
8 películas mejores que los libros que adaptan
Desde sus comienzos, el cine ha tomado inspiración—y material—de otras artes, y la literatura no es la excepción. Podríamos escribir toda una enciclopedia dedicada únicamente a películas basadas en libros. Y en muchos de esos casos, no faltarán los bibliófilos que afirmarán categóricamente que “el libro es mejor”.
Pero la realidad es que no siempre sucede así: muchas adaptaciones cinematográficas no sólo complementan al texto para crear algo más poderoso, sino que incluso los trascienden en la memoria colectiva. A continuación seleccionamos ocho películas mejores que los libros que adaptan.
Dirigida por Laura Casabé, la película argentina La virgen de la tosquera es una inusual propuesta de terror latinoamericano, con un pie en el coming-of-age para contar la historia de un grupo de adolescentes durante un verano en la Argentina de los dosmiles. La trama sigue la creciente rabia de una chica (Dolores Oliveiro) al ver usurpado el cariño de su amigo y amado (Agustín Sosa) por una nueva mujer (Fernanda Echevarría).
La película está basada en dos cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez contenidos en el libro Los peligros de fumar en la cama, concretamente, “La virgen de la tosquera” y “El carrito”. Nada en contra de los textos de Enríquez, que son maravillosos, pero la película los trasciende precisamente gracias a su entrelazamiento, construyendo una narrativa que explora el terror de crecer y ser mujer en medio de una vida precaria, donde el único refugio está en la rabia y en el pensamiento mágico.
A pesar de que la producción de Studio Ghibli tiene un estilo consistente y distintivo como animación japonesa, podría sorprender a más de uno enterarse que toma mucha inspiración de literatura occidental. Kiki: Entregas a domicilio y Cuentos de Terramar son sólo dos ejemplos de ello.
El increíble castillo vagabundo es otro caso, basado en la novela de fantasía de 1986 escrita por Diana Wynne Jones. Y claro, la autora amplió esta historia en otros relatos, y su obra llegó a influenciar a creaciones posteriores—incluyendo a la saga de Harry Potter—. Pero sólo decir este título nos remite directamente al director Hayao Miyazaki, cuya preciosa animación resultó en una obra que ha trascendido al material original.
Buena parte de la filmografía de Stanley Kubrick se basó en trabajos literarios preexistentes o desarrollados en conjunto con sus películas, y dado el maestro cineasta que fue, podríamos llenar este listado con puras películas suyas—y de hecho, no será la única vez que lo veremos en este conteo—.
El autor Peter George publicó primero, en 1958, la novela de suspenso Teléfono rojo (Red Alert), que relata las primeras horas de una hipotética Tercera Guerra Mundial, y un ataque de Estados Unidos a la Unión Soviética que amenaza con desencadenar la destrucción mutua asegurada. Es una historia angustiante por sí sola, pero Kubrick—con la colaboración del propio George y Terry Southern en el guión—lleva las cosas más lejos con Dr. Insólito (Dr. Strangelove), que va hacia los territorios de la comedia negra que exalta—y satiriza—lo fácil y absurdo que sería provocar el fin de la humanidad, con diálogos tan emblemáticos como “caballeros, no pueden pelear aquí, ¡es la sala de guerra!”. Una vez más, en el imaginario colectivo, es la película de Kubrick y no la novela de George la que se mantiene vigente.
Otro de esos casos que, si no fuera por los créditos, probablemente ni nos enteraríamos que se trata de una adaptación cinematográfica de un libro. Cómo entrenar a tu dragón (How to Train Your Dragon) se basa en la primera de una serie de novelas infantiles escritas por Cressida Cowell, que en realidad sólo provee un esqueleto para lo que sería la adaptación. Las novelas, en realidad, toman un curso muy distinto a las películas.
Si somos justos, que la película fuera mejor que el libro tampoco era tan difícil, dado que son historias infantiles que se prestan menos a la espectacularidad que ofrece la versión fílmica. El hecho de que ésta y sus dos secuelas sean consideradas como las mejores películas de DreamWorks—antes de Robot salvaje, al menos—ya dice bastante. ¿Quién necesitaba ese feo remake en live action?
Aunque no fue muy exitosa en su tiempo—considerada, por muchos años, un clásico de culto que hoy ya forma parte del mainstream—, Blade Runner es otra película mejor que el libro que adapta. De nuevo, no porque haya algo necesariamente malo con el material de origen, sino porque es una de esas historias que funcionan mejor por vía del lenguaje cinematográfico.
La película está basada en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, que se sitúa en un mundo postapocalíptico, donde casi ya no existen animales—aunque sí réplicas “eléctricas”— y en el que las personas de mayores recursos se han mudado a colonias espaciales, con esclavos androides. La adaptación sintetiza mucho de esto para centrarse en la historia de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner a cargo de cazar y ejecutar a seis androides rebeldes. La narrativa de la película, sin embargo, propone mayores simbolismos visuales para reflexionar sobre lo que significa ser humano. Cabe señalar que la versión cinematográfica también trascendió a la novela de Dick, con la secuela Blade Runner 2049, un anime y una serie, Blade Runner 2099.
Muy a pesar de Stephen King, la adaptación cinematográfica de El resplandor (The Shining), dirigida por Stanley Kubrick, supera a su original literaria. O, por lo menos, logra ser una propuesta distintiva, única, que no depende del material de origen para justificarse.
Resulta que, por diferencias fundamentales en su forma de ver la vida y la experiencia humana, Kubrick opta por enfocarse en el terror psicológico presente de los personajes, en vez de ahondar en todos los detalles que King desarrolla sobre sus personajes en el texto. Quizá no cabe decir que una cosa es mejor que la otra, sino que son experiencias diferentes que parten de una misma base. Sin embargo, no hay duda de que la versión de Kubrick dejó una marca indeleble en el imaginario colectivo, y para muestra, sólo hace falta ver lo mucho que Doctor sueño (Doctor Sleep), también basada en la secuela literaria, toma prestado de la iconografía de la película.
A menudo considerada una de las mejores películas de la historia, El padrino (The Godfather) es un inusual caso de literatura adaptada al cine. La novela épica de mafiosos homónima de 1969, escrita por Mario Puzo, fue una base relativamente cruda para lo que eventualmente sería el guión de la película—coescrito por Puzo con el director, Francis Ford Coppola—, que presentó una versión más pulida de la historia.
El resultado alcanzó la calidad de leyenda con las actuaciones del elenco liderado por Marlon Brando y Al Pacino. Con las secuelas será otra cosa, pues hay quienes argumentan que la segunda y tercera partes no profundizan tanto en los personajes como lo hace Puzo en las páginas (y puede que, en conjunto, no sean “mejores” que la novela). Pero nadie discute que la primera entrega (por lo menos) sea una de las grandes obras del cine, al grado de seguir siendo desmenuzada en producciones como La oferta (The Offer) décadas más tarde.
La producción brasileña Ciudad de Dios es un ejemplo de lo que el cine puede hacer muy diferente a la literatura. Y de nuevo, no porque el libro original—semi-autobiográfico, de Paulo Lins—sea deficiente, sino porque la película hace palpable una violencia y una rabia que no se sienten igual en las letras.
La película narra el ascenso del crimen organizado en las favelas de Río de Janeiro entre la década de 1960 y 1980, a través de la mirada de Buscapé (Alexandre Rodrigues) y de la rivalidad criminal entre Zé Pequeno (Leandro Firmino) y Mané Galinha (Seu Jorge). Una película heredera del Scorsese de Calles peligrosas (Mean Streets), pero con una rabia violenta que recuerda también al cine de Glauber Rocha.



































