
Por qué deberías empezar sin falta ‘Witch Hat Atelier’
Las historias sobre escuelas de magia no son precisamente nuevas, ni tampoco escasas. En el anime, estas últimas décadas hemos visto tríadas de maestros brujos con aprendices dispares en todo tipo de mundos, desde la fantasía urbana de Jujutsu Kaisen (2020) hasta los páramos bellísimos de Sōsō no Frieren (2023).
Lo que diferencia a Witch Hat Atelier (2026) de otras obras del subgénero de escuela mágica (sombreros puntiagudos y todo) no es solamente su soberbia construcción del mundo y su atención al detalle –que también–, sino un encanto y una sinceridad que me resulta difícil encontrar en muchas otras obras, sean manga o no. Quizás se deba a que las protagonistas son niñas, porque ni siquiera las adolescentes tan comunes en el anime y el manga, y cuando toman protagonismo suelen estar de lo más estereotipadas; Sakura, cazadora de cartas (1998) te miro a ti. Pero más valioso es que viven en posesión de una inocencia que el mundo aún no les ha arrebatado.
Sin embargo, la ingenuidad de la juventud no tarda en toparse con la fría y dura realidad. La protagonista, Coco, convierte accidentalmente a su madre en piedra mientras busca la forma de lanzar los hechizos que tanto ha admirado desde pequeña... Y es entonces cuando descubre una de las verdades ocultas de su mundo: que cualquiera puede usar la magia, pero los magos en el poder ocultan este hecho a la población general para evitar que se repitan los errores del pasado.
Errores, claro, que nos recuerdan dolorosamente al desliz inicial de Puella Magi Madoka Magica (2011), el decir “sí” a los fuegos de artificio de la magia desatendiendo a las consecuencias. Por suerte, ahí está Qifrey (el sosias de Satoru Gojo en Jujutsu Kaisen), para llevarse sin falta a Coco a su propio taller, donde comienza a instruirla en las artes mágicas.
‘Witch Hat Atelier’ o magia que sana heridas reales
Uno de los puntos fuertes del manga de Witch Hat Atelier es, sin duda, el robusto desarrollo de su trama. Porque, aunque la autora Kamome Shirahama avance a saltitos adorables, por entre aventuras que se resuelven con ingenio y sin peligro real, la historia avanza a tal ritmo que vas a pasar de capítulo en capítulo con avidez. En el anime, el ritmo es asimismo excelente y en ningún momento sentí que quisiera que la historia avanzara más despacio o más rápido, una proeza poco común aunque ya no tanto, no en tiempos de adaptaciones de apariencia buenista pero calidad adulta (sí, es una serie que pulirse de una sentada, como Ousama Ranking, 2021).
Sin embargo, igual que Fullmetal Alchemist: Brotherhood (2009), este es un anime que no rehuye de los Temas Importantes, que no rechaza plantear preguntas difíciles y que yuxtapone la inocencia de la juventud con un fondo temático poderoso. La cuestión de la verdad oculta sobre el uso de la magia es fundamental para la serie, y vuelve a salir a la luz una y otra vez. Porque, ¿es prudencia o f*scismo obligar al pueblo a permanecer en la ignorancia sobre el uso de la magia por su Bien? ¿Y qué papel ocupa la creatividad (el arte) en un mundo que castiga los deslices del ego, mientras promueve el rigor de la artesanía?
Nunca un mundo mágico se vio tan vivo como en ‘Witch Hat Atelier’
La construcción del mundo de Witch Hat Atelier también es de primer nivel, con un sistema de magia duro, que en efecto requiere de un aprendizaje y que nos recuerda por qué nos creímos de pies a juntillas el sistema de semáforos de Howl en El castillo ambulante (2004), con el que comparte una esplendorosa belleza visual. Pero a la dureza en el sistema de magia, calibrado como el mejor artesano dibuja una perfecta línea recta, se le contrapone un relato que rechaza la exposición y los pesadísimos recordatorios. La autora entrelaza maravillosamente los detalles del mundo en la historia, intercalándolos entre las clases de Qifrey, las interacciones de las alumnas y su vecindario. ¡Muerte al bloque de texto! ¡Viva el anime bien escrito!
Y es que Witch Hat Atelier se asemeja ante todo a un precioso cuento ilustrado, también de forma muy literal. El arte, lo habrás visto con tus propios ojos, resulta deslumbrante… Incluso haciéndome olvidar el 3D que se cuela en ocasiones y que recuerda a los tiempos de más escasez estética de Ataque a los titanes (2013). Eso sí, imposible la influencia europea en la obra, con motivos y un trabajo de líneas claramente inspirados en creadores como el historietista francés Moebius y el artista checo Alphonse Mucha, de quien también se dice que fue una gran influencia para CLAMP, entre otres.
En fin, Witch Hat Atelier cuenta bien y bonito cosas importantes; mucho más no se puede pedir. Además, con el frescor de sus personajes y su estética, supone la serie perfecta para maratonear en verano. ¿Qué más quieres?









