
Esta sorprendente victoria en los Óscar de 2026 no se había producido en 14 años
Sorpresa en la noche del 15 de marzo. Kumail Nanjiani abrió el sobre de Mejor Cortometraje de Acción Real y, antes de pronunciar el primer nombre, hizo una pausa. “Es un empate. No es broma. Es un empate, de verdad”. Sam Davis, director de ‘The Singers’, subió al escenario diciendo “no sabía que eso podía pasar”. Conan O'Brien aprovechó el momento para soltar una de sus mejores chistes de la noche: “Solo quiero felicitar a los dos ganadores. Acaban de arruinar 22 millones de quinielas”.
Era el séptimo empate en los 98 años de historia de los premios de la Academia. El primero desde 2013 y el segundo en la misma categoría de cortometraje de acción real, que ya protagonizó otro en 1995. Repasemos todos los empates que ha producido la gala más longeva del cine, desde el primero y extrañísimo caso de 1932 hasta este séptimo que llegó sin avisar en la noche más importante del cine de 2026.
Los seis empates anteriores: del actor borracho a Bond y Bigelow
El primer empate de los Óscar tenía trampa. Era la quinta edición de los premios, (correspondiente a los años 1931 y 1932), y los actores Fredric March y Wallace Beery se tuvieron que partir el galardón al mejor actor. March ganó con toda justicia por su terrorífica doble interpretación en El hombre y el monstruo (1931), en la que se metía en la piel tanto del doctor Jekyll como del monstruoso señor Hyde. Beery ganó por El campeón (1931), donde interpretaba a un boxeador alcohólico intentando redimirse ante su hijo. La realidad es que no fue un empate exacto: March tenía un voto más que Beery. Pero las normas de la Academia en aquella época establecían que si un nominado quedaba a tres votos o menos del ganador, ambos recibían el premio. La regla ha desaparecido y ahora solo un empate exacto en votos lleva a dos ganadores.
Seguramente, el más olvidado de todos los ex aequo fue el segundo, que tuvo lugar en la 22ª edición, de 1950, en la categoría de cortometraje documental. A Chance to Live (1948) fue el primer ganador, hoy un título fantasma que apenas aparece en ninguna base de datos. El segundo fue So Much for So Little (1949), y fue producida por la Warner Bros., animada por el equipo de Chuck Jones —el padre del Correcaminos y Bugs Bunny—, que se encargó de resolver un encargo del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos, a modo de pieza de divulgación sanitaria sobre la mortalidad infantil. Un corto de información pública que décadas después se convirtió en meme recurrente en debates sobre sanidad.
El tercer caso tuvo lugar en 1969 y puede ser el más famoso de todos, o al menos el que la gente recuerda cuando se habla de “empate” en los Óscar. En la 41ª edición, Katharine Hepburn y Barbra Streisand fueron mencionadas a la vez en la categoría de mejor actriz. Hepburn ganó por El león en invierno (1968), en la que interpretaba a Leonor de Aquitania frente a Peter O'Toole. Fue su tercera estatuilla como actriz protagonista, un récord que ella misma rompería años después con En el estanque dorado (1981). Streisand ganó por Funny Girl (1968), su debut cinematográfico, donde interpretaba a la cómica Fanny Brice en un papel que había creado en Broadway. Ingrid Bergman presentó el premio, y el empleado de la gestoría que le entregó el sobre le susurró antes de salir al escenario: “Asegúrese de leer todo”, y Bergman lo entendió. Las dos obtuvieron exactamente 3.030 votos, la coincidencia más memorable de la historia de la Academia.
Entre documentales y más cortometrajes de ficción real
El empate de 1987 fue en documental de largo, categoría que tiene cierta tendencia histórica a resultados ajustados. Un dato que entonces resultó notorio fue que los dos documentales eran dirigidos por mujeres: Artie Shaw: Time Is All You've Got (1985), de Brigitte Berman documentaba el impacto humano de la política económica de Reagan, y Down and Out in America (1986), de Lee Grant, retrataba al célebre clarinetista de jazz que había comparecido ante el Comité de Actividades Antiamericanas durante la Guerra Fría. Oprah Winfrey fue quien presentó el galardón ganaron en la 59ª edición. El quinto empate llegó en 1995, en la 67ª edición, y es el que más resuena hoy porque uno de los films ganadores tuvo consecuencias que van mucho más allá del cine.
