
‘Resident Evil’: Coger el ascensor en un apocalipsis y un ranking de las 10 peores decisiones del terror
Malas decisiones, todes las hemos tomado. En la vida real, las malas jugadas suelen implicar demasiado tequila, restaurantes de dudosa reputación, viejos amores reavivados o WhatsApps a altas horas de la madrugada. En el cine, las malas decisiones nos han regalado grandes farsas, como El drama (2026), pero –cosas de la ficción– suelen costarles a los personajes bastante más caro.
Por suerte, en el terror solemos aplaudir las malas elecciones (¿qué gracia tendría que todo el mundo sobreviviera al final de la noche?). Así que malas decisiones bien llevadas equivalen a buenas películas. Por ejemplo, la decisión terrible más reciente que he visto en el cine de terror viene de Resident Evil: Noche Cero (2026), y la adoro. Bryan, el listo, decide no subir los 24 pisos que le quedan para llegar al laboratorio de Umbrella por unas escaleras perfectamente a salvo y, en cambio, coger el ascensor al que le han insistido que no se suba. Y bueno, pasa lo que pasa.
Veamos otras 10 películas con pésimas decisiones que han marcado las mejores películas de terror, en un ranking absolutamente caprichoso, de menos a más estúpidas.
Es un clásico de toda la vida y debería servir como cuento con moraleja para cualquiera que tenga planeado un viaje a un planeta alienígena en su futuro: si alguna vez te encuentras en un mundo capaz de albergar vida que no sea la Tierra, ten cuidado con la fauna. Ese habría sido un gran consejo para John Hurt, quien se asoma al interior de un saco embrionario alienígena al principio de Alien, el octavo pasajero (1979), es fecundado en el rostro por una criatura que salta de su interior, y luego muere después de que el feto de dientes afilados le reviente el pecho. La curiosidad puede ser mortal.
Extra puntos por haber traído el bicho dentro de la nave ante la prohibición expresa de la única responsable, la teniente Ripley.
Al ver el grotesco festival body horror de David Cronenberg, La mosca (1986), cualquiera podría pensar razonablemente que Seth Brundle, el científico interpretado por Jeff Goldblum no está del todo en sus cabales, a pesar de haber inventado la teleportación. Esto se hace evidente cuando, de manera precipitada, se utiliza a sí mismo como sujeto de prueba.
Todo parece ir bien cuando es reensamblado al otro lado, hasta que comienza literalmente a descomponerse y a adoptar las características de una mosca doméstica común, porque resulta que uno de esos bichitos se coló en la cápsula con él y ahora su ADN está empalmado. Uno, haz pruebas. Dos, hazlas sobre otras personas, para que puedas revertir el proceso.
Hay que apreciar lo que los guionistas de Halloween: H20. Veinte años después (1998) intentaban hacer. Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) se encuentra recluida en un psiquiátrico cuando Michael Myers viene a acecharla. Antes de matarlo finalmente, ella intenta quitarle la máscara para asegurarse de que es él, ya que en la película anterior, Halloween 6: La maldición de Michael Myers (1995), decapitó a un paramédico por error.
Para su desgracia, sí es Michael, y él la apuñala y la arroja desde el edificio. Lo que, a ver… La persona que acaba de atacar a Laurie lo ha hecho con un cuchillo: aunque no fuera Michael, ella tendría derecho a matarlo en defensa propia. Digo yo, ¿no?
Este caso podría aplicarse tanto al remake de Fede Álvarez de Posesión infernal (Evil Dead) (2013) como a la retorcida cinta original de Sam Raimi, Posesión infernal (1983). Pero el libro de conjuros de la versión de Álvarez, el Necronomicón, está envuelto en una bolsa de plástico y alambre de espino: el aspecto más disuasorio que ha tenido un libro en la historia.
Por desgracia, esto hace poco para desanimar al primer tipo que lo encuentra de arrancarle el envoltorio y conjurar accidentalmente a un demonio asesino aficionado a los desmembramientos y a las amenazas de violación. Dicho esto, quizás lo más estúpido fue no quemar el libro en primer momento… Pero yo tampoco lo intentaría.
Esté claramente señalizada o no, conocer la salida es una prioridad. En una película de terror, las salidas pueden significar la diferencia entre la supervivencia y la infección. En el clásico La noche de los muertos vivientes (1968) de George Romero, el padre del año Harry Cooper cree que el sótano es el mejor lugar para pasar la dichosa noche de los muertos. No podría estar más equivocado. Eso aplica a Zombi (1978), pero pasa de un sótano a un centro comercial.
Con una horda de zombis afuera y su hija infectada adentro, Harry ignora la advertencia de que el sótano es una trampa mortal y elige la comodidad. Más tarde, cuando su angelito se vuelve un demonio, como cualquier buen padre, decide echarle una mano (y casi todo su brazo). Todo, por no moverse cuando podía.
La puntualidad dice mucho de la autodisciplina; de hecho, los transilvanos se enorgullecen de ella. ¿De qué otra forma crees que han sobrevivido entre los no muertos? Aprovechar el día y cerrar las puertas al atardecer parece sencillo, pero cerca de los vampiros esa lógica escasea.
Ya sea en la Drácula (1931) de Tod Browning o en la Drácula de Bram Stoker (1992), el conde Drácula atrae la procrastinación. En lugar de aplicar el carpe diem al amanecer, la mayoría espera hasta la puesta de sol para atacar, igualando las probabilidades para el monstruo. Los cazadores de vampiros serios saben que siempre es mejor madrugar.
¡Oh, maldita sea, nos hemos perdido! ¡Qué rabia! Como muestra de mi frustración, tiraré el mapa que podría ayudarme a salir de este bosque, por inútil… Inútil tú. La escena del mapa del bosque en El proyecto de la bruja de Blair (1999) suele ser objeto de burla entre la comunidad del terror, y por una buena razón.
La confesión maníaca de Mike de que pateó el mapa al río por pura frustración es casi graciosa de ver. También es una decisión sumamente estúpida que acabaría costándoles la vida a él y a sus amigos, a menos que aceptes la otra explicación paranormal sobre la imposibilidad real de escapar del bosque de la Bruja de Blair. Yo culpo a Mike.
A ver, que me encanta el remake de William Malone de Mansión diabólica (1999), sobre el clásico de La mansión de los horrores de William Castle: no es perfecta, pero tiene mucho gore, buenos personajes y efectos ingeniosos. Pero hay una malísima decisión que los personajes toman constantemente.
Después de que la casa entre en confinamiento, Pritchett les advierte que el edificio los va a asesinar a todos. En lugar de quedarse agrupados en la habitación principal, deciden separarse continuamente por los pasillos, lo que lleva irremediablemente a que todos sean masacrados uno por uno en la oscuridad. Si estás en una película de terror, ¡no te separes!
En Saw. Juego macabro (2004), un tipo despierta en un baño. Su pierna está encadenada a una esquina de la habitación, y en la otra hay un teléfono que puede usar para pedir ayuda. Ah, y hay una sierra.
Las sierras se pueden usar para serrar, y admito que ese es el uso más obvio para una sierra. Pero piénsalo un momento (tres segundos o así bastarían) y te darás cuenta de que esta sierra en particular también sería perfectamente efectiva para arrastrar un teléfono móvil que está en la esquina opuesta de la habitación hacia ti, de modo que puedas usarlo para pedir ayuda en lugar de hacer algo drástico y descabellado como... No sé, cortarte tu propia pierna con la sierra. La sierra es lo suficientemente larga. No tengo duda de ello. ÚSALA BIEN.


















































