
¿Por qué el Hombre pálido devora a las hadas? La perturbadora escena de ‘El laberinto del fauno’, explicada
Incluso quienes no hayan visto El laberinto del fauno, del cineasta mexicano Guillermo del Toro, serán medianamente conscientes de una de sus escenas y criaturas más emblemáticas: cuando la protagonista, Ofelia (Ivana Baquero), entra a la guarida del “Hombre pálido” (Doug Jones) acompañada por tres hadas guías, como parte de la segunda prueba a la que el fauno (también Doug Jones, con voz de Pablo Adán) la somete para probar que ella es la princesa Moanna de un fantástico mundo.
Se trata de la escena insignia no solo de la película, sino quizá de toda la filmografía de Del Toro, con todo y que ya han pasado 20 años de su estreno. A continuación, te explicamos algunas de las inspiraciones para ella, así como su significado—y por qué el Hombre pálido devora tan brutalmente a las hadas que acompañaban a Ofelia—.
¿Por qué Ofelia entra a la guarida del Hombre pálido?
Breve resumen de la trama de El laberinto del fauno: en la España franquista, durante 1944, Ofelia viaja con su madre embarazada, Carmen (Ariadna Gil) para conocer a su nuevo padrastro, el capitán Vidal (Sergi López), un devoto y brutal falangista. En un laberinto de piedra abandonado cerca de su nueva casa, Ofelia conoce al fauno, quien le dice que ella podría ser la princesa perdida de un mágico reino subterráneo. Para poder recuperar su inmortalidad y volver a él, tendrá que completar tres pruebas.
Luego de recuperar una llave en su primera prueba, Ofelia debe completar la segunda: usar un trozo de tiza mágica para crear una puerta a la guarida de un ser devorador de niños, el Hombre pálido, y usar la llave para recuperar algo dentro que resulta ser una daga ceremonial. La criatura está sentada, inmóvil, frente a un suntuoso banquete. Antes de entrar, el fauno le advierte que no debe tocar ni comer nada, pero Ofelia sucumbe a la tentación y se come dos uvas, despertando al Hombre pálido.
Aunque Ofelia logra escapar, dos de las hadas que la acompañaban son devoradas. El fauno la reprende por desobedecer sus instrucciones y decide no presentarle la tercera prueba, abandonándola en su difícil vida en la casa de Vidal.
El significado religioso del Hombre pálido y las hadas
La razón narrativa por la que el Hombre pálido despierta y devora a las hadas es bastante sencilla: Ofelia desobedece las advertencias del fauno y se come dos uvas del banquete, despertando a la voraz criatura. Sin embargo, este acto inocente de Ofelia, así como el propio Hombre pálido y las hadas mismas, tienen un significado más profundo que ha sido explicado por Del Toro en paneles y entrevistas.
En una entrevista contemporánea para Screen Anarchy, Del Toro explicó muy claramente que en su investigación para la realización de El espinazo del diablo—de la que El laberinto del fauno es una continuación espiritual—, se sintió horrorizado por la complicidad y participación activa de la iglesia católica con la represión franquista.
“Para mí, el Hombre pálido representa a la iglesia, ¿sabes?”, dijo Guillermo del Toro en su momento. “Representa al fascismo y a la iglesia devorando a las infancias mientras tienen un banquete perversamente abundante delante. Es casi un hambre por devorar la inocencia. Un hambre de consumir la pureza. No quise evitarla, pero tampoco buscaba [utilizar] imágenes católicas”. Aunque el simbolismo no es católico de una manera obvia, la lógica sí lo es: Ofelia sucumbe a la tentación de un “fruto prohibido” y es castigada por ello.
El hecho de que las hadas sean devoradas por el Hombre pálido es, entonces, un símbolo de la pérdida de la inocencia, de la pureza inocente de la infancia consumida por el fascismo. Y esta noción cobra una segunda capa de lectura cuando la unimos a otra de sus influencias visuales: Saturno devorando a un hijo, la más emblemática de las “Pinturas negras” de Francisco de Goya, que también ha sido leída de varias maneras en relación al poder político. Puede entenderse como una alegoría de la tiranía que destruye a sus propios ciudadanos o “hijos”, por miedo a perder ese mismo poder.
Como dato, para reforzar ese paralelismo, el Hombre pálido originalmente iba a tener el rostro de un hombre anciano, como en la pintura. Sin embargo, en el panel por los 20 años de El laberinto del fauno durante la San Diego Comic-Con de 2026 (vía GoldDerby), Del Toro explicó que decidió de último momento cambiar el diseño a lo que resultó ser al final, lo que desató una intensa discusión con el departamento de maquillaje.
“Se enojaron mucho [la compañía de maquillaje]”, recordó Del Toro. “Me dijeron ‘no te importa nuestro trabajo’, y les respondí ‘de hecho, no. Lo que me importa es la película’”.
En retrospectiva, nadie diría que Guillermo del Toro no tuvo razón. El laberinto del fauno sería nominada a múltiples galardones, incluyendo seis premios Oscar, uno de ellos por maquillaje.
El significado del doble casting
Otro dato interesante es el hecho de que Doug Jones haya interpretado tanto al fauno como al Hombre pálido. Una decisión perfectamente calculada—incluso si el propio Jones sugiere en broma que la verdadera razón es que Del Toro es un tacaño que quiso escatimar en recursos—.
En varias entrevistas a lo largo de los años, el director mexicano sugirió que el Hombre pálido era, en realidad, el fauno presentándose de otra forma ante Ofelia, cimentando su figura como un trickster. Sin embargo, en el panel de la Comic-Con por los 20 años de la película, básicamente lo confirmó.
“Es el fauno como el Hombre pálido, pues está intentando engañar a Ofelia para que tome la decisión equivocada”, dijo. Es una intención que es reforzada por el final de la película, cuando el fauno le pide el sacrificio de sangre de un inocente, el hermano bebé de Ofelia, para salvarse, a lo que ella se niega y termina por resultar indirectamente en su muerte. Esto resulta ser su tercera prueba: negarse a dañar a un inocente le permite volver a ser la princesa Moanna, mantener su pureza a pesar de los horrores que el franquismo le arroja.