Los agraciados fueron Franz Kafka's It's a Wonderful Life (1993) y Trevor (1994), que empataron en la categoría de cortometraje de acción real. El primero, escrito y dirigido por Peter Capaldi—sí, sí, el mismo que interpretaría al duodécimo Doctor Who—, mezclaba el universo del escritor checo con la estructura de ¡Qué bello es vivir! (1946) y venía con dos BAFTA debajo del brazo. El segundo, dirigido por Peggy Rajski, fue más importante fuera de la pantalla. Trevor contaba la historia de un chico de 13 años que empieza a cuestionarse su propia identidad sexual y, por ello, sufre el rechazo de sus amigos y su familia. El filme se emitió en HBO y sus directores, al darse cuenta de que no existía ningún teléfono de ayuda para jóvenes LGBTQ+ en crisis, crearon uno. En 2023, The Trevor Project atendió nada menos que a más de 502.000 personas.
El sexto empate es el último antes del de 2026, que tuvo lugar en 2013, en la categoría de mejor edición de sonido, una categoría reabsorbida desde 2021 junto a la mezcla, y unificadas en un único premio. Fueron nada menos que Skyfall (2012) y La noche más oscura (2012) las que compartirían el galardón en la 85ª edición. Mark Wahlberg presentó el premio junto al famoso oso Ted de Seth MacFarlane para convertir a Skyfall, la entrega de 007 más aclamada de la era Daniel Craig, en la única entrega de la franquicia en ganar más de un Óscar: ya tenía el de la canción de Adele. El thriller de Kathryn Bigelow, sobre la caza de Bin Laden, se llevó su único premio de una noche en la que competía en cinco categorías.
Por qué el séptimo empate es histórico
‘The Singers’ (2025), dirigida por Sam A. Davis, narra la historia de un barman que harto de un cliente que intenta que los parroquianos le inviten a copas, le propone un concurso de canto: quien gane se lleva 100 dólares y las bebidas gratis. Lo que empieza como una apuesta de bar se convierte en una competición colectiva donde resulta que el único que no se atrevía a cantar es el que tiene la voz más extraordinaria del local.
Dos personas intercambiando saliva (2025), dirigida por Natalie Musteata y Alexandre Singh, es completamente distinto: una distopía francesa en la que el beso está prohibido y su castigo es la muerte. Dos mujeres jóvenes se enamoran e intentan besarse a escondidas. Musteata agradeció el premio con una frase que resume bien la película: “Gracias a la Academia por apoyar una película que es rara, queer, y hecha por una mayoría de mujeres”. Singh aprovechó para lo que muchos han visto que fue lanzar una pullita indirecta a Timothée Chalamet, que ese mes había declarado que “a nadie le importa” el ballet ni la ópera, diciendo que el arte puede “cambiar almas”.
Lo que convierte al séptimo empate en algo destacable es que es solo el séptimo en 98 galas, lo que ya de por sí lo hace excepcional. Es el primero en 14 años, el intervalo más largo entre empates desde los 19 años que separaron el de 1987 y el de 1995. Y es la segunda vez que la categoría de cortometraje de acción real produce un ex aequo, la única que lo ha conseguido dos veces. Con más de 10.000 votantes en la Academia, la probabilidad estadística de que dos obras obtengan exactamente el mismo número de votos en la ronda final es muy, muy, pequeña. Que ocurra en la categoría de cortometrajes no es casual: los pools de votantes son más reducidos en esta categoría, lo que hace que más probable el empate que en las categorías grandes.
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A Chance to Live































