Cuando Attack on Titan (2013) terminó (o dejó de arrasar en todos los rankings de animes más vistos, pun intended), primero dio la sensación de que no solo cerraba una historia, sino toda una etapa del anime moderno. Durante una década fue la serie más polémica, brutal, política, agotadora y obsesiva del momento.
Por eso, cuando legó el paso a una serie aún más dispuesta a romper con todo Kaiju No. 8 (2024), no dudamos en compararlas. Ambas compartían, a priori, estar “protagonizadas” por humancitos diminutos, que luchan contra enormes monstruos más o menos antropomorfos. Más o menos: porque en Attack on Titan algunos de ellos tienen deformidades inquietantes (y nunca genitalia, importante) y porque en Kaiju No. 8 se cruzan con reptiles y otras especies que no querríamos ver dentro de casa.
Personalmente, creo que la complejidad psicológica de Attack on Titan la eleva por encima de Kaiju No. 8, pero su consecución en el tiempo, la forma antropomórfica de sus monstruos y su brutalidad nos llevan a imaginarlos enfrentados, cual luchadores de sumo en el ring. Y la pregunta nace de forma natural: ¿quién ganaría? En JustWatch lo desgranamos, eso sí, incluyendo spoilers de ambas series.
Orígenes y naturaleza de titanes y kaiju
Uno de los grandes logros de Attack on Titan es que no se conforma con que los titanes sean “simples monstruos”: son humanos transformados por un suero especial, derivado de una entidad orgánica primitiva. Algunos titanes, o la mayoría, funcionan como bestias salvajes sin cerebro, pero los más importantes (los Nueve Titanes Cambiantes) tienen habilidades únicas, capacidad para la memoria y mucho, mucho odio acumulado.
O sea, como los pilotos de Mobile Suit Gundam (1979). Por otro lado, en Kaiju No. 8, los kaijus son seres biológicos que aparecen como si fueran desastres naturales vivientes. Vamos, igual que el Godzilla de Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo (1954). Algunos son simples, pero otros, como el Kaiju No. 9 o el No. 10, muestran un nivel de inteligencia que los hace cada vez más peligrosos. Eso sí, no vienen de una civilización ni tienen un propósito político: son una amenaza con la que no es posible negociar. Eso tampoco está mal, si el género kaiju te interesa… Pero no quiere llegarle a la suela del zapato a su titánica hermana espiritual.
Fuerza bruta o “¿quién pega más fuerte?”
La pregunta en Attack On Titan casi parece fuera de lugar, porque afortunadamente nos interesa más las razones tras el puñetazo que el golpe en sí. En Kaiju No. 8, más simple, la acción es la protagonista. Pero veamos…
De entrada, los titanes tienen lo suyo (sin excepción, eso lo sabemos desde el minuto uno de la serie). Luego, el Titán Acorazado, por ejemplo, puede atravesar murallas con su cuerpo endurecido: es una bala de cañón gigante. El Titán Mandíbula es rápido y mortal (y apunte derivado de una búsqueda 0% académica: lo es más el de Porco Galliard que el de Ymir), y el Titán Colosal... Bueno, amigas, es tan grande que su mera transformación causa una explosión térmica capaz de destruir una ciudad.
Pero si los comparamos con los kaiju de alto nivel de Kaiju No. 8, los titanes corren el riesgo de flaquear. De entrada, los kaiju pueden resistir bombardeos, arrasar ciudades en cuestión de minutos y enfrentarse directamente a escuadrones de élite súper entrenados. Que sí, los titanes también, pero resisten con los pectorales contra una indumentaria y un armamento pseudomedieval: no me compares cuchillas con cañones futuristas.
Así que, en términos de fuerza bruta, los kaiju más poderosos de Kaiju No. 8 están por encima de la mayoría de los titanes. Tal vez solo el Titán Fundador o el Titán Colosal podrían hacerles frente si se empeñaran. Ahora, creo que el duelo sería digno y comparable por naturaleza a Godzilla y Kong: El nuevo imperio (2024).
