
¿Pueden Gambito y Pícara tocarse o no? Su romance, explicado
Hay parejas de cómic que funcionan a base de química, y luego está Gambito y Pícara, una relación construida enteramente sobre la imposibilidad física de estar juntos. Quien haya visto la primera temporada de X-Men '97 (2024-) ya sabe que la serie no minimiza este problema en absoluto, sino que lo convierte en el motor emocional de buena parte de la temporada.
Todo hasta un desenlace que dejaba mudo a cualquiera mínimamente funcional emotivamente. Pero ese "detalle técnico" de su amor viene de mucho más atrás, más de tres décadas de cómics donde guionistas de todo pelaje han decidido, cada uno a su manera, hasta qué punto pueden tocarse estos dos sin que uno de ellos acabe inconsciente. Repasamos la historia completa de este romance imposible, del papel a la pantalla.
Una maldición de nacimiento y un ladrón que decidió quedarse

Pícara debutó en 1981, en ‘Vengadores Anual’ número diez, como villana al servicio de la Hermandad de Mutantes Malvados de Mística, cubierta de la cabeza a los pies porque su piel resultaba literalmente peligrosa para cualquiera. Su poder era absorber memorias, energía vital y hasta habilidades ajenas con un simple contacto de piel, sin distinguir entre aliados y enemigos: toque a quien toque, y esa persona paga el precio. Con el tiempo, tras redimirse y unirse a la Patrulla-X, ese poder terminó no tanto una habilidad como una condena de aislamiento permanente, algo que la propia mitología del personaje ha explotado durante décadas como ejemplo absoluto de la soledad mutante.
Gambito, por su parte, tardó casi una década en cruzarse con ella. El ladrón cajún debutó en el verano de 1990, y su coqueteo con Pícara arrancó casi de inmediato en las páginas de ‘La patrulla X’ número 266, en pleno boom de ventas de la etapa de Chris Claremont y Jim Lee. Desde el minuto uno, la relación se construyó sobre una paradoja: un hombre seductor, encantador con todo el mundo, enamorándose precisamente de la única mujer del universo Marvel a la que no puede tocar sin arriesgarse a perder la conciencia o algo peor. Es, según ha reconocido más de un guionista con los años, era una ironía demasiado perfecta para no explotarla.
Treinta años de besos robados, curas fallidas y una boda con collar
La historia se complica, porque el grado exacto de "no poder tocarse" ha ido cambiando según quién llevara las riendas del guion. Hubo etapas en las que un roce accidental les resulta catastrófico, y otras en las que Pícara logra besos breves y controlados gracias a distintos parches narrativos. Emma Frost llegó a intentar de hacer de terapeuta de pareja, llevándolos al plano astral para que pudieran tener intimidad sin contacto físico real, un experimento de “vis a vis” virtual que terminó fracasando estrepitosamente.
La conexión psíquica resultó tan profunda que Pícara pudo absorber la energía de Gambito incluso en ese terreno no físico, dejando claro que el problema no era solo cutáneo, sino algo más entretejido en su propio poder. Con los años, Pícara fue ganando distintos grados de control sobre su don, en parte gracias a la absorción temporal de la esencia iónica de Wonder Man en 1994, y también aprendió a manejar el miedo que desencadenaba sus descontroles. El culmen de esa evolución llegó en 2018, cuando Gambito y Pícara se casaron por sorpresa en ‘X-Men: Gold’ número 30 —que fue anunciado como la boda de Kitty Pryde y Coloso—, con Bestia construyéndole un collar inhibidor de poderes que le permitió besar a su marido en el altar.
También pudieron disfrutar de una luna de miel espacial, la cual, como suele pasar en el matrimonio mutante, se vio interrumpida por una señal de auxilio de Kitty Pryde a los pocos capítulos. La serie derivada, ‘Mr. & Mrs. X’, siguió explorando esa vida de casados con el problema del contacto ya bastante más gestionado, aunque nunca fue del todo resuelto de forma permanente.
Cómo X-Men '97 trata el problema sin suavizarlo en absoluto

Quien temiera que la serie animada fuera a esquivar el tema no sabe lo que X-Men '97 tenia preparado, pues convierte el "no poder tocarse" en el núcleo de un triángulo amoroso entre Pícara, Gambito y Magneto durante buena parte de su primera temporada, con un matiz bastante perverso añadido: gracias a su absorción anterior de los poderes de Magneto, Pícara sí puede tocarlo a él con seguridad, algo que no consigue con el hombre al que ama de verdad.
La serie no lo esconde, y en pleno arco emocional, Pícara le confiesa a Gambito que sabe que su corazón late por ella, pero admite entre lágrimas que "no puede sentirlo", dejando clarísimo que la barrera sigue siendo tan real como siempre. En el giro final de la temporada, la serie decidió no ofrecer ningún consuelo fácil. Tras semanas de dudas, Pícara elige por fin a Gambito por encima de Magneto, superando su miedo a herirle. Apenas segundos después de esa decisión, un Centinela salvaje ataca Genosha y se recrudece la tragedia.
Gambito sacrifica su vida para detener a la máquina, y solo entonces, con su cuerpo ya inerte entre sus brazos, Pícara puede tocarlo piel con piel sin absorber nada, porque… ya no queda nada que absorber. Es la primera vez que pueden tocarse sin consecuencias, y llega demasiado tarde para servir de algo. Una ironía trágica, que, lejos de minimizar el problema de sus poderes, lo convierte en un momento dramático que vertebra toda la temporada, dejando claro que decir que Gambito y Pícara "no pueden tocarse" nunca ha sido, ni en los cómics ni en la pantalla, un simple detalle argumental.









