
Los nuevos poderes de Spider-Man en ‘Un nuevo día’, explicados
Es difícil compaginar una vida “normal” con las obligaciones y las habilidades que conlleva una dichosa picadura de araña radioactiva. Lo sabemos desde que Tobey Maguire trató de entregar todas sus pizzas a tiempo en El hombre araña (2002) y terminó dándonos más memes que comida. Pero la cuarta película de Tom Holland como el Hombre Araña parece haber olvidado el binomio público-privado del superhéroe, independizado y –fallecida la tía May, amnésica MJ– sin nadie a su cargo. Peter Parker ya no debe aprender a vivir entre el poder y la responsabilidad, porque de adulto y sin colegas, es todo responsabilidad.
Así que ahora, en una alegoría bastante directa sobre la pubertad arácnida, lo que nos plantea la trama de Spider-Man: Un nuevo día (2026) aborda directamente los cambios que sufre su propio cuerpo. Sí, en esta película, el organismo de Peter sufre una mutación que nos recuerda a los peores estragos de la adolescencia. MJ lo resume a la perfección durante una de las escenas más emotivas de la película, en la guarida de Punisher: le dice a Peter que él está intentando controlar su propio cuerpo como si se tratara de un monstruo, cuando ella en realidad solo ve a “un chico que está cambiando”.
Lo de brincar por entre tejados, una experiencia espectacular a la que la cámara de Destin Daniel Cretton nos suma en la primera secuencia de la película, ya no es una experiencia colorida, inocente y desligada de un componente físico. Tres películas en solitario después de Spider-Man. De regreso a casa (2017), conocemos a un héroe adulto que lo tiene todo muy claro, todo muy controlado, pero que ve cómo su propio organismo se rebela contra él. ¿Qué pasa este 2026, que todo el escaparate de súpers (héroes y villanos; fíjate en Clayface) parece haberse entregado al body horror?
En el caso de Peter, el detonante de esta situación es un estrés continuado: las hormonas arácnidas, que siempre han estado latentes en su sistema, se activan por primera vez debido a un severo estado de burnout por trabajar, trabajar y trabajar durante un curso académico entero, en el que no ha sido capaz de enfrentarse al olvido de sus colegas. Su primer momento arácnido incontrolado es puro terror corporal: los ojos de Peter se vuelven completamente negros, sufre un repentino “blancazo” que lo deja inconsciente y, al despertar, se encuentra firmemente enrollado en un enorme capullo de sus propias telarañas, colgando boca abajo de un tejado.
Este pico hormonal es tan agresivo que no parece bajar por ningún método natural, obligándolo a fabricar un paupérrimo inhibidor de ADN. Si te resulta familiar el concepto, es porque funciona exactamente igual que el dispositivo que Bruce Banner utiliza para contener a Hulk en el Universo Cinematográfico de Marvel, también en Spider-Man: Un nuevo día.
Los nuevos poderes de Spider-Man en ‘Un nuevo día’
El primero: las telarañas orgánicas, que fabrica su propio cuerpo y que son de todo menos fiables. Caóticas, impredecibles, a veces salen disparadas a chorro, otras Peter intenta lanzarlas y simplemente no salen, y en ocasiones emergen con una fuerza tan descontrolada que lo propulsan de cabeza hacia cualquier parte. Tienen, además, un aspecto viscoso y un punto asqueroso –casi como el esperma, lo cual encaja perfectamente con la metáfora del desarrollo biológico–. Por si fuera poco, esta nueva sustancia inhibe por completo el mecanismo de sus lanzaredes mecánicos…
Para intentar sobrellevar este extraño cambio, Peter recurre al humor. Recordando sus aventuras en El Hombre Araña: Sin camino a casa (2021), trata de convencerse de que son buenas porque “Peter Parker 2” (Andrew Garfield) las tenía: “Él era un tío guay, yo también soy un tío guay”, así que las telarañas deben de ser de “tío guay”.
Luego, estos cambios físicos transforman su percepción del entorno a base de aumentar sus sentidos. Las jaquecas propias del burnout se convierten rápidamente en el retrueno que vive el héroe al salir a la calle: los sonidos de la ciudad están agudizadísimos y su intuición, aquel famoso sentido arácnido que lleva empleando en todas sus versiones, incluidas las The amazing Spider-Man (2012) de Marc Webb, se vuelve bestial. La paradoja aquí está –como Jean Grey le hace saber, socarrona– en que, por mucho que perciba más, eso le vuelve incapaz de reconocerla cuando posee a las gentes de la calle.
El nuevo Spider-Man también tiene una agilidad incrementada, que le permite moverse rapidísimo, a una velocidad casi imperceptible, logrando esquivar a quemarropa un letal shuriken del clan místico La Mano, los coreografiados ninjas criminales presentados en Marvel - Daredevil (2015). Pero mientras su cuerpo es más rápido y letal, la empatía de Peter se bloquea. Cuando se enfrenta a Escorpión, lo vemos machacar a su rival sin ninguna piedad, perdiendo el control por completo y sin considerar en ningún momento a las víctimas colaterales.
Ver al Trepamuros lidiar con la oscuridad no es algo nuevo; ya presenciamos la agresiva versión negra poseída por Venom en El hombre araña 3 (2007). Sin embargo, con estas bases sentadas, sería muy interesante ver si en futuras películas descubriremos al Hombre Araña… En un sentido literal. ¿Se atreverá Marvel a jugar, de veras, con su superhéroe más simpático?











