
¿‘La captura’ de Netflix se inspira en una historia real?
Cuando el cine se inspira en hechos, tiende a embellecerlos o enaltecerlos para fines de entretenimiento y espectáculo. Y luego hay películas como La captura, producción mexicana de Netflix cuya historia parece uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción, como si la propia vida pudiera escribir un mejor guión para thriller que cualquier escritor.
¿Pero es tal el caso con esta película? A continuación te explicamos si La captura se inspira en hechos… y si algo de ello fue modificado o embellecido.
¿De qué trata La captura?
La captura se sitúa en Sinaloa, México, durante 2016, y sigue a dos agentes de la Policía Federal. Por un lado, Arturo Carmona (Poncho Herrera), quien se ofrece a ser transferido al turno nocturno de patrullajes que, al ser más peligroso, paga más. Necesita el dinero, pues los gastos de hipoteca y colegiaturas crecerán más con la inminente llegada de un nuevo bebé, pues su esposa (Paola Fernández) está embarazada. Su nuevo compañero es Héctor Rosales (Noé Hernández), un veterano de la policía al que no conoce, y por el que siente cierta desconfianza.
Durante el patrullaje, casi al final del turno, detienen un auto robado. Sin conocerse aún, deben decidir qué hacer y si confiar el uno en el otro para mantener bajo custodia a quien va a bordo: Joaquín “El Chapo” Guzmán (Héctor Kotsifakis), líder narcotraficante del cártel de Sinaloa, quien recientemente se ha fugado de la cárcel por tercera vez.
¿La captura está basada en hechos?

Respuesta corta: sí. La premisa de La captura se basa en ese esbozo de los hechos: agentes de la Policía Federal detuvieron un auto reportado como robado, descubrieron que a bordo viajaban “El Chapo” y su jefe de seguridad, Jorge Iván “El Cholo” Gastélum Ávila (Juan Pablo Cruz García); y decidieron mantenerlos bajo custodia en un hotel para entregarlos a la Marina, esperando en pleno territorio del narco. Al mismo tiempo, “El Chapo” les ofreció sustanciosos sobornos a cambio de que hicieran caso omiso y lo dejaran ir. Ésta era la tercera fuga del criminal, y también había eludido la Operación Cisne Negro al escapar por el drenaje de una casa de seguridad.
La película, dirigida por Chava Cartas (Contraataque) y escrita por Bernardo Esquinca (Toda la sangre), toma como principal fuente de información varias crónicas del periodista Héctor de Mauleón, en particular “Cómo atrapamos al Chapo” y “Veinte minutos a solas con ‘El Chapo’” (publicadas en El Universal), así como la más extensa “El último amanecer del Chapo”, publicada más recientemente en Nexos.
Aunque La captura está basada en hechos, también tiene algunos añadidos, licencias artísticas para la construcción dramática de la película. Por lo tanto, podemos clasificarla como ficción histórica.
¿Qué fue inventado para la película?

Es importante mencionar que, si bien varios de los acontecimientos representados en la película sucedieron así—como la intercepción de “El Chapo” casi por casualidad, sus intentos de soborno y su detención en el Hotel & Suites Doux a la espera de refuerzos—, también varios de los acontecimientos son ficticios. En específico, casi todo lo relacionado a los protagonistas, Carmona y Rosales.
Las identidades de los agentes reales responsables por la captura de “El Chapo” se mantienen, obviamente, en el anonimato por cuestiones de seguridad. Sin embargo, la enorme presión psicológica a la que se vieron sometidos por su decisión de retener al criminal fue algo verídico según las crónicas de Héctor de Mauleón, por los sobornos, amenazas y el miedo. De sus vidas, sólo se sabe que fueron enviados al extranjero después del hecho.
Sin embargo, al contar la historia desde la óptica de los policías—y particularmente Carmona—, el guión encuentra la oportunidad de aumentar la tensión dramática con sus licencias creativas. Al poner a Carmona en una posición económica vulnerable y de desconfianza con Rosales, la película genera un conflicto interesante, que sólo se acentúa cuando sicarios del cártel asaltan la casa de uno de los oficiales con la intención de matar a su familia—otro acontecimiento ficticio—.








