
Peter Jackson y por qué todo cineasta debería empezar haciendo este tipo de película
Desde Mal gusto (1987), ciencia-ficción hecha con un total de cero duros y repeliendo cualquier noción de ética o estética, hasta la nueva trilogía de El Hobbit (2012), una maraña de efectos especiales digitales que recuerda todas las posibilidades y los defectos de la industria mainstream, Peter Jackson ha hecho el cine que a él le gustaba. Por fortuna, ha sido un cine que ha gustado, por regla general, a todo el mundo.
En el Festival de Cannes, donde recibía la Palma de Oro honorífica, el cineasta kiwi repasaba su carrera y daba un consejo para cualquier cineasta en ciernes. El secreto de la receta que te permite pasar de emular el fin del mundo en el patio trasero de tus padres para recabar el aplauso de la crítica (Criaturas celestiales, 1994), “los dineros” del público y trece óscares por el camino (El señor de los anillos: El retorno del rey, 2003).
Mucha atención a sus palabras.
Por qué todo el mundo debería empezar con el terror
Aunque lo tuyo sean los dramas de época, debes empezar dirigiendo terror: “El terror es un camino natural para que un director joven haga su ópera prima, básicamente porque cuando no tienes dinero es muy difícil acceder a actores profesionales, y a veces ni siquiera puedes conseguir un guion digno. Con una película de terror, es perfectamente posible rodar sin guion y sin ningún estatus en la industria”.
Conocemos bien el éxito de Posesión infernal (1981), el debut de Sam Raimi. Con apenas veinte años, Raimi reunió a su grupo de amigos en una cabaña abandonada en mitad de los bosques de Tennessee. El presupuesto era tan ridículo que fabricaban la sangre artificial usando sirope de maíz y colorante alimentario. Al carecer de grúas profesionales, inventaron la técnica de la shaky cam: ataban la cámara a un tablón de madera y corrían sosteniéndola. Pero sin esta crudeza, uno, no habríamos conocido nunca a Ash; y dos, Posesión infernal hubiera sido profundamente aburrida.
El terror te garantiza el impacto. Puedes no tener un gran guion, o ni siquiera “un guion digno”, que un estallido de violencia hará lo suyo: “Si eres gore, y cuanto más gore seas, más impactará tu película, aunque carezca de otras cosas. El terror puede provocar impacto, o sorpresa, y a la vez es muy divertido”, explicaba Jackson, que se divirtió de lo lindo “cineando” de guerrilla en Mal gusto (1987).
Continuaba explicando en Cannes: “En la época de Mal gusto, yo acuñé el término “slapstick” (splatter + slapstick). Era como una película de Buster Keaton, pero con sangre y tripas; ese tipo de humor visual de las viejas comedias físicas, pero en splatter”. Esta filosofía del “hazlo tú mismo”, nacida originalmente horneando prótesis de látex en la cocina familiar, sembró el germen de lo que más tarde se convertiría en Weta Workshop, el titán de los efectos especiales que redefiniría el cine actual.
Peter Jackson y por qué dirigir terror te hace mejor cineasta
Además, el terror pide que lo calibres con cuidado: “Cuando tus personajes están despedazando zombis, llega un punto en el que tienes que aderezarlo para que no caiga en el absurdo. Y eso está bien”. Está bien, y resulta esencial para cualquier director. “Cuando estaba haciendo Mal gusto, vivía obsesionado con Re-Animator (1985) de Stuart Gordon y con El regreso de los muertos vivientes (1985). Las veía una y otra vez e intentaba hacer la mía propia. Como cualquier artista, eres el resultado de las influencias que has tenido y creo que eso ocurre en especial con el cine de terror”.
Fijaos en cómo convergen los orígenes de Peter Jackson y los del equivalente hispano de esa pasión por los monstruos y el látex. Antes de ganar el Óscar, Guillermo Del Toro empezó en México fundando su propia compañía de efectos especiales (Necropia), porque nadie en su país hacía el tipo de cine que él quería ver. Su ópera prima, Cronos (1993), se financió a duras penas, del bolsillo propio y vendiendo lo que tenía, pero desbordaba el mismo amor puro por el terror artesanal que obsesiona a Jackson y a Raimi.
Ahora pensad en lo divergentes que han sido los caminos de Del Toro, de Jackson y de Raimi: puedes empezar en el terror pero irte lejos, lejos. Mira a James Wan, quien creó escuela y cambió el rumbo del terror en los dosmil con Saw. Juego macabro (2004), una película que rodó en apenas 18 días con un presupuesto ridículo. Aun haberse consagrado en el gore, sus grandes éxitos comerciales como Fast & Furious 7 (2015) o Aquaman (2018) no tienen nada que ver con el susto.







