
‘Brokeback Mountain’ cumple 20: Estas son las películas LGTBIQA+ que abrieron camino
Dos décadas desde que el mundo viera por primera vez uno de los romances más recordados de la historia: el de Brokeback Mountain: En terreno vedado (2005) entre Heath Ledger y Jake Gyllenhaal en modo vaquero. Veinte años. ¿Sientes el peso del tiempo? Lo que quizás sientas es cómo ha envejecido aquella película que entonces nos pareció deslumbrante en su representación de una relación gay, o bisexual; depende de cómo interpretes el final.
Ya hemos incorporado a Brokeback Mountain en la normalidad del canon estadounidense, a pesar del revuelo inicial y por fortuna en unos tiempos de regresión en todos los derechos logrados, pero tras 25 años de siglo en el que la visibilidad queer ha ido creciendo… Aun con jerarquías normativas y no falta de dificultades. Las nuevas versiones de aquel romance, como Llámame Por Tu Nombre (2017), ahora son capaces de añadir otros ingredientes a la ecuación, como la edad y la clase. Y justo estamos empezando a ver representadas comunidades hasta el momento fuera del canon: las letras i, q, a, que ni figuraban para la historia canónica LGTB.
Queda mucho camino por delante. En España, el 80% de la población afirma no haber visto nunca a una persona trans, y los crímenes de odio repuntan. Por ello queremos celebrar las metas conseguidas estos últimos tiempos. Así que repasaremos con esta guía algunas de las películas de los últimos años que abrieron camino en materia de representación LGTBIQA+, ya sea porque han tenido un éxito masivo, porque dieron voz a colectivos infravisibilizados o porque se han sostenido como iconos culturales para determinadas identidades.
Cerrar esta lista a una decena de títulos es de las tareas más arduas que en JustWatch asumiremos nunca, porque todo esfuerzo de visibilización queer abre camino, cuando el camino no está hecho. Vamos allá.
Con I de Intersexual: ‘Cónclave’ (2024)
Vamos con el destape. Quizás la historia recuerde Cónclave (2024) por ser un thriller político-religioso de alto perfil, o por tener a Ralph Fiennes en uno de sus mejores papeles hasta la fecha. Nada parecido a los faralaes festivos de La misteriosa mirada del flamenco. Pero espero que también la sostengáis en sus compases finales, cuando el Papa elegido se desvela intersexual. Quienes queráis ver el gesto como una provocación innecesaria, estáis en vuestro derecho.
Pero, como también hizo Carol con el melodrama de Sirk, es valiente abrir en el cine mainstream un ensayo así sobre los “intrusos” en las instituciones históricamente normativas… Especialmente cuando el cine hará tanto para que olvidemos que el cuerpo del Cardenal Benítez estuvo alguna vez allí.
Con A de Asexual: ‘Langosta’ (2015)
Langosta (2015) es la película asexual por excelencia. Vale, el film no va de eso explícitamente, todo lo contrario de referentes asexuales como Slow (2023) y en la línea de Desconocidos… Pero sígueme. Yorgos Lanthimos hizo la película perfecta sobre la experiencia vital asexual, porque la aridez emotiva, la ausencia deliberada de calidez y la manera en que el protagonista esquiva cualquier confesión directa de amor hacia sus parejas construyen un retrato sorprendentemente preciso.
Resulta asombroso ver cómo algunas de las pesadillas más comunes del espectro asexual se representan con tal nivel de rigor y cuidado, junto a pequeños gestos de construcción de mundo que hacen que todo se sienta inquietantemente real, pese a su cualidad onírica. Tal vez no era la intención de Lanthimos, pero leída desde este lugar, la película es perfecta para mí.
Con NB de No-Binario: ‘Orlando, mi biografía política’ (2023)
Una película que funciona como archivo vivo y herramienta pedagógica para pensar el género más allá del binarismo es Orlando, mi biografía política (2023). Porque ya sabemos que el Orlando de Virginia Woolf nunca fue del todo un hombre o una mujer, sino que vistió los trajes según la época… Y el filósofo Paul B. Preciado, trans, supo ver en la novela original el reflejo de algo a lo que aún no podía poner nombre.
