
5 películas de las que nadie está hablando después del Oscar 2026 (pero deberían)
Una de las realidades más frías de los Premios de la Academia es que, una vez pasada la emoción de las votaciones y la ceremonia de premiación, muchas películas quedan en el retrovisor, para no ser recordadas jamás. Sin embargo, eso no debería ser el caso: el poder y calidad de una película no radica en si fue o no nominada, o en si resultó o no ganadora de alguna estatuilla.
Tanto momentos clave de la ceremonia como las sorpresas y omisiones en la premiación, trajeron atención a otros títulos diferentes de los premiados—y algunos que ni siquiera estaban nominados—. Estas son algunas películas de las que nadie está hablando después del Oscar 2026 (pero deberían).
Vamos a ser claros: amamos a Las guerreras K-Pop (KPop Demon Hunters), fenomenal producción de Sony Pictures Animation que se llevó el Oscar 2026 al Mejor largometraje de animación. Sin embargo, consideramos que su coronación fue profundamente informada por su masiva popularidad a lo largo del año. Para nosotros, si la vida fuera justa y la Academia hubiera apostado más objetivamente por el mérito artístico, la ganadora debió ser Amélie y los secretos de la lluvia.
De nuevo, nada en contra de la ganadora—ni de las otras nominadas en la categoría, pues todas son formidables—. Sin embargo, premiar a la película más popular se siente como un cambio drástico para la categoría de animación que, en años recientes, se ha distinguido por apuestas menos comerciales y, por lo tanto, menos obvias. Apenas el año anterior, la “pequeña película que pudo”, Flow, fue la ganadora. Dos años atrás, se premió la magistral y calculada artesanía de Hayao Miyazaki a lo largo de una producción que demoró una década. Incluso otra película de Sony Pictures Animation, Spider-Man: Un nuevo universo, fue en su momento un reconocimiento más subversivo a la innovación, contra apuestas más obvias.
Mientras tanto, Amélie y los secretos de la lluvia es otra película más pequeña, sin las arcas de Netflix para una campaña de Oscar poderosa, pero que remueve ideas y sentimientos profundamente humanos con una animación preciosa. Las guerreras K-Pop, aunque un logro por derecho propio y por razones distintas, se siente un tanto frívola en comparación.
¿Qué hace aquí una película de 1942? La razón tiene que ver menos con la condición de Casablanca como clásico de Hollywood, y más con uno de los sketches presentados por el comediante Conan O’Brien, conductor de la ceremonia del Oscar 2026.
La premiación estuvo llena de bromas y sketches que aluden a un momento mayor que atraviesa Hollywood: el creciente poderío e influencia que las tecnológicas como Netflix y YouTube están teniendo en la industria, no siempre para bien. En uno de estos sketches, con la colaboración de Sterling K. Brown, Conan recreó una clásica escena de la película para criticar cómo Netflix solicita cada vez más a creadores recurrir a diálogos expositivos absurdamente reiterativos, para dar cuenta de que sus principales consumidores, esencialmente, no están poniendo mucha atención.
En ese sentido, Casablanca es una película que vale la pena revisar: es cine de la época dorada de Hollywood, cuyas convenciones evocan emoción y poesía pura sin necesidad de diálogos condescendientes con el público. Todo si tan solo estamos dispuestos a prestar atención.
Dirigida por el irnaí Jafar Panahi y nominada en la categoría de Mejor película internacional (en representación de Francia), Fue sólo un accidente no tenía posibilidades reales en cuestión de premios. Sin embargo, dado el clima político actual, era uno de los títulos más relevantes entre todos los nominados.
La película tiene una narrativa incisivamente política, y narra cómo un grupo de extraños, que han sufrido de diferentes formas a manos del régimen represor iraní, deben lidiar con la oportunidad de venganza ante quien parece ser su victimario—pero podría no serlo—.
Fue sólo un accidente resulta especialmente importante, sobre todo, en un clima en que grandes plataformas para el arte como el Festival de Cine de Berlín y el propio Oscar parecen distanciarse cada vez más de los pronunciamientos políticos. Un espíritu perfectamente encapsulado por una curiosa interacción en la alfombra roja: mientras Panahi enfrentará la cárcel en cuanto ponga un pie de vuelta en Irán, el empresario Kevin O’Leary, que básicamente se interpreta a sí mismo en Marty Supremo, aprovechó la ocasión para ser fotografiado ostentando tarjetas de colección de la NBA valuadas en decenas de millones de dólares, en estuches igual o más costosos. El arte político contra la trivialización del mismo bajo el culto a la celebridad.
Hablando de política—o de la tibieza del Oscar 2026 en este ámbito—, el genocidio en Palestina fue apenas nombrado en algunas contadas ocasiones durante la ceremonia. Javier Bardem habló de ello abiertamente antes de presentar el premio a Mejor película internacional (“no a la guerra y Palestina libre”, dijo). En la conferencia de prensa tras alzarse con dicho premio por Valor sentimental, el director Joachim Trier también se pronunció al respecto.
Sin embargo, en general, los pronunciamientos sobre Palestina brillaron por su ausencia. Por ello, es importante recalcar que debemos seguir hablando de películas como La voz de Hind Rajab incluso después del Oscar 2026. La película denuncia tan sólo uno de miles episodios cruentos del genocidio, y la conversación no debe quedarse únicamente en si ganó o no el Oscar. Su importancia trasciende esa trivialidad.
Nos hubiera encantado ver a Brasil lograr el doblete luego de ganar el Oscar por Aún estoy aquí en 2025. Sin embargo, no pudo ser para El agente secreto, que se fue con las manos vacías en una de las grandes decepciones de la noche.
Sin embargo, no sólo era una de las mejores películas en toda la competencia—con una cinefilia que lucía con orgullo—, sino que también era una de las que más aludían al momento político que atraviesa América Latina. Su narrativa, situada en la dictadura militar de Brasil, revela sutilmente los tentáculos del intervencionismo estadounidense en la región, una historia que intenta volver a repetirse.























