
‘Stranger Things’ y otros 6 finales de televisión odiados por los fans
Con su quinta temporada, Stranger Things llegó a su final y, como todo fenómeno de la cultura pop, se enfrentó a la imposibilidad de darle gusto a todos. Algunos amaron el final de la serie creada por los hermanos Matt y Ross Duffer, pero muchos también lo odiaron por diversos motivos.
Es algo que suele suceder con producciones de mitologías tan complejas y entrelazadas como grandes son sus fandoms, así que no será la primera ni la última serie televisiva que emocione a algunos y desilusione a otros. Por ello, aquí te recordamos otros 6 finales de la televisión odiados por los fans, incluyendo Stranger Things pero yendo mucho más allá.
Casi una década de desarrollo y una mitología que se expandía tanto como su elenco con cada nueva entrega, dejaron a Stranger Things con una consigna imposible para su última temporada: entregar algo aún novedoso, pero que también concluyera la narrativa con desenlaces satisfactorios para sus casi dos decenas de personajes, con las expectativas del fandom por los cielos gracias a innumerables teorías generadas y debatidas en internet. Demasiadas pelotas en el aire para malabarear, y demasiados cabos sueltos que atar.
Con todo y su metraje por encima de las dos horas, el final se sintió apresurado y, a la vez, simplón para la compleja red de acontecimientos, personajes y mitología que habían sido introducidos hasta la temporada 4. Tal ha sido el caso que incluso varios fans surgieron con la teoría de Conformity Gate, afirmando que el episodio final era falso y que la conclusión auténtica llegaría por sorpresa el 7 de enero de 2026. Un nivel de gimnasia mental admirable que, esperemos, encuentre algo de consuelo con el inminente spin-off.
Aunque divisivo, el final de Stranger Things no ha sido el que mayor indignación provocó en años recientes, distinción que le pertenece a Game of Thrones con su polémica octava temporada, que con menos episodios que las anteriores apuró la conclusión de la historia.
Y no es como que no se viera venir que varios de los personajes, como Jon (Kit Harington) y Daenerys (Emilia Clarke), terminarían exactamente donde lo hicieron, pero sin el material del autor George R.R. Martin como referencia—la serie se adelantó a los libros que adapta—, la producción de David Benioff y D.B. Weiss optó por tomar atajos. El resultado, aunque congruente con lo que se fue sembrando, se sintió más brusco que justificado. Sin embargo, los fans no han abandonado el mundo de Canción de hielo y fuego, con el spin-off de La casa del dragón aún en curso, y uno más en camino con El caballero de los Siete reinos.
Las sitcoms (comedias de situación) tampoco están exentas de despertar fuertes pasiones con sus conclusiones, y aunque difícilmente le dan gusto a todos (tanto Friends como Seinfeld también pueden dar cuenta de ello), pocas han indignado tanto como el final de Cómo conocí a tu madre (How I Met Your Mother).
Las nueve temporadas de la serie se construyen sobre la narración que Ted Mosby en el futuro (con voz de Bob Saget narrando en retrospectiva) hace a sus hijos sobre cómo conoció a la mujer que se convertiría en su esposa. ¿Y qué sucede en la novena temporada? La susodicha, Tracy (Cristin Milioti), es introducida por algunos episodios (la gran revelación de toda la serie), sólo para que se nos explique que murió de cáncer años después. El punto: que Ted (Josh Radnor) pudiera justificar su regreso con Robin (Cobie Smulders), su novia intermitente durante décadas.
Quizá más que ninguna otra serie en este listado, Perdidos (Lost) despertó un nivel histérico de obsesión por parte de sus fans, en un tiempo pre-Netflix en el que las series estrenaban episodios semanalmente e incluso podían pasar muchos meses (si no es que años) entre una temporada y otra.
Y la serie cocreada por Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof es, quizá, un ejemplo paradigmático de que difícilmente se le podrá dar gusto a un fandom tan intensamente dedicado, que tejió complejas teorías sobre lo que realmente sucedió a los sobrevivientes del vuelo 815 en la isla. La respuesta terminó siendo bastante más simple de lo que su compleja trama y estructura—rebosante de personajes y saltos en el tiempo—parecía prometer.
Otra serie producto de un tiempo en el que las series eran creadas y consumidas a un ritmo mucho más pausado, y en el que la fascinación por polémicos antihéroes—sobre todo en la forma de criminales, como Los Soprano o Breaking Bad—estaba en su auge. Dexter, sin embargo, tuvo un final tan mal recibido que casi se convirtió en moneda de cambio para hablar de finales de televisión odiados por incongruentes o ridículos.
Pocos de sus fans nos dejarán mentir si decimos que la serie había ido en declive desde varios años antes de su conclusión, desvirtuando la narrativa sobre el protagonista homónimo (Michael C. Hall), técnico forense de Miami durante el día y asesino justiciero por la noche. El final, más propio de telenovela, lo vio fingir su muerte y mudarse a Oregon bajo la identidad de un leñador (con desenlaces igual de polémicos y absurdos para otros personajes). Por fortuna, la serie tuvo dos revivals, Dexter: New Blood y Dexter: Resurrección que han permitido a Hall y compañía cerrar la historia del personaje con mayor coherencia. Y dignidad.
Dos hombres y medio (Two and a Half Men) es un ejemplo paradigmático de una sitcom que se mantiene por más tiempo del debido, sobre todo después de polémicas detrás de cámaras. El comportamiento errático de su (igualmente polémica) estrella, Charlie Sheen, así como su ingreso a rehabilitación y comentarios que hizo sobre el creador de la serie, Chuck Lorre, condujo a su despido en la octava temporada, con Ashton Kutcher como su reemplazo en un nuevo papel.
Dentro de la serie, la ausencia de Charlie fue explicada como un asesinato por parte de su exnovia psicópata, Rose (Melanie Lynskey), una decisión creativa que fue revertida cerca del final. La muerte de Charlie habría sido fingida por ella, para después manipularlo y convertirlo en un psicópata también. El episodio final concluye con Charlie regresando a casa, sólo para morir cuando un piano le cae encima, escena seguida por el propio Lorre apareciendo a cámara para burlarse de Sheen. Una serie que debió acabar unas ocho temporadas atrás y que, hoy en día, pocos extrañan.
No vamos a discutir que la serie creada por Amy Sherman-Palladino está repleta de personajes complejos, contradictorios pero repletos de encanto. Sin embargo, lo frustrante con el final de Gilmore Girls fue que, sobre todo en lo concerniente a Rory (Alexis Bledel), dejando muchos cabos sueltos en sus relaciones, particularmente con su madre, Lorelai (Lauren Graham).
Y pocas series tienen la distinción de brindar no uno, sino dos finales decepcionantes. Y el revival Gilmore Girls: Un nuevo año (Gilmore Girls: A Year in the Life) fue más que decepcionante, pues provocó indignación al mostrar una regresión total de Rory a una niña malcriada, condenada a repetir los errores de su madre, sólo que peor. Lo bueno es que Sherman-Palladino hizo las cosas mucho mejor con La maravillosa Sra. Maisel.
































