
Bret Easton Ellis dejó una gran incógnita: ¿‘Fragmentos’ (‘The Shards’) finalmente revelará quién es el asesino?
Existen historias cuyos finales ambiguos provocan reacciones extremas: o los amas, o los odias, incluso cuando son casos en los que el objetivo es que el misterio siga siendo eso, un misterio. Potencialmente, tal es el caso de Fragmentos (The Shards), la serie de misterio de Ryan Murphy (American Horror Story) basada en la novela homónima de 2023 de Bret Easton Ellis que, notablemente, deja al aire una de sus grandes incógnitas.
¿Cuál? Ni más ni menos que la identidad de su infame asesino serial, conocido como “The Trawler” (o “Arrastrero”, en español), que no sólo nunca es esclarecida en el texto, sino que queda lo suficientemente ambigua para que el lector plantee sus propias teorías. ¿Debería ser así con la serie? Aquí lo que sabemos—y pensamos—al respecto (vienen spoilers de la novela y potencialmente de la serie a continuación).
¿De qué trata Fragmentos (The Shards)?
Fragmentos es un thriller juvenil que se sitúa en 1981 y sigue a Bret (Igby Rigney)—basado en el propio Bret Easton Ellis—, quien aspira a ser novelista y estudia el último año en la elitista preparatoria Buckley School de Sherman Oaks en Los Ángeles, California.
Su vida y la de sus compañeros es sacudida por la llegada de un alumno nuevo, Robert Mallory (Homer Gere), quien es aceptado en el grupo y recibe la atención que Bret desea, lo que desencadena una obsesión en él. Sin embargo, su llegada coincide con las actividades de un despiadado asesino serial, conocido como “The Trawler”.
¿La novela Fragmentos revela la identidad del asesino?
¿Respuesta corta? No, la novela de Bret Easton Ellis no establece de forma clara la identidad del asesino serial. De hecho, debido a la condición mental del protagonista, deja más preguntas que respuestas al respecto, dejando espacio para que el lector cree sus propias teorías sobre lo que en verdad sucedió.
Al final de la novela, Bret está hecho un lío de paranoia, alcohol, y abuso de calmantes que, en combinación con sus celos y obsesión por Robert más su sexualidad reprimida, lo convierten en un narrador poco confiable. Convencido de que Robert es el asesino, Bret lo confronta, lo que termina en un enfrentamiento trágico: Robert se aprovecha de la atracción de Bret para humillarlo con un insulto homófobo, y la pérdida de control de Bret concluye con la caída mortal de Robert. El testimonio del protagonista hacer ver todo como un suicidio, y su suposición parece ser cierta: el asesino deja de matar por un tiempo…
… Hasta que reaparece.
Al mismo tiempo, Susan (Kaia Gerber) descubre en el brazo de Bret una mordedura, en el mismo sitio donde ella mordió al hombre que la atacó a ella y a su novio, Thom (Graham Campbell). Así, no sólo queda en duda la identidad del asesino serial, sino que las lagunas mentales de Bret dejan abierta la posibilidad de que él mismo sea el responsable. Sin embargo, la novela nunca brinda un cierre claro a la cuestión, más preocupada por explorar la mente de Bret y su muy sesgada percepción.
¿Debería la serie Fragmentos revelar la identidad del asesino?
Creemos que no. Hoy es muy común que las ficciones no se arriesguen por la ambigüedad, y ceden a la presión colectiva de dejar las cosas claras y limpiamente resueltas. Sin embargo, el punto de Fragmentos como novela no es ser otro thriller de manual, presentando un misterio y pistas para solucionarlo al final.
La novela es un trabajo de autoficción y metaficción, en el que Bret Easton Ellis toma elementos reales de su vida y los ficciona para crear no sólo una historia, sino presentar una reflexión sobre su propio pasado, sobre el proceso de convertirse en novelista (una década antes de convertirse en el exitoso autor de Psicópata americano) y sobre la soledad de vivir sexualmente reprimido, en un contexto social más preocupado por las apariencias, y la desesperación de encontrar una salida para eso en la creación de una historia. En ese sentido, el Trawler es más un símbolo o una manifestación de esas frustraciones.
Revelar su identidad de forma clara, entonces, sería en detrimento de la historia. Y sería una oportunidad perdida para lo que la ambigüedad hace mejor: ser un caldo de cultivo para múltiples lecturas y la creación de incontables teorías por parte de los fans.








