
'México 86' y otras 5 películas de fútbol para entrar en espíritu del Mundial
La Copa Mundial de Fútbol de la FIFA es, probablemente, el evento deportivo más grande en existencia, y con su edición 2026 ya está contagiando con su fiebre a propios y extraños por igual. El cine no es la excepción, pues películas como México 86 llegan para traer el deporte del balompié a la conversación entre los cinéfilos.
En realidad, el cine y el fútbol comparten ser de los espectáculos favoritos del público masivo, y el primero ha contado muchas historias del segundo. Para ir entrando en el espíritu del Mundial, te compartimos esta selección de películas de fútbol (y te decimos cómo verlas).
La película de fútbol que llega en el marco del Mundial de 2026 nos lleva, curiosamente, a la edición de 40 años atrás, la segunda celebrada en el país latinoamericano homónimo. Y aunque sí hay fútbol en la cancha durante el metraje, México 86 nos recuerda el otro lado del deporte, a menudo desagradable y francamente corrupto: el negocio.
Protagonizada por Diego Luna (Andor) y Karla Souza (La caída), la película sigue a un ejecutivo sin escrúpulos que lanza una apuesta descabellada para llevar el mundial a México por segunda ocasión después de la de 1970, bajo tanto la duda como auspicio del déspota y todopoderoso Emilio Azcárraga (Daniel Giménez Cacho) de Televisa. Es, similar a Decisión final, el tipo de película que se enfoca en el lado menos glamuroso del deporte profesional, aquí con un giro cómico para señalar las contradicciones y vicios.
No es posible hablar de películas de fútbol en México, ni de comedia futbolera, sin pasar por Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” y El Chanfle, película protagonizada por él y por su tropa de colaboradores sobre la contenciosa relación entre un honrado utilero en un equipo de fútbol (Chespirito) y su cínico entrenador (Ramón Valdés).
Para bien o para mal, la película demuestra el mismo tipo de comedia física y verbal que Chespirito, Enrique Segoviano y colaboradores popularizaron con El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, pensado para la televisión. Igual resulta bastante divertida porque muestra el lado aspiracional del deporte, con el protagonista ascendiendo de ser utilero en los vestidores hasta demostrar su talento en la cancha.
Luego de décadas en las que las películas de fútbol en México estuvieron “secuestradas” por el enfoque del “cine de ficheras” (como muestra El Pichichi del barrio, con Rafael Inclán), Atlético San Pancho llegó para llevar de regreso el balompié al mundo familiar, con todos los idealismos inocentes que vienen con el sueño infantil de ser futbolista.
La película comienza en un pequeño pueblo minero de México, San Francisco del Monte, que otrora fue la cuna del fútbol en el país, pero que ha olvidado su pasión por el deporte. El conserje de la escuela (Héctor Suárez) y algunos de los alumnos deciden soñar con lo imposible: formar un equipo de fútbol y llegar a la final del campeonato nacional infantil, en una variación de la típica historia del underdog deportivo, no muy distinta a lo que Un equipo muy especial (A League of their Own) es para el béisbol.
Cada Mundial abre la puerta al eterno debate: ¿quién es el mejor futbolista de la historia? Y vamos, la división entre Messi y Cristiano es la más reciente, pero durante décadas, la discusión se dividió en dos bandos: Pelé o Maradona.
El documental Pelé, si bien cae dentro de algunos convencionalismos típicos de Netflix como el abuso de la exposición y del didactismo (como sucede también con Higuita y tantos otros documentales deportivos de la plataforma), es profundamente ilustrativo sobre el complejo contexto sociopolítico y económico que vio a Edson Arantes do Nascimento ascender a una de las grandes leyendas del futbol no solo brasileño, sino mundial.
En la otra esquina suele estar el argentino Diego Armando Maradona, polémico dentro y fuera de la cancha, tanto en activo como ya retirado. Han habido varias producciones sobre su vida y hazañas futbolísticas, pero uno de los mejores—a pesar de sus fallas—es Maradona por Kusturica, realizado por el mismo director premiado con la Palma de Oro de Cannes por Underground.
Aunque por momentos peca de idolatría ciega hacia su sujeto, el documental consigue algo que se dice fácil: capturar la importancia de un ídolo para las masas, en un país donde el balompié puede llegar a ser la única salida—real o como entretenimiento—de la miseria. El futbol aquí, pues, se convierte en un asunto no sólo deportivo, sino de clase social y política.
Déjenselo a los argentinos hacer Metegol, una de las películas más emotivas sobre el futbol, que además habla del verdadero espíritu y pasión por este deporte, y que no necesita de las enormes canchas y grandes glorias para ser auténticos.
La película sigue a Amadeo, un talentoso jugador de futbolito (o metegol, como dicen los argentinos), que debe ascender a la ocasión cuando Grosso regresa a su pueblo luego de convertirse en el mejor futbolista del planeta, con la gran idea de negocio de destruirlo todo y construir un estadio. Para enfrentarlo, Amadeo tendrá la ayuda de sus amigos más antiguos: los jugadores de la mesa de futbolito que cobran vida (cual Toy Story), quienes lo ayudarán a convertirse en el hombre que necesita ser para el reto. Porque al final, el fútbol no debería ser sobre el negocio y el ego, sino por divertirse y estar juntos en comunidad.


























