
¿Lizzie Borden era culpable o inocente? Lo que debes saber antes de ‘Monstruo’ de Netflix
Monstruo (Monster) de Netflix volverá con La historia de Lizzie Borden (The Lizzie Borden Story), uno de los casos de asesinato sin resolver más infames en el imaginario colectivo: Borden (interpretada por Ella Beatty en la serie) fue acusada de asesinar a su padre y su madrastra en 1892 con un hacha en su hogar de Fall River, Massachusetts.
Acusada, arrestada y enjuiciada en 1893, Lizzie Borden fue eventualmente exonerada y liberada, pues no pudo comprobarse su culpabilidad, así que, legalmente hablando, es inocente. Sin embargo, nadie más fue encontrado culpable de los asesinatos, y Lizzie siempre fue sospechosa debido a que sus declaraciones a los investigadores no siempre fueron congruentes… cosa que puede volverse incluso más confusa y sensacionalista, dado el tratamiento que las producciones audiovisuales basadas en crímenes reales hacen de los hechos para fines dramáticos. A continuación, te explicaremos lo que debes saber sobre el caso:
Los antecedentes
Tras el fatídico acontecimiento, Lizzie Borden se convertiría en la persona más notoria de Fall River, pero la realidad era que había problemas previos en la familia Borden. Su padre, Andrew, se había enriquecido por medio de bienes raíces y otros negocios, y se había vuelto a casar con una mujer llamada Abby, unos pocos años después de la muerte de su anterior esposa, la madre de Lizzie y de Emma.
Lizzie nunca aceptó del todo a Abby, incluso limitándose a llamarla “Sra. Borden”, además de que hubo discusiones en la familia debido a dinero y propiedades, pues Andrew había concedido propiedades a miembros de la familia de Abby.
Para 1892, después de una discusión familiar, tanto Lizzie como Emma elegían pasar largas temporadas fuera de la casa familiar. Eventualmente volvieron a Fall River, pero Lizzie pasó varios días en una posada antes de volver a pisar la residencia Borden.
Y entonces llegó la mañana del 4 de agosto de 1892, y es aquí donde importan los detalles. Un tío materno de Lizzie, John Morse, había pasado la noche en la residencia Borden y sólo se fue hasta alrededor de las 8:48 de la mañana.
Mientras tanto, Andrew había salido a su acostumbrada caminata matutina después del desayuno, mientras Abby subía a preparar una habitación para huéspedes. Fue en ese momento cuando fue atacada, recibiendo unos 18 o 19 golpes con un objeto cortante, según testimonios de investigadores y la autopsia. Andrew regresó alrededor de las 10:30 de la mañana, solo para ser asesinado en la sala por unos 11 golpes similares.
El asunto es que Lizzie Borden había estado en la casa durante esa breve ventana de tiempo.
Muchas dudas, pocas pruebas
Para cuando llegó la fecha del juicio en 1893, el caso ya se había vuelto de interés nacional, y se consideraba que había suficiente evidencia circunstancial para que Lizzie fuera declarada culpable. Pero había un problema: no existía testigo alguno que pudiera confirmar que Lizzie Borden había perpetrado ninguno de los dos asesinatos, el de Abby y el de su padre Andrew.
Una de las pistas más sospechosas había sido un hacha rota, encontrada en el sótano de la residencia. Investigadores teorizaban que el mango había sido removido y ocultado por haber estado manchado de sangre. Sin embargo, nadie tenía pruebas concluyentes de que se tratara del arma homicida.
Sin embargo, había motivos para sospechar de Lizzie. Por ejemplo, después de los hechos, fue vista destruyendo un vestido, argumentando que se había manchado de pintura y debía ser quemado. No obstante, una vez más, la fiscalía no logró establecer fuera de toda duda que ese vestido había sido usado por la sospechosa en el día y momento del crimen.
Y también estaban las contradicciones en sus testimonios. Al ser interrogada, Lizzie dio respuestas inconsistentes respecto a su ubicación en la casa durante los hechos, a veces diciendo que estaba en la cocina, para después cambiar la versión y afirmar que estaba planchando. Estas inconsistencias levantaban cada vez más sospechas pero, para su fortuna, el juez no admitió estos interrogatorios como pruebas en su contra.
Con ello, la defensa logró argumentar que el caso de la fiscalía se fundamentaba en puras especulaciones. Y también hubo testimonio para respaldar una de las versiones de Lizzie: que se encontraba en el granero. Un testigo la vio afuera de la casa alrededor de las 11:03 a.m.
Lizzie Borden fue absuelta, pero el caso se volvió mito
Luego de semanas de testimonios, el jurado debió decidir si Lizzie Borden era o no culpable por el asesinato de su padre y su madrastra. La decisión fue que era inocente, en una deliberación inusualmente breve para un caso de doble asesinato que atrajo la atención de todo el país.
Sin embargo, dado que el caso permaneció sin resolver, surgieron toda clase de teorías al respecto. Unas culpan a John Morse, otras a Emma. En otras, se teoriza sobre la salud mental de Lizzie, o incluso sobre un posible vínculo romántico entre ella y su ama de llaves, Bridget Sullivan (interpretada en la serie por Vicky Krieps). Tal teoría afirma que Lizzie habría cometido los asesinatos después de ser descubierta con Sullivan, aunque las especulaciones sobre la orientación sexual del ama de llaves cambiaron después de que ella se casó con un hombre, años más tarde. No obstante, hay dichos—no corroborados— de que Sullivan confesó, en su lecho de muerte, haber cambiado su testimonio para proteger a Lizzie.
No obstante, aunque el caso quedó atrás, Lizzie se convirtió en una marginada en Fall River. Con los años, el crimen se convirtió en un mito incrustado en el imaginario popular, pues en Estados Unidos incluso existe una popular canción, “Lizzie Borden took an axe", que ha inmortalizado el asunto en el folclor americano. Pronto, el crimen se convirtió inseparable de su leyenda, que parece ser un poco lo que sucederá con Monstruo: La historia de Lizzie Borden.
El caso de Lizzie Borden antes de Monstruo
Como toda leyenda—y sobre todo las más morbosas—, el caso Borden ha sido sujeto de varias adaptaciones audiovisuales, con muy diferentes enfoques entre sí.
Una de las primeras—que además fue una suerte de pionera del true crime, fue la película para televisión La leyenda de Lizzie Borden (The Legend of Lizzie Borden) de 1975, protagonizada por Elizabeth Montgomery de Hechizada (Bewitched). Esta producción abraza abiertamente la culpabilidad de Lizzie, incluso presentando una secuencia en la que ella comete los crímenes totalmente desnuda, explicando por qué nunca se encontró sangre en su ropa.
Con un enfoque muy distinto y más recientemente encontramos a El asesinato de la familia Borden (Lizzie), protagonizada por Chloë Sevigny y Kristen Stewart, en la que se explora la teoría del romance entre Lizzie y Bridget Sullivan en un hogar terriblemente opresivo, desde una óptica feminista. Y también está The Lizzie Borden Chronicles, miniserie de 2015 con Christina Ricci, que se decanta por la ficción y convierte a la protagonista en una despiadada asesina encubierta.
Eso por citar algunos de los ejemplos más famosos, pues incluso hay películas de corte más explotador como Lizzie Borden’s Revenge, que sigue a una descendiente de la familia en pleno siglo XXI, mientras sus compañeras de universidad realizan una sesión de espiritismo que termina por invocar a la infame asesina.








