Con el declive de los superhéroes, ¿es hoy el terror el género más popular de Hollywood?

Con el declive de los superhéroes, ¿es hoy el terror el género más popular de Hollywood?

Jorge Casanueva (Jorge Loser)
Jorge Casanueva (Jorge Loser)

Publicado el12 de mayo de 2026

Actualizado el12 de mayo de 2026

Hablar del “agotamiento de los superhéroes” resulta ya casi tan agotador en sí mismo como la avalancha de películas y series del género, pero los datos están ahí. El mismo mercado que durante más de una década elevó a los Vengadores a la categoría de religión lleva varios años viendo cómo esas cifras se erosionan, mientras otro género, uno que parece que nunca muere, acumula récords.

El terror, viejo como el cine mismo, es barato comparado con cualquier blockbuster de efectos digitales, pero se encuentra en un momento de creatividad que lleva varios años consecutivos sorprendiendo. Vamos contrastar números, repasar los nombres implicados, y las razones por las que 2026 podría ser el punto de no retorno del terror como género dominante de Hollywood.

Números que más le vale a los superhéroes no ignorar

En 2025, según datos de Deadline, el terror batió su récord histórico de recaudación en Estados Unidos, superando los 1.220 millones de dólares y desbancando al anterior récord de 2017. Y eso sin contar los últimos meses del año. El arranque de 2026 ha continuado esa inercia de forma curiosa: en el primer trimestre, cuatro de las cinco películas más taquilleras en Estados Unidos eran de terror. Primate (2026), Send Help (2026), 28 años después: El templo de los huesos (2026) e Iron Lung (2026) llegaron a ocupar simultáneamente los cuatro primeros puestos del box office doméstico. Aunque hay puntualizar, porque en total no suman lo que lleva cierta película de ciencia ficción con Ryan Gosling.

Pero hay que entender todos estos números a escala. Ninguna película del MCU ni del DCU superó los 350 millones en USA in 2025, algo que habría resultado impensable en 2019. Mientras tanto, Los pecadores (2025), de Ryan Coogler, recaudó más de 370 millones globales con un presupuesto de entre 90 y 100 millones, ganó cuatro Globos de Oro incluyendo Mejor película dramática, y fue la película más debatida del año en prácticamente todos los medios anglófonos. Luego llegó Weapons *(2025), el segundo film de Zach Cregger—el mismo de Barbarian (2022)—, que desencadenó un fenómeno de análisis en redes poco común estos días para una película que no venía de ninguna franquicia establecida. Que ambas llegasen nominadas a los Óscar—Los pecadores con 16 candidaturas, incluyendo Mejor película y dirección—no es un dato baladí. El terror rara vez llegaba a generar esa conversación, y ahora la lidera.

La ventaja estructural del género es conocida: las películas de terror cuestan una fracción de lo que vale una superproducción con trajes de licra y batallas en pantalla verde. El retorno de inversión puede ser extraordinario. La saga de Expediente Warren (2013–) superó los 2.000 millones de dólares acumulados con presupuestos que raramente superaron los 40 millones por entrega. Terrifier 2 (2022) recaudó más de 15 veces su presupuesto. Déjame salir (2017) multiplicó por 50 su inversión inicial de 4,5 millones. El umbral para que una película de terror sea rentable es infinitamente más bajo que para cualquier aventura de superhéroes, lo que convierte cada estreno en una apuesta mucho más manejable para los estudios. Cuando falla, duele menos. Cuando funciona—como en los últimos dos años—los márgenes son espectaculares.

Lo que sí persiste es la dependencia a la marca. Scream 7 (2026) ha sacado 213 millones globales sobre un presupuesto de 45. Pero no todas han funcionado igual, por ejemplo, la incomprendida Return to Silent Hill *(2026), con décadas de reconocimiento de marca y un estreno en más de 2.000 salas, apenas llegó a 47 millones globales, debidos en parte a una mala distribución, aunque no es tan mal dato para sus 20 de presupuesto. Y otro caso con peros es 28 años después: El templo de los huesos, la secuela de Alex Garland y Nia DaCosta con Ralph Fiennes, fue un triumpho artístico y de crítica, pero no recuperó su presupuesto en salas, lo que demuestra que no siempre la ambición autoral garantiza la taquilla. También influye este año la saturación de títulos. Pocas veces se recuerda una era dorada de este calibre, pero unas pasarán bajo el radas y solo unas cuantas serán pelotazos.

