
Cada monstruo de ‘La Odisea’, explicado
Atención, spoilers ligeros de La Odisea (2026) de Christopher Nolan, así como del poema de Homero. En serio, leedlo y ahorraos el chasco.
Imaginad vivir en la antigua Grecia. Cómo sería mirar las oscuras olas del mar, al que se lanzaban una y otra vez los mercaderes que querían ganarse el pan en el Mediterráneo. Terror, fascinación y fuente de advertencia moral. Recordemos que, como subrayamos en nuestra guía de películas que han adaptado La Odisea sin parecerlo, el poema de Homero era en esencia una historia sobre los valores del buen ciudadano: el deber matrimonial y patriótico alrededor del volver a casa.
Así que los monstruos, al contrario de las aventurillas jasónicas de series como One Piece (1999) y compañía, aquí servían de amonestación: un ejemplo de cómo cuidar de la comunidad, cómo ser un buen anfitrión y respetar a los dioses y a la familia; en resumen, todo lo que para la Polis significaba ser alguien “civilizado”. Por eso, todos los monstruos o bien son bárbaros, o bien son una fuente salvaje de atracción.
¿Pero de qué monstruos estamos hablando? Christopher Nolan dedica muy poco tiempo a contextualizar cada uno de ellos, por suerte (la película ya le dura tres horas). Eso sí, vivimos la fascinación y el terror por igual, no en vano para crearlos Nolan acudió directamente a la ayuda de Guillermo del Toro, el maestro de El laberinto del fauno (2006). Hoy, en JustWatch, te damos todo el contexto que en la película no tuviste sobre todas las criaturas monstruosas que pueblan los rincones de La Odisea.
El cíclope Polifemo

Polifemo es un gigante de un solo ojo –veréis que en la película bastante cercano al Saturno devorando a sus hijos de Goya o incluso a Doug Jones en La forma del agua (2017)– descrito en la Odisea como una criatura brutal e incivilizada que devora a varios de los hombres de Odiseo antes de que el héroe logre burlarlo y escapar. Cuando Odiseo y sus hombres llegan a la isla donde reside, entran en su cueva con la intención de robar su comida. Polifemo regresa y los atrapa dentro, para comérselos como castigo por sus transgresiones.
Entonces, en la obra original, Odiseo idea un plan para emborrachar a Polifemo y cegarlo clavándole una estaca caliente en el ojo tan pronto como caiga en un sueño profundo. En el poema, además, Polifemo comparte isla con varios semejantes; es decir, es un ser que vive en sociedad y, digo yo, tendrá amigos.
Dato curioso: Polifemo es interpretado por Bill Irwin, quien también puso voz a TARS en Interestellar (2014). De lo más avanzado a lo más primitivo, porque el único ojo de Polifemo es signo de falta de astucia e ingenio: cuando Polifemo pregunta a Odiseo y a sus hombres por sus nombres, Odiseo miente y le dice que se llama “Nadie”. Más tarde, esto resulta ser una táctica muy inteligente, ya que cuando Odiseo ciega a Polifemo y los demás cíclopes escuchan sus gritos de auxilio, Polifemo les dice que “Nadie” le ha hecho daño, lo que les lleva a creer que está ileso.
Las sirenas

Si Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003) nos ha enseñado algo, es que cualquier buena película de fantasía que cuente con una tripulación navegando por los mares está destinada a toparse con sirenas. En la mitología griega, las sirenas son atractivas criaturas marinas mitad pájaro, mitad mujer, que utilizan sus seductoras voces para atraer a los marineros hacia la muerte. Se dice que sus voces son tan cautivadoras que los marineros quedan hipnotizados e incapaces de resistirse a su llamada, lo que los lleva a la muerte al estrellar sus barcos contra las costas rocosas.
Ya sabes cómo va: para evitar sucumbir a su canto, Odiseo ordena a sus hombres que se taponen los oídos con cera de abeja y lo aten al mástil del barco. De este modo, puede experimentar la belleza de su canto sin ser atraído hacia ellas. En la película, sin embargo, Nolan añade una buenísima iteración, una particular: las sirenas no sólo proyectan con sus cantos la belleza más absoluta, sino también lo más aterrador. El vértigo es, por lo tanto, doble.
Escila y Caribdis

Dice el poema épico que Escila es un monstruo marino con doce patas parecidas a tentáculos y seis cabezas, cada una con tres hileras de afilados dientes. Vive en un estrecho canal de agua frente al remolino de Caribdis. Se dice que habita en una cueva en un acantilado rocoso con vistas al mar, y su presencia hace peligroso el paso de los barcos por este estrecho. Por su parte, Caribdis es descrita como un enorme remolino que succiona todo a su alrededor, una fuerza de la naturaleza sin forma física ni personalidad. Pocos remolinos iguales hemos visto en la historia del cine, quizás a excepción del de Viaje al centro de la Tierra (1959). Homero la describe con una “boca negra” que se traga barcos y hombres por igual.
La bruja Circe advierte a Odiseo del peligro de Escila, afirmando que debe elegir entre perder a seis miembros de su tripulación a manos de Escila o arriesgar todo el barco al pasar demasiado cerca del remolino de Caribdis. El dilema del tranvía, ante un personaje dividido entre el fin (volver a casa) y los medios (los soldados perdidos por el camino). No te digo qué elige, excepto que el resultado salpica.
El pueblo de los lestrigones

Sobre los lestrigones, película y original varían muchísimo. En el Canto X del poema, Odiseo y sus hombres desembarcan en la isla de Telépilo, hogar de un pueblo de gigantes caníbales. Los marineros son recibidos inicialmente por una princesa local, que los dirige a un puerto cercano donde serán emboscados por los lestrigones. Un dato: Nolan seguro tomó por referencia el pueblo de gigantes de hierro de El triunfo de Hércules (1964). Echadle un ojo.
Todo vuelve a ir mal, claro. Prácticamente invencibles, los gigantes devoran a muchos de los hombres de Odiseo y finalmente sólo el navío del héroe sobrevive. Mientras que en el poema es el primer gran obstáculo que la tripulación encuentra en su regreso, en la adaptación, sucede cuando la confianza sobre el liderazgo de Odiseo ha minado ya, y lo siguiente será el motín en la isla de Eea, ante Circe.
En lo simbólico, el episodio de los lestrigones es un claro ejemplo de la violación de la xenia o “ley de Zeus”, una obligación moral esencial que implica el respeto mutuo entre el anfitrión y el huésped, expresado a través de regalos, comida y refugio: Odiseo y sus hombres son atraídos bajo una falsa apariencia de hospitalidad antes de ser emboscados.













