
Eli Roth: todas sus películas de terror, rankeadas por nivel de miedo
Aunque Eli Roth ha dirigido películas de diversos géneros—e incluso actuado en otras, como Bastardos sin gloria—, es innegable que su popularidad como cineasta está en el género de terror. Y con el nuevo tráiler de El heladero (Ice Cream Man), vuelve a estar en la conversación tanto de fans como detractores, quienes critican su inclinación por el shock híper violento fácil.
Sin embargo, su filmografía es un poco más diversa de lo que podría pensarse en primera instancia con Hostal, por ejemplo, e incluso ha presentado propuestas de terror para niños. A continuación, recorremos las películas de terror de Eli Roth y las rankeamos por el nivel de miedo que provocan.
Si somos claros, Lado oscuro del deseo (Knock Knock) se queda a nada de no contar como una película de terror, pues aunque tiene algunos elementos de home invasion (piensa en La noche de la expiación), está más construida como uno de aquellos thrillers eróticos de los años 80 y 90 (Atracción fatal, por ejemplo).
En realidad es un remake de Las sádicas (Death Game), protagonizado por Keanu Reeves en un registro muy distinto al usual, en una historia sobre un hombre casado que es inesperadamente visitado por dos chicas (Ana de Armas y Lorenza Izzo) dispuestas a seducirle y destrozar su vida perfecta. Fiel a la tradición de los thrillers eróticos de su tipo, verás que nada es tan limpio como parece, y que el personaje de Reeves obtiene más que su merecido. Dicho esto, fácilmente podemos decir que es una de las peores películas de Roth, de terror o no.
Basada en un libro de John Bellairs de 1973, La casa con un reloj en sus paredes (The House with a Clock in Its Walls) es tanto una demostración de que el terror no tiene que reducirse al gore y ser apto para toda la familia, como de que Eli Roth tiene la versatilidad para abordar el género desde este ángulo. Eso, incluso si el resultado no es la propuesta más sólida de su tipo (nos parece mejor Lemony Snicket, una serie de eventos desafortunados o, claro, Las brujas).
Más inclinada hacia el humor y la fantasía que el terror puro y duro, la película sigue a un chico, Lewis (Owen Vaccaro), que tras quedar huérfano se muda a la extraña casa de su tío (Jack Black), quien es secretamente un mago. Pronto, su vida es puesta de cabeza cuando descubre que en su entorno hay brujas y demonios.
La doble función conocida como Grindhouse (Planeta terror de Robert Rodriguez y A prueba de muerte de Quentin Tarantino) venía con varios tráilers de películas falsas. Uno de ellos, dirigido por Eli Roth, cobraría forma de largometraje hasta 2023: Viernes negro (Thanksgiving).
En realidad, se trata de un slasher ejecutado por Roth, lo que significa que hay chorros de sangre garantizados. No rompe ninguna de las reglas canonizadas por los clásicos, La masacre de Texas y Halloween—la acción se traslada a Massachusetts—, pero se trata de un slasher muy divertido y efectivo.
Dato curioso e importante para el contexto: Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust) de Ruggero Deodato, estrenada en el auge de las películas italianas de canibalismo en los 70 y 80, hacía referencia a una película ficticia dentro de sí misma, titulada The Green Inferno.
Resulta obvio que la película de Deodato sea la inspiración más obvia para Caníbales (The Green Inferno), que si bien no pretende ser la “película dentro de la película”, sí toma toda su influencia y la traslada al siglo XXI para contar la historia de una joven universitaria (Lorenza Izzo) que se embarca en un viaje de activismo al otro lado del océano, sólo para caer en manos de una tribu caníbal. La película fue criticada por sus estereotipos raciales, pero más allá de ser genuinamente perturbadora dada su temática, tiene otro aspecto valioso: fue casi profética en sus críticas al “activismo de sillón” y performativo a través de las redes sociales. Conceptualmente hablando, es la película más ambiciosa de Roth.
Las secuelas de terror suelen, casi siempre, generar menos dividendos tanto creativamente como en taquilla, y Hostal: parte II (Hostel: Part II) no fue la excepción a la regla.
Ahora con un elenco femenino (liderado por Lauren German), la secuela se sitúa inmediatamente después de la primera para ofrecer otro maratón de violencia extrema, inspirada en los videos snuff, de la que son víctimas un grupo de turistas en algún rincón de Eslovaquia. Para este punto, Roth no parece tener mucho que decir sobre la violencia—más allá de usarla como comentario sobre la depredación de los ricos—, pero se regodea en ella para ofrecer un espectáculo depravado sólo apto para fans de la contemporánea saga de Saw. Por fortuna, no se ha extendido tanto como ésta.
Podrá no ser la primera película de terror de Eli Roth, pero Hostal (Hostel) sin duda es la que le generó su reputación—para bien y para mal—como parte del polémico Splat Pack, una generación de cineastas conocidos por sus películas de terror de bajos presupuestos y violencia extrema—otros miembros incluyen a James Wan (Juego macabro), Rob Zombie (La casa de los 1000 cuerpos) y Alexandre Aja (El despertar del miedo), entre otros.
La trama es bien conocida: un grupo de jóvenes amigos de mochilazo por Europa caen en la seductora trampa de algunas chicas eslovacas, y se convierten en víctimas de tipos ricos que pagan cuantiosas sumas de dinero para torturar, mutilar y matar a otras personas. Las películas de Hostal de Roth han sido leídas por algunos como un comentario social sobre la depredación y el consumismo sin límites, aunque si quieres ver un discurso mejor construido al respecto, puedes buscar también La frontera del miedo.
El largometraje debut de Eli Roth como director se mantiene como el rey de su filmografía. No sólo tiene el encanto de una película realizada con bajo presupuesto pero con mucha pasión y visión, sino que en este último rubro, el cineasta demuestra que entiende lo que es el verdadero horror: no hay un monstruo, un asesino suelto ni una amenaza sobrenatural. Es body horror puro, con el cuerpo y su propia fragilidad como enemigos y fuente del horror al mismo tiempo.
Cabin Fever podría ser descrita, en esencia, la hija degenerada de Contagio con La cosa del otro mundo, pues sigue a cinco amigos que rentan una cabaña remota para vacacionar, donde entran en contacto, sin saberlo, con un patógeno que devora su piel rápidamente. Conforme experimentan la decadencia de sus propios cuerpos, cada uno toma decisiones cada vez más desesperadas—y violentas—para aferrarse a la vida.





























