
Sam Raimi: sus 10 mejores películas, rankeadas (incluyendo ‘¡Ayuda!’)
Para una generación, es el director responsable de llevar a Spider-Man al cine. Para otros, un poco más viejos, es un cineasta de culto gracias a la demencial saga de Posesión infernal (Evil Dead). Y para unos más, es la mente detrás de ¡Ayuda! (Send Help), una de las primeras sorpresas de 2026 con una genial Rachel McAdams.
Cual sea tu caso, estarás de acuerdo en que es un cineasta que vale la pena descubrir más a fondo, gracias a su singular sensibilidad que suele mezclar comedia, terror y fantasía, muchas veces con resultados deliciosamente perversos. Para ello, seleccionamos y rankeamos para ti las mejores películas de Sam Raimi, del último al primer puesto. Leves spoilers a continuación.
Incluso si Evil Dead es la saga insignia en la filmografía de Sam Raimi, nadie discutirá que El despertar del diablo 3 (Army of Darkness, o El ejército de las tinieblas) es, en realidad, la “oveja negra” de estas películas. Luego de los eventos de su predecesora—a su vez, decididamente distinta en tono a la primera de la saga—, el protagonista Ash Williams (Josh Campbell) es arrojado a Inglaterra en el siglo XIII. Equipado con su motosierra y rifle, debe combatir a las fuerzas de la oscuridad que amenazan con devorar la vida en la Tierra.
Es decir que, además de una comedia de terror, esta película es también una fantasía medieval anacrónica, en algún lugar de la intersección de Muertos vivos (Braindead) y Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail). Fue un cambio de rumbo tan abrupto que, en su momento, fue mal recibida por quienes esperaban algo más similar a las películas anteriores. Sin embargo, hoy es abrazada como parte esencial de la personalidad tan singular de la saga, recuperada por la serie Ash vs. Evil Dead.
¿Un western de Sam Raimi con Sharon Stone, Gene Hackman, Russell Crowe y un jovencísimo Leonardo DiCaprio? Sí, eso sucedió. Y puede que Rápida y mortal (The Quick and the Dead) sea de los títulos menos recordados en el canon del género, en parte porque su trama tampoco es tan novedosa—fuera del recurso de una protagonista femenina—. Sin embargo, es exactamente lo que uno espera de un western clásico ejecutado por este director.
La película sigue, en resumidas cuentas, a una pistolera (Stone) que busca venganza contra el hombre que mató a su padre, ahora el alcalde (Hackman) de un pequeño pueblo que organizará un torneo de pistoleros. Es un relato de venganza en el mismo espíritu de Érase una vez en el Oeste de Sergio Leone, con algo del aire clásico de A la hora señalada (High Noon), todo ensamblado con el frenético estilo de Raimi.
Más de una década antes de cambiar el rostro del cine de superhéroes para siempre con su Hombre Araña, Sam Raimi dirigió otra película del subgénero igualmente formidable, con Liam Neeson y Frances McDormand en el elenco. Y nos atreveríamos a decir que Darkman: El rostro de la venganza es incluso más original, interesante y propositiva que lo que los superhéroes han traído al cine en las décadas siguientes.
La trama sigue a un científico (Neeson) especialista en una piel sintética experimental, que es torturado y dado por muerto por mafiosos que persiguen a su novia abogada (McDormand). El hecho deja al científico desfigurado, insensible y casi psicótico, y decide usar su invención para convertirse en un violento justiciero. El proyecto nació de los intentos de Raimi por adaptar La sombra (The Shadow), que al ser rechazados lo condujeron a crear un superhéroe original que rendía tributo a las películas de monstruos de los años 30 de la Universal, principalmente Frankenstein y El hombre invisible.
No estaríamos hablando de Sam Raimi con tal reverencia de no ser por su largometraje debut, uno de los grandes clásicos de culto en la historia del cine de terror. Aunque, en su momento, no fue tan exitosa como para lanzar la carrera de Raimi, fue revisada en retrospectiva a raíz de su filmografía posterior—incluyendo su secuela, que es básicamente un remake—.
El despertar del diablo (The Evil Dead) fue la primera vez que vimos a Ash Williams (Bruce Campbell) enfrentarse a las fuerzas de la oscuridad cuando una maldición es desatada sobre él y sus amigos en una campaña en medio del bosque. Extraordinaria tanto en sus efectos como en su violencia, la película era menos cómica que todo lo que vino después, pero ya mostraba el estilo distintivo del director. Además, estableció toda una fórmula para el cine de terror y posesiones demoníacas, repetida por sus propias secuelas y remakes, y parodiada por títulos como La cabaña del terror.
El cine de superhéroes no tendría la popularidad que disfruta hoy si no fuera por dos acontecimientos clave a inicios de los 2000. El primero, fue el exitoso debut de la saga X-Men en el 2000. Y el otro fue, indiscutiblemente, el lanzamiento de El hombre araña (Spider-Man) de Sam Raimi. La viabilidad tecnológica y económica de los héroes en mallas estaba confirmada, y de la mano con Tobey Maguire, Willem Dafoe y Kirsten Dunst, la historia de Peter Parker se convirtió en un auténtico fenómeno cinematográfico.
