
¿Qué es el remolino monstruoso de ‘La Odisea’? Te lo explicamos
Si vivías en la Grecia antigua, estabas obligado a rendir cuentas diarias con el Mediterráneo, un mar que podía ser cruel e incólume y que sigue siéndolo; como dan cuenta quienes llegan a nuestras costas. Para explicarlo, la mitología griega lo llenó de criaturas mortales. En La Odisea (2026) vemos una parte de este amplio repertorio de monstruos clásicos, pero Christopher Nolan no pierde un solo minuto explicando en qué consiste cada uno.
Así que puede que te quedaras con curiosidad por saber más, por ejemplo, del tremendo remolino que (casi) acaba con la tripulación de Odiseo, Caribdis. Relata Homero: “A la funesta Caribdis y a Escila, a quienes ningún hombre logró sortear jamás sin sufrir daño”. Odiseo lo sabe en sus propias carnes.
Qué es Caribdis y cuál es su origen

A Caribdis se la temía como a un pavoroso monstruo marino que desataba un gigantesco e insaciable remolino. Este vórtice tragaba sin piedad las aguas del estrecho de Mesina, justo frente a los escarpados acantilados donde acechaba Escila. En su origen, es muy probable que se concibiera a Caribdis como el daimon (una deidad menor) de las mareas. El propio Homero dejó por escrito cómo esta criatura se tragaba el mar y lo volvía a escupir tres veces al día; una fuerza colosal que, para los antiguos griegos, explicaba de forma sobrenatural el ciclo diario de pleamares y bajamares.
Los antiguos comentaristas de La Odisea nos dejaron varias explicaciones fascinantes sobre su origen. Una de estas tradiciones cuenta que era hija de Ponto (el Mar) y Gea (la Tierra), y que se dedicaba a asediar las costas, inundando la tierra firme con olas gigantescas. Furioso ante esta invasión, Zeus la capturó y la encadenó para siempre al fondo del mar. Otra versión muy distinta asegura que Caribdis era una mujer con un apetito voraz que cometió el error de robarle parte del ganado a Heracles. Como castigo, Zeus le lanzó un rayo que la precipitó directamente a las profundidades marinas. Sólo una de mil torturas nunca atestiguadas en Hércules (1997).
La leyenda caló tan hondo que los griegos incluso inventaron un verbo, ekcharubdizô, que significaba, literalmente, “tragar como Caribdis”. Según el gramático Hesiquio, fue Ferécides quien acuñó esta palabra para referirse a los más glotones. Por otro lado, hay quien cree que Caribdis podría ser la misma deidad que Ceto Trienos, que casualmente era la madre de Escila y abuela del cíclope Polifemo, al que Odiseo molesta (glups) y ciega (ejem) en su cueva.
En el mapa, siempre se ha situado la guarida de estas leyendas en el estrecho de Mesina, frente a la costa de Sicilia. Para ser más exactos, en esa zona hay una roca gigantesca que durante siglos se identificó con la propia Escila. Y justo enfrente de este peñasco, las aguas son tristemente célebres por formar peligrosos remolinos. De hecho, el mito ha dejado su huella hasta hoy: el encantador pueblo costero italiano de Scilla le debe su nombre.
Y, por si os interesa, ahí va el fragmento donde Homero nos regala una descripción precisa del monstruo (traducido por mí misme). Dice Odiseo: “Así que con muchos lamentos remamos hacia el interior del estrecho; a este lado yacía Escila; a aquel lado, de manera espantosa, la diabólica Caribdis succionaba el agua salada. Cuando la escupía, hervía y se arremolinaba en todas sus profundidades como un caldero puesto sobre un gran fuego, y por encima la espuma caía sobre las cimas de ambas rocas”.
“Pero cuando succionaba el agua del mar, uno podía mirar directamente a través del remolino turbulento mientras la roca rugía horriblemente a su alrededor y el fondo marino quedaba a la vista, oscuro y arenoso”. Sigue: “Un terror ceniciento se apoderó de la tripulación”. Claro que, cariño, mejor mirar al lado de Escila, no fuera caso que te pillara.
Las otras versiones de Caribdis
Jasón y los Argonautas también tuvieron que pasar cerca de Escila y Caribdis cuando regresaban de la Cólquida. Llevaban a bordo el Vellocino de Oro, el trofeo que Jasón necesitaba para reclamar el trono de Yolco. Por suerte para él, él andaba contando con el favor de la diosa Hera, quien le pidió a la nereida Tetis que protegiera el barco. Gracias a esta ayuda divina, Jasón logró cruzar el estrecho sin un rasguño, una suerte de la que no pudieron disfrutar los hombres de Odiseo (recordemos que Odiseo abusó de la confianza de Atenea tantas veces, e insultó tantas otras a Poseidón, que el mar no le iba precisamente de cara).
Pero no es la única otra vez con Caribdis de la que tenemos registro. La mitología romana cuenta que Eneas y un grupo de refugiados troyanos llegaron a las costas de Sicilia tras la caída de su ciudad. En su afán por esquivar las zonas controladas por los griegos, navegaron hasta asomarse al estrecho de Mesina. Sin embargo, el sabio adivino Héleno les había advertido del peligro mortal que suponía enfrentarse a la vez a Escila y Caribdis… Así que, haciendo caso a su consejo, prefirieron no arriesgarse y rodearon toda la isla. Qué pasa: que durante ese inmenso desvío, sus barcos se acercaron demasiado a las tierras de los cíclopes, encontrando a un Polifemo con un espectacular hambre de héroe.
En fin. Caribdis ha sido pionera en un largo linaje de monstruos marinos traga-hombres. Este miedo ancestral a los abismos oceánicos saltó pronto de la literatura antigua a la gran pantalla, inspirando monstruos y vórtices que beben directamente del mito, como el remolino que Viaje al centro de la Tierra (1959). Pero quizás tengáis más fresca la adaptación más reciente y literal: la que aparece en Percy Jackson y el mar de los monstruos (2013), donde Caribdis cobra vida en la era moderna como unas fauces gigantescas que crean un remolino inmenso al tragarse el mar.
De manera similar, la épica batalla naval de Piratas del Caribe: En el fin del mundo (2007) tiene lugar al borde de un colosal Maelstrom, un remolino destructivo desatado por la diosa Calipso que evoca a la perfección la furia de las aguas homéricas. Además, la idea de una bestia implacable que destroza barcos desde las profundidades sobrevive en figuras como el Kraken, tanto en la clásica Furia de titanes (1981) como en la propia franquicia de Disney. Caribdis vive, pero la lucha no sigue (porque no hay nada contra lo que luchar, lo siento).