Esta es la función de dicho documental, que retrata la existencia y el testigo de 27 personas no-binarias mientras juegan con y reinterpretan el texto de Woolf, insertando sus vivencias como les otres Orlando de la historia. No os descubrirá nada si venís del colectivo NB, pero igual que Cónclave con su destape final o Sex Education (2019) en materia de sexualidad en genérico, representa una puerta excelente a la realidad no binaria para personas cis.
Con L de Lesbiana: ‘Carol’ (2015)
Carol es, desde su estreno en 2015, un referente en el canon de películas al que una bollera puede echar mano para impresionar en una primera cita. Ambientada en los años cincuenta, esta perla de Todd Haynes (el mayor seguidor de Douglas Sirk) se atrevió a mostrar un romance lésbico en un contexto de vigilancia y de represión social, sin reducir al sufrimiento a sus dos protagonistas, las fantásticas Cate Blanchett y Rooney Mara (suspirito).
Igual que Desconocidos, se trataba de cine de prestigio, de estética cuidada y compleja en lo emocional, que no rechazó al público y al que el público no rechazó. Ahora nos parecerá superado, pero en tiempos de estereotipo bienintencionado (coincidía con Orange Is the New Black) fue del todo novedora, y dime tú cuántas Carol hemos tenido desde entonces.
Con G de Gay: ‘Desconocidos’ (2023)
¿Te trajiste los pañuelos al cine o se te empaparon con la escena del batido y los padres? ¿O acaso no dejaste de llorar durante todo el metraje? Desconocidos (2023) es culturalmente relevante porque en ella Paul Mescal y Andrew Scott, desde su condición de estrellas pop, se atrevían a encarnar el romance sin filtros de dos hombres gays en una cinta de gran autor; lo cual se siente como un paso al frente.
Andrew Haigh, responsable de la icónica Weekend (2011), rodó un cuento sobre la soledad y la incomunicación (¿pandémicas?) en su propio hogar de infancia, una huella que se suma a la experiencia de crecer siendo gay bajo la sombra del sida. Como Moonlight, el film también se ve como una alegoría, una fábula, un viaje por su subconsciente. Uno de los que te dejan removide.
Con T de Trans: ‘La misteriosa mirada del flamenco’ (2025)
La misteriosa mirada del flamenco (2025) es la película que Pedro Almodóvar hubiera querido dirigir cuando, en Extraña forma de vida (2023), disfrazó un melodrama con retazos de cuero. Se sitúa entre la dureza del western de venganza y las lógicas extrañas de la fábula, en un poblado mítico del desierto. Allí se enfrentan una turba de hombres despreciables y un aquelarre matriarcal trans, de quienes se dice que pueden transmitir la peste con la mirada. Vamos, un cuadro arrebatado pero donde lo trans es poderoso.
De hecho, cuando allí se comete un crimen imperdonable, estas mujeres deciden que antes que la sangre, prevalecerá la fantasía, en todos los sentidos. Un trans-spaghetti western totalmente original, ganador de Un Certain Regard en Cannes y del Premio de la Juventud en San Sebastián. Pronto comprobaréis que es una de esas películas que no se olvidan.
Con B de Bisexual: ‘Moonlight’ (2016)
Una coming of age sobre un niño obligado a madurar demasiado, pero que aun así conserva espacio para el amor, la confianza, la amistad e incluso la alegría. Moonlight (2016) es, quizá, un relato tan antiguo como el cine mismo, pero trae una diferencia fundamental: su protagonista es un joven negro y bi. Barry Jenkins desafía al público a mirarle desde perspectivas nuevas, sin perderse en abstracciones, casi como posibilidad de acompañarle desde la timidez hasta una edad adulta más luminosa, abierta al futuro.
¿Cómo no iba a ser icónica en el canon queer? Además, Moonlight se convirtió en la primera película ganadora del Oscar a Mejor Película con un protagonista queer y un reparto íntegramente negro. También fue el título que otorgó a A24 su primer Oscar a Mejor Película, allanando el camino para la producción de gemas LGTBIQA+ como Todo a la vez en todas partes, Sangre en los labios o El brillo de la televisión. Y por ello merece rematar nuestra lista.
































