesos y tratar la Tierra Media como un evento excepcional, no como una fábrica de contenido constante.
Looney Tunes
Los Looney Tunes son una de las franquicias más longevas de la historia del entretenimiento. Bugs Bunny, El Pato Lucas o El Coyote y el Correcaminos han sobrevivido a generaciones, formatos y cambios de audiencia.
Netflix no tiene una gran franquicia de animación clásica que se pueda comparar. Sí ha producido éxitos como BoJack Horseman o Big Mouth, pero su tono es muy adulto. Looney Tunes permitiría reforzar el catálogo familiar, algo donde Netflix siempre ha ido un paso por detrás de Disney+.
Bien gestionados, podrían convivir versiones clásicas con reinterpretaciones modernas, manteniendo su espíritu anárquico. Frente a propuestas como Los Simpson en Disney+, Looney Tunes aportaría una comedia más física y universal.
Euphoria
Euphoria es una de las series más influyentes de la última década. Su retrato crudo, estilizado y emocional de la adolescencia ha redefinido el drama juvenil, convirtiéndose en un fenómeno cultural y estético.
Netflix ha tenido grandes éxitos en este terreno, como Élite o 13 Reasons Why, pero Euphoria juega en otra liga a nivel formal y actoral. Su llegada reforzaría el catálogo adulto de la plataforma.
Comparada con las series juveniles de Netflix, Euphoria es menos accesible, pero mucho más impactante. En manos de Netflix, podría expandirse con spin-offs o antologías, aunque el riesgo sería diluir la identidad de la serie original.
Destino final
La saga Destino final es terror comercial en estado puro: premisas simples, muertes creativas y un concepto que se reinventa película a película. Nunca ha sido prestigiosa, pero sí muy eficaz.
Netflix ha demostrado con sagas como La calle del terror que sabe revitalizar franquicias de terror adolescentes. Destino final encajaría a la perfección en ese modelo, con nuevas entregas pensadas de manera directa para streaming.
Frente a propuestas más autorales, esta franquicia sería puro entretenimiento, algo que Netflix valora de forma especial para atraer visionados masivos.
Juego de Tronos
Juego de Tronos es, probablemente, la serie más influyente del siglo XXI. Su impacto cultural, sus debates semanales y su alcance global la convierten en una joya de valor incalculable.
Netflix no tiene nada comparable en cuanto a fenómeno social continuado. Stranger Things se le acerca, pero Juego de Tronos jugaba en una escala política y narrativa mucho más compleja.
Controlar esta franquicia —incluidos su spin-off La Casa del Dragón— permitiría a Netflix competir de manera directa con los grandes universos de Disney. El reto sería recuperar la confianza del público tras su controvertido final.
Friends
Friends es una de las comedias más vistas de la historia. Su capacidad de reenganchar espectadores una y otra vez la convierte en un contenido eterno.
Netflix ya sabe lo que es beneficiarse de Friends: durante años fue uno de sus mayores reclamos. Tenerla en propiedad significaría explotar un modelo similar al de The Big Bang Theory, pero con un mayor prestigio cultural.
Frente a comedias originales de Netflix, Friends sigue siendo imbatible en términos de confort televisivo.
The Big Bang Theory
The Big Bang Theory es una máquina de episodios. Su éxito global, su facilidad para el consumo casual y su longevidad la convierten en un activo perfecto para streaming.
Netflix carece de una sitcom de este calibre en términos de volumen y repetición constante. Aunque tiene comedias populares, ninguna funciona tan bien como esta.
Comparada con Friends, es más formulaica, pero también más moderna en referencias. Para Netflix, sería contenido estable y muy rentable.
Si Netflix llegara a controlar todas estas franquicias, no solo ampliaría su catálogo: redefiniría el mapa del entretenimiento global. Y eso, para bien o para mal, cambiaría para siempre la forma en la que consumimos cine y series.





























































































