
La película de ‘Elden Ring’ promete ser tan queer como el juego
Ay, mis nervios. No me quedan ya uñas desde que se anunciara la futura adaptación cinematográfica de Alex Garland sobre el universo de Hidetaka Miyazaki, la película de Elden Ring (2028).
¿Cómo puede una sola película llegar a abarcar la vida en una tierra caída, arrasada por siglos de conflicto entre semidioses en guerra y cuyos nombres empiezan todos con las mismas tres letras? Y si yo apenas entiendo el trasfondo de las Tierras Intermedias después de centenares de horas jugadas ¿cómo va el director de Ex Máquina (2015) a condensar todo ese lore en un par de horas de película?
El reparto de ‘Elden Ring’ tiene mucha pluma
De momento podemos respirar con tranquilidad: el reparto de la adaptación es, o queer, o queer-friendly. Entre los nombres anunciados la semana pasada, está el coprotagonista de Heartstopper (2022), el adorablísimo Kit Connor. También quien pone la voz del osito Paddington (2014) en inglés, Ben Whishaw, mascota adoptada sin duda por los colectivos LGTBIQA+. También están confirmadas dos de las exalumnas del instituto de El club de las luchadoras (2023), Havana Rose Liu y Ruby Cruz, ambas abiertamente queer.
Si completas la lista del reparto, porque en Elden Ring hay muchos, muchísimos personajes, encuentras a Nick Offerman, quien coprotagonizó el lacrimógeno capítulo 4 de la primera temporada The Last of Us (2023), junto a Cailee Spaeny y Tom Burke. No hay grandes hitos queer en la carrera de estos dos, pero la desconstrucción de la fantasía heteronormativa por la que se les conoce respectivamente (Priscilla y El souvenir) debería bastarnos para unirnos todes a la letra que queramos.
‘Elden Ring’ es una historia muy apta para lecturas queer
Considerado ampliamente como uno de los mejores videojuegos de la historia, Elden Ring ha superado supuestamente los 36 millones de jugadores en total. Aunque gran parte del lore y la caracterización del juego es bastante obtusa, a menudo intuida mediante indirectas y entradas de diario, muchos jugadores LGBTQ+ –como yo misme– conectamos con personajes y figuras mitológicas del juego que rompen los límites del género más allá de lo que una mente mortal puede comprender.
Y como Dark Souls, que nada se hable tan alto y tan claro, ayuda a que tú fabules más allá de lo esperado. Explicar más podría estropear el lore que Garland quizá decida o no incluir en su versión del juego, así que tendrás que coger el mando si quieres descubrir más. Y sí, desde luego, el juego no muestra ninguna preocupación directa a temas como la orientación sexual o el género.
Aun así, a pesar de que la sexualidad en sí misma no es más que un fragmento de fondo de las Tierras Intermedias (un imperio de poder marchito que podría constituir su propia suerte de fantasía heteronormativa), lo queer está incrustado en el corazón de varias de las tramas clave de Elden Ring. Eso es, la Orden Dorada, junto a tres de sus integrantes: Mohg, Señor de la Sangre, Miquella el Inmaculado, y la propia Reina Marika la Eterna. No digo más.
Los videojuegos que la comunidad queer adoptamos
Crecer dentro de los estereotipos de género agresivos de los años noventa era una experiencia bastante surrealista si eras queer en lo más mínimo, pero creo que a les gamers nos afectó especialmente. Casi todos los personajes de videojuegos eran soldados hipermasculinos o mujeres de fantasía con curvas totalmente irreales llevando armadura sólo en los pezones.
De hecho, la representación queer abierta en videojuegos prácticamente no existía hasta mediados de la década de 2010. Antes de eso, teníamos que apañarnos con lo que había. Y lo que yo tenía era Link, que pronto tendrá también una película, The Legend of Zelda (2027). Link es un chico, pero no lo parecía mucho. Llevaba una túnica verde y una expresión seria bajo una melena rubia despeinada. Era el compañero discreto y a menudo vulnerable, pero también ingenioso, valiente y bastante hábil con la espada. Era el Sam que todes admiramos, no por ser guapo ni por normal, sino por darlo todo en El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001).
De forma parecida, a pesar de haberse vendido al principio principalmente como una sex symbol en sus primeros años, la fuerza del personaje de Lara Croft consolidó una base de fans mucho más diversa de lo que Core Design probablemente nunca habría imaginado. Más allá de los pechos triangulares de Lara, los fans queer encontramos inspiración en la saga, olvidando sus orígenes como simple objeto de consumo. Lara Croft era excesiva, kitsch, y –lo sabréis por la genial película con Angelina Jolie, Tomb Raider (2001)– no pedía perdón ni permiso a nadie. Es simplemente una auténtica badass que quiere una daga antigua, un jarrón o lo que sea para su sala de trofeos. Es el Indiana Jones de la comunidad.
Pero no sólo los jueguitos retro son refugio para la comunidad. Hablemos del Hades. ¿De verdad esperabas que un juego sobre los dioses griegos no fuera súper gay? Este roguelike te desafía a intentar escapar del infierno jugando como Zagreus, el hijo de Hades. Después de cada intento fallido, vuelves a las estancias de su padre en el inframundo (volver al armario, si me permites), pero lo que hace tan fácil seguir jugando a Hades es su interpretación brillantemente entretenida de los personajes de la mitología griega, la mayoría de los cuales son fabulosos. Y el propio Zagreus puede cortejar a tres personajes de distintos géneros, todos a la vez si quiere, como el dios del sexo bi-poliamoroso que es.
Entonces, ¿resultará Elden Ring en una adaptación mediocre? Quien sabe. De lo que no debéis tener dudas es de que será absolutamente queer.