Los poderes especiales de kaiju y titanes
Pero claro, el poder no es solo pegar fuerte: la habilidad también cuenta, y ahí los titanes corren con ventaja. El Titán Bestia, por ejemplo, es un as lanzando piedras como si fueran proyectiles de artillería con una precisión aterradora. El Martillo de Guerra (el que viste como en un videoclip de Björk) crea armas y protección endurecidas a partir de de su propio cuerpo. Y el Fundador... bueno, ese puede controlar a otros titanes, modificar memorias humanas e incluso alterar la biología. Se nos queda la cara del Capitán Brody en Tiburón (1975) cuando dice aquello de “necesitaremos un barco más grande”.
En Kaiju No. 8, los kaiju también tienen un abanico de habilidades enorme, y eso es quizás una de las pocas razones que la hacen destacar por encima de Attack On Titan. Que si volar, escupir rayos o generar explosiones sísmicas. Cualquiera lo hace. Se regeneran rapidísimo y algunos evolucionan durante el combate. El Kaiju No. 9, por ejemplo, puede infectar humanos, mutar, controlar kaiju menores y adaptarse a casi cualquier situación. Nos reímos para no temblar ante este virus con conciencia pero sin remordimientos. Quienes hayan llegado al final del manga de I am a hero (2016) saben a qué terror estoy apelando.
Parece que en términos de poder en conjunto (no solo la fuerza, sino la adaptabilidad, la inteligencia y las habilidades especiales) los kaiju más avanzados llevan la delantera. Ahora, y aquí desmontamos un momento el pastel de la metáfora fantástica. ¿Podemos sopesar este combate imaginado a partir de los miedos que a menudo se han asociado simbólicamente al ataque de unos y otros monstruos? Bien. En materia de dimensiones simbólicas, comparar Ataque a los titanes y Kaiju No.8 es un debate inerte y un tanto irrisorio, si lo sacamos de un contexto puramente ficticio y juguetón.
Porque, ¿en serio vamos a comparar qué es más terrorífico, si el nazismo o un terremoto? Así que lo dejaremos en los músculos de cada repertorio de analogías vivientes.
Los otros kaiju más poderosos: ‘Godzilla’, ‘Evangelion’ o ‘Pacific Rim’
Titanes y kaiju compartirían podio con el resto de monstruos gigantes clásicos. El rey absoluto del mundo kaiju es Godzilla, naturalmente. Este monstruo ha pasado de ser una metáfora del terror nuclear a un dios viviente armado con aliento atómico y que ha sobrevivido desde el impacto de meteoritos a explosiones nucleares, y ante todo al desgaste de la secuelitis aguda. Que ha resistido y, en realidad, ha crecido sobre ellas: sin ánimo de ofender, pero nadie se atrevería a comparar los infantilistas Godzilla de la Toho, como la lagartija de El hijo de Godzilla (1967), con el volcano andante de Shin Godzilla (2016). Y vale, en Godzilla contra Ghidorah, el dragón de tres cabezas (1964) no impone demasiado, pero yo aún sueño con el antagonista principal de Godzilla: Rey de los Monstruos (2019). Hablo de Ghidorah, el dragón de tres cabezas, uno de sus enemigos más icónicos, un demonio del espacio exterior equipado con vuelo supersónico y rayos eléctricos.
En el cine occidental, el repertorio de criaturas de Pacific Rim, ya desde Gigantes del Pacifico (2013), rivaliza fácilmente en amenaza, molonería y poder con cualquier titán o kaiju japonés. Ahora, si nos atenemos al anime, los ángeles de Neon Genesis Evangelion (1995) son otra forma de kaiju: monstruos gigantescos con poderes simbólicos, habilidades místicas y un aura de amenaza existencial. Y madre mía, todas las veces en que penetran sin dificultad las instalaciones secretas debajo de Tokio-3: la alerta roja es un politono de móvil tremendamente angustioso. Que no miramos a los EVA, que con sus minibaterías y su incontrolabilidad medio-animal hacen lo que pueden…





























































