Sin embargo, la mano del director es importantísima aquí, y la razón por la que esta trilogía de Spider-Man tiene tanta personalidad, es porque Raimi tiene un estilo definido, característico e identificable, con florituras que remiten a la comedia y el terror. Dicho de otro modo: las películas de superhéroes actuales ya quisieran tener este carácter. En ese sentido, el Spider-Man de Tom Holland, tan fiel a la identidad corporativa del Universo Cinematográfico de Marvel, no le llega ni a los talones.
Podría argumentarse que las mejores películas de Raimi—y de muchos otros cineastas—son aquellas en las que el director también escribe el guión. El plan (A Simple Plan) es una excepción a la regla, un proyecto de encargo que se ha convertido en una de las “joyas escondidas” del director, opacadas por los Ash Williams y Peter Parkers de su filmografía.
La trama sigue a tres amigos (Bill Paxton, Billy Bob Thornton y Brent Riscoe) que descubren una avioneta accidentada bajo la nieve que, dentro, esconde una maleta con millones de dólares que deciden robar. Para no levantar sospechas, optan por dejar el cuidado del dinero a uno de ellos por un tiempo, pero las tensiones y la desconfianza comienzan a crecer hacia un punto de quiebre. Aunque más contenida estilísticamente que otras películas de Raimi, es en estos momentos de intensidad que su estilo sale a flote, para entregar una gran historia de crimen similar a otras grandes como Fargo.
Algunos considerarán un sacrilegio ver a la joya en la corona de Evil Dead tan abajo en un ranking de Sam Raimi (y no estaríamos totalmente en desacuerdo). En nuestra defensa diremos que, a estas alturas del listado, estamos en lo mejor de lo mejor de la filmografía del director. Podríamos poner a El despertar del diablo 2 en la cima y también estaríamos conformes.
Esta secuela-cuasi-remake fue producto de un periodo de desesperación en la trayectoria del director que, luego del fracaso de Ola de crímenes, ola de risas (Crimewave), requería financiamiento para seguir trabajando. Lo consiguió, pero bajo la consigna de hacer una película similar a la anterior. En retrospectiva, fue una buena decisión: esta segunda entrega abraza por completo el sentido del humor perverso y demencial que hizo de la saga, de Raimi y de Campbell auténticos íconos de culto. Las comedias de terror como El desesperar de los muertos y Tucker y Dale pelean contra el mal no serían lo que son sin este clásico.
El cine de superhéroes no ha sido tan humano ni lleno de personalidad como cuando se estrenó El hombre araña 2 (Spider-Man 2), todavía considerada una de las mejores películas en la historia del subgénero. Equilibrando acción, tragedia, comedia y algunos acentos de terror, la película sigue a Peter Parker (Tobey Maguire) equilibrando su responsabilidad como superhéroe—y las repercusiones de sus actos—con sus intentos por evitar que su vida personal se desmorone.
Es, antes que una (gran) película de acción, un profundo drama personal sobre el conflictivo balance entre el deber y el deseo. Por ello, sigue siendo el estándar de oro del cine de superhéroes, y que incluso los reboots de la franquicia no consiguen igualar al no comprender en dónde yace su gran atractivo.
La más reciente propuesta de Sam Raimi como director es también una de sus mejores, un thriller de supervivencia que, con maestría hitchcockiana, enfrenta a una empleada corporativa (brillante Rachel McAdams) y a su nuevo y privilegiado jefe (Dylan O’Brien) en una isla desierta, luego de resultar los únicos sobrevivientes de un accidente aéreo. El cambio en las dinámicas de poder conduce a un punto de quiebre.
Es en estos momentos que Raimi expresa mejor su magistral mano para equilibrar comedia y ciertos toques de terror para conseguir una genial película tanto de supervivencia como de comentario social, con más en común con Parásitos que con Náufrago, para ponerlo de alguna manera.
Podría ser una postura polémica para los acólitos de Raimi, pero hay que decirlo: lo que Evil Dead propuso, Arrástrame al infierno (Drag me to Hell) lo perfeccionó. La trama comienza como algo extraído de ambas El hombre araña 2 y ¡Ayuda!, cuando una joven ejecutiva de bando (Alison Lohman) decide, para impresionar a su jefe, negarle una extensión de hipoteca a una mujer de la tercera edad (Lorna Raver). En venganza, ella le arroja una maldición que, en tres días, condenará su alma al castigo eterno para siempre.
Es una de las mejores películas de Sam Raimi precisamente por abrazar lo que hace a Evil Dead tan icónica: una delirante mezcla de terror y comedia en un perverso sentido del humor aquí perfectamente refinado. Fuera de la propia filmografía del director, pocas cosas en años siguientes han conseguido igualar o emular su singular fórmula, con contadas excepciones como Maligno o La hora de la desaparición (Weapons).






