Cómo se ha democratizado el terror: de Blumhouse a los YouTubers

El otro gran cambio de los últimos años es quién está haciendo terror, y desde dónde. Blumhouse lleva más de una década siendo la fábrica más eficiente del género, con un modelo de bajo presupuesto y control creativo que ha dado lugar a algunas de las películas más rentables de la historia reciente, desde Déjame salir hasta Megan (2023). Pero en 2025 y 2026 el mapa se ha diversificado de una forma que ni siquiera los estudios están viendo venir. Iron Lung, dirigida por el YouTuber Markiplier, con un presupuesto de tres millones de dólares, recaudó casi 50 millones en todo el mundo, un ratio de retorno de más de 16 veces su coste, saltándose todos los canales de pantallas y marketing tradicionales.

No es tampoco el único caso: en 2025, las dos películas de los hermanos Philippou— Háblame (2023) y Devuélvemela (2025)—, directores nacidos en YouTube con su canal RackaRacka, demostraron que hay un circuito de creadores que pueden conectar con el público del terror sin pasar por el sistema tradicional de desarrollo de Hollywood. Y la conexión con la industria viene con A24 y su Backrooms (2026), dirigida por Kane Parsons—cuyo canal Kane Pixels acumula casi tres millones de suscriptores y generó el concepto original que la película adapta—, y parece que va a ser un bombazo de taquilla en un mes de mayo, de nuevo plagado de títulos. Hay algo irónico en que sea el terror—el género que durante décadas fue considerado lo más bajo de la escala de prestigio cinematográfico—el que está liderando esta “democratización” del acceso a la industria.

Y luego está la capa del terror de autor que ya no es nicho. Robert Eggers, con Nosferatu (2024), demostró que una película de terror de época con algunos diálogos en alemán antiguo podía superar los 170 millones globales. Ari Aster, Ti West—al que hemos visto recientemente dirigir La maldición de Widow's Bay (2026), apuesta de Apple TV por el género en televisión—, y Mike Flanagan en televisión han consolidado un espacio donde el terror está al mismo nivel que otras ambiciones dramáticas. La narrativa de que el terror solo funciona con jump scares para adolescentes lleva años siendo descartada y los Óscar la han ayudado a enterrar definitivamente, también con Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro llevándose 3 estatuillas.

Y de vuelta a las secuelas, las franquicias clásicas también han renovado su contrato con el público.Posesión infernal: El despertar (2023) de Lee Cronin multiplicó casi por diez su presupuesto en taquilla y abrió la puerta a una nueva filosofía para la saga: un director diferente por entrega, cada uno con su propia visión. Ahora viene Posesión Infernal: en llamas (julio 2026), dirigida por Sébastien Vaniček—el director de Vermin, la plaga (2023)—, con Sam Raimi y Bruce Campbell produciendo. El tráiler es una declaración de intenciones sobre el tipo de cine que los estudios están dispuestos a apoyar cuando el género ha demostrado que da dinero, sin necesitar disculparse por su brutalidad. Y el éxito masivo de la muy burra Destino final: Lazos de sangre (2025), y sus 317 millones, lo confirma y explica mejor que ninguna.

Por qué el terror conecta con el momento actual

La cuestión de fondo que no puede explicarse con números solos es ¿por qué ahora, con esta intensidad? Y aquí siempre recurrimos a la sociología del cine y cómo el terror siempre ha funcionado como espejo de las ansiedades colectivas de su época. Las películas de monstruos de los años 50 reflejaban el miedo nuclear y el comunismo. Los slashers de los 70 y 80 codificaban las tensiones sociales de la posguerra de Vietnam. El "terror elevado" de la segunda mitad de los 2010—Hereditary (2018), Midsommar (2019), o El hombre invisible (2020)—procesaba traumas individuales con una “cortina” de demonios, violencia o fantasía que  el drama convencional no puede usar.

Los pecadores o Weapons no son películas que pasen de puntillas sobre lo que está ocurriendo. La primera usa los vampiros para representar las fuerzas históricas que han destruido las comunidades afroamericanas en el sur de Estados Unidos, pero la realidad del racismo sistémico se refleja en la realidad con las fuerzas del ICE aterrorizando Minessotta. La segunda convierte la desaparición masiva de niños en un análisis de cómo la sociedad suburbana procesa, o no procesa, el horror colectivo—con referencias explícitas a los tiroteos escolares y al fracaso del sueño americano de posguerra—. Son películas que tienen sátira y subtexto dentro de un momento cultural de desconfianza generalizada hacia las instituciones, hacia las reglas.

El MCU y el DCU construyeron su dominio sobre una promesa de escapismo limpio, conflictos morales nítidos, y resoluciones satisfactorias. En un momento de incertidumbre social, en donde empieza a reinar la desinformación, la polarización extrema, o el colapso de certezas que parecían sólidas, ese tipo de escapismo fácil resulta es un tanto ingenuo para una parte creciente del público. El terror es nos muestra que lo malo es real y no siempre se puede derrotar, es una catarsis a veces tosca, pero por algún motivo sirve de “alivio”. Cuando acabó el 11-S, los estudios querían películas bonitas y suaves, pero la realidad y la rabia se impuso en la pantalla y llegaron cosas como Saw *(2004), Hostel* (2005) o Las colinas tienen ojos (2006), la barbarie en pantalla como termómetro de la crueldad en la vida real.

Hacia dónde vamos en 2026

Estamos todavía quitándonos el pringue de encima de La momia de Lee Cronin *(2026) y Te van a matar (2026), que confirman que una de las grandes tendencias este año es la influencia de Sam Raimi, que además de Send Help tiene su propia secuela preparada, Posesión Infernal: en llamas, lo que le covierte, con cuatro títulos con su estilo, en casi un subgénero en sí mismo este año. Una tendencia que reafirma la afinidad por lo grotesco visto de forma festiva que ha demostrado el éxito masivo y mainstream tanto de IT: Bienvenidos a Derry (2025-), como La sustancia (2024). Ya no hay miedo a la víscera, pero tampoco es la única tendencia.

Lo que viene en los próximos meses confirma que la industria ha tomado nota de forma estructural de una “necesidad” coyuntural que tiene muchas ramificaciones y una constante: la diversidad. Además de películas que aspiran a ser sorpresas como Hokum (2026) o Passenger (2026), que reinciden en los terrenos sobrenaturales, lo gótico y la prevalencia de la atmósfera, el cine busca los movimientos de vanguardia que derivan del analog horror, ya sea con una presence mayor que nunca del Found Footage, con la esperada Hunting Matthew Nichols (2026), o su rama de espacios liminales, donde tendremos Backrooms, que viene con asesoramiento de Oz Perkins, otro de los nombres propios que ha llevado Longlegs *(2025) a ser integrada en la cultura pop.

En el apartado de prestigio y festivales, Cannes espera la llegada de Teenage Sex and Death at Camp Miasma (2026), lo nuevo de la reina del “horror homeopático”— ese tipo de película donde las escenas de miedo o intensas brillan por su ausencia—, Leviticus (2026), con la importancia del horror queer, o Insaciable (2026), lo nuevo de la directora de Relic (2020) en la onda expansiva de Coralie Fargeat, pero no nos preocupemos, que la taquilla ya va preparando para la llegada de Insidious: Fuera del más allá (2026) y Resident Evil (2016) de Zach Cregger, cuyos tráilers han dejado muy buenas impresiones. Por su parte, Robert Eggers estrena Werwulf (2026) en Navidad, un drama de época con hombre lobo.

Aunque quizá la muestra de todo lo que hemos estado dilucidando se resume en Clayface (2026): body horror para adultos dentro del universo DC, y con guion de Mike Flanagan, la mejor confirmación posible de que incluso los productores del cine de superhéroes han llegado a la conclusión de que, para mantenerse relevantes, deben tomar prestado algo del género que le está comiendo la tostada desde que nos quitamos las mascarillas. Tal momento de explosión solo tiene un pero, quizá la avalancha es tan desproporcionada que acaben asfixiando a la gallina de los huevos de oro, cuidado que los tipos con capa también sufrieron las consecuencias de la sobreproducción.

Cuando todos los alumnos de una misma clase, salvo uno, desaparecen misteriosamente la misma noche y exactamente a la misma hora, la pequeña ciudad donde viven se pregunta quién o qué está detrás de su desaparición.

Acerca de esta lista

Títulos

1

Costo total de visualización

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Duración total

2h 8min

Géneros

Terror

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